Cuando la única regla del juego es la guerra. El amor, el matrimonio, la pareja, los hijos.... es lo más hermoso.

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Nunca antes había pensado en el matrimonio. Ni por la Iglesia ni por lo civil. Era algo, simplemente, que no contemplaba en su horizonte


Nunca antes había pensado en el matrimonio. Ni por la Iglesia ni por lo civil. Era algo, simplemente, que no contemplaba en su horizonte de vida, ni siquiera a largo plazo. Como historiador del cine, la única boda en la que se había detenido era una de ficción, en la película El cazador, esa gente se casa antes de ir a la guerra. Ahora medita cada boda. Es el oficiante. El concejal de Cultura, Fiestas y Deportes. Es él quien cita, con un laico tono bíblico, a Cesare Pavese en El oficio de vivir: “La única alegría del mundo es comenzar”.
Y esa frase, justo esa frase, que viene de la boca de la literatura, hace que todo se ponga a la escucha en el salón municipal, en ese mismo lugar donde los ediles debaten, votan, dirimen el poder, y a veces se enzarzan duramente como si por un bache o por una cabalgata de Reyes si librara la batalla de la historia. Pero ahora una frase, un pensamiento fulgurante, la anotación de un hombre que escribía sobre su propia piel, con fecha de 23 de noviembre de 1937, ha venido aquí para reactivar el presente. Hasta ese momento, el acto había sido amable, simpático. La pareja contrayente entró con música de vals, escoltada por dos maceros. El concejal oficiante dio la bienvenida, leyó los tres ar­tículos del Código Civil. Y luego comenzó su intervención con la lectura de Cesare Pavese: “La única alegría del mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta este sentimiento –prisión, enfermedad, costumbre, estupidez–, querríamos morirnos”.


En un mundo donde la regla es competir, que dos personas se casen es como un suceso revolucionario

Estábamos conmovidos. Aquello era una boda, sí señor. Una verdadera bendición para una unión libre. El hombre que nunca había pensado en el matrimonio, lo redescubre como un acto de coraje. Casarse, hoy, aquí, no es un acto de sometimiento a la convención social. Al contrario, un acto de unión entre iguales, movidos por el deseo y la voluntad de convivir y compartir, es una transgresión. En un mundo donde cada movimiento es medido por la unidad métrica del ego, donde todo conspira para que la regla sea competir y no compartir, la noticia de que dos personas se casan debería ser recibida como un suceso revolucionario. Hay que acudir a una boda como un milagro de la naturaleza, como cuando celebran nupcias las ballenas en un santuario.
El oficiante se llama José Manuel Sande, concejal coruñés de 43 años. El día de su toma de posesión se quedó perplejo cuando le anunciaron que tenía que casar a cuatro parejas que lo habían elegido como celebrante. Decidió tomárselo como una seria responsabilidad cultural. Ahora prepara de víspera sus intervenciones. Cada vez es más consciente de que no se trata de un trámite que le tocó despachar. Se preocupa por el sentido de sus palabras. No por grandilocuencia, sino porque piensa que cada una de ellas puede ser una bola de billar en la imprevisible trayectoria de la vida. Ahí se encontró con Cesare Pavese, y otros inusuales, escapando de los textos más tópicos, por repetidos, que suministran los buscadores de Internet a los nuevos oficiantes laicos, como el tan repetido poema Cuando se encuentran dos almas, de Victor Hugo. A las bodas civiles habría que incorporar El cantar de los cantares, ya que la Iglesia deja fuera del repertorio esa maravilla.
Cuando me casé, también por lo civil, no nos citaron ni a Pavese ni a nadie. Duró cinco minutos. El tiempo de leernos los artículos del Código y despacharnos como a dos furtivos. Fue hace años en el Palacio de Justicia, pero, como pioneros en lo civil, nos casaron en el cuarto de la conserjería. Nos aseguraron que era un juez el celebrante, pero hoy estoy convencido de que era el propio conserje, tal vez porque coincidió con el Día de los Santos Inocentes. El único detalle iconográfico era un calendario de Explosivos Rio Tinto. Temí que, vengativo, el oficiante leyese para fastidiarnos La lenta máquina del desamor, de Julio Cortázar, tan hermoso y jodido: “Ya no te amo, mi amor”. Esa noche salimos para Ginebra, aprovechando el retorno de un vuelo chárter de emigrantes. Decidimos ir a Viena en tren. Estaba cubierta de nieve. En un parque, venciendo el miedo, caminamos sobre un lago helado. De una taberna, una cabaña de madera, salieron una pandilla de energúmenos, supongo que ebrios. Se reían, nos gritaban. De repente, algo contundente golpeó cerca de nuestros pies. Nos estaban arrojando piedras. Piedras que al chocar decían: Ausländer raus! Fuera extranjeros, o algo así. Nos quedamos quietos. Abrazados. Creo que ahí sí. Ahí fue donde de verdad nos sentimos casados. Ese momento en que sientes que el amor, sobre una frágil capa de hielo, va a poder con todo.

Irán y Siria contra el resto del mundo.


























Los Estados Unidos de América llevan toda la vida de guerra contra el mundo, no han ganado ni una e insisten en el empeño. No solo no han ganado ninguna, es  más han dejado al país “bombardeado” en otra guerra de la anterior guerra, dividido y arruinado. Ahora parece que estaban sentando la cabeza por su precariedad económica y, posiblemente, la única justificada nos va a joder a propios y a extraños.   De las dos tradiciones antagónicas que ilustran la política exterior norteamericana. La primera es el aislacionismo edénico que se remonta hasta los primeros colonos de la nación. La segunda está embebida de un internacionalismo de rostro moral: el deber de transferir los valores de la democracia estadounidense al resto del mundo. Ambas tradiciones condicionan -en uno u otro sentido - las necesidades reales de la diplomacia que sin duda están contra el negro Obama.
Hay un pretexto valioso para los defensores del aislacionismo, los Estados Unidos se edificaron como un baluarte de libertad frente a las persecuciones religiosas que asolaban Europa. Su interés se centra en la fortaleza interior, la prosperidad industrial y el mantenerse alejados de las corrientes de pensamiento foráneas que puedan adulterar la pureza de los orígenes. Creen que América es una singularidad cuyo tamaño, casi continental, unido a la riqueza de sus tierras y de sus gentes hacen posible que permanezca inalterada. Obviamente, se trata de una ficción como cualquier otra. Un mito que reniega de la verdad fundamental de Occidente, a saber: que el contacto con el exterior fecunda y enriquece a las sociedades abiertas.
En cambio, los internacionalistas sostienen la tesis contraria, aunque las bases sean las mismas. De este modo, extender las libertades democráticas constituye el deber asumido por los Estados Unidos con el resto del mundo. Sus fuentes políticas proceden de uno de los padres fundadores del país, el presidente Jefferson, además del frustrado proyecto de la Sociedad de Naciones del también presidente W. Wilson. El ámbito de influencia sería universal, porque la acción de gobierno se moviliza de acuerdo con los altos ideales que marca la moral. Así, resulta legítimo intervenir en Irak o en Afganistán, en Libia o en Bosnia, en Somalia o en Siria, no solo porque entren en juego valores importantes para la seguridad nacional, sino, sobre todo, porque la dictadura, las guerras civiles o la matanza de inocentes resultan intolerables. De nuevo se cae en una especie de idealismo desconectado de las capacidades reales de la política, por poderoso que sea un imperio. Es el mismo error que cometen quienes confían exclusivamente en las instituciones, obviando el peso de la Historia y de los rasgos culturales que conforman el carácter de los pueblos. Los grandes fracasos en política exterior se deben a esta especie de cuadrícula kantiana, como se evidencia en los difíciles procesos de transición que se están viviendo en Trípoli, Kabul o El Cairo. En ese inmenso fresco sobre la decadencia que firmó Gibbon, se nos advierte que ensanchar el espacio de actuación de los imperios trae consigo la semilla del desastre. Los ejemplos serían innumerables.
Las abstracciones acaban siendo un mal negocio, ya que al final los escenarios se imponen a los apriorismos. Más vale ceñirse con fuerza a los principios, a los procedimientos, a las formas que modulan las utopías de la razón. Hace poco más de un año, Occidente aplaudió sin reservas las "primaveras árabes" que se sucedieron en la cuenca sur del Mediterráneo. Y había motivos para ello. Pero no sabemos exactamente qué se ha ganado con el cambio. Quiero decir que los procesos revolucionarios -por legítimos que sean- difícilmente se dejan regular por el patrón de las instituciones impuestas.

Tras la barbarie cometida por el bestia Sirio y después de las matanzas de niños acaecidas recientemente, Obama ha ordenado al Pentágono que analice las posibilidades militares de una actuación en la zona. Sin embargo, quedan abiertos muchos interrogantes: ¿tiene Occidente la capacidad para inmiscuirse en todos los conflictos? ¿Cómo interpretarían en Oriente Próximo una intervención militar a gran escala de los Estados Unidos? ¿Qué papel desempeñaría Israel? ¿Y de qué modo afectaría a países como Irak, Irán, el Líbano o incluso Turquía, además de Egipto? ¿Se trata de enfrentamientos internos que deben solucionar, en primera instancia, los países árabes? ¿La alternativa a las corruptas dictaduras de la región son los populismos de inspiración islamista? ¿Y con qué otras opciones contamos? Honestamente no creo que nadie tenga respuestas para todas estas preguntas. Aunque pienso, eso sí, que no hay soluciones prefijadas a los problemas de la política y que los fines deben estar subordinados a los medios. Y que el realismo, cuando no responde a intereses inmorales, constituye el primer punto de equilibrio. Aunque en este caso la inmoralidad es la moral de occidente.

Svetlana Allilúieva, la hija rebelde de Stalin


Svetlana Allilúieva, la hija rebelde de Stalin


Siempre he pensado que las mejores biografías son las anglosajonas. Hago excepciones para incluir a Stefan Zweig, a Henri Troyat, a algunos otros, pero me quedo con los trabajos en lengua inglesa. Leer de vez en cuando una gran biografía inglesa es como practicar un acto de higiene mental. Por el rigor intelectual predominante, por la calidad de la investigación, por la indiscreción bien calculada. Los franceses y los alemanes no lo hacen tan mal, pero prefiero a los ingleses. En lengua española existen biografías y seguirán existiendo. Algunas son excelentes. Me acuerdo, sin ir más lejos, del Hernán Cortés del mexicano Juan Luis Martínez. Pero lo nuestro es la indiscreción oral y la discreción excesiva, autocensurada, temerosa, en la lengua escrita. Las grandes figuras del mundo hispánico han provocado el interés de los ingleses, los franceses, los norteamericanos, más que el de los autores de lengua española. Un amigo español, persona bien intencionada, me dijo un día que los norteamericanos no saben absolutamente nada de nosotros. Me quedé pensativo un rato y después le respondí: «Te aseguro que en las universidades de los Estados Unidos siempre existe alguien que conoce a Miguel de Cervantes, a Quevedo, a José Ortega y Gasset, a Vicente Pérez Rosales y Alberto Blest Gana, mejor que todos nosotros». Mi amigo, a decir verdad, estaba pensando en el imperialismo norteamericano, en los abusos del norte contra el sur, en el capitalismo salvaje, en esas generalidades. A mí me gusta el pensamiento particular, analítico, justificado con argumentos sólidos, desprejuiciado. Donald Trump, para dar un ejemplo preciso, representa muy mal a su país. Nunca ha comprendido el pensamiento de los Padres Fundadores y supongo que nunca se ha dado el trabajo de leerlos. Y mi amigo, por su lado, suele tener reacciones confusas y siente una extraña admiración por Podemos y movimientos parecidos.
La biografía escrita por Rosemary Sullivan, historiadora y poeta, nacida en Montreal, Canadá, en 1947, sobre Svetlana Allilúieva, la hija de José Stalin, es una obra maestra en su género. El tema parece anacrónico, pero no lo es. En una serie de fenómenos recientes, en el castrismo, en la llamada revolución bolivariana, en las extremas izquierdas y, por raro que parezca, en algunas extremas derechas de estos años, existen huellas de las convicciones desviadas, perturbadas, del estalinismo. La biografía de Rosemary Sullivan no lo explica todo, pero ayuda a comprender mucho. La hija del secretario general, Svetlana, y su hijo, Vasili, «Vasia», fueron víctimas del sistema que manejaba su padre, víctimas desorientadas, aplastadas, patéticas. Svetlana era inteligente, escribía con talento, estudió temas de la cultura rusa en el Instituto Gorki de Moscú, pero escapó de la Unión Soviética años después de la muerte de su padre, desesperada.No entendió para nada al llamado «Mundo Libre», que la trató con la máxima frialdad y trató de usarla como peón en el tablero de la Guerra Fría, y murió en la pobreza extrema, en algo muy parecido a la nada. Vasili, su hermano, incurrió en un error grave y lo pagó caro: trató de aprovecharse de los privilegios de ser hijo del dictador, se convirtió en un borrachín, un conocido en los bajos fondos moscovitas, en los antros del vodka; estudió, sin embargo, para ser piloto de guerra y combatió contra las tropas invasoras de Hitler. Fue capturado por los alemanes, su padre se negó a intercambiarlo por otro prisionero importante, con la idea de que ser hijo suyo no podía representar una ventaja de ninguna especie, y desapareció en un campo de concentración nazi.
Las historias terribles, productos del rumbo que adquiría la historia contemporánea, son interminables. José Stalin, por un lado, se parece a muchos padres autoritarios, caprichosos, celosos de sus hijas, groseros, vociferantes. Lo extraño es que gente de notable talento, de cultura avanzada, hiciera elogios suyos enteramente desmesurados. A través de lecturas diversas, llego a la conclusión de que existieron dos Stalin: el sátrapa revolucionario, desmesurado, partidario del terror como arma de lucha política, y el héroe militar, que organiza la defensa de su país con eficacia extraordinaria, recuperando tradiciones nacionales, religiosas, incluso imperiales, pero sin consideración por nada ajeno a esos fines y sin el menor escrúpulo ideológico. En resumen, un enigma humano e histórico y, en definitiva, un asesino serial, celebrado en prosa y en verso por algunos de los humanistas, ¡contradictorios humanistas!, del siglo XX. En el libro de Rosemary Sullivan vemos una fotografía de familia del cumpleaños de Stalin del año 1934. La mayoría de los personajes que aparecen en la fotografía, abrazados con el Padre de los Pueblos, cantando el equivalente ruso del «cumpleaños feliz», fueron enviados al Gulag o directamente asesinados. El jefe supremo no podía permitir que los ciudadanos del paraíso comunista pensaran que su familia tenía privilegios. Podían ser torturados y fusilados, después de escuchar el timbre fatídico de las cinco de la madrugada, como cualquier otra persona

A pesar de haber actuado en la guerra como un héroe nacional, heredero de Pedro el Grande o de Iván el Terrible, Stalin, Ióssif Vissariónovich Dzhugasvili, desarrolló en sus años finales un delirio paranoico, irracional, con fuertes matices de antisemitismo, como si hubiera asimilado algunos de los rasgos de sus enemigos hitlerianos. Denunció un supuesto Complot de los Médicos, en su mayor parte de origen judío, y los mandó encarcelar y «confesar» sus culpas mediante tortura. Cuando sufrió un ataque cerebral, los agentes de la KGB iban a la cárcel a consultar la opinión del doctor Jacobo Rapoport, uno de los mejores especialistas del país, encarcelado por órdenes del enfermo.
La historia es siniestra y altamente instructiva. La lectura de esta biografía demuestra que su hija, Svetlana, la comprendió mejor que muchos, y dedujo casi todas las consecuencias. Pero no pudo sobreponerse: fue víctima hasta el final, y lo fue con lucidez, a diferencia de su desgraciado hermano Vasili. Me pregunto, por otro lado, si nosotros la hemos comprendido. Tengo serias dudas a este respecto

Margatet Tatcher, La Dama de Hierro, ....SE FUE.


Margatet Tatcher, ex primera ministra británica, falleció a los 87 años víctima de un derrame cerebral, recibiró un funeral ceremonial, similar al de la Reina Madre y la princesa Diana.

En un comunicado, Downing Street descartó por completo un funeral de Estado para la llamada "Dama de Hierro", sin embargo subrayó que recibirá un funeral ceremonial con todos los honores militares, con consentimiento de la reina Isabel II de Inglaterra.

"Downing Street puede anunciar que, con el consentimiento de la reina, la señora Thatcher recibirá un funeral ceremonial con honores militares", destacó.

La oficina del gobierno del primer ministro David Cameron indicó que los funerales se realizarán en la Catedral de San Pablo con la asistencia de "una gama amplia y diversa de personalidades" y tras el cual se efectuará una cremación privada.

El comunicado indicó que la fecha del servicio funeral se efectuará conforme a los deseos de la familia de la ex primera ministra británica "Todos los detalles se están decidiendo conforme a los deseos de la familia de Lady Thatcher", concluye el texto.

El funeral ceremonial de Thatcher será similar al que recibieron la Reina Madre y la princesa Diana, el servicio está por debajo del funeral de Estado y es reservado a los monarcas y altas personalidades como Isaac Newton, Horacio Nelson o Winston Churchill.

"Con gran tristeza Mark y Carol Thatcher anunciaron que su madre, la baronesa Thatcher, murió tranquilamente después de un ataque cerebral esta mañana", declaró Bell en un comunicado.

Nacida en 1925 en Grantham, una pequeña ciudad del noreste de Inglaterra, Thatcher ha sido la única mujer que ha estado al frente del gobierno en la historia de Reino Unido y la persona que más años desempeñó el cargo.

La "Dama de Hierro" será recordada como una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX por sus contundentes políticas liberales.
“No creo que habrá una mujer primer ministro en mi tiempo de vida”, dijo hace muchos años una de las líderes más notables y poderosas del siglo XX,  Margaret Thatcher, quien falleció este lunes a los 87 años, dejando una huella en la historia del mundo.

Fue una líder de fuertes convicciones, la primera mujer primer ministro de Gran Bretaña,  cuya vida estuvo rodeada de polémicas y acciones políticas que generaron gran número de críticas y acusaciones alrededor de su persona. Pero sin duda fue una de las mujeres más influyentes del siglo XX y te compartimos las pautas del estilo de liderazgo que la hicieron: la Dama de Hierro, y de las cuales quedan importantes lecciones.

“No soy una política de consenso. Soy una política de convicciones”. Y una de sus convicciones radicaba en una economía libre. De hecho, el “Thatcherismo” es como se le bautizó a sus convicciones políticas, sociales y económicas.

Ella creía en promover baja inflación, libre mercado, disciplina financiera, control del gasto público y la privatización. También, tenía fuertes puntos de vista en contra del comunismo, lo que hizo que se le nombrara, por parte de un periódico ruso, como la Dama de Hierro, un apodo que recibió con gran orgullo, y un ejemplo de vivir siempre fiel a sus principios y creencias.

Aprende a manejar la controversia


Su estilo de liderazgo denotó que tomaba acción aún en contra de la opinión popular. Ejemplo de ello fueron sus políticas de imponer un programa de reducción de gastos en escuelas, que resultó en la eliminación de la leche que se daba a los niños.

Su decisión le ganó el apodo de “Margaret Thatcher la ladrona de leche”. Y de esto, ella dijo: “Aprendí una valiosa lección [de esta experiencia]. Había incurrido el máximo odio político por el mínimo beneficio político”.

Los líderes verdaderos toman las decisiones correctas, aunque ello no signifique que tendrán el apoyo o nivel de popularidad por parte de aquellos a quienes lidera, generando controversias.

No digas, actúa


Su primer periodo como primer ministro lo recibió con grandes desafíos (como la recesión). La situación apremiante la obligó a actuar inmediatamente, tomando decisiones difíciles como recortar drásticamente el gasto público, privatizando industrias como la del petróleo, agua y electricidad. Los resultados de estas acciones llegaron en la forma de la recuperación de la economía de Gran Bretaña.

Su filosofía personal consistía en actuar en vez de hablar, lo cual ella explicó elocuentemente con la frase: “Si quieres que algo se diga, pídeselo a un hombre. Si quieres que algo se haga, pídeselo a una mujer.”

Convierte tus debilidades en fortalezas


Antes de ser elegida como primer ministro, Margaret Thatcher era criticada por utilizar cierto acento y dialecto considerado como algo desagradable de su pueblo natal en Gran Bretaña.

Un periódico le criticó diciendo que su voz se escuchaba como “uñas de gato en un pizarrón”. Pero para esto, la Dama de Hierro ya estaba trabajando con especialistas para entrenar su voz. Esto la llevó a convertirse en una figura pública reconocida por sus poderosos discursos. Inclusive, al finalizar su periodo como primer ministro, escribió muchos libros y se continuó exitosamente como oradora profesional.

Hay muchas otras lecciones que podríamos aprender de esta líder, cuyo cargo como primer ministro le costó doble trabajo, pues fue la primera mujer en ocupar el puesto, y aunque Gran Bretaña es un país de primer mundo, también es muy tradicional, lo que tiene mayor mérito para una mujer en un mundo político de hombres.

Además, lo hizo durante más tiempo que nadie en la historia moderna. Y tuvo que enfrentar gran oposición política y social al desafiar al status quo de toda una nación para llevar a su país exitosamente hacia los albores del siglo XXI.

Margaret Thatcher dejó un gran legado, como mujer, como económista (es prácticamente la precursora del liberalismo), y como líder que si bien fue muy controversial, se impuso como una mujer de acción, una Dama de puro Hierro.
Durante los tres periodos en los que Margaret Thatcher se encontró al frente del Reino Unido nada volvió a ser igual, ya que la llamada Dama de Hierro transformó al país que en ese entonces se encontraba en medio de una debacle económica y política.

Dicha transformación se dio a través de una serie de medidas económicas liberales, como la privatización de industrias estatales y el transporte público; la reforma de los sindicatos, a los que despojó de poder; la reducción de los impuestos y del gasto público; y la flexibilidad laboral, entre las más importantes.

Tras consolidar su crecimiento político y derrotar a los antigüos liderazgos, tanto de su partido como rival, Thatcher llegó al número 10 de Downing Street con la convicción de que llevar a cabo una renovación del Reino Unido para evitar su caída.

Por ello centró sus esfuerzos como primera ministra -la única mujer en ocupar este cargo- en reparar las finanzas del país mediante la reducción del papel del Estado e impulsar el libre mercado.

Para lograrlo tenía que cortar la inflación, y así lo intentó al disminuir los impuestos directos sobre la renta e incrementar los impuestos indirectos, las tasas de interés -para disminuir el crecimiento de la oferta monetaria-.

Todo ello fue fundamental para el propósito de su gobierno y pronto se introdujo un presupuesto radical de impuestos y recortes de gastos, como los de servicios sociales en educación, lo que no agradó a muchos, tanto así que estos cortes hicieron que se convirtiera en la única primer ministro graduada de Oxford en la posguerra que no recibiera un doctorado honorario de esta universidad, después de una votación de 738 contra 319 votos de la asamblea del gobierno y una petición estudiantil.

Por otro lado, también su gobierno presentó proyectos de ley para frenar la militancia sindical y privatizar las industrias estatales, cuya meta era permitir que la gente pudiera comprar sus casas o adquirir acciones en las empresas del Estado; así, entre otros beneficios, logró integrar a millones de personas en la economía.

Asimismo, hizo con sus nuevas políticas monetarias que la capital británica se convirtiera en uno de los centros financieros más vibrantes y exitosos del mundo.

Sin embargo estas modificaciones no eran del agrado de todos, principalmente de sus críticos, quienes apuntaban que sus decisiones estaban generando un "páramo industrial" y elevaba el desempleo a más de tres millones de personas.

En este sentido, se enfrentó al malestar de un sector de la banca conservadora y algunos disturbios en el centro urbano londinense que le obligaron a replantear su estrategia, pero fiel a su estilo dijo en una conferencia de su partido en 1980 que solo tenía una cosa que decir a quienes esperaban que cambiará de sentido: "la dama no va a dar vuelta".

Para 1982 el Reino Unido comenzó a mostrar señales de recuperación económica, la inflación comenzó a disminuir al pasar a 8.6% desde un pico de 18%.1, aunque el desempleo seguía siendo una de preocupaciones más serias.

El año 1983 lucio mejor, el crecimiento económico general se fortaleció y tanto la inflación como las tasas hipotecarias alcanzaron sus valores más bajos desde los 70; pero igualmente la industria caía en un 30% desde 1978 y el desempleo permaneció como el principal problema, registrando en 1984 un pico de 3.3 millones de personas sin empleo.

Fue hasta 1987 que la falta de trabajo fue disminuyendo, la economía se estabilizó y se fortaleció, y la inflación bajó.

Para ese entonces, las encuestas de opinión era lideradas por los conservadores, de la mano de Thatcher, quein consiguió el apoyo electoral para tener su tercer periodo consecutivo, pero ese relación comenzó a desmoronarse luego de que la Dama de Hierro reformara el sistema de impuestos locales al reemplazar los gravámenes domésticos con el cargo comunitario, o poll tax, con el que todos los adultos residentes pagaban una misma cantidad.

Así, este nuevo impuesto fue introducido en Escocia en 1989 y en Inglaterra y Gales al año siguiente, convirtiéndose en una de las políticas más detestadas durante todo el mandato de Thatcher, tal como lo exhibió el descontento público en una manifestación de más de 70,000 participantes en Londres el 31 de marzo de 1990.

Otro punto que generó simpatías a la baronesa Thatcher de Kesteven, su grado nobiliario, fue el de la Guerra de las Malvinas, que impulsó su popularidad en abril de 1982 cuando anunció su respuesta decisiva para la invasión argentina, que en junio siguiente derivó en la rendición del país sudamericano y la recuperación de dichas islas.

La victoria en las Malvinas, junto con desorden en el Partido Laborista, aseguraron la victoria aplastante del partido conservador en las elecciones de 1983 y con ello la primera reelección de Thatcher.

Para muchos una estampa fiel de la personalidad de Thatcher se dio en octubre de 1984, cuando el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) realizó un atentado en su contra durante un evento realizado en un hotel en Brighton.

El movimiento secesionista instaló una bomba en la conferencia del partido Conservador, misma que hizo estallar matando a cinco personas e hiriendo de gravedad a muchos más.

Sin embargo, con la intención de mostrarse indestructible ante cualquier circunstancias, la primer ministro no dudó en continuar con el encuentro pese a los destrozos en el hotel y aclarar a sus atacantes que destruir la democracia con terrorismo.

No obstante, la caída de la Dama de Hierro llegó desde el seno de su propio partido, que descontento por la determinación de Thatcher -el atributo que la había llevado al poder 11 años atrás- organizó una revuelta interna que se llevó a cabo el 22 de noviembre de 1990.

Días después, el 27, se mostró frente a los parlamentarios británicos para responder diversas cuestiones sobre sus planes para seguir al frente del gobierno.

Su salida de Downing Street estuvo marcada por el llanto de la líder considerada indestructible, y dejó la Cámara de los Comunes en 1992, desde entonces se refugió en el elegante barrio londinense de Belgravia, donde continuó preparando lucrativas conferencias y redactando sus memorias.

Su actividad pública fue desde entonces muy discreta, con algunos realces en los últimos años de los 90 y los primeros del nuevo milenio, sin embargo a partir de marzo de 2002 su salud se volvió su principal obstáculo, a lo que se sumó la muerte de su esposo, sir Denis Thatcher, en junio 2003.

En los últimos años, tras varios accidentes cardiocerebrales, Thatcher se alejó por completo de la vida pública en Londres y fue hoy que un ataque de apoplejía terminó con la vida de esta emblemática mujer del siglo XX.

PPT, nuevo sindicato del PP, Ahora si.....




 Siempre he mantenido un postura firme, desde que la reforma laboral ha mejorado tanto las condiciones para el despido que no es que lo haya lecho libre sino obligatorio, y entre los funcionarios crece el temor de que se les cobre por ir al trabajo cuando ya no se les pueda recortar más el salario, los llamados empleos seguros han perdido mucho atractivo. así que quítense de la cabeza la idea de convertirse en empleado de iberia, de telefónica o taquillero del metro, que eran, como decían las madres, muy buenas colocaciones y para toda la vida. ya tienen más futuro los follatabiques de Madrid.


 La idea de fomentar un sindicato tirano con lacayos fascistas, grandes luchadores para extinguir a la clase trabajadora, es producto de la cara de memos que se les ha quedado cuando han observado la ingententes cantidades de dinero "robado" por parte de UGT (PSOE)y CCOO (IU) comparado con las pequeñas cantidades de que se ha apropiado su ya extinto CSIF(PP/UPyD). Ahora resulta que los sindicatos obreros son discípulos de Tibelio y el de clases (PPT/CSIF) fieles seguidores de la doctrina de Nerón. 

   Comunitariamente, sus jefazos, han sido adoctrinados en la Fundación Francisco Franco de la madrileña calle de Concha Espina, donde alquiler, gastos a lo príncipe Alberto, sueldos y subvenciones multimillonarias has sido sufraGAdos por el PP (Matriz del PPT) con dinero de pobres y menos pobres. Todo ello supervisado por el sindicato Manos Limpias y adroctrinados por los expertos EX Mobutu, Haile Mariam, los Bedel Busakas, Idi Ain Busaka, Blas Piñar, Sánchez Cobisa, Utrera Molina y familia   El único reducto paradisiaco para los trabajadores, la última aldea gala que resiste altiva el acoso romano de una legislación que ha triturado los derechos de los asalariados es el partido popular, una organización donde no hay subordinados sino amigos, y donde se comparten colectivamente las alegrías y las desgracias como lo haría una gran familia. afiliense primero y luego echen el currículo, ya sea como tesorero suplente o como limpiacristales del turno de tarde, porque si tienen la fortuna de acabar formando parte de este grupo de elegidos sus preocupaciones habrán terminado.

   Últimamente, lo más reciente son pequeñas muestras de la veneración que los populares sienten por sus empleados, privilegiados actores de una historia de amor real en el que amar significa no tener que decir nunca lo siento. no importa que uno sea un poco golfo, que haya cobrado supuestamente comisiones de una trama corrupta o que ésta le haya regalado un jaguar para él y bolsos de vuiton para su santa. ni siquiera es relevante que se descubra que los presuntos mafiosos te han pagado los viajes en business o las fiestas de comunión de los niños. si a un empleado del PP le acontece semejante desgracia y por ella se ve obligado a dejar el ayuntamiento del que es alcalde, el partido le acogerá en su seno y le pagará la nómina aunque no sepa lo que haga, que para eso el estadista con bigote es padrino de uno de sus churumbeles. aquí no se abandona a nadie a su suerte, hasta que no es imprescindible. A ella la nombra Ministra de Sanidad. Eso se llama amar en la distancia. ¿Sabían que Sepúlveda lo único que hacía en el PP, además de robar, era controlar los movimientos y asesorar al CSIF?

El centralismo y la hipnosis de Madrid crispan a Cataluña.








Una mentira dicha mil veces, pueden acabar convirtiéndose en verdad que es mentira.. La prensa fascista de Madrid, repleta de juntadores de letras y músicos arruinados y con el único ánimo de desviar la atención de la ruina por corrupción y efectos colaterales asola todo el territorio español, dice:  más de 500.000 personas “han huido” de Cataluña, en los últimos cinco años como una consecuencia directa del proceso soberanista. Y, cómo no, de la presión que se hace sobre quien no comulga con la secesión de España. Sencillamente, no es verdad, si que se habrán ido muchos, no menos que de Madrid; pero recordar que el 64% de los pobladores de Cataluña son “charnegos” o descendientes de padre y madre que nacieron donde les tocó por turno de guardia. Y, por lógica, el hambre puede hasta en el pensamiento. Si, si es cierto que muchísimos han vuelto a sus pueblos de origen por  las necesidades, porque ven venir un sunami o por que buscan aires nuevos donde descansar de la presión de los holgazanes madrileños.  Solo recordar a los fanáticos de la bandera cuyos colores se coinciden con los de la bandera catalana que antes emigraron en busca del edén y que aun hay libertad de “movimientos”  por tierra, mar y aire.
El consejero de Economía y Hacienda de Madrid, E. Ossorio, dice: Un millar de empresas catalanas se han fugado a Madrid desde el 2010. Primero es totalmente falso y segundo aun siendo verdad, le recuerdo que el régimen Franquista “OBLIGABA” a empresas catalanas y vascas cuando superaban los 100 empleados a cambiar el domicilio social a Madrid y matricular  todos los vehículos de empresa con la “M” y tiene su parte de lógica, Franco era inteligente y se dio cuenta que de otra forma, Madrid, sería y es el cáncer de España.
1º.-Industrialmente, Madrid, nunca podrá competir con Cataluña, Galicia, País Vasco, etc, no tiene puerto de mar, el Manzanares aun no es navegable y sus productos se encaren entre un 35/25%, por tanto no serían competitivos. Una ciudad sin puerto de Mar, simplemente es una ciudad terciaria, de subsistencia  y donde suelen habitar muchos holgazanes adictos al régimen que se empeña en agrandarla.  Tampoco es cuestión de explicar la teoría M.F.Riters. Pero bueno, la inmensa mayoría de sus pobladores no son tercos como esa anda de juntadores de letras y  lacayos del Gobierno.
El tremendo error  que está cometiendo  la Comunidad de Madrid, Cuando esto mismo se hacía  desde Euskadi le llamaban despectivamente «vacaciones fiscales» o presión terrorista. ¿Cómo debería ser calificado lo que hace la comunidad madrileña? ¿Acaso no atenta contra la unidad de mercado que tanto pregona el PP?  Por ejemplo, para fabricar un coche el laminado y el 99% de las piezas llegan vía marítima. Lo ensamblas y lo vuelves a llevar al puerto para vía marítima exportarlo –se exportan el 85% de los vehículos que se fabrican en España. ¡Manda huevos¡
A las asociaciones empresariales catalanas no le constan esas huidas de sedes sociales a la capital del Estado, y además piden que la ideología no distorsione la realidad. Pero llegan tarde. La tan cacareada verdad importa poco. Aquí lo único que importa es desprestigiar un proceso político, aun a riesgo de llevarnos a todos a la ruina. Valga como recuerdo u otro recuerdo que a las industrias farmacéuticas  que se instalasen en Madrid, el Caudillo de España, les dejó el ITE de fabricante/consumidor 4%/0/90%, mientras en el resto de España era a la inversa, así y todo decían que en el perchero del vestíbulo había demasiados trajes de militares alta graduación chupando del bote y brillando por su ausencia.


Por eso, yo soy del Cortijo de la Concordia (Zurgena) y a quien Dios se la de que San Pedro se la bendiga. Pero en España ni se ve la luz al final del túnel, ni con tantos mamandurrias como hay en Madrid se verá. El centralismos es el mayor fracaso para estructurar un país. Que sueñen con el supercasino que soñar es gratis. Y si otra cosa no, el minicasino, los pondrá en su lugar de descanso. 

Cospedal, primera destitución de Rajoy.




Rajoy en un hombre grande criado a base de Pelargón, yogur y niñera de uniforme. Tan buen estudiante como mal dirigente. Aznar lo sabía, por eso lo utilizó, pensaba que sería su marioneta y, al final, van a terminar los dos como leones de circo. Aznar era habilidoso y le gustaba escuchar la opinión de doctos en materias que no conocía, luego hacía aquello que le salía de los huevos. Pero el parvo de Rajoy, ni eso. Por eso aunque solo sea padre adoptivo de las tropelías de Aznar va a pagar como padre biológico de las mismas,  caso Gurtel, escándalo Bárcenas y en el desmadre de la contabilidad del PP, acaso la mayor sea la de haber consentido que él y su partido llegaran al Gobierno con ese lastre insoportable. Con esa pesada carga a cuestas que maniata al Ejecutivo y lo sitúa ya desde el arranque de la legislatura al borde del abismo, cuando lo que España necesitaba era un presidente sin hipotecas ni ataduras, centrado exclusivamente en luchar contra el monstruo de la crisis y capaz de aplicar soluciones drásticas sin tener que consultar cada día a cuánto cotiza su imagen en el mercado de las encuestas.

 Al margen de que él sea o no personalmente responsable, Rajoy sabía ya cuando se presentó como candidato a la presidencia del Gobierno que Bárcenas era una bomba de relojería que acabaría estallando más tarde o más temprano en mitad de su mandato. Y, sabiéndolo, no hizo nada para minimizar unos daños futuros que, por su tamaño y repercusión, no afectan ya solo a su presidencia y ni siquiera ni a su partido, sino que son un baldón para una España entera que pretende levantar la cabeza tras años de sacrificio y fatigas. El grado máximo de descontrol sobre la situación se alcanza cuando llegamos al momento en el que la secretaria general del partido carga el muerto del asunto Bárcenas sobre las espaldas de su jefe. Así, sin anestesia. Fue Rajoy, le dice De Cospedal al mismísimo juez, quien improvisó una variedad de sandeces para  justificar l del finiquito  de Bárcenas,  en diferido  y con simulación de sueldo. Y, por si fuera poco, deja caer inmediatamente después, ya en privado, que ella sapos se va a comer los justos. Lo cual nos lleva, de batracio en batracio, a comprobar que a Rajoy De Cospedal le ha salido rana. Si lo que pretendió al nombrarla como número dos contra viento y marea en el propio PP era confiarse a una especie de Juana de Arco dispuesta a inmolarse por la causa, lo que ha acabado creando es una basta de segunda fila resuelta a prender en el partido la llama del fuego purificador. Pero sin entrar ella en la pira, claro, porque ni De Cospedal es la doncella de Orleans, ni Génova es Ruan. Sencillamente ha elegido como marido a un “rano” que sin lugar a dudas es el mayor depredador de ahorradores españoles, la persona a la que más escándalos financieros se le atribuye y que más acumulaba.


La consecuencia de ese error de cálculo garrafal es que a la vuelta de la playa nos esperan emociones fuertes. Destitución de la secretaria general del PP, crisis de Gobierno y sálvese quien pueda. Enhorabuena a los que sobrevivan. Mi pésame por anticipado a los difuntos. Pero mucho me temo que no va a quedar ninguno.