Sandra y Marta Ortega, hijas de Amancio Ortega (Zara) Son las dos mujeres más ricas de España y populares.

Rica pero no famosa


«Nadie se había fijado en ella hasta ahora, no va de la típica 'hija de', es más discreta que su madre e, incluso, que el propio Amancio», dice el biógrafo del dueño de Inditex 












Amancio Ortega y sus dos hijas, Marta y Sandra, cuyo rostro se desconoce totalmente ya que vive en el absoluto anonimato
Los pijos de A Coruña se van todos a vivir al Concejo de Oleiros», cuenta el periodista gallego Xabier R. Blanco, autor de la biografía 'Amancio Ortega. De cero a Zara' (y de 'Querido Ramón', sobre el caso del tetrapléjico Sampedro). El alcalde de este municipio, Ángel García Seoane, en el poder desde 1985, es famoso por situarse a la izquierda de la izquierda. «Es un tío más comunista que Carrillo. Los impuestos son allí más altos, pero las prestaciones sociales son las mejores», añade Blanco. También son conocidas las polémicas provocadas por el regidor, como la gran estatua del Che Guevara que plantó en una rotonda y por otorgar a las calles nombres de conocidos comunistas. Pues allí, como si fuera una declaración de intenciones, reside Sandra Ortega, hija de la recientemente fallecida Rosalía Mera, creadora junto a su ex, Amancio Ortega, del imperio Inditex y la mujer más rica de España hasta su muerte. 
Ahora lo es Sandra, 44 años, de momento toda una desconocida para el público. «Yo estuve muchas veces en la Fundación -recuerda el biógrafo de Amancio Ortega- y nunca noté su presencia; desde luego no iba de la típica 'hija de'. No es que sea más discreta que Rosalía, ¡lo es más incluso que su padre!».
Pues al borde de los acantilados de Oleiros vivía Rosalía Mera, y junto a esta casona se construyó Sandra la suya. Sin duda, la unión férrea que las conectaba de forma tan especial hace que sea fácil pensar que ella se encuentra en la misma onda que Rosalía, quien destacaba en el reducido círculo de mujeres más adineradas del país no solo por su fortuna, sino por sus ideas escoradas a la siniestra: criticó la gestión del Gobierno popular en la catástrofe del 'Prestige' (hizo ondear la bandera negra del Nunca Mais en la Fundación Paideia, que ella creó para ayudar a las personas discapacitadas como su otro hijo, Marcos, de 42 años); estaba comprometida en la defensa de los derechos de la mujer; apoyó al movimiento 15-M; criticó a Gallardón por su intención de cambiar la ley del aborto, a Rajoy por alguna de sus reformas... Vamos, algo no demasiado habitual cuando se habla de fortunas desorbitadas como la suya. Lo reconoce el propio alcalde de Oleiros: «Rosalía se compró un nicho. ¡Un nicho! Ni siquiera un panteón. De estos casos se dan pocos».
Además de estos principios, Sandra ha heredado de Rosalía sus 4.700 millones de euros (porque también gestionará la parte que le corresponde a su hermano discapacitado, del que ella deberá hacerse cargo ahora). Gracias a la normativa vigente en Galicia en materia de sucesiones, tal fortuna pasará a sus manos sin necesidad de tributar a Hacienda. Y algún día será suya buena parte de los 40.000 millones que le atribuyen a su padre y que se repartirá con su hermanastra, la más mediática Marta, la amazona.
Puede decirse que la 'fusión' de Sandra (A Coruña, 1968) con su madre empezó a forjarse cuando ésta la llevaba con ella, siendo un bebé aún, a los talleres de Goa, el negocio de confección de batas previo a la aparición de Zara. Pero hay un momento que sin duda tiene una importancia extrema en su apuesta por la madre y el distanciamiento con el padre: el nacimiento de Marta -fruto del amor surgido entre Amancio y una trabajadora de su empresa llamada Flora Pérez- se produjo en 1984, cuando Sandra tenía solo 16 años, complicada edad para entender de amores y desamores entre los propios progenitores. Esto sumado al hecho de que su madre nunca más se enamorara sin duda la hizo cerrar filas con ella y su hermano, Marcos.
Así lo cuenta Xabier R. Blanco: «Tras el nacimiento de Sandra, el padre estaba loco por tener un heredero que se hiciera cargo del imperio, pero nació Marcos con esa grave discapacidad. Rosalía se centró entonces en el niño y Amancio en el trabajo. Sandra sin duda debió pasarlo muy mal con todo aquello». Quién sabe si por querer pasar desapercibida o porque la relación no es buena, no acudió a la reciente boda de su hermanastra. Al parecer, lo único que las une es su pasión por los caballos.
Enseñanza pública
Rosalía fue forjando poco a poco el carácter de su hija. Imbuida de la filosofía de su madre, Sandra decidió abandonar el colegio religioso donde estudiaba, las Esclavas del Sagrado Corazón de A Coruña -donde algunas de sus excompañeras la encontraban por aquel entonces «algo macarra»-, para ir a un centro público de Secundaria, antes de iniciar sus estudios universitarios de Psicología, quizá debido a su experiencia con su hermano. Una carrera que luego le serviría para ayudar a su madre en Paideia, fundación de la que se ha hecho cargo. Así que nada de método Waldorf ni elitistas colegios de corbata, escudo y visera para sus tres hijos adolescentes; Sandra ha enviado a Antía, Uxía y Martiño a la escuela pública (ahora estudian en el centro de Secundaria María Casares, donde ella forma parte de la directiva de la asociación de padres).

Su marido se llama Pablo Gómez, otro ejemplo de discreción y sencillez como ella, solo hay que ver cómo acudieron al entierro de Rosalía, ambos vestidos informalmente, él con camisa de cuadros. Se conocieron en el instituto, donde compartían, dicen, pasión por el heavy, y se casaron pronto. Él entró a trabajar en Inditex, en la fábrica de Arteixo, haciéndose cargo de la gestión de lo que se conoce como prendas básicas. Ella estuvo un tiempo en la empresa, siendo vocal en el consejo de administración hasta 2000, pero decidió dejarlo definitivamente para centrarse en la Fundación Paideia Galiza, en cuyas oficinas pasa muchas horas. Su cometido incluye hacer entrevistas a los candidatos al Programa de Voluntariado Europeo, para jóvenes que quieren mejorar su formación en el extranjero. También es la administradora de Rosp Corunna, una corporación creada junto a su madre que incluye el 6,99% de las acciones de Inditex, el 5% de Zeltia y el 30% de la cadena de hoteles Room Mate que preside Kike Sarasola, entre otras inversiones.
Vacaciones juntas
Pero pese a tantas posesiones, los gustos y hobbies de Sandra son sencillos, como eran los de Rosalía. En vez de dejarse caer por lujosos actos sociales repletos de famosos y millonarios, prefiere acercarse a las fiestas populares. Lo contaba la exalcaldesa de Oleiros, Esther Pita, en el entierro de Rosalía Mera: «A madre e hija las veías comprando en la pescadería, en la carnicería, en mi estanco... Sandra aún estuvo el otro día en la foliada, comió el chorizo de Santaia, como cualquier vecino, personas muy participativas».
A Sandra lo que le gusta es caminar por la playa de Riazor, paseo que a menudo realizaba con su madre, con la que también pasaba periodos vacacionales; de hecho estaba con ella en Menorca cuando un derrame cerebral acabó con la vida de la empresaria a sus 69 años el pasado 15 de agosto. Había mucha complicidad entre ellas. En una entrevista, Rosalía dijo sentirse «muy orgullosa» de su hija y destacó su «sentido común».
Ambas compartían incluso estética, aunque Rosalía llamara más la atención por su vestuario elegante, mientras que Sandra apuesta por la sencillez. Las dos preferían el pelo corto y esculpido, aunque la hija se decantara por el rojo en vez del rubio. Rosalía Mera solía bromear con que siempre sería 'la ex de Amancio Ortega'. No es insensato aventurar que a Sandra le tocará ser ya de por vida 'la hija de Rosalía'.

La fusión del comunismo (Podemos-IU) es maquinar la democracia a impulsos opresores..

Pienso que hundir, hacer desaparecer al único partido representativo del comunismo en España y con una historia superior al PSOE es un delito con premeditación y ensañamiento. Alberto Garzón es un mentiroso compulsivo y traidor. Las primeras encuestas, las verdaderas dieron como resultado que tres de cada cuatro comunistas de IU no estaban de acuerdo con la fusión. Garzón, por dinero y órdenes de Pablo Iglesias, cambió la pregunta.....Los beneficios no van más allá de 4/5 diputados, pero los podemitas han conseguido otro objetivo más para adueñarse de lo que ellos llaman izquierda  para mi, una tiranía bolivariana. El próximo en caer será el PSOE. Los podemitas saben, perfectamente, que han perdido más de millón y medio de votos y perdiendo día a día. No se descarta que Errejón, en unos días abandone el partido morado, se incluya en el PSOE o abra otro frente de Izquierdas.
Gaspar Llamazares tuitea: «Los datos del CIS me reafirman en la posición crítica sobre la coalición con Podemos», avisando de la probable desaparición de IU. Pero su libertad de expresión está siendo dinamitada ferozmente en las redes sociales en un linchamiento que recuerda épocas pasadas al amparo de unas siglas, cuyo rencor entierra la razón. Pablo Iglesias intenta suavizar su ira contra los socialistas y olvida sus descalificaciones a la IU pre 20D. ¿Acaso ahora Izquierda Unida ha modificado su ideario? O, más bien ¿se precisan miles de votos para reparar el agujero que se adivina en la red de Podemos?
Un partido democrático no se construye sobre las cenizas de su interlocutor. Convertir a estas alturas a Llamazares en un desecho político es jugar con fuego, porque el resultado de la consulta a las bases de IU confirmó un porcentaje muy pequeño de apoyo incondicional a la coalición con Podemos. Han votado los convencidos, pero el grueso de IU se ha retirado a las trincheras; no juegan a un fuego cruzado que se cobra víctimas aparcando las ideas. El millón de votos que tuvo IU no irá íntegro a la mochila de Podemos. Y lo saben. Y lo manifiestan en el ninguneo con que tratan a Alberto Garzón y a su partido. Si verdaderamente lo vieran como el político mejor valorado, iría en un lugar preferente de las listas, sus candidaturas tendrían hueco visible en todas las circunscripciones y respetarían la historia de unas siglas que necesitan, perentoriamente, para sumar electorado de izquierdas. Pero más parece que el activo forma parte de la contabilidad. No se puede olvidar que en el seno de IU está Izquierda Abierta, el partido que creó Llamazares y con el que obtuvo en Asturias el mejor resultado de toda España en el 2014, en la misma convocatoria de elecciones autonómicas y municipales que supuso la mayor caída histórica de votos de la formación.
En el prólogo de El libro rojo de Gaspar Llamazares, otro Garzón también con nombre de Rey Mago, Baltasar, lo describía como «el líder que más sintoniza con los indignados del movimiento 15M porque responde a la fusión entre la vieja y la nueva política». En el 2012, Baltasar Garzón se integraba en la plataforma Convocatoria Cívica, junto a otros intelectuales y profesionales de predicamento en la izquierda española, para «unir fuerzas contra la involución democrática lo que solo puede ocurrir si todas las fuerzas políticas de ese espacio político establecen una estrategia común». Pero ya nadie se acuerda de aquello. A día de hoy, la izquierda española sigue jugando a la ruleta rusa. Ecce homo, Gaspar Llamazares, ha intentado que la bala no caiga sobre la cabeza de una izquierda desunida y convulsa, más cerrada que nunca y más necesaria que nunca también. El tiempo dirá quién suma y quién resta, aunque el tiempo puede ser, también, el peor enemigo de una alternativa cada vez más difícil a una derecha fosilizada e impertérrita ante los escándalos, que se frota las manos bajo el liderazgo perezoso de «ese señor del que usted me habla»

Cuando volver al pasado sería exitoso. Con podemitas/socialistas el futuro sería de miseria y pistola


Pero no temáis mis amigos, nuestros amigos, estos amigos míos y yo de ellos que mientras me queden balas y tengo un arsenal estaremos libres. .

Las ignominias que, por parte de la tirana e hipnótica  está sufriendo la derecha honrada, luchadora, laboriosa y gallarda; nunca nos venderá como esclavos. ¡Izquierda sumida ya está vencida y tiroteada abandonará el planeta. Más o menos este fue el grito de guerra por parte de un diputado catalán y que a los pocos días se llevó a cabo. Lo malo, lo peor del caso es que el primero en morir fue él, después el de la calle Alcalá y al día siguiente..."no se cuantos" 

Si habéis observado estos pendejos de la cruel izquierda a los que se les ha añadido un experto en explosivos de pólvora mojada, Albert Rivera; solo tienen una meta dilapidar al PP y reitero "mientras me queden balas y tengo un arsenal estaremos libres" Nosotros somos pueblo y ellos "farsa" revolución.  


El tiempo no es de nadie y le llega a todo el mundo. Ese tiempo en el que, vayas donde vayas, te tropiezas con el pasado. Intentas esquivarlo. Cruzas de acera. Cambias de costumbres. Cierras los ojos. No quiero verlo. Pero, como en aquel cuento de 'Las mil y una noches', es inútil esconderte en el último rincón. 

El pasado siempre acaba apareciendo donde menos te lo esperas. Esas modistas desaparecidas en los años de la fiesta que han vuelto a aparecer en los barrios. El mismo olor a tela, la maraña de agujas, dedales y cintas métricas. Los jabones para marcar los patrones. Como cuando acompañabas a tu madre a tomarse medidas para un vestido de estreno. Nunca más de un par de veces al año. Las tiendas de lanas de colores para hacer punto a mano con las mismas agujas de antaño. El pasado te aguarda en la butaca del cine. 


En la tierra rozada por las manos del abuelo de 'El Olivo', la última película de Icíar Bollaín. Tres décadas de España resumidas en una fábula moral. El abuelo agricultor, los hijos que persiguieron el pelotazo y el pelotazo que partió a la familia por el eje. La nieta rebelde que regresa a los valores del abuelo, en un viaje de locos para recuperar el olivo milenario guardado en un escaparate de Düsseldorf. Hasta el nombre suena grande, comparado con nuestra pequeñez, dice el tío Alcachofa, arruinado por la crisis, cuando respira el aire de Alemania desde la cabina de un camión. Muchos españoles hemos viajado del pueblo a Düsseldorf en los últimos 30 años. De la tierra al asfalto. De las modistas a la ropa de confección. Del barreño a la ducha de masaje. De la mesa camilla tapada con el hule del mapa de España al mobiliario de oficina. De las ventanas mal cerradas a las grandes cristaleras con tanto brillo que ciega los ojos. Un brillo nos trastornó pensando que el acceso a esa confortable clase media era para toda la eternidad. Millones de españoles tropiezan con el pasado en forma de estrecheces. Los perdedores de la crisis son legión. Están por todas partes. 

Ni cruzando de acera podríamos esquivarlos. El tiempo le llega a todo el mundo. Ese tiempo en el que los valores que de niños nos parecían arcaicos, trasnochados, primitivos y atávicos, ahora nos suenan a gloria bendita porque no abundan. Como el honor, la honradez, la decencia y el coraje.

CANADÁ Fort McMurray, la ciudad más rica de América es arrasada por el fuego

El incendio visto desde la carretera durante el 3 de mayo.
La urbe está construida encima de, como mínimo,173.000 millones de barriles de petróleo; más que todas las reservas de 'petroestados'


Podría ser un relato de índole religiosa: Fort McMurray, la ciudad más rica de toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego -y, según algunas estimaciones, de la Tierra-, estaba anoche siendo evacuada entera mientras un incendio forestal que ya había arrasado cerca de 900 kilómetros cuadrados de bosque boreal -la llamada taiga- avanzaba por sus calles destruyéndolo todo a su paso. Unas 2.000 viviendas ya han sido destruidas, aunque no ha habido ni un solo herido grave.
El cuerpo de bomberos de Bonnyville esperaba en la mañana del viernes nuevas órdenes tras una larga noche luchando contra el fuego en Fort McMurray.
"La situación sigue siendo peligrosa e imprevisible" por el viento y las altas temperaturas, "las llamas están fuera de control", ha asegurado este sábado Ralph Goodale, ministro de Seguridad Pública canadiense, en una rueda de prensa televisada. El mismo responsable ha explicado que por el momento no hay indicios de que el fuego haya dañado ninguna estructura petrolífera en la zona.
Un grupo de la Real Policía Montada de Canadá se reúne para tomar las medidas pertinentes en una nueva jornada para luchar contra el incendio el día 6 de mayo.
Desde el inicio del incendio el pasado domingo, unos 1.560 kilómetros cuadrados han sido arrasados por el fuego, la mitad en las últimas 24 horas. "Existen previsiones que apuntan a que si el incendio sigue avanzando a este ritmo, hoy podría duplicarse" la superficie afectadas. Las autoridades trabajan por extinguir las llamas al tiempo que investigan las causas que provocaron su origen. Con este objetivo, el gobierno de la provincia de Alberta ha contratado un servicio de drones que sobrevuelen la zona para tratar de captar alguna pista que aporte algún dato revelador.
Una señal apunta hacia la inmensa humareda que ha generado el incendio.
La mayor parte de los aproximadamente 100.000 habitantes de la que se llama coloquialmente 'Fort Mac' ya han salido. Unos 70.000 se han ido a través de la única carretera que conecta la ciudad con el resto del mundo: la Autopista 63, que cubre los 425 kilómetros que la separan de la capital de la provincia canadiense de Alberta, Edmonton.
Otros 5.000 iban a ser evacuados por vía aérea, y 25.000 más habían huido hacia el norte, sobre todo después de que el martes el fuego cortara durante horas la Autopista 63. En esa dirección, rumbo a los Territorios del Noroeste y a Saskatchewan, no hay carreteras asfaltadas sino sólo pistas que cruzan las turberas, es decir, la inmensa marisma que es el suelo de la taiga.
Desde la Autopista 63, la única carretera que conecta Fort McMurray con el resto del mundo, se observan las llamas del incendio forestal durante el viernes.
Las turberas son la razón de ser de Fort McMurray. En este suelo pantanoso están las 'arenas bituminosas de Alberta', un tipo de petróleo pesado que impregna el suelo. Uno se va a dar una vuelta por el bosque al Norte de la ciudad y se da cuenta de que la tierra es negra, como si la hubieran tiznado de betún. Y así es. Pero ese betún es natural.
A principios de la década pasada, la subida imparable de la demanda china y estadounidense hizo que la extracción de 'las arenas de Alberta' pasara a ser rentable. De pronto, resultó que 'Fort Mac' no estaba construida sobre una selva pantanosa de abedules y coníferas poblada por osos, lobos y alces (y, más al norte, bisontes), sino encima de, como mínimo,173.000 millones de barriles. O sea, más que todas las reservas de 'petroestados' como Irán, Irak, o Kuwait.

La versión terrenal de 'Avatar'

Así es como la ciudad se convirtió en la versión terrenal de Pandora, el planeta de la película 'Avatar'. Fort McMurray era una ciudad extraña desde antes de llegar a ella. Cuando uno volaba a la ciudad (el autor de estas líneas estuvo allí por última vez en 2008), ya quedaba claro desde que uno se subía al avión que iba a un sitio raro. Porque el aparato podía tener a 300 pasajeros, pero como mucho una docena eran mujeres. Porque el petróleo es una industria de hombres.
La policía organiza el control de carretera para ayudar a los habitantes de la ciudad canadiense en la evacuación.
Muchos de los trabajadores procedían de New Brunswick, una provincia canadiense situada junto al Atlántico, que iban por periodos de seis meses, en los que un conductor de un camión de una de las minas a cielo abierto de las que se extrae el petróleo podía cobrar 100.000 dólares canadienses (78.000 euros). Pero eso no significaba nada en 'Fort Mac', donde, en mayo de 2008, cuando el 'boom' todavía no había llegado sus niveles más enloquecidos, una canguro podía cobrar 1.000 dólares canadienses por quedarse una noche cuidando a un niño.
Parte de la ciudad ha sido devorada por las llamas. Los restos de un Triumph GT6 permanecen en una zona residencial destrozada tras el incendio.
'Fort Mac', que ahora huele a quemado, olía a petróleo. Literalmente. La ciudad era una amalgama de casas estirada a lo largo de la carretera, que apestaba como si uno estuviera llenando el depósito del coche. Era una sucesión kilométrica de barrios que parecían a veces hasta pueblos diferentes, con un centro urbano formado por un casino, centros comerciales, restaurantes de comida rápida y bares. El petróleo llevó las prostitutas más caras de Canadá, una de las mayores tasas de consumo de drogas y alcohol del país, embarazos de adolescentes, y hasta arcos detectores de metales en las puertas de algunos bares por si la gente entraba con la pistola. En 2006, 'Financial Times' comparó 'Fort Mac' con "la fiebre del oro del Klondike", en Alaska en 1898.
Los aproximadamente 900 kilómetros cuadrados de bosque boreal que ha arrasado el fuego han dejado el cielo de la zona completamente cubierto por una impactante humareda.

Un reino de petroleras

Todo aquello venía del Norte. Bastaba con mirar al bosque que rodeaba las casas dispersas para darse cuenta. A lo lejos, a decenas de kilómetros de distancia, sobre las copas de los abedules se veían, aquí y allí, columnas de humo que ascendían hasta formar nubes sobre el bosque boreal. "Ésa es Suncor", explicaba la gente. "Aquélla es Imperial". "La que se ve más lejos es Syncrude". Y así sucesivamente.
Ésos son los nombres de algunas de las petroleras que operan en las arenas de Alberta. Y las columnas de humo son las gigantescas plantas de procesamiento del bitumen, es decir, de la materia prima. En ellas, el bitumen se separa de la tierra, se filtra, se centrifuga, se calienta a 900 grados y se trata con productos químicos hasta que se transforma en petróleo. Producir un barril de petróleo (160 litros) cuesta entre 300 y 800 litros de agua, emite entre 30 y 50 kilos de CO2 y exige remover dos toneladas de tierra.
Las inusuales altas temperaturas de la región junto a fuertes rachas de viento han provocado que las gigantescas llamas en los bosques que rodean la ciudad se extendiesen hacia el centro.
¿Por qué dos toneladas de tierra? Porque la mitad de la producción de las arenas de Alberta -2,5 millones de barriles diarios, o sea, más que toda Venezuela- se saca en inmensas minas a cielo abierto. Y ahí vuelve la imagen de 'Avatar': son boquetes inmensos en el bosque, rodeados de balsas de agua tóxica que ocupan kilómetros cuadrados, en los que se extrae el bitumen con excavadoras en cuyas palas caben 100 toneladas de tierra (de la que solo entre el 1% y el 20% es hidrocarburos) y que se llevan a las plantas industriales en los mayores camiones del mundo, unos monstruos tan altos como un edificio de cinco pisos que llevan 400 toneladas de tierra en la caja.
Las llamas alcanzaron el área industrial del sur de Fort McMurray durante el martes.
Ahora, toda esa maravilla de la ingeniería y horror del medio ambiente está amenazada por el fuego, que avanza hacia una planta de bitumen de la petrolera estatal china CNOOC y hacia un oleoducto, y que ha hecho obligado a cerrar minas y explotaciones que suponían un tercio de la producción de Alberta haya desaparecido porque han sido evacuadas algunas minas. Pero la mayor parte de las plantas siguen operativas. Cuentan con sus propios equipos anti incendios y las empresas no van a cerrarlas. Aunque 'Fort Mac' desaparezca, la codicia, los puestos de trabajo, y la sed de energía del mundo seguirán en las turberas de Alberta.

South African Steph, 27, left home for nature lover Paul, 33. Now the couple share a passion for native ingredients. Yin & Yang: Steph Pronk & Paul Iskov

Yin & Yang: Steph Pronk & Paul Iskov
Paul Iskov and Steph Pronk. Picture: Michael Wilson/The West Australian
South African Steph, 27, left home for nature lover Paul, 33. Now the couple share a passion for native ingredients.

Steph:

I was born in Cape Town and grew up on the west coast of South Africa in a very small town, maybe 100 metres from the beach and surrounded by nature reserves. It was absolutely beautiful.
I did gymnastics from pre-primary all the way through to year seven before I started to get a bit bored with it. From 16, I started waitressing at a small holiday resort on the weekends and during school holidays. I really loved it, especially the interacting with people. Once I finished high school, because I was good at maths and accounting, I decided to do a degree in internal auditing and followed that up with a chartered accounting degree. While I was studying and waitressing I got into Forex trading as well, which I really enjoyed.
Then a friend and I decided to go on a road trip. It was awesome; we stopped everywhere along the east coast of Africa. It was then, about the second day in actually, when I first met Paul. I would have been around 23 at the time. We were staying in the same backpackers and he was sitting all by himself. I still remember the first thing he said, it was so funny: “Hi, I’m Paul but my friends call me Yoda.” He ended up hanging out with me and my two girlfriends the rest of the evening. That turned into a couple of days. Then I thought, I actually really like this guy. He loved nature and was so passionate about everything. Now I think Paul is the nicest and most humble person you could ever meet.
Eventually Paul had to fly back to Australia. We kept in touch via Skype and email. I ended up working at the same backpackers we stayed in. Then one day he just said “Why don’t you come to Australia? Don’t worry about anything. Just get here.” I thought “OK, I have nothing to lose.” I just loved everything about it. I loved the country, I loved Paul, I loved his family. And here we are today. Of course, I also love our pop-up restaurant business, Fervor. It’s amazing. Food, nature and travelling: what more could you want?
I’m more front of house, whereas Paul’s in the kitchen. But I’m also more business oriented, which is why I look after the office too. Working and being together, I’ve also noticed he’s more patient than I am with people, more lenient. I’m way more strict.
He never gets angry with anyone, either. That’s definitely one of the qualities he has that I wish I could have. Obviously, over the years you learn to communicate better with each other too, and I’ve learned how to say things in ways that don’t upset him. I don’t believe relationships are all moonshine and roses. But If you love someone, you work on it. That’s why they call it a commitment. It’s a case of finding that person who’s worth making that commitment to. For me, Paul’s definitely that person.

Paul:

I had a great childhood growing up in Perth, very family and friends oriented. We used to holiday a lot down south and play lots of sports. I enjoyed school but decided to finish at the end of year 11 to go to TAFE to study refrigeration air-conditioning. I did that for a living, down in Yallingup, then worked on a farm before getting a job in a restaurant in Dunsborough. I was 19 and couldn’t even cook rice. So it was a bit of a learning curve. The great thing about the job is I didn’t start till 3pm each day, so I could surf all morning. Eventually I moved to Albany, basically because the waves were better.
I loved surfing, but as I worked in more restaurants over the years I realised how much I enjoyed cooking. I travelled overseas and when I came back started working with Hadleigh Troy at Restaurant Amuse. At that stage they’d only been open six months. Hadleigh was an amazing chef, classically trained and doing food that was exciting and new. From then on I knew what I wanted to do. After working a little interstate, I booked a 12-month world trip, during which I worked in more incredible restaurants, such as Coi in San Francisco with Daniel Patterson and D.O.M in Sao Paulo with Alex Atala, probably my biggest inspiration for what we do with Fervor. It was during this time I also met the wonderful Steph.
I originally started Fervor with my sister Bree, and she still helps out occasionally. The idea was this: why are people not using more indigenous ingredients in restaurants? Indigenous Australians have been using these for tens of thousands of years. This stuff is so healthy. It’s not genetically modified. It’s sustainable. We work as much as we can with Aboriginal communities, sourcing our food such as wild-harvested Kakadu plum from them when possible. We have some great Noongar friends in the South West and learn so much about plants from them. It’s all about being respectful and thinking more about how indigenous and non-indigenous cultures can come together.
In March 2013 we did our first pop-up, in a barn in Margaret River. We had so much fun we wanted to do it again straight away. So now we set up in different regions and communities, cooking, seeing and learning the whole time. Mostly we’re cooking under the stars, and we don’t have power, water or lights. So we have to take absolutely everything with us. We could drive out to the desert and set up a full pop-up restaurant offering a 12-course meal.
Steph and I get on so well because there’s a balance. I probably give people too much leeway, then Steph will pull me up and say I need to be a bit firmer. She’s also really organised and a good leader. She’s also unbelievably generous and will help anyone. I’ve become a little detached from that in recent years. But thanks to her, I’m starting to find that space again, to just stop and look around me.