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sábado, 7 de mayo de 2016

CANADÁ Fort McMurray, la ciudad más rica de América es arrasada por el fuego

El incendio visto desde la carretera durante el 3 de mayo.
La urbe está construida encima de, como mínimo,173.000 millones de barriles de petróleo; más que todas las reservas de 'petroestados'


Podría ser un relato de índole religiosa: Fort McMurray, la ciudad más rica de toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego -y, según algunas estimaciones, de la Tierra-, estaba anoche siendo evacuada entera mientras un incendio forestal que ya había arrasado cerca de 900 kilómetros cuadrados de bosque boreal -la llamada taiga- avanzaba por sus calles destruyéndolo todo a su paso. Unas 2.000 viviendas ya han sido destruidas, aunque no ha habido ni un solo herido grave.
El cuerpo de bomberos de Bonnyville esperaba en la mañana del viernes nuevas órdenes tras una larga noche luchando contra el fuego en Fort McMurray.
"La situación sigue siendo peligrosa e imprevisible" por el viento y las altas temperaturas, "las llamas están fuera de control", ha asegurado este sábado Ralph Goodale, ministro de Seguridad Pública canadiense, en una rueda de prensa televisada. El mismo responsable ha explicado que por el momento no hay indicios de que el fuego haya dañado ninguna estructura petrolífera en la zona.
Un grupo de la Real Policía Montada de Canadá se reúne para tomar las medidas pertinentes en una nueva jornada para luchar contra el incendio el día 6 de mayo.
Desde el inicio del incendio el pasado domingo, unos 1.560 kilómetros cuadrados han sido arrasados por el fuego, la mitad en las últimas 24 horas. "Existen previsiones que apuntan a que si el incendio sigue avanzando a este ritmo, hoy podría duplicarse" la superficie afectadas. Las autoridades trabajan por extinguir las llamas al tiempo que investigan las causas que provocaron su origen. Con este objetivo, el gobierno de la provincia de Alberta ha contratado un servicio de drones que sobrevuelen la zona para tratar de captar alguna pista que aporte algún dato revelador.
Una señal apunta hacia la inmensa humareda que ha generado el incendio.
La mayor parte de los aproximadamente 100.000 habitantes de la que se llama coloquialmente 'Fort Mac' ya han salido. Unos 70.000 se han ido a través de la única carretera que conecta la ciudad con el resto del mundo: la Autopista 63, que cubre los 425 kilómetros que la separan de la capital de la provincia canadiense de Alberta, Edmonton.
Otros 5.000 iban a ser evacuados por vía aérea, y 25.000 más habían huido hacia el norte, sobre todo después de que el martes el fuego cortara durante horas la Autopista 63. En esa dirección, rumbo a los Territorios del Noroeste y a Saskatchewan, no hay carreteras asfaltadas sino sólo pistas que cruzan las turberas, es decir, la inmensa marisma que es el suelo de la taiga.
Desde la Autopista 63, la única carretera que conecta Fort McMurray con el resto del mundo, se observan las llamas del incendio forestal durante el viernes.
Las turberas son la razón de ser de Fort McMurray. En este suelo pantanoso están las 'arenas bituminosas de Alberta', un tipo de petróleo pesado que impregna el suelo. Uno se va a dar una vuelta por el bosque al Norte de la ciudad y se da cuenta de que la tierra es negra, como si la hubieran tiznado de betún. Y así es. Pero ese betún es natural.
A principios de la década pasada, la subida imparable de la demanda china y estadounidense hizo que la extracción de 'las arenas de Alberta' pasara a ser rentable. De pronto, resultó que 'Fort Mac' no estaba construida sobre una selva pantanosa de abedules y coníferas poblada por osos, lobos y alces (y, más al norte, bisontes), sino encima de, como mínimo,173.000 millones de barriles. O sea, más que todas las reservas de 'petroestados' como Irán, Irak, o Kuwait.

La versión terrenal de 'Avatar'

Así es como la ciudad se convirtió en la versión terrenal de Pandora, el planeta de la película 'Avatar'. Fort McMurray era una ciudad extraña desde antes de llegar a ella. Cuando uno volaba a la ciudad (el autor de estas líneas estuvo allí por última vez en 2008), ya quedaba claro desde que uno se subía al avión que iba a un sitio raro. Porque el aparato podía tener a 300 pasajeros, pero como mucho una docena eran mujeres. Porque el petróleo es una industria de hombres.
La policía organiza el control de carretera para ayudar a los habitantes de la ciudad canadiense en la evacuación.
Muchos de los trabajadores procedían de New Brunswick, una provincia canadiense situada junto al Atlántico, que iban por periodos de seis meses, en los que un conductor de un camión de una de las minas a cielo abierto de las que se extrae el petróleo podía cobrar 100.000 dólares canadienses (78.000 euros). Pero eso no significaba nada en 'Fort Mac', donde, en mayo de 2008, cuando el 'boom' todavía no había llegado sus niveles más enloquecidos, una canguro podía cobrar 1.000 dólares canadienses por quedarse una noche cuidando a un niño.
Parte de la ciudad ha sido devorada por las llamas. Los restos de un Triumph GT6 permanecen en una zona residencial destrozada tras el incendio.
'Fort Mac', que ahora huele a quemado, olía a petróleo. Literalmente. La ciudad era una amalgama de casas estirada a lo largo de la carretera, que apestaba como si uno estuviera llenando el depósito del coche. Era una sucesión kilométrica de barrios que parecían a veces hasta pueblos diferentes, con un centro urbano formado por un casino, centros comerciales, restaurantes de comida rápida y bares. El petróleo llevó las prostitutas más caras de Canadá, una de las mayores tasas de consumo de drogas y alcohol del país, embarazos de adolescentes, y hasta arcos detectores de metales en las puertas de algunos bares por si la gente entraba con la pistola. En 2006, 'Financial Times' comparó 'Fort Mac' con "la fiebre del oro del Klondike", en Alaska en 1898.
Los aproximadamente 900 kilómetros cuadrados de bosque boreal que ha arrasado el fuego han dejado el cielo de la zona completamente cubierto por una impactante humareda.

Un reino de petroleras

Todo aquello venía del Norte. Bastaba con mirar al bosque que rodeaba las casas dispersas para darse cuenta. A lo lejos, a decenas de kilómetros de distancia, sobre las copas de los abedules se veían, aquí y allí, columnas de humo que ascendían hasta formar nubes sobre el bosque boreal. "Ésa es Suncor", explicaba la gente. "Aquélla es Imperial". "La que se ve más lejos es Syncrude". Y así sucesivamente.
Ésos son los nombres de algunas de las petroleras que operan en las arenas de Alberta. Y las columnas de humo son las gigantescas plantas de procesamiento del bitumen, es decir, de la materia prima. En ellas, el bitumen se separa de la tierra, se filtra, se centrifuga, se calienta a 900 grados y se trata con productos químicos hasta que se transforma en petróleo. Producir un barril de petróleo (160 litros) cuesta entre 300 y 800 litros de agua, emite entre 30 y 50 kilos de CO2 y exige remover dos toneladas de tierra.
Las inusuales altas temperaturas de la región junto a fuertes rachas de viento han provocado que las gigantescas llamas en los bosques que rodean la ciudad se extendiesen hacia el centro.
¿Por qué dos toneladas de tierra? Porque la mitad de la producción de las arenas de Alberta -2,5 millones de barriles diarios, o sea, más que toda Venezuela- se saca en inmensas minas a cielo abierto. Y ahí vuelve la imagen de 'Avatar': son boquetes inmensos en el bosque, rodeados de balsas de agua tóxica que ocupan kilómetros cuadrados, en los que se extrae el bitumen con excavadoras en cuyas palas caben 100 toneladas de tierra (de la que solo entre el 1% y el 20% es hidrocarburos) y que se llevan a las plantas industriales en los mayores camiones del mundo, unos monstruos tan altos como un edificio de cinco pisos que llevan 400 toneladas de tierra en la caja.
Las llamas alcanzaron el área industrial del sur de Fort McMurray durante el martes.
Ahora, toda esa maravilla de la ingeniería y horror del medio ambiente está amenazada por el fuego, que avanza hacia una planta de bitumen de la petrolera estatal china CNOOC y hacia un oleoducto, y que ha hecho obligado a cerrar minas y explotaciones que suponían un tercio de la producción de Alberta haya desaparecido porque han sido evacuadas algunas minas. Pero la mayor parte de las plantas siguen operativas. Cuentan con sus propios equipos anti incendios y las empresas no van a cerrarlas. Aunque 'Fort Mac' desaparezca, la codicia, los puestos de trabajo, y la sed de energía del mundo seguirán en las turberas de Alberta.
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