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Adolfo Suárez, Presidente de la Concordia y líder, por encargo, de su propio error. Precipitada Democracia Quick.


http://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/2014/03/adolfo-suarez-presidente-de-la.html



Desde que dejó la política activa para dedicarse al cuidado de su mejer, Suárez, no existía, pero todos le                                                                        seguíamos viendo como lo que era, UN LÍDER. Como una lámpara que nos alumbró en momentos especialmente difíciles de nuestras vidas. Como un referente de dedicación y servicio desinteresado a la vida pública, ahora que los tiempos están tan revueltos y hemos llenado el país de granujas. Adolfo Suárez es el estandarte de una complicadísima transición; con muchos errores e infinitas torpezas, pero también con los aciertos que nos han permitido vivir el período democrático más longevo.

Hasta quienes, en su día,  fuimos quizás brutalmente críticos con Adolfo Suárez y su gestión porque aspirábamos a una transición más profunda, de lo que por lo visto no estábamos tan errados, le reconocemos el mérito. Él nos sacó de las catacumbas y encendió las primeras luces de la democracia. Fue quien nos confeccionó el primer traje de la transición, que, aunque raquítico, nos permitía poder salir a la calle con alguna dignidad. Suárez fue un político con visión de futuro. El que nos abrió las puertas a las libertades. Conciliador. Sufridor. Leal. Entusiasta. Decente. Valiente. Desinteresado. Zurció, como buenamente pudo y le dejaron, un país que encontró lleno de descosidos y jirones. A Suárez lo podemos acusar de muchos desaciertos, pero nunca le negaremos que fue un servidor público entregado a los demás, en unos tiempos que nos hacen estremecer solo con recordarlos. Y un servidor que se fue a su casa, en silencio y soledad, con el desprecio y rechazo de quienes lo jalearon y, lo que es peor, con el de a quien sirvió con una lealtad y un respeto exquisitos.

Todos, todos los españoles reconocemos su difícil labor. Con reparos, pero la reconocemos. Aprendimos que en la vida hay ciertas barreras que no se pueden traspasar; que no todo vale en aras del bien colectivo, como ahora nos quieren convencer. Pero, desgraciadamente, nuestra clase política no recogió nada de sus enseñanzas. Ni de su herencia. Estos días vamos a escuchar elogiar sus muchas virtudes a los poquísimos que lo defendieron y a los muchísimos que lo maltrataron y vilipendiaron. Lo colocarán como un maestro, un referente en sus formas de entender el servicio a los demás e incluso se atreverán a decir que los guían sus mismos principios. No hay que tenerles en cuenta..

Si por algo destacó Adolfo Suárez es porque antepuso los intereses colectivos a los propios. Lo que ahora ya no se entiende. Es más, hoy el modelo Suárez resulta molesto. Por eso quizás a medida que pase el tiempo tendremos la necesidad de recordar con más insistencia su labor. Porque Suárez se dejó la piel por abrirnos la persiana de un país al que acabamos llenando de corruptos, golfos y vividores. Esos mismos que estos días lo tomarán como ejemplo, Mañana volverán a ser buitres leonados, ratas de alcantarilla; palomas blancas, no quedan