La mujer de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, Begoña Gómez
Comentando una forma de vivir creativa y pasional, la textura es de rabia y emotividad, hay desesperación y un poco de ansiedad. ¡¡BASTA YA¡¡. Juan Pardo Navarro
La mujer de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, Begoña GómezEP

El informe económico del Banco de
España (BE) del último trimestre de este año es sencillamente demoledor para el
Gobierno. La institución rebaja el crecimiento previsto para 2021 al 4,5% y el
del año próximo al 5,4%. Es una diferencia sustancial frente a las previsiones
del Ejecutivo, que preveía un aumento del PIB del 6,5% para este año y
del 7% para el próximo.
No hablamos de unas
décimas, las típicas diferencias tiquismiquis entre sesudos servicios de
estudios, sino ante recortes esenciales. Estamos hablando de que la economía va
a crecer casi un 30% menos de lo previsto por el Gobierno este año y casi otro
25% el año que viene.
Los presupuestos generales
del Estado (PGE) se hacen en base a las previsiones macroeconómicas que elabora el
Ministerio de Economía. Pues bien, esas estimaciones han saltado por los aires
y la ministra Calviño no tendrá más remedio que rectificar y decirle a Bruselas
que los cálculos que le entregó en octubre de este año ya no sirven.
El Banco de España justifica
su revisión a la baja por diversos factores: los nuevos rebrotes del Coronavirus (la
variante ómicron ya forma parte del análisis); la escasez de materias primas;
los cuellos de botella en las cadenas de valor, y, sobre todo, por las
tensiones inflacionistas provocadas por la subida de los precios de la energía.
La inflación no sólo no va
amainar, sino que en 2022, según el boletín del BE, subirá al 3,7%. Y,
¡cuidado!, porque también advierte en este escrito del peligro de traslación de
esas tensiones a los precios finales y al incremento de costes salariales. El
año que viene es muy probable que aumente la conflictividad laboral como
consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo que van a sufrir la mayoría de
los trabajadores. Un escenario complicado para un gobierno de izquierdas.
Según el Banco de España, la
economía crecerá un 30% menos de lo previsto para este año y un 25% por debajo
de lo que estima el Gobierno en 2022, si es que crece.
El problema que tiene el
Presupuesto es que mientras los ingresos públicos van a ser sensiblemente más
bajos por el menor crecimiento de la economía, los gastos van a ser los mismos.
El Gobierno de Pedro Sánchez está a punto de sacar adelante en las cámaras un
Presupuesto para 2022 que bate el récord histórico de gasto público. Obnubilado
por la propaganda política y la llegada de fondos europeos, el presidente ha
dado luz verde a unas cuentas que van a disparar el déficit público muy por
encima de los previsto (un 8,4% sobre el PIB este año y un 5% el próximo).
Todo ello en un contexto en
el que el Banco Central Europeo (BCE) acaba de acordar esta semana un recorte
muy importante en la compra de deuda para el próximo año. En 2021 el BCE ha
comprado cerca de 120.000 millones de deuda española. El próximo año muy esa
cifra se rebajará a la mitad. Los costes financieros del Estado van a subir y
también la deuda. Eso, en la antesala de una subida de tipos, que los expertos
auguran para el último trimestre de 2022 (algo que ya ha acordado la Reserva
Federal de EEUU).
Por ahora, el Gobierno vive
en Disneylandia porque Bruselas está haciendo la vista gorda con el déficit y
la deuda, en virtud de una política monetaria laxa motivada por el Covid. Pero
esa permisividad (mucho más ahora tras el cambio de Gobierno en Alemania, cuya
cartera de Finanzas está en manos del halcón liberal Christian Lindner) va a
cambiar a partir de 2023.
Mientras aquí en España los
medios han puesto el foco en la disputa por la política lingüística y el pacto
con ERC (cuyo coste es ridículo: 15 millones de euros, según Rufián), la
economía de verdad echa el freno. El margen para los regalos y la demagogia se
ha reducido según pone de manifiesto un frío y serio informe de una institución
independiente, como lo es el Banco de España.
Ahora entendemos por qué el
Gobierno está tan preocupado por las instituciones que no controla. Pero, por
suerte, aún tenemos a funcionarios como Hernández de Cos, que no llaman a
Moncloa antes de emitir sus informes.
Hace unos días, la Ministra de Economía, Nadia Calviño, decía que a economía española crecería negativamente, un oxímoron propio del corrupto que se ve en manos de la justicia internacional. Nadie se esperaba, lo que ha ocurrido entre la primavera de 2019 y la de 2021, el fenómeno Ayuso ha hecho que el huracán de la desesperanza amainase hasta dejar la mar como una balsa de aceite y el viento en calma chicha.
Decía hace unos días, Ángela
Merkel, que el Dax Xetra, bolsa de Alemania, al igual que otras bolsas europeas
se mueven en función de las encuestas sobre la candidatura de Isabel
Díaz Ayuso
y eso, no deja otro libre pensamiento que los madrileños y españoles en general
quieren poner fin a la dictadura socialista y empezar otra “vida” llena de
trabajo y futuro.
Isabel Díaz Ayuso prometió una
rebaja fiscal “histórica”. El periodo transcurrido entre esas dos fechas, sin
embargo, refleja lo que cuesta convertir un anuncio en realidad. Aunque la
presidenta de la Comunidad de Madrid ha vuelto a airear estos días esa promesa
para confrontar con el Gobierno de Pedro Sánchez, lo cierto es que no la ha
hecho realidad en el año y medio que ha gobernado; que le negó a Vox una rebaja
del IRPF mientras negociaba los Presupuestos; y que los técnicos de la
consejería de Hacienda alertan de que no hay margen para alegrías fiscales en
medio de la histórica crisis de recaudación que ha provocado la pandemia. Quizá
por eso, el programa electoral del PP no le pone fecha al compromiso. “En los
próximos años plantearemos una rebaja de impuestos” decente.
El que no suba el IRPF, ya
es signo de holgura en el asalariado.
“Cada vez que alguien ataque
nuestra autonomía fiscal, nos tendrá en frente”, dijo el 10 de abril, Díaz Ayuso sobre el proyecto del Ejecutivo
central de armonizar al alza los impuestos autonómicos. “Y digo más: ante la
voracidad fiscal del Gobierno, mantengo mi firme compromiso de acometer la mayor
rebaja de la historia de la Comunidad de Madrid”. Lo que crea confianza en el
inversor como para recuperar la suma de todas las rebajas a muy corto plazo.
Ayuso: “En política
económica apostamos por la rebaja de impuestos, como garantía de crecimiento y
prosperidad”. “Bajaremos la tarifa autonómica del IRPF, porque ya no tendremos
la oposición de Vox que, por cierto, prefiero no gobernar a tener que hacerlo
con ellos y, de esta forma beneficiar a
tres millones de madrileños e impulsar la economía y el empleo”, sigue el
programa, publicado por el PP y también distribuido en los chats de apoyo a la
candidata. Y se prometen rebajas a sectores específicos: “A los jóvenes para
favorecer su acceso a la vivienda [se podrían deducir hasta 1.200 euros del
alquiler y hasta 1.000 de la hipoteca tras comprar la vivienda habitual]; a las
familias [700 euros de deducción por hijo durante tres años; y hasta 450 en las
cuotas sociales de cuidadores de descendientes y ascendientes]; a los
arrendadores [10% de los gastos para mantener la vivienda, o contratar su
aseguramiento]; y a las empresas [hasta 9.000 euros por adquirir acciones de
nuevas compañías que creen empleo indefinido]”.