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A todos, a la izquierda y a la derecha, os deseo un feliz 2022, sin Pedro Sánchez.

                         Cadenas y medios de comunicacón "a la orden" del                         dictador,  Pedro Sánchez



«A Sánchez solo le faltó dar a los fallecidos las gracias por morir. Por España y por su presidente»

 

El gobierno necesitaba un empujoncito para mejorar España y parece ser que la pandemia se lo ha dado. Así lo dijo Sánchez y solo le faltó dar a los fallecidos las gracias por morir. Por España y por su presidente.

 

Las declaraciones de Sánchez me han recordado a ese capítulo de The West Wing donde ante una crisis política que hace olvidar, momentáneamente, la enfermedad que el presidente había escondido a la opinión pública, la portavoz declara que el presidente se siente «aliviado de poder centrarse en lo que de verdad importa». Allí, claro, las declaraciones son un desliz y desatan un escándalo nacional, mientras que aquí, siendo premeditadas y de teleprompter, no pasan de lamentable anécdota recogida en algún triste artículo. Pero ellos tenían a Sorkin y nosotros, por no tener, no tenemos ni a Iván Redondo.

 

Aunque la memoria es caprichosa, lo de Sánchez se parece algo más a ese viejo chiste en el que algún homólogo suyo proclama, orgulloso y eufórico como él mismo, que «cuando llegamos al gobierno, el país estaba al borde del precipicio. Ahora hemos dado un paso adelante».

 

Quizás porque en nuestra política, como en la vida misma, el progreso que conlleva cada paso adelante es cuanto menos relativo. Y así lo hemos visto en todos y cada uno de los pasos, firmes, decididos, informados y guiados siempre por la ciencia y el interés público, que ha ido tomando el presidente o el Gobierno o las comunidades según convenía, en la lucha contra el covid. El último, este de rebajar las cuarentenas en casa -que sirven de algo- y aumentar las mascarillas por la calle -que no sirven de nada-, que se supone que se da para no dañar todavía más la economía y la salud mental de los españoles.

 

Por la economía solo no será, claro. Porque sabemos, desde el principio de la pandemia, que la economía sólo le preocupa a Ayuso y a los asquerosos ricos. Este Gobierno ha priorizado la salud durante toda la crisis y lo seguirá haciendo ahora con la salud mental. Porque la salud mental es uno de esos problemones que para nosotros son el peor de los dramas pero, para el Gobierno, la mejor de las excusas. Es uno de esos problemas que son tan difíciles de medir y tan difíciles de resolver que no piden soluciones sino buenas intenciones. 

 

Para luchar contra la pandemia de la salud mental basta con mucha comprensión, empatía, acompañamiento y una nueva partida presupuestaria cuando convenga que con suerte nos pagarán entre Bruselas, la deuda pública y la inflación.

 

Con la salud mental pasa como con la violencia de género, que nunca había recibido tanto presupuesto público y que nunca, y según presumen ellos mismos, había estado peor. Y, añadiré con un cinismo que no es tan mío como suyo, lo mismo da. Porque es mentira y porque de lo que se trata no es de solucionar el problema sino de insistir en existencia (perenne, claro, que prometer plazos de resolución poco realistas es cosa de rufianes). Y porque mientras exista el problema, como el covid, por cierto, se justifican por sí solas las medidas excepcionales y se excusan por sí solos los excesos y las injusticias que de buena fe, siempre de buena fe, puedan cometerse. No se trata de curarnos, sino de convencernos de que estamos enfermos y necesitamos su empatía, su ayuda y su guía.

 

Cuando se trata de «hacer política» para el Gobierno nuestros mayores problemas son, como decía aquel «a good servant but a bad master». Que quiere decir que nuestros problemas, incluso los más profundos e importantes, son problemas del Gobierno cuando sirven a su propaganda pero no cuando pretenden marcarle la agenda.

Pedro Sánchez sabe lo que quiere, pero no sabe los españoles quieren su dimisión.

 


Está más que demostrado que el espíritu progresista de Sánchez está condicionado al independentismo y al terrorismo caducado. Por tanto, entre el Gobierno muy debilitado y las ideas de la alta cúpula socialista contrariadas. La legislatura se puede dar por terminada. Pero no habrá elecciones hasta que por segunda vez, Pedro y los suyos hagan ver al pueblo su falso dogma constitucional, su rotunda oposición al independentismo, su persecución a los etarras que no hayan entregado las armas y a los que las han entregado también. Su socialdemocracia light.

Lo primero que “le han dicho que haga” es derruir a Podemos. El piensa que esa “izquierda” le pertenece, en realidad, Podemos es una banda dictatorial de fracasados y gente de mal vivir. Estarían más cerca de Vox, a la hora de votar, que del PSOE.

 

¿Cómo piensa eliminar del panorama político a Podemos? Sencillamente, dejando que se aplique la justicia.

Las peticiones de la Fiscalía impulsan la investigación contra Podemos por varias vías judiciales diferentes y todas dependientes de la fiscalía general

Un juez de Madrid imputó este lunes al tesorero y la gerente del partido, Daniel de Frutos y Rocío Esther Val, por supuesta utilización de una podemita de alto grado como niñera de los hijos de la ministra de Igualdad, Irene Montero y Pablo Iglesias.

 

La Fiscalía no se opuso en 2020 a que el juez del caso Neurona se reactivase tomando forma “carcelaria”. El juzgado tiene localizado el destino del dinero repartido inapropiadamente, bajo órdenes de Monedero. Si hay procedencia del dinero (360.000€ + 210.000€ + 210.000€ más los pagos que, de momento no han detectado y fin del mismo está claro y reconocido, la prueba es como para llorar. Le dice un preso a un abogado: “¿Cómo va mi caso?” contesta el abogado: ”Tu caso va bien, pero fúgate”. Más de 100 donaciones dinerarias de mucho dinero. Todo indica a que Bárcenas y su mujer eran inmaculados.

 

Fiscal y Juez llevan 6 meses esperando una justificación de dichos pagos y donaciones. Solo ha aportado por el juzgado el que fuera chófer de Errejón y eso es muy peligroso.

Quiero decir que, solo con esas pruebas, ya habrán empezado a hacer el reparto de los futuros reos por diferentes cárceles. Porque, en realidad, el tema es bastante más grave de lo que parece y de monto dinerario le enaltece.  

 

En definitiva, con la colaboración desinteresada de la Fiscal General y la supervisión de jueces para la democracia, solo falta que los abogados del Estado den el pistoletazo de salida. O sea, Podemos y media dotación de Más Madrid tienen los días contados, para “excluirles de la política”.

 

La otra parte del pacto Franquestein, independentistas, nacionalistas baratos, terroristas sedados e incluso el PNV, el mismo día que regrese Sánchez de sus inmerecidas vacaciones, volverá con el no puedo dormir pensando que tendría a mi lado a Iglesias que ya no está. El PSOE, nunca dialogará con terroristas e independentistas…. El problema de Sánchez es que de la deformación de sus neuronas se aprovechan los relatados anteriormente y estos saben todas las fechorías de él y de grupo de resabiados socialistas. Si algo faltaba para formalizar su decapitación, ese no es otro que Iván Redondo.

Así y todo va a ser muy difícil procesar a Pedro Sánchez que, por supuesto con su raro constitucionalismo y esa  socialdemocracia con victimismo, le hará recuperar muchísimos votos y que nadie dude en la más mínimo. Llegadas unas elecciones, si la suma PSOE + VOX se acerca a la mayoría, el Presidente del Gobierno del Reino de España será, Pedro Sánchez.   

Díaz Ayuso obliga a cambiar los ministros a Pedro Sánchez.

 


 Pedro Sánchez no tiene capacidad de poder ni para cambiar a ministros a su libre criterio. Lo que si es cierto es que ha tenido, durante un  mes,  al propio Gobierno, no a los ministros que ya lo sabían, con el alma en un vilo.

 

  Lo peor que puede suceder en un Gobierno débil es tener que despedir a quienes no justifiquen sus mentiras.  El cambio de carteras y los despidos se iban a filtrar mañana mismo por parte de una ministra vasca a OK Diario. Como siempre habría un par de cambios, pero la base a tener en cuenta es que no se atrevería a cesar a ninguno del grupo Podemos.

 

Pedro Sánchez piensa que este será el gabinete que deberá ayudarle a ganar las próximas elecciones generales del 2023 y en el que destacan tres cambios en su más estrecho círculo: la salida de Carmen Calvo e Iván Redondo y el ascenso de Félix Bolaños como nuevo hombre fuerte de la Moncloa.

 

  Sánchez recolocará a quien ha sido su vicepresidenta primera en algún cargo, aseguran en el Ejecutivo. No es que esté descontento con su labor en estos últimos tres años que ha estado a su lado. Calvo proporcionó desde el comienzo de su presidencia, tras la moción de censura, la experiencia y la capacidad de diálogo, sobre todo con ERC, aunque esa relación se ha ido diluyendo con el tiempo. Pero el presidente quería lanzar un mensaje claro de renovación y eso sólo era posible si los cambios afectaban al núcleo de las tres vicepresidencias que no son la de Unidas Podemos. La marcha de Calvo visualiza un claro cambio de rasante.

 

   Lo de Iván Redondo estaba cantado después de los fracasos electorales que últimamente comprometen al PSOE. Pero seguirá en su grupo de logística. O sea, un cambio para seguir de jefe en la estructura socialista.

 

   Si Redondo, como jefe de gabinete del presidente, se ha ocupado durante este tiempo del envoltorio de la política, de cómo explicar el mensaje, cuestión nada menor en la época en que vivimos e imprescindible para el éxito de cualquier líder, Félix Bolaños representa la sala de máquinas, sin la que es imposible avanzar. Su nombre había sonado en las quinielas como posible ministro de Justicia, pero Sánchez ha dejado claro que lo quiere cerca y que será su principal hombre de confianza como ministro de la Presidencia y Relaciones con las Cortes. Este segundo apartado no es menor. Bolaños mantiene interlocución con todos los partidos, algo relevante para un gobierno en minoría, que necesita el apoyo de numerosas formaciones, y que debería tratar de tender algún puente con el PP para desbloquear algunas cuestiones vitales como la renovación del Poder Judicial.

 

  Realmente, la remodelación de gobierno surgió en un primer momento como una forma de apartar a algunos ministros quemados y aprovechar para dar por cerrada la etapa de la pandemia. Estaba previsto afrontarla después de las vacaciones. Pero la bola de las expectativas se fue haciendo más grande. Sánchez decidió que era una oportunidad para lanzar un mensaje de renovación para encarar con más brío la recuperación económica y el último tramo de su mandato. Al final, los recambios han ido más lejos de lo inicialmente previsto, siempre con el límite de no tocar a los ministros de Unidas Podemos después de la salida de Pablo Iglesias.

 

   La mejor forma de leer los cambios es en clave de preparación para las elecciones generales. El fiasco de Madrid fue un revulsivo para Sánchez. En ese momento, el presidente fue consciente de que debía poner más atención al partido. El descenso en las últimas encuestas le ha reafirmado en esa idea. Del Gobierno “bonito”, con perfiles técnicos o sectoriales, en el que sólo Carmen Calvo o José Luis Ábalos aportaban un mensaje más político, se pasa a un gabinete más basado en el partido, que incluye a varias alcaldesas. Sánchez subrayó hoy que busca una mayor "cercanía" con los ciudadanos. Una vez hecho el cambio de gobierno, todo queda listo para que Sánchez se vuelque en el congreso del PSOE de octubre.

 

  Por su parte, el PSC aumenta su cuota en el Gobierno, con la incorporación de Raquel Sánchez, alcaldesa de Gavà, como ministra de Fomento. Y se mantiene Miquel Iceta, aunque cambia del departamento de Política Territorial al de Cultura y Deportes (No tiene ni bachiller y a la vista está lo entendido y practicante que es en deportes. El presidente ya propuso al dirigente del PSC esa cartera en su primer gobierno, pero Iceta la rechazó, como también lo hizo cuando le ofreció el ministerio de Exteriores. Después de esas dos negativas y ya dentro del gabinete, Iceta no podía decir esta vez que no. Por cierto, Iceta será el ministro que deberá gestionar junto con la Generalitat si Catalunya presenta su candidatura a los Juegos Olímpicos de invierno en 2030. La irrupción de la alcaldesa de Gavà en el Gobierno puede ser una forma de ampliar la plantilla de líderes del PSC con mayor proyección pública de cara a próximas contiendas electorales.

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Otegi preparan una amnistía general para TODOS los etarras, separatistas y ácratas. Imposible por Ley.

 


2020, UN DESASTRE SOCIALISTA. EL MIEDO HOMBRE SOLO DÍOS LO CURA.  (CLICK PARA LEER

Los elogios de Pablo Iglesias a Arnaldo Otegui, en conversación con Antonio García Ferreras -cómo no, en La Sexta de la familia Lara-, cuando se refirió al “recorrido ético” de Bildu, no hacen sino preparar el camino para su proyecto definitivo: una amnistía general a los presos etarras.

Sánchez e Iglesias buscan perpetuarse en el poder mediante la consagración de un frente populismo formado por socialistas, comunistas y separatistas. Más que un Gobierno Frankenstein, hablamos de un gobierno aquelarre -y no lo digo sólo por la presencia de Carmen Calvo-, el mismo que hoy manda en España: ¡y muy capaz de promulga la precitada amnistía y la III República federal!

Ojo, un factor relevante: gracias a que el miedo al Covid también vota, Sánchez seguirá aliado con comunistas y separatistas. Me explico: Sánchez y su asesor principal, Iván Redondo, no temen que Podemos o los separatistas vascos y catalanes -tanto en su versión burguesa como en la proletaria, tanto PNV como Bildu-, o los centrífugos de Compromís o Errejón, o los antisistemas de la CUP, les retiren su apoyo, porque lo cierto es que no se lo pueden retirar.

Lo que une a fuerzas tan distantes como el socialismo sanchista y el comunismo podemita con los separatismos vascos y catalán y los antisistemas, es su común  cristofobia

 

Lo que temen es que les retire su apoyo el llamado voto de centro, que es algo parecido a lo que San Agustín se refería cuando hablaba del tiempo: “si me preguntan lo que es, no lo sé, si no me lo preguntan, lo sé”.

En España, las elecciones continúan decidiéndolas un millón de votos que llamamos de centro y que representan, aproximadamente, a un votante moderadamente socialdemócrata y que todavía tiene memoria.

Clase media propietaria, la misma que mantuvo a González en Moncloa durante 13 años. Zapatero destruyó ese voto de centro y propició la mayoría absoluta de Mariano Rajoy y su alumno aventajado, Pedro Sánchez, lo ha mantenido gracias a una cuestión meramente formal: muchos de esos votantes aceptan que un señor con buena planta, siempre encorbatado, sea un insensato majadero guerracivilista. No importa que Sánchez realmente lo sea, sólo que cuesta creerlo.

Dicho de otro modo: ¿una amnistía a Bildu es compatible con el mantenimiento de ese millón de votos de centro que dan la victoria en las elecciones españolas, el voto que mantuvo Felipe González 13 años en Moncloa, un personaje que, en alguna materia -por ejemplo la trascendental materia del aborto- era tan extremista como cualquier otro? La respuesta es sí.

Iván Redondo piensa que Pedro Sánchez puede mantener ese voto de centro y, al mismo tiempo, el apoyo de comunistas separatistas y hasta el de los proasesinos de Bildu… ¡y todo gracias al terror histérico al virus que ha cundido entre los españoles!

Para Iván Redondo, resulta vital que Pablo Casado siga siendo un líder sin épica y látigo de Santiago Abascal. O sea, un líder progre de derechas

 

Mejor, gracias al miedo al virus. Una vez que has inoculado en la gente el miedo a la muerte por un desconocido virus, una vez que has vendido la esperanza de la vacuna… ¡que tampoco ha terminado con el miedo al virus!

Eso sí, además de lo anterior, para Iván Redondo, resulta vital que Pablo Casado siga siendo un líder ‘sin épica’, intentando acabar con cualquier asomo de extremismo en el PP -no hay nada más radical que la verdad-, intentando fagocitar a Isabel Díaz Ayuso, la única pepera que se ha atrevido a desmontar el fracaso de Pedro Sánchez con la pandemia o el Casado servil con las dos termitas del actual PP: Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno.

Y por todo esto es por lo que Pablo Iglesias, con sus habituales argumentos peregrinos y expresiones vacías, como esa del “recorrido ético de Bildu” prepara una amnistía general de etarras sin tan siquiera necesidad de que tengan que pedir perdón. Sin vencedores ni vencidos, en plano de igualdad, como desean Bildu y el PNV. Es la tesis del cura de Lezama: era una guerra entre Vascongadas y España y los etarras eran gudaris que se defendían de la opresión española. ¿Quién habla de asesinatos con tiro en la nuca? ¿Quién habla de pedir perdón y mostrar arrepentimiento? En España, el único terrorismo que existe es el terrorismo machista.

Esto es el sanchismo.

Por encima de todo, recuerden que lo que une a fuerzas tan distantes como el socialismo sanchista y el comunismo podemita, de suyo centralistas, con los separatismos vascos y catalán, así como lo que une a ambos grupos con los antisistemas ácratas, es su rabiosa cristofobia. Y mientras exista un factor de unidad… 

¿Quiere usted decir que todo ese maridaje anti-natura y morganático acaba en anticlericalismo? Acaba y empieza, por supuesto: ¿acaso lo dudaban?

VOX y Podemos se ofrecen a proclamar Presidente a Pedro Sánchez, solo a cambio de Ministros.

JP Logística


Hace más de un año que vengo escribiendo que Podemos no es ni siquiera un partido político, solo es una banda dependiente de la tiranía venezolana y de la Yihad iraní (Chiitas) cuyo único objetivo es desmantelar España para desde estas “dependencias” propagar el culto mahometano en Europa. En cambio, VOX, la ha tomado con Pablo Casado, ahora le pide, poco menos,  que destituyan a Trump, cambien la estatua de la libertad por la de Franco o no hay apoyo parlamentario.

La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, ha fijado el debate de investidura del presidente del Gobierno en funciones y candidato del PSOE a la reelección, Pedro Sánchez, para los próximos 22 y 23 del presente mes de julio. Con el anuncio de la fecha de la sesión de investidura, España pone en marcha hoy una dramática cuenta atrás política. De superarse el plazo de dos meses a partir de la primera votación fallida sin que Pedro Sánchez consiguiera ser elegido presidente, el país se precipitaría por el abismo de una repetición de las elecciones.

Una hipótesis catastrófica, porque prolongaría sine die el desgobierno de España en un momento crítico por las reformas económicas pendientes, por el nuevo desafío independentista que aguarda en cuanto se conozca la sentencia del procés y por el complejo contexto internacional en Europa y en el resto de mundo. Sería la segunda repetición de unos comicios en cuatro años, lo que ofrecería una imagen de inestabilidad que lastraría el buen momento económico del país tras una época de sacrificios pagados a costa del bienestar de los ciudadanos. En definitiva, una irresponsabilidad absoluta.

Precisamente por el disparate que supondría llegar a ese punto de no retorno, resulta más injustificable la actitud de Pedro Sánchez, que más de dos meses después de las elecciones no ha emprendido siquiera una negociación sobre medidas políticas o sobre un programa de gobierno con ningún partido. Ni ha ofrecido un pacto a Unidas Podemos, más allá de un fantasmal «Gobierno de cooperación» que no significa nada, ni ha planteado a Ciudadanos o el PP compromiso alguno que permita que ambos le faciliten la investidura. Se limita a esperar a que el tiempo pase para que, ante la inminencia del desastre, sean los otros los que le den el Gobierno gratis total. Una estrategia que supone jugar de manera irresponsable con el futuro del país y con sus ciudadanos, y que demuestra que lo único que le importa es alcanzar el poder a toda costa.

Pero, además de esa actitud propia de un Nerón que toca la lira mientras arde Roma, Sánchez y su gurú Iván Redondo han creado una gran ficción que mantiene engañados a muchos ciudadanos y no pocos analistas. Transmiten la idea de que bastaría con que Unidas Podemos vote a favor para que la investidura salga adelante. Pero no es así. Incluso con el apoyo de Unidas Podemos, del PNV y de otras pequeñas fuerzas, con esa vía Sánchez necesitaría irremediablemente pactar con los independentistas. Algo que se está hurtando deliberadamente del debate. Sin la abstención o el voto a favor de ERC o de Bildu, no hay Gobierno de izquierdas posible. Con coalición o sin ella. El otro gran teatro de Sánchez es insistir en que la abstención de Ciudadanos desbloquearía la investidura. Falso. Si eligiera la vía de alcanzar la presidencia gracias a Cs, Unidas Podemos votaría no, con lo que habría más sufragios en contra que a favor. Sánchez debe dejar de jugar a la ruleta rusa con España y negociar su investidura sin esperar a que los apoyos caigan del cielo. Pero, por encima de todo, debe decir la verdad. O gobierna en precario y dependiendo de los independentistas, o lo hace en coalición con Ciudadanos con 180 escaños. Esas son las únicas opciones. Lo demás, son cuentos, mentiras y teatro político.