Mostrando entradas con la etiqueta Calígula. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calígula. Mostrar todas las entradas

VOX, una secta franquista al servicio del PSOE que ciega el intelecto humano de los españoles, ¿Qué pretende?

 Vox y los restos de Franco - The New York Times

Si usted desea ganar mucho dinero, o usted anhela un gran poder, me temo que no puedo ayudarle. Nunca he sabido muy bien cómo conseguir esas cosas. Ahora bien, si lo que usted ansía es la fama, tengo un método rápido que ofrecerle aquí. Aunque quizá ya lo tenga intuido.

A veces he sopesado usarlo yo mismo. ¿Quiero una ronda de entrevistas en todas las televisiones? ¿Quiero amplias entrevistas en nuestros periódicos? ¿Quiero que me abran un espacio en las radios nacionales? El procedimiento es sencillo.

Lo primero que debería hacer es afiliarme a Vox. Eso, por supuesto, no será noticia alguna: el partido se halla en máximos históricos de militantes; según la prensa (nunca simpatizante suya) hace seis meses rozaba ya los 70.000 carnés. Pero este es el paso previo, imprescindible, para lo que vendrá después.

Una vez ya afiliados a Vox, lo siguiente que tendríamos que hacer usted o yo es tratar de medrar en el partido. Este es el paso más complicado, claro. De hecho, hay numerosos despechaditos de Vox —el ejemplo más palmario tal vez lo constituya Javier Ortega-Smith— que consideran que tal partido debería funcionar como el funcionariado más carca: un empleo donde solo cuente, como mérito, tu antigüedad. (Es probable que Ortega-Smith recurra a este criterio por el evidente beneficio que le reportaría: como él lleva desde 2014 en la formación, entonces él habría de gozar de todo privilegio sobre cualquiera que haya llegado después).

Por fortuna, empero, la «tesis Ortega-Smith» es minoritaria en Vox. Y bien que esto le cunde. El predominio del voto a Vox es tan arrasador entre los jóvenes, que resultaría estúpido negarse a incorporar a jóvenes valores a sus mandos, solo por el hecho de que todavía fueran adolescentes allá por 2014. Esta semana hemos conocido que, incluso, el secretario general de las Nuevas Generaciones del PP, Carlo Angrisano, ha pedido el voto para Vox. Es ley de vida. (El Partido Popular lidera el voto entre los jubilados, como consolación).

«Grite que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal y eso indica una patente ausencia de democracia interna»

Y bien, volviendo a nuestro método para alcanzar la fama: decíamos que, tras afiliarse a Vox, usted debería procurarse algún cargo, aunque fuera como concejal de alguna pedanía ignota. No se preocupe mucho por la entidad de tal puesto: la fama no se la dará esa tarea. De hecho, aunque usted consiguiera que la citada pedanía ignota fuera seleccionada entre las pedanías más atractivas por National Geographic y The Economist a la vez, resulta improbable que, siendo afiliado de Vox, usted obtuviera entonces alguna gloria pública. La clave para ser famoso, para que le entrevisten en todas partes y para que hablen de usted en toda tertulia, viene justo después.

Pues he aquí el tercer paso y el más importante: usted debe, al cabo de un tiempo, abandonar Vox. Y debe, eso sí, anunciarlo de modo estentóreo. No importa que sus motivos sean contradictorios. Grite, por ejemplo, que se va de Vox porque no le van a renovar como concejal pedáneo de Vitigudino de Arriba y eso indica una patente ausencia de democracia interna. No se preocupe: ningún periodista le planteará la pregunta, por lo demás obvia, de por qué es poco democrático que Vox no le renueve como concejal, pero sí fue muy democrático que Vox le colocara como tal.

Lo sé, lo sé: si usted no sigue demasiado la actualidad política, sentirá usted de seguro desconfianza ante este método que le propongo para la fama. ¿Cómo es posible que sea tan fácil y tontorrón el procedimiento? Pero le aseguro que funciona.

Tomemos el ejemplo de la última salida de Vox, la de su candidato por la Región de Murcia. Es probable que usted no sea capaz de recitar su nombre y apellidos, cosa poco extraña, dado que ningún gran medio de comunicación le había entrevistado por extenso hasta hace pocos días. Es probable que esto se cumpla incluso si usted es murciano. Los políticos tienden a creerse que todo el mundo los conoce (digamos que les gusta creer que han alcanzado la fama antes de tiempo). Pero a mí hubo un dato que me sacó de ese engaño hace tiempo: en 2015, una encuesta en Castilla y León reveló que nada menos que al presidente de su Junta, que llevaba siéndolo desde 14 años atrás, aún resultaba desconocido para seis de cada diez castellanos y leoneses. Si esto le ocurre a todo un presidente autonómico, Juan Vicente Herrera, ¡imagínese usted, señor político, quién le conocerá si es usted un mero candidato, un mero diputado o un mero concejal!

«Solo dos o tres despechaditos conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos»

Volvamos no obstante al candidato de Vox por Murcia: desde que la dirección nacional de su partido le pidió dar un paso atrás —al parecer, por habérsele detectado irregularidades económicas que han ido saliendo estos días—, y él optó por agarrarse con uñas y dientes a su cargo cual toxicómano a una última jeringuilla, el lector atento habrá notado que su nombre y apellido figuran en todos los medios de comunicación de masas. Por fin es famoso. Escojo, además, su caso porque se trata de un antiguo baloncestista, que llegó a jugar en la selección nacional sub-16, sub-18 y sub-20: podría, en suma, haber alcanzado la fama antes. En especial porque, según se dice, fue expulsado del equipo nacional por su mal comportamiento de aquella época. Pero no: ha debido esperar a largarse de Vox para acariciar una fama auténtica. No se me dirá que no estoy proponiéndoles un método bien eficaz.

Llegados a este punto, es probable que usted, amigo lector, tenga dos objeciones bien razonables que hacerme. La primera es que la fama que le ofrezco es algo efímero, de usar y tirar; que sí, que tal vez durante dos días o incluso una semana se hable de usted si obedece el método que le he detallado. Pero que pronto pasará al olvido ante los nuevos casos de resentidos con Vox que llegarán tras usted; de hecho, solo dos o tres despechaditos de tal partido (Macarena Olona, Espinosa de los Monteros…) conservan fama y titulares años después de abandonar sus cargos.

Ante esta objeción he de darle toda la razón, mas también parafrasear a Andy Warhol: en nuestros tiempos, me temo que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama, sí, pero solo durante esos 15 minutos. Lo que yo le ofrezco implica pues que, en lugar de 15 minutos, tal vez sean 15 horas las que aguante usted en el candelero. No se nos queje, vaya, en exceso ni a Warhol ni a mí. Es el signo de nuestra época. Vivimos en una civilización que confunde prestigio con notoriedad mediática. Los despechaditos son buen ejemplo de ello.

La segunda objeción que acaso usted desee ofrecerme es que el título de este artículo prometía hablar de los despechaditos de Vox… mas de momento solo hemos explicado cómo llegar a ser un despechadito más. ¿No cabe analizar un tanto el carácter, las obras, el espelde (como lo llamamos en Salamanca y Portugal) de estas despechaditas gentes? Aquí he de dar una vez más la razón a semejante protesta.

Dedicaré el resto de este artículo a tal asunto, pues. Y voy a acometerlo mediante el modo antiguo de hacer estas cosas: con tres modelos de personajes clásicos que nos ayudarán a entender los personajillos de hoy. Esos tres modelos son Calígula, Tiberio y Craso. Un trío de la vieja Roma, pero de lo más instructivo para la política de cualquier época.

1. Calígula o la obsesión por el poder

Lo hemos venido señalando en párrafos anteriores: muchos políticos sienten una adicción a la fama, al cargo, al poder (por minúsculo que este sea) que solo cabe comparar con el de los drogadictos por sus sustancias. Y esto no constituye una metáfora: representa lo que la neurociencia más reciente nos ha demostrado.

«El neuroquímico principal implicado en la recompensa del poder es la dopamina, el mismo transmisor responsable de producir una sensación de placer», explica Nayed Al-Rodhan, de la Universidad de Oxford. «El poder activa, pues, el mismo circuito de recompensa en el cerebro y crea un ‘subidón’ adictivo de forma muy similar a la adicción a las drogas. Como los adictos, la mayoría de las personas en posiciones de poder buscarán mantener el subidón que les provoca, a veces a toda costa… así como se opondrán con todas sus fuerzas a dejarlo».

Pocos personajes reflejan esa adicción al poder como el emperador Calígula. Al igual que todo toxicómano, no se conformó con el cargo más alto de todo un Imperio romano: necesitó dosis cada vez más altas. Así, llegó a imponer que se le tratara como si fuera un dios; obligó a que se le representara con los atributos de Júpiter, Neptuno o incluso Venus y Diana; exigió que las cabezas de sus estatuas se sustituyeran por la propia; ordenó que se le hicieran sacrificios similares. Incluso pretendió instalar una gigantesca estatua propia en medio del Templo de Jerusalén, si bien falleció antes de que se cumpliera tan explosiva ambición. Sí tuvo tiempo, empero, de declarar la guerra al dios del mar, Neptuno, para lo que exigió a sus soldados atacar las olas con sus lanzas o recoger conchas de la playa como botín de guerra. También nombró cónsul —en todo un ejercicio de poder ilimitado— a su caballo, Incitatus, para lo que le dotó de casa propia, sirvientes y vajilla de marfil. Un drogadicto nunca sabe dónde detenerse.

«¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox?»

¿No nos recuerdan muchos despechaditos de Vox esa adicción de Calígula, ese síndrome de abstinencia que nos describen tanto la neurobiología como Nayed Al-Rodhan? ¿Tiene sentido que años después de haber salido de Vox sigan hablando solo de Vox, un poco como algunos maniáticos adolescentes se quedan años estancados en su primera novia?

La contradicción resulta patente, además, cuando solo despotrican de ese primer noviazgo, pero se niegan a pasar página, avanzar con su vida y olvidarse de él. Algo que de nuevo recuerda al toxicómano con síndrome de abstinencia: ese que lo mismo nos reitera cuánto le dañaban las drogas, como se confiesa incapaz de olvidarse de ellas.

2. Tiberio o la fosa del resentimiento

Para entender mejor a esos despechaditos que vuelven una vez y otra a hablar de ese partido que en teoría aborrecen, puede sernos útil otro emperador romano: Tiberio Julio César Augusto​. Al cual Gregorio Marañón dedicó un libro delicioso titulado Tiberio: historia de un resentimiento.

Ahí se explica bien la diferencia entre estar resentido (como Tiberio) o tener algún rencor, como puede ocurrirnos a cualquiera. Un rencoroso se sentirá herido, sí, pero si algún día lograra devolvérsela a aquel que le hirió, o (mejor aún) le perdonara, ese rencor quedaría saciado. Desaparecería. Y dejaría de acongojarle a él, al rencoroso.

«El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida»

El resentido, por el contrario, acaba por no sentir rencor hacia nadie concreto, sino hacia todos y hacia ninguno. El resentido cree que la vida lo ha tratado mal y por eso él quiere tratar mal a la vida. Su tarea, por tanto, nunca culmina. Puede maltratar a los demás, pero sobre todo maltratarse a sí mismo, atribulado por un deseo de venganza que nunca sacia, que le ocupa el resto de su existencia.

Así le acaeció al emperador Tiberio: ni al llegar a tal cargo pudo calmar su resentimiento, sus heridas, sus obsesiones con lo mal que le habían tratado antes de instalarse ahí. Y por ello siguió resentido hasta sus días finales de desenfreno en Capri. Murió como un despechado. Y por eso nos ilumina para entender a nuestros despechaditos.

En efecto, basta contemplar a estos para saber que nada podrá ya saldar la herida que sienten en su alma. Esta sangra según Vox logra éxitos electorales y sube en las encuestas, cierto; pero si Vox fracasara, si Vox desapareciera, ¿quedarían saciados? Es dudoso: al igual que el cocainómano, poco se regocijaría si la coca se dejara de cultivar. Parecen necesitar un motivo con que justificar sus vidas obsesas; aunque sea un motivo que ya no les reporta alguna satisfacción.

3. Craso o la sima de la estupidez

Vivir toda la vida enganchado a una droga (la del poder) que no te suministrarán ya más; pasar los años resentido por algo que sucedió hace tiempo, cuando no te volvieron a proponer como diputado o como concejala; lo que venimos describiendo son, ante todo, vidas instaladas en una actitud bien irracional.

Siempre se dice que el pecado más absurdo es la envidia, pues hace sufrir sobre todo al que cultiva, al envidioso —mientras que, al menos, aquellos que incurrimos en la lujuria, la gula o la pereza, un buen rato de sexo, comilonas o remoloneo logramos disfrutar—. El adicto al poder como Calígula, el resentido como Tiberio comparten este rasgo con los envidiosos: sus vidas parecen poco deseables. Así, uno se pregunta por qué no olvidan nuestros despechaditos de una vez su antigua etapa voxera. Por qué no se dedican a escuchar ópera, aprender papiroflexia o estudiar el Egipto antiguo. Disfrutarían más.

Es aquí, pues, cuando hemos de aprender de una tercera figura romana. Craso, el riquísimo Marco Licinio Craso, que tenía todo lo que un romano podía desear: era el hombre más rico de Roma, había formado parte del Primer Triunvirato junto a Pompeyo y César, había aplastado la rebelión de Espartaco. Pero no le bastaba. Quería gloria militar comparable a la de sus colegas del triunvirato.

Así que a sus casi 60 años se lanzó a una campaña contra el Imperio parto que cualquier estratega sensato habría desaconsejado. El resultado: la batalla de Carras, una de las derrotas más humillantes de Roma. Siete legiones aniquiladas. Y Craso ejecutado de la manera más simbólica: los partos le vertieron oro fundido en la boca, burlándose de su sed de riqueza.

La estupidez de Craso no fue militar; fue vital. Tenía todo para ser feliz, pero eligió perseguir lo único que no necesitaba. Y es aquí donde nuestros despechaditos le imitan.

«Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama»

Porque la característica más llamativa de estos personajes no es su resentimiento ni su adicción al poder. Es su estupidez. Despotrican contra un partido en ascenso, en cuyos principios se supone que creían… por meras rencillas personales. Colocan en segundo plano resolver la crisis que atraviesa España… por obtener a cambio 15 minutos de fama. Olvidan la lucha contra los desastres del actual Gobierno… por el gustirrinín de desahogarse en un micrófono.

Es difícil escribir mucho más sobre la estupidez: porque escribir es tratar de poner en orden las ideas, y los estúpidos son justo los que desbaratan cualquier orden posible de ellas. Por eso, en suma, es difícil escribir aquí mucho más sobre la estupidez de Craso, o sobre la de los despechaditos de Vox.

Además, buena parte de su estupidez reside, justo, en que no leerán nada que pueda salvarlos; y si lo leen, no lo entenderán; y si lo entienden, no lo pondrán en práctica. Los romanos sabían bien que el Furor ciega el intelecto humano y conduce a sus víctimas al desastre; nosotros, menos trágicos, quizá hemos de conformarnos con verlas precipitarse hacia el ridículo. Los romanos, en suma, habían aprendido esas cosas en Cicerón y Virgilio; nosotros, menos elevados, habremos de aprenderlas de Gabi, Fofó y Milikito.

Por Juan Pardo Navarro

¿Qué pensará un niño de Navarra o vasco cuando sus padres le obligan a aplaudir a un asesino de ETA?

¿Qué pensará un niño de Navarra o vasco cuando sus padres le obligan a aplaudir a un asesino de ETA?
Fiesta homenaje  a Xabier Ugarte, secuestrador de Ortega Lara

Desde hace unos días, antes también, me pregunto qué pensará un niño del País Vasco o Navarra, en este caso, de Hernani, Amurrio u Oñate cuando presencia un acto de solemnidad, de festejo y cuya única motivación es homenajear a un asesino de ETA. Por cierto, dicho asesino es representante legal autorizado por Pedro Sánchez para que nombre a la Jefa y gobernanta de sus padres, María Chivite, villana del doctor de La Moncloa.

Es curioso, en la fiesta de la banda de asesinos,  por haber había hasta antorchas. Igual en recuerdo a aquellos crueles emperadores del imperio romano,  Calígula, Heliogábalo, Caracalla, Nerón, Tiberio o  Diocleciano; si, seis porque en el secuestro de Ortega Lara, directamente, participaron seis sicarios de la muerte bajo órdenes de ETA.

Esos niños a los que sus padres, desde bien pequeños,  le inculcan odio, venganza y arte para asesinar, no tienen opción para ver, admirar e incluso aprender de Leo Messi o Diego López V de Haro, solo el 2% de los vascos saben quién es López de Haro y el 97% conocen al dedillo la vida y obra de Josu Ternera.

Delincuente es toda aquella persona que  delinque; villano es toda aquella persona que colabora o aplaude a un asesino. Con esto no trato dar a entender que Pedro Sánchez sea un villano de la tiranía, sí que él ha colaborado y aplaudido los actos de camuflaje y mentira perversa de la banda terrorista ETA. Decía mi abuelo que había dos formas de conocer el País Vasco, una yendo y otra leyendo, pero que si fuese necesario optase por la última.

https://blogdejuanpardo.blogspot.com/

juanpardo15@gmail.com

Otros artículos: 


Rufián abandona la política y a su mujer, para dedicarse al comercio de la alta peletería.




¿Desmanteló Gorbachov el imperio del MAL o la URSS?

Traduci in italiano.   Traduire au français.  Übersetzen auf DeutschTranslate to English

Hay víctimas de sus propios errores que se siguen llamando comunistas. Otros vivieron o sufrieron como comunistas, medraron como compañeros de viaje, y aún no lo han lamentado públicamente. Si no confiesan su culpa o analizan su error de ayer, mal podemos atenderles hoy. La denominación de.. "comunista" ha quedado manchada para siempre. En el vocabulario político se halla en la misma monstruosa sima que la apelación de "nazi" y, posiblemente, más bajo que socialista. Quienes rindieron pleitesía al comunismo nos deben, no una autocrítica al estilo de las de los juicios de Moscú, sino una explicación de cómo pudieron hacerse esclavos de tan monstruosa filosofía y organización, para aviso de propios y extraños. Rectificar errores del pasado hace que el presente programe el futuro.

Gorbachov, el VIII líder de la URSS, al que nunca agradeceremos bastante el haber desmantelado el "imperio del mal" (como lo llamaba Reagan, ahora sabemos todos que justificadamente). Cuanto más nos remontamos en el tiempo, peores fueron esos líderes. Elegiré un ramillete de tres, otro que no pudo serlo y el gran maestro de todos ellos.

Jruschov hizo un favor a la humanidad confesando, en su famoso discurso secreto del XX Congreso del PCUS, de 1957, algunos de los crímenes de Stalin, pero adujo una coartada indigna de un marxista, la del "culto a la personalidad". Sólo la firmeza y valentía del presidente Kennedy detuvieron a Jruschov en su intento de realizar un ataque nuclear contra EEUU desde Cuba. En cuanto a su capacidad de predecir científicamente el futuro, recordaré una frase del campesino Jruschov: "El comunismo desaparecerá cuando los langostinos aprendan a silbar".

Stalin, a quien muchos de los vergonzosos comunistas adoraron, es junto Hitler una de las figuras más diabólicas de la historia. Habría que hacer recuento de las muertes causadas por estos dos dictadores, que con la propaganda y el terror supieron apoderarse del alma de dos grandes pueblos, el alemán y el ruso. Distingamos con Bullock las muertes políticas del total de la mortandad violenta en los 30 años que van de 1920 a 1950 (que quizá alcance los 50 millones de personas). Hitler hizo matar en los campos de concentración y los guetos a seis millones de judíos, que no fueron menos, digan lo que digan los nuevos fascistas; a ésos hay que añadir dos más, hasta ocho, entre gitanos, rusos, socialistas y comunistas alemanes, y otros opositores a su poder. Stalin fue culpable de la muerte de unos 16 millones en su Gulag. En su caso se ensañó especialmente con sus propios súbditos: campesinos, cosacos, intelectuales, o veteranos de la guerra de España; o todos los que hubieran sido prisioneros de guerra, a los que envió inmediatamente al Gulag, bajo sospecha de espionaje. La maldad de Stalin es menor, si es que en esos, sumideros caben distingos, en cuanto que no intentó el genocidio de dos pueblos, o dos "razas", como decía Hitler, el de los judíos y el de los gitanos. Pero por lo que se refiere a número y consanguinidad, el antiguo seminarista sobrepasó ampliamente al fracasado artista del pincel.

Dicen que Lenin fue mejor que su sucesor en el cargo. En efecto, en cuanto a muertes es difícil rivalizar con tanta iniquidad. Mas, desde el punto de vista político e intelectual, dio lustre a una especie de hombre muy repartida en el siglo XX, la del terrorista revolucionario. Tanto Stalin como Lenin tenían pretensiones intelectuales. Los ha retratado con pluma acerba SoIzbenitsin: en Pabellón de reposo, a Stalin escribiendo un papel sobre la teoría marxista de la evolución de las especies, en pleno ejercicio de su satrapía; en Lenin en Zúrich, a Lenin componiendo artículos sobre la inminente revolución bolchevique en Suecia, cuando ya gobernaba en Rusia Kerensky. Stalin fue un Calígula a la manera asiática, pero Lenin está más cerca de nosotros, más cerca de esos profesores que aún le defienden: fue un intelectual revolucionario a la manera occidental, como los retratados por Joseph Conrad en El agente secreto: el hombre de acción que sin escrúpulo alguno, sin parar en los medios, se sirve de las ideas, de los ideales de la humanidad, para alcanzar el poder; y para mantenerse en él crea la Cheka.

Tras haberse convertido al marxismo dio a luz la idea de la necesidad de una élite revolucionaría capaz de imponer el progreso revolucionario a un proletariado dormido. En un folleto de 1902, titulado ¿Qué hacer?, Lenin propuso la creación de un partido que formase "la vanguardia del proletariado": "Dadnos una organización de revolucionarios, y subvertiremos a Rusia". Con su golpe de Estado de noviembre de 1917 destruyó el frágil régimen democrático creado tras la caída del zar. Se mantuvo en el poder prometiendo a los soldados, obreros y campesinos rusos paz, comunismo y la tierra para el que la trabajaba. No cumplió ninguna de estas tres promesas; sólo otra a sus camaradas bolcheviques, la de imponer "la dictadura del proletariado" propugnada por Marx, es decir, la férrea autocracia imperial de una capilla de revolucionarios. El propio origen del término "bolchevique" es revelador: una minoría que se adjudica el nombre de mayoría, precisamente para aplastar a los reformistas mayoritarios. Las injusticias del zarismo, las cortedades de Kerensky, no justificaban esos 75 años de catastrófico régimen revolucionario nacido gracias a Lenin. Trotski, a la cabeza del Ejército Rojo y en el poder al lado de Lenin, no tuvo escrúpulo alguno en el uso de la pena de muerte, la cárcel y el exilio para quienes dentro del movimiento revolucionario no coincidían exactamente con la dirección.

Si pasamos de los dirigentes bolcheviques a su mentor Carlos Marx, el espectáculo no es más edificante. Desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de otros autores materialistas es más completo e interesante: empezando por Espinosa y el barón de Montesquieu; siguiendo con David Hume y Jeremías Bentham, y terminando por el mismo Engels y el revisionista Eduardo Bernstein. Y no digo nada de Stuart Mill, cuya teoría económica asumió, íntegra Marx, tras insultarle abundantemente. Su única aportación original a la economía fue la de subrayar el inmenso poder productivo del capitalismo, en lo que le precedió el también denostado Nassau William Senior. Tres rasgos de su vida personal y una frase resumen su fanático carácter. Los tres rasgos son: las terribles estrecheces que hizo pasar a su mujer y a sus hijas; su negativa a conocer a la compañera de Engels, de cuyo dinero vivían ambos, y el hijo que tuvo con la cocinera de la familia, que hubo de adoptar Engels por el qué dirán. La frase recoge la funesta idea de la lucha de clases: "¡La burguesía se acordará de mis forúnculos!".
¿Cómo pudo tal credo poner en peligro la civilización? Hasta 1917, sólo unos pocos locos eran marxistas revolucionarios. Pero la humanidad es muy susceptible al atractivo de las creencias absolutas, sobre todo cuando las apoya el poder absoluto. El marxismo-leninismo utilizó sin duda el poder de la URSS para prostituir ideales entrañables de los trabajadores: la justicia para los pobres, la hermandad de los pueblos por encima de las fronteras, la esperanza de un mundo mejor. También los nazis prostituyeron los ideales de patria, orden y trabajo, tan queridos de las clases medias.
La principal ventaja del marxismo sobre otros fanatismos estriba en que predijo cosas comprobables, que no resultaron. Por eso ha caído. Otros credos han cometido maldades en nombre de la felicidad de ultratumba. No se me malentienda. No estoy condenando el sentir religioso. En el campo personal, pocas sentencias hay sabias que "no sólo de pan vive el hombre"; en el campo político, pocas amonestaciones más prudentes que "mi reino no es de este mundo". Hablo del pasado del que las iglesias se han arrepentido.

A quienes son o fueron comunistas les pido, por Dios o por la humanidad, que se arrodillen y hagan las paces consigo mismos... como lo haría un nacionalsocialista... por la muerte y la opresión que su partido ha infligido a la humanidad. No hacerse las víctimas mientras encuentran culpables a los que responsabilizar de los males de su historia, una vez muerto el presente y sin futuro. 

Los 10 tiranos más crueles del Imperio Romano


 Calígula

(Cayo César Augusto Germánico; Antium, hoy Porto d'Anzio, actual Italia, 12 d.C.-Roma, id., 41 d.C.) Emperador romano. La figura de Calígula aparece bastante deformada por el retrato que hacen de él autores senatoriales como Suetonio y Tácito.

El Imperio RomanoGobernado por distintos emperadores, entre los cuales ha habido períodos de grandeza y otros de declive, aquí tienes a los que han dejado su huella en la historia por haber sido los más terribles.

Los 10 Emperadores Romanos más Terribles de la Historia 

Su ascensión al poder tras la muerte de Tiberio, en el año 37, fue muy bien acogida por el pueblo. Parece ser que los primeros meses de su reinado fueron óptimos, según el punto de vista de los historiadores senatoriales: respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los que habían sido condenados en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses.
Sin embargo, las cosas cambiaron de manera dramática tras una grave enfermedad, cuando empezó a dar muestras de un carácter autoritario y de unos modos que lo acercaban más a las formas de gobierno de las monarquías orientales que a las apariencias republicanas del Imperio.
Eliminó rápidamente y sin proceso a su primo Tiberio Gemelo y al jefe de los pretorianos Macrón e impuso un protocolo monárquico en la corte en el que se impulsaba una divinización en vida del emperador. Intentó gobernar apoyándose en el pueblo y en directa oposición al Senado, reivindicando un pasado familiar que, a través de su abuela Antonia, lo vinculaba a Marco Antonio
Tomó el trono tras la muerte de su primo segundo Tiberíades, quienes algunos dicen que Calígula ordenó matar asfixiandole con una almohada. Durante los primeros meses de su mandato este emperador fue muy querido por toda la sociedad tras varias medidas muy populares entre todo el imperio. Pero, tras estos meses, cayó enfermo debido a sus excesos con la comida, la bebida y el sexo. Después de recuperarse de esta enfermedad (que nunca ha sido precisada con exactitud), Calígula se volvió uno de los seres humanos más perversos de la historia humana. Algunos historiadores de siglos posteriores llegaron a decir incluso, que fue poseido por el mismisimo diablo. Empezó a ordenar el asesinato de cualquier persona que alguna vez le había discutido cualquier cosa (tenía una memoria excelente), incluso también ordenó ejecutar a gente que aunque le decía estar de acuerdo con él, no se fiaba de ellos. Exilió a su propia mujer, y se autoproclamó como un auténtico Dios, vistiendose como Apolo, Venus, Mercurio o Hércules, exigiendo que cualquier persona que se dirigiese a él como "divino". Nombró a su caballo favorito Incitatus, sacerdote y cónsul, ordenando también construir una gran estatua de marmol dedicada a él.

Un día, en el Circo Maximus, las peleas de gladiadores se quedaron sin delincuentes que luchasen, por lo que Calígula ordenó que peleasen contra los leones los espectadores que se ubicaban en las cinco primeras filas, los cuales murieron todos. Su tortura favorita era el aserrado, que consistía en tiras la columna vertebral y la médula espinal desde la entrepierna hasta el pecho (ya os hablaremos de este método de tortura en una lista próxima). También disfrutaba mordiendo los testiculos de las victimas, mientras ellos morían viendo esa escena. Un hombre, en un arranque de rabia insultó a Calígula por la calle, por lo que este ordenó asesinarle a él y a toda su familia delante de una gran multitud. Quien le insultó fue en primer lugar, posteriormente la mujer, y después sus hijos de orden desde el más mayor hasta llegar a la hija pequeña de 12 años, quién lloraba histéricamente ante lo que había tenido que observar momentos antes. Un miembro de la multitud gritó que esta niña debía estar exenta de ejecución, como una virgen, tras lo cual Calígula sonrió y ordenó que antes de ser asesinada, fuese violada por el verdugo. Finalmente fue asesinado por la guardia Pretoriana, después de dejar el Circus Maximus despues de unas peleas de gladiadores. Su cuerpo fue abandonado en la calle hasta que finalmente se lo comieron los perros.

Heliogábalo

Se puede decir que en el reinado de este emperador comenzó la crisis del S.III del Imperio Romano, la cual duró aproximadamente 50 años y dividió a Roma en varios bandos tras una Guerra Civil, la anarquía se extendió hasta límites insospechados, hubo una gran histeria por culpa de la economía, y Germania atacó varias veces el Imperio, entre otros asuntos. Tomó el trono a la temprana edad de 14 años, y no tardó en ver cumplidos todas sus perturbadas fantasias y deseos. Él a pesar de nacer hombre, quería ser una mujer, por lo que ofreció grandes sumas de dinero a un médico para que lo convirtiese en una de verdad. Hasta entonces, le gustaba el travestismo y el frecuentar a prostitutas. Incluso a los hombres que solicitaba en el Palacio Imperial los recibía desnudo en su habitación y les decía cualquier barbaridad que se le pasase por la cabeza. Instauró a El-Gabal, el dios del Sol sirio, como el nuevo dios principal de Roma, superando incluso a Júpiter. Transfirió todas sus valiosas reliquias desde sus antiguos templos hasta uno nuevo que mandó construir en honor a este dios, proclamándose él sumo sacerdote.

Cuatro años después de esto, Roma estalló en diversas revueltas exigiendo la muerte o deposición del cargo de Heliogábalo, quién respondió a estas agitaciones mandando la ejecución de todo el mundo que estuviese en la calle en ese mismo instante. Pero en lugar de esto, toda la ciudad de Roma, incluido su ejercitó fueron a ejecutarle a él y a su madre. Ellos se intentaron esconder en un baúl grande de ropa, pero cuando los encontraron fueron apuñalados hasta la muerte, posteriormente fueron decapitados y sus cabezas fueron arrastradas por toda la ciudad. Después fueron arrojados al Río Tiber.

Cómodo

Fue hijo de Marco Aurelio, uno de los mejores emperadores de Roma, lo cual no hizo más que reforzar los delitos de Cómodo en la mente de los ciudadanos. Adoraba las luchas de gladiadores, tanto es así, que llegó a participar incluso en varias de ellas, enfadando gravemente a todo el Imperio, sobre todo al Senado. Ordenó que todos los cojos, jorobados, y en general todos los "indeseables" del Imperio, fuesen tirados a la arena del Circo y luchasen entre ellos hasta la muerte. El adoraba el matar animales, tanto es así que mató 100 leones en un día, ante el descontento general de todos los espectadores asistentes al evento. También mató a tres elefantes el sólo o decapitó a un avestruz entre sus muchas locuras.

Los senadores iniciaron una conspiración para asesinarle, y lo intentaron envenenándole, pero Cómodo vomitó lo ingerido. Después de esto, el Senado envió al luchador favorito del emperador, un gladiador llamado Narciso, quien estranguló a Cómodo en su propio baño.

 Caracalla

Durante el reinado de este malicioso y sádico gobernador, desde el año 211al 217 se contemplaron muchos espectáculos de actos terribles. Asesinó a su hermano y co-emperador (puesto que le dejó su padre en herencia) Geta, ya que Caracalla no se fiaba de él, pues sospechaba que estaba intentando revolucionar a varios sectores del Imperio para obligarle a dejar el trono. Los ciudadanos de Alexandria, en Egipto, se mofaron de este hecho por medio de una obra de teatro pública, por lo que cuando Caracalla se enteró de esto, viajó con su ejército hasta allí, y mató a 20.000 ciudadanos, aparte de quemar y saquear toda esta ciudad.

Fue asesinado en el año 217 por uno de sus guardias, mientras orinaba en una carretera de las afueras de Roma. Caracalla había ordenado semanas antes el asesino del hermano de este guardia en una de las cientos de acusaciones falsas que se realizaron durante que permaneció en el poder.

Nerón

También utilizó su cargo para satisfacer todas sus necesidades personales, sin tener ningún tipo de preocupación por las necesidades de la gente. Él nunca se fio de su madre Agripina, llegando incluso a intentar asesinarla hundiendo su barco, lo cual no funcionó, así que ordenó ejecutarla por la vía rapida. Al igual que hizo con su madre, ejecutó a varias personas muy cercanas a él porque simplemente no se fiaba de ellos. A Nerón le encantaba frecuentar distintos bares y prostíbulos, eso sí, disfrazándose. El Gran incendio de Roma, en el año 64, ha dado lugar a una leyenda que dice que Nerón tocaba la lira mientras roma se incendiaba. Hay que decir que esto no es cierto, ya que se encontraba en Antium (Anzio) en ese momento, y volvió inmediatamente a Roma para dirigir las tareas de extinción del fuego, incluso pagándolo de su propio bolsillo. Ayudó a los supervivientes del incendio, permitiendo que permaneciesen en su palacio hasta que sus casas fuesen reconstruidas, los alimentó... . Pero claro, todo tiene un precio, y Nerón se autoregaló un grandioso palacio en el area donde debían ser reconstruidas las casas de los ciudadanos, pagado claramente con los impuestos de estos.

La ciudad quería alguien que pagase por el incendio, por lo cual, Nerón culpó a los cristianos, por lo que se detuvieron a todos los que se encontraron y se les quemó vivos iluminando el nuevo palacio de Nerón, el Domus Area, tras lo cual el emperador al oler el hedor de los muertos sonrió y se volvió a su lira para cantar sus propias canciones. Los impuestos irritaron a la población del Imperio, por lo que se iniciaron varias revueltas en distintas provincias, y el odio hacia Nerón se fue extendiendo por todos los sectores de la sociedad, hasta sus propios guardias le abandonaron. Tras esto, tuvo que abandonar la ciudad de Roma y escapar hasta una villa cercana, hasta que un mensajero le encontró y le dijo que el Senado le había declarado enemigo público, y que sólo tenía que esperar su muerte. Efectivamente, se le clavó un puñal en la garganta, desangrandose hasta morir.

Tiberio

Fue el emperador que gobernó despues de Augusto, desde el año 14 hasta el 37, pero no le interesaba lo más minimo su puesto. Sólo quería lujo, y dejó de lado al Senado por este motivo, por lo cual sus miembros le despreciaban y amenazaban. Por esto, Tiberio no se sentía seguro y se exilió en la Isla de Capri, la cual abandonó solamente dos veces para volver a Roma.

Con todo el dinero que ganó en su puesto de emperador se construyó una grandiosa villa en Capri, Villa Jovis, donde daba rienda suelta a su pedofilia. En su grandiosa piscina nadaba desnudo mientras violaba a bebes y a niños pequeños.

Diocleciano

Este emperador reinó al final de la crisis del Imperio en el S.III, y aunque fue quien consiguió estabilizar la situación, siempre se le recordará por ser el peor perseguidor de los cristianos de la historia, ya que eliminaba todos sus derechos hasta que se convertían a la religión romana, o simplemente los mataba (alrededor de 3.000 fueron asesinados). Mandó buscar, saquear y quemar todas las Iglesias Cristianas que el ejercito encontrase en su camino.

Hubo un momento en el que esta persecución pareció dejar de funcionar, ya que los cristianos seguían su religión en la clandestinidad , por lo que se llevó a cabo una búsqueda más exhaustiva y a los cristianos que se les descubría se les torturaba en el Coliseo o en el Circo Romano, arrojándolos a los leones, para deleite de los espectadores romanos, Finalmente, Diocleciano abdicó por una enfermedad, convirtiéndose en el primer emperador romano en hacerlo.

Maximino El Tracio

Era, según las fuentes de la época, un hombre enorme ya que medía más de 2.50 al padecer según parece gigantismo. Se le ha culpado de provocar la crisis del imperio de en el s.III, en gran parte por sus asesinatos a familiares, asesores y políticos. Su primera campaña de expansión del Imperio Romano fue contra el pueblo Alamanni de Germania. Este pueblo no suponía ningún tipo de amenaza para Roma, pero aún así Maximino decidió invadirlos y conquistarlos, aunque supuso un gran número de victimas de su ejército. Posteriormente el invadió Sarmacia y Dacia, lo que hoy en día son Ucrania y Rumanía respectivamente, pueblos que tampoco nunca instigaron nada en contra del Imperio deRoma.

Mientras tanto, una gran revuelta comenzó en el Norte de África, en la cual se revelaron dos hombres como pretendientes al trono romano, Gordianus Sempronianus y su hijo. El Senado Romano los apoyó, por lo que Maximino y su ejército intentaron marcharse de Roma, pero las tropas habían estado luchando en tantas batallas, que estaban enfermas y exhaustas, por lo que no pudieron salir airosos de la ciudad. Maximiliano, su hijo y sus asesores terminaron siendo decapitados, y sus cabezas acabaron colgadas en los postes de la muralla de la ciudad.

 Septimio Severo

Los cristianos y judios fueron totalmente perseguidos durante el reinado de este emperador. El interpretaba al pie de la letra la ley romana de que la única religión que valía era la suya, sin importarle de que religión eran los demás, los castigaba a todos los que no fuesen de la romana por igual, con la muerte.

Los cristianos y judios fueron los más comunes, siendo ejecutados unas 3.000 personas entre las dos religiones en este mandato, ya que se les daba a elegir entre maldecir a Jesús o Yahvé, o ser crucificados o decapitados. Al final, su propio ejercito fue quien le quitó el trono, ya que se cansaron del terror que impuso Septimio, por lo que su cuarto hijo terminó tomando el trono.

 Domiciano

El Apocalipsis de San Juan se dice que fue escrito durante el reinado de este emperador, a finales del Siglo I. Eusebio de Cesaria, escribió 300 años después del reinado de Domiciano que la primera gran persecución judía y cristiana a gran escala fue durante el periodo de gobierno de este emperador, quien es conocido por haber sido un gran tirano con todas las personas que no fuesen de la religión romana. Al igual que otros emperadores, Domiciano mató a varios amigos y asesores cercanos por estar en desacuerdo con sus ideas, además de asesinar a varios políticos importantes y varios de los ciudadanos más ricos del Imperio. La gota que colmó el vaso fue el asesinato de su secretario,Epaproditus.

Un hombre llamado Stephanus conspiró con varios otros la manera de matar a Domiciano, fingiendo durante varios días el ser herido, para así ocultar una daga entre sus vendas. Se acercó al emperador en su dormitorio, y lo apuñaló en la ingle, tras lo cual se unieron varios hombres más acuchillandole sin compasión hasta que finalmente murió.

juanpardo15@gmail.com
https://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/