Todo estaba previsto,
hasta se exigía hablar catalán en Madrid. Son sus propios dueños y amos de
nadie. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son las hienas de la política imperante.
Lo peor del caso es que a Sánchez no le ha salido bien la jugada, es más, le ha
salido mal o peor. Ninguno goza de neuronas en lo suficiente y no se han dado
cuenta que Podemos nunca superará el listón de los 75 escaños.
Lo que pasó es de sobra
conocido. Algunos diputados podían haber llegado a los manos. Me temo que algún
día va a ocurrir. En el Parlamento italiano suele pasar dos o tres veces al
año. La italianización de la política española también incluirá ese pasaje. Las
greguerías de Rufián, sin embargo, no serían novedad en Roma. Allí se han visto
cosas más sorprendentes. Allí canta el Grillo. Lo único que no le permitirían
es la camisa negra.
La ayuda más preciosa
para Podemos ha sido la de Pedro Sánchez, la noche del domingo en el exitoso
programa televisivo del periodista Jordi Évole. Sánchez ha confesado que quería
pactar con el partido de Iglesias y que los “poderes” no le han dejado.
Poderes: algunos medios de comunicación, la banca y las empresas del Ibex 35. También
ha afirmado que Catalunya es una nación. (La Constitución de 1978 está a dos
centímetros de reconocerlo en su paradójico artículo 2, que abre y cierra al
mismo tiempo la sustancia de España.)
Pedro Sánchez
Pérez-Castejón, en fin, le ha dado la vuelta al discurso con el que ha
gobernado el PSOE durante dos años y dos meses. Una sorprendente vuelta de
calcetín. Hasta hace cuatro días, el ángel caído acusaba a Podemos de haber
bloqueado el cambio en España y se limitaba a decir que España es “diversa”, dos
escalones por debajo de la España “plural” de José Luis Rodríguez Zapatero.
Sánchez recupera ahora el concepto “nación de naciones”, ideado por el
socialista castellano Anselmo Carretero, defendido por Gregorio Peces-Barba
durante el debate constitucional, luego olvidado, y efímeramente rescatado por
Felipe González en un artículo conjunto con Carme Chacón en 2010.
“El PSOE debe pactar
con Podemos”. El giro narrativo de Sánchez es el mejor regalo que podían
recibir Iglesias, Errejón y Monedero en estos momentos. Puesto que pronto
estaremos en el año 17, podríamos exagerar el caso con la siguiente fábula. Es
como si Kérenski hubiese dado la razón a Lenin días después de la Revolución de
Octubre. Un telegrama a Petrogrado: “Apreciado Vladimir Ilich, tenía usted
razón, el Gobierno provisional que yo presidía debía caer”. El socialdemócrata
Sánchez, autor de la alianza blanca con Ciudadanos, desmonta todo el entramado
narrativo del PSOE en los últimos doce meses y entrega la dirección del relato
de la izquierda a la troika del partido morado. ¡Qué cosas pasan en Brumario!
Una victoria fenomenal de los jóvenes partisanos de Podemos, estos días
entregados a una ilegible batalla madrileña entre sus mencheviques y
bolcheviques. Este regalo no se lo esperaban.
Sánchez sale ahora de
gira con un Peugeot 407 en busca del socialista emprenyat. El cantautor de las
bases. La gira puede acabar en escisión. El grupo dirigente andaluz se empleará
a fondo para que no gane. Retrasarán las primarias y el congreso del PSOE todo lo
que puedan, y ya están maquinando para privar el voto a los 15.000 afiliados
del PSC.
El cantautor
probablemente no vencerá, pero abre al PSOE en canal. No es un ideólogo. No es
Jeremy Corbin. Quizá se está quedando solo y ya no tiene buenos asesores. Podría
estar defendiendo lo contrario. Pero su reacción es la de un hombre escarnecido
que se resiste a la muerte civil, dictada desde “arriba”. Nunca debieron
haberle humillado

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