El enésimo chantaje de Pedro Sánchez.

 


Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez. | EUROPA PRESS

Acusa Carles Puigdemont a Pedro Sánchez de "chantaje" por su oferta de otorgar una financiación a la carta para Cataluña ligada al apoyo de ERC a la investidura de Salvador Illa. Yo es que me parto. ¡Puigdemont, que cambió la amnistía para él a cambio de investir a Sánchez, hablando de chantaje!

Pero, sí. Esta vez el ex president tiene razón. Sánchez ha planteado la financiación especial para Cataluña como un do ut des: dinero a cambio de que el candidato del PSC sea presidente de la Generalitat con los votos de ERC.

Luego alguien se extrañará de que mucha gente fuera de Cataluña esté hasta el gorro. Empezando por los presidentes de la comunidades que no son Cataluña, sean del PP o del PSOE, como Emiliano García Page, que ha visto en esta nueva cesión otra oportunidad para meterle el dedo en el ojo al líder de su partido.

El sistema de financiación autonómica vigente, caducado desde hace mucho más tiempo que el CGPJ, pero al que el Gobierno no le había prestado mucha atención hasta que ha necesitado los votos de ERC, incluso aunque sea desempolvando la vieja propuesta de "pacto fiscal" que en su día puso sobre la mesa Artur Mas, consiste básicamente en que las comunidades con más recursos financien a las que menos tienen. El sistema es mucho más complejo que todo eso, pero, finalmente, el resultado de lo que aporta cada autonomía menos lo que se recibe, coloca a Madrid como la comunidad más solidaria de todo el Estado, seguida muy de lejos de Cataluña y, en tercer lugar, de Baleares.

El Gobierno no puede ceder todos los impuestos a Cataluña sencillamente porque, si lo hace, el sistema se cae. Habría que replantearlo todo de nuevo y la conclusión sería que las comunidades con menos recursos recibirían menos dinero del que ahora reciben. De ahí el enfado de la mayoría contra esta nueva oferta de Sánchez a Cataluña para engatusar a ERC, cosa que, por cierto, está por ver.

Si el presidente cede todos los impuestos a Cataluña, el sistema de financiación autonómica se cae

Claro que todavía no sabemos en qué consiste esa financiación especial de la que habló Sánchez en su entrevista del domingo en La Vanguardia, especialmente dedicada a hacerle la pelota a ERC. ¿Hasta dónde llegará el presidente con tal de asegurarse el apoyo de los republicanos en el Parlament? ¿Se trata de otra añagaza más o bien de un plan para trasladar a Madrid el peso que se le quite a Cataluña?

El Gobierno y el PSOE han tirado definitivamente la toalla en la tarea de recuperar el liderazgo político en Madrid y Andalucía, comunidad que gobernaron durante casi cuarenta años y que, a este paso, no volverán a recuperar en varios lustros. Porque la autonomía que más dinero recibe con el sistema actual -aunque sea insuficiente- es Andalucía, que sería la más perjudicada si Cataluña logra el desenganche que anhelan tanto ERC como Junts.

Lo de Madrid es punto y aparte. La inquina de Sánchez a Díaz Ayuso le ha nublado la mente al presidente, que se olvida de que en esta comunidad viven más de siete millones de personas y que, además, es la que más aporta al PIB.

Sánchez no sólo ha situado en Madrid la sede social de la "máquina del fango", sino que la ha convertido en un ejemplo de "dumping fiscal", como ayer se encargó de remarcar la portavoz de la Ejecutiva socialista, Esther Peña. A pesar de las bajadas de impuestos, Madrid aporta al conjunto más de 6.000 millones netos al años, tres veces más que Cataluña. Eso es un hecho que no debería pasar por alto el presidente. Hoy por hoy, Madrid es la comunidad más solidaria con las que tienen menos renta.

En el PSOE se solía decir que el PP no puede aspirar a gobernar España con una representación débil en Cataluña y el País Vasco. Puede ser. Pero lo que es un hecho es que el PSOE no podrá superar el 30% de apoyo electoral si sigue manteniendo el raquítico resultado que ahora obtiene en Madrid y en Andalucía. Sánchez necesita a ERC y a Junts porque ha renunciado a tener un partido ganador en toda España.

El ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, somáticamente aun no es un mono. Humanamente es un persverso simio.

 LINCHAN a Óscar Puente por llamar “SACO DE MIERD^" a Vito Quiles


Nada tiene de insultante ni despreciativo establecer comparaciones físicas entre los hombres y los animales. Javier Barcáiztegui, «Barca», el gran dibujante, compañero de pupitre de quien firma, descubrió en mi perfil un acentuado parecido con las ovejas. Y he mantenido una cierta dignidad ante su acertada percepción. Hay hombres y mujeres con aspecto de pájaros y peces. Y muchos propietarios de perros terminan pareciéndose a sus cánidos. Mi amigo José Ignacio Benjumea, tímido y despistado, cuenta su experiencia en una montería: «Hace muchos años me invitó Tomás Osborne a una cacería de perdices en 'El Marquesado', una preciosa finca entre Jerez y Puerto Real. Entre los invitados había uno acompañado de su perro, al que no conocía. Tenían un parecido tan extraordinario que, cuando Tomás me lo presentó, confundido, le di la mano ¡al perro!». Cuando soltaba una carcajada, el formidable Charlton Heston demostraba que también los caballos saben reír, y el inmortal Winston Churchill que los porcinos disfrutan fumándose un puro.

Lo lamentable del ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, no es su parecido con los primates, sino su comportamiento. Ha completado su homonización pero no su humanización. La homonización se refiere a lo somático, y la humanización a lo psicológico y cultural. La antropogénesis no es otra cosa que el estudio y evolución del hombre, el antropo. Y es perfectamente compatible evolucionar, más o menos, en el aspecto físico y no hacerlo en el cultural y psicológico. Formar parte de un gobierno y dirigirse públicamente, a través de las redes sociales, a un ciudadano como «un saco de mierda», demuestra claramente una involución en su antropogénesis. Socialmente, este individuo está descalificado para ejercer un cargo de responsabilidad pública. Más aún, cuando la noticia publicada por el «saco de mierda», el periodista Vito Quiles, se aproxima mucho más a la verdad que a la mentira, a la veracidad que a la fabulación.

No es la primera vez que Puente hace gala de su involución. El próximo paso será caminar en cuadrupedia. El gorila y el chimpancé se sirven de las cuatro extremidades para desplazarse. Con una diferencia con otros grandes simios. Lo hacen apoyándose en los nudillos de sus manos, en tanto que el orangután se apoya en la parte externa de sus palmas. No he tenido el placer cívico-científico de coincidir con el señor ministro incompetente, y por ello ignoro la estética de sus andares. Pero sí he conocido muchas de sus actuaciones pre-ministeriales y ministeriales, y debo insistir en denunciar su falta de idoneidad para desempeñar su alto cargo. Este individuo involucionado debe, aunque no lo sienta, el máximo respeto a los ciudadanos. La humanización, la evolución cultural, sentimental y psíquica del hombre, no admite entre sus logros la grosería y la falta de educación, y menos aún, desde el poder casi omnímodo de un alto cargo mal ofrecido y peor desempeñado. Al ministro Puente le urge lo que no ha tenido en su casa ni en sus colegios. Una buena educación, un saber estar y decir, y sobre todo, una estabilidad emocional que no conoce ni por el forro. Se deja llevar por la ira desde la atalaya del poder. Yo mando, tú obedeces, y si no lo haces, eres un saco de mierda. Sería interesante que algún científico naturalista se ocupara de este sujeto con el fin de acertar en su descripción.

Y lo escribo sin ánimo de irritar sus reacciones. Los seres humanos, iluminados por Dios, venimos del mono. Y alguno se ha quedado rezagado.

Pedro Sánchez, singular.

 

La singularidad es Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas | 

Cataluña necesita una financiación singular porque Sánchez necesita un apoyo singular, y ésa es toda la singularidad de la situación, la singularidad de Sánchez, que parece un oscuro concepto cosmológico y casi lo es. En la singularidad de Sánchez, como en las singularidades de los agujeros negros o del Big Bang, todas las leyes conocidas fallan y sólo nos queda la superstición de admitir la mano caprichosa y meticona de un Ser Supremo (universal o monclovita), o la paciencia y la sabiduría para tratar de remediar nuestra ignorancia y nuestro desconcierto. Como el PSOE es ahora sólo una iglesia de Sánchez, una cienciología de guapo bien encuadernado, hay que creerse que la necesidad de Sánchez es necesidad nacional, o universal, o moral incluso. Hasta Illa ha salido como un cura de la antigua Convergencia, como un meritorio del Ensanche, como un yerno de Pujol, con la vieja teoría de la pela sisada, de que España les roba, y con que la financiación singular no es privilegio sino “justicia”. Justicia divina, diría yo, porque sólo los dioses se atreven a hacer equivalentes la justicia y la arbitrariedad.

La singularidad de Sánchez será la singularidad de ERC si Sánchez necesita a ERC (será hasta la guapura de ERC, que Sánchez ahora piropea a ERC como a una suegra ante la mesa navideña). Y será la singularidad de Puigdemont si Sánchez necesita a Puigdemont. Y si piensan ustedes que son incompatibles o contradictorias es que no entienden el propio concepto de singularidad sanchista. Es la singularidad de Sánchez, no de ERC, ni siquiera de Illa, que es como una sombra chinesca hecha con sus propias mangas colgonas, la que nos ha llevado de nuevo a la pela. Puede parecer que es como volver al pueblo después de un viaje interestelar, muchas generaciones después, pero en realidad no es que hayamos vuelto a la pela, o a Pujol, o a un yerno de Pujol cruzado con yerno de Tarradellas. Lo que tiene la singularidad de Sánchez es que permite viajes de ida y vuelta al pasado, y así uno puede pasarse un momento por la castiza pela para luego retomar la agenda del referéndum y la autodeterminación, que, total, la singularidad lo aguanta todo.

La pela ahora no financia paz, aquella burguesa paz pujoliana de buenas cortinas y buenas maneras, sino que sigue financiando la independencia, o sea que no se trata de la concordia sino del recochineo. Y es que la singularidad de Sánchez es elástica e ilimitada, y sus socios pueden seguir pidiéndole deseos empujados por la avaricia, la melancolía, la venganza o hasta el humor, que un día le exigirán a Sánchez que aparezca por el Congreso vestido de torero o de Tejero y Sánchez lo hará. Han tenido indultos y amnistía, pronto tendrán la pela singular, icónica, sagrada, evangélica, como treinta monedas de plata, y luego tendrán el referéndum. Pero mientras, para que no cese la diversión ni surja la disputa en la mesa del gran banquete, Sánchez les va cubriendo además de halagos exagerados y dóciles, como un bufón enjaezado de cascabeles o quizá sólo de huesos de pollo arrojados a la cabeza.

Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego

En su última entrevista, dentro de la gira que está haciendo Sánchez en triclinio o en parihuela (Sánchez es como un presidente de Astérix), esta vez para La Vanguardia, no sólo alabó a ERC como un partido “grande, con raíces”, sino que saltó en tremenda y artística cabriola para decir de Pere Aragonès nada menos que “sin su liderazgo y su compromiso no habría indultos ni amnistía”. Sí, esto es exactamente como si un director de banco sale diciendo que sin el liderazgo y el compromiso del atracador no habría atraco. Tendríamos que hablar de síndrome de Estocolmo, de complejo de tío Tom, de dislocación mandibular o de fractura lumbar, si no fuera por la singularidad de Sánchez. En la singularidad de Sánchez no hay mentiras ni humillaciones, no hay coste ni vergüenza, no hay pasado ni futuro, no hay ni siquiera causa y consecuencia más allá de su inefable voluntad.

La singularidad es Sánchez, todas nuestras leyes, toda nuestra comprensión de la política y la lógica fallan al llegar a él, y el universo se derrumba sobre sí mismo. Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego, entre la originalidad violentada de lo que ya no puede ser original, como los anuncios de cerveza, y el intento de que no se hagan comparaciones con la otra singularidad vasca, hermana y sin embargo rival. Pero haya salido de la nueva lideresa de ERC, que viene con autoridad y bisbiseo de monja misionera, o haya salido de la máquina de palabros, churros y peinetas de la Moncloa, ése es el concepto que acota a Sánchez.

La singularidad es Sánchez, algo que quiebra el universo o la política como los conocemos y sólo nos deja la religión o el desconcierto. Ya hubo amnistía, va a haber pela y habrá referéndum, todas ellas cosas singulares, y más que todavía se pueden inventar. Los indepes van a pedirlo todo y van a tenerlo todo, y no se preocupen por las contradicciones, que ni ellos ni Sánchez pueden esperar a la siguiente singularidad cósmica. La verdad es que, probablemente, la singularidad no existe, e incluso dentro de los agujeros negros, entre encarnaciones de universos o incluso en el sanchismo, todo transcurre suavemente, según unas leyes que, simplemente, aún no conocemos. Eso sí, por lo que vamos desentrañando de Sánchez, lo más probable es que todo continúe así, con inexplicable y aparente caos pero secreta suavidad, y no que veamos estallar la legislatura como un Big Bang de puro petardeo. Ni siquiera, diría yo, con un sonoro y cósmico begoñazo.

A Pedro Sánchez, no le queda otra salida que un golpe de Estado encuebierto con drogas y armamento (Prensa: "Roba, pero hace")

GOLPE DE ESTADO

Fiscal General del Estado o de Sánchez

Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado, participa este miércoles, en las XVII Jornadas Jurídicas de Sarria Román García Varela, en Sarria (Lugo).
Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado, participa este miércoles, en las XVII Jornadas Jurídicas de Sarria Román García Varela, en Sarria (Lugo). |

Fiscal General del Estado quizá es un título demasiado grande, como tener a un archiduque remachado de estrellas crucíferas a cargo de las cocinas o las perreras. Fiscal General de Sánchez sería lo más ajustado para Álvaro García Ortiz, incluso más digno, que no hay nada más ridículo que esos títulos flamígeros y jerosolimitanos que otorgan algunas órdenes de caballería a un párroco o a un perito agrónomo. No pasa nada si uno no es Fiscal General del Estado, como si no es Capellán Magistral de la Orden del Piramidón, y en vez de eso, y nada menos, es Fiscal General de las jaquequitas de Sánchez, o escudero de los perniles presidenciales, o párroco, o perito agrónomo. Ya digo que es hasta más honroso, como un jardinero real con la chepa plebeya ya tendiendo a heráldica, o un viejo ayuda de cámara que suena a gozne y a llavín de cadenilla mientras viste al señor o puto amo, que dicen estos modernos que han perdido las formas. 

García Ortiz es Fiscal General de Sánchez, que lo llamaremos así aunque a lo mejor el título correcto podría ser Caballero de Gracia y Palangana de la Santa Alcoba Monclovita, no sé (tampoco hay que perder todo el lustre de las instituciones democráticas). Sánchez está cambiando toda la política, toda la democracia, con todas sus instituciones y sus nomenclaturas, y esto va a terminar en un Camelot con discoteca, una Austro-Hungría de LinkedIn o un Palacio del Pardo con cama de agua en vez de mesa camilla. García Ortiz es Fiscal General de Sánchez, dignísimo cargo parejo, por ejemplo, al de Venerable Custodio de los Presidenciales Huevos Pasados por Agua, y la verdad es que no creo yo que haya ninguna vergüenza en eso. A García Ortiz le suena una campanilla con cordoncillo, él hace sonar otra campanilla con cordoncillo, y los datos e intimidades fiscales del maromo de Ayuso, ese aguililla, acaban en una nota de prensa como si fuera un edicto en rollo de pergamino. Pero esta jerarquía, ese cordoncillo que tira de otro cordoncillo, es sólo el orden natural de las cosas.

García Ortiz le noto casi físicamente ese esfuerzo por sostener la democracia, cuando lo veo sudar por sus rizos, rizos un poco descapotables

García Ortiz, Fiscal General de Sánchez o quizá Gran Preboste de la Bóveda Íntima de la Celeste Moncloa (tampoco vamos a acabar de un plumazo con todo el boato de la democracia), sólo está contribuyendo a mantener ese orden natural, esa jerarquía de cordoncillos y campanillas que es la sociedad verdaderamente democrática. Y eso no es fácil en estos días, donde ya no hay respeto por el rango, la clase (obrera, claro) o la autoridad. Yo a García Ortiz le noto casi físicamente ese esfuerzo por sostener la democracia, cuando lo veo sudar por sus rizos, rizos un poco descapotables, al llevar esos collares como de cucharones, esas togas de terciopelo gordo, como un rey de espadas de la baraja de la Moncloa, y sobre todo al llevar como en una delgada bandejita de té o de correspondencia todos los cabreos y berrinches judiciales que tiene ahora Sánchez, y que le dan despertares y humores de viejo gotoso.

García Ortiz, Fiscal General de Sánchez o Sublime Caballero Prusiano del Elastiquillo Flojo del Calzón Presidencial, yo creo que refleja como nadie, desde su puesto humilde, agradecido y acaobado, como el de un simple maestro carpintero, la revolución democrática sanchista. Y es que Sánchez ya nos dejó, desde sus primeros Mandamientos y desde sus primeras lecciones mayéuticas, esa máxima en acertijo de “la fiscalía, ¿de quién depende?”. Aunque en realidad no era tanto un mandamiento para tomar literalmente, sino una parábola que llegaba mucho más lejos partiendo de un fiscal como los evangelios parten de unos pájaros o de unos talentos. Lo que nos quería decir Sánchez es que tirando de ese cordoncillo, de esa parábola, de esa lógica, a lo que llegamos es a que todo depende, en última o primera instancia, como el Motor Inmóvil de Aristóteles pero con mejor percha, de él, de su presidencial persona.

Quizá había que empezar con García Ortiz, Fiscal General de Sánchez o Gran Intendente Secreto del Real Colchón, para entender que de Sánchez emanan, en última instancia, todos los poderes del Estado. Esto no lo digo yo, se deduce de lo que ha dicho Sánchez en la reciente entrevista palaciega en TVE, ahí como entre coperos y mastines: “Todo poder emana de la soberanía nacional, es decir, del Congreso de los Diputados”. Y claro, a ¿quién ha nombrado supremo líder el Congreso de los Diputados? Pues eso. Lo mismo están pensando que la Constitución dice otra cosa, que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, o que “las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado”. Y ya sería raro, o imposible, que todos los poderes del Estado emanaran de uno solo de esos poderes, o de medio. Pero ésa es la grandeza teológica del sanchismo: lo que puede parecer un bulo, una contradicción o una ignorancia inhabilitante para un presidente, es en realidad un misterio inefable, como el de la Trinidad.

Sin duda, García Ortiz, Fiscal General de Sánchez o Ínclito Maestro del Arco del Triunfo Progresista-Begoñista, era necesario, como un profeta con ropa de saco y collar de piedras, para entender la verdadera esencia de la democracia. La democracia no es lo que dicen los fachas liberales (facha liberal era un oxímoron hasta que Sánchez deshizo la contradicción o deshizo toda la lógica, que eso justo es lo que significa el misterio). O sea, no es esa cosa tan burguesa que incluye el imperio de la ley y la separación de poderes. La verdadera democracia, después de tirar del cordoncillo de los fiscales, los jueces, los funcionarios, los periodistas de medios públicos y privados y hasta las empresarias de éxito, termina o comienza en Sánchez. A lo mejor ustedes no consideran esto una democracia, sino todo lo contrario. Pero ahí están el misterio y la gracia sanchistas, que le permiten a nuestro presidente tener no ya a un Fiscal General del Estado, sino a todo el Estado, para manejar sus cocinas y sus perreras.

 

Homenaje a Victoria Prego que solo quiso ser periodista y lo fue de verdad.

 

Victoria Prego, la mujer que no quiso ser más que periodista

Ayer por la tarde, en el salón de actos de la Asociación de la Prensa de Madrid, se juntó lo mejor del periodismo y dos de los expresidentes de España. También uno de los padres de la Constitución, el alcalde de Madrid y una decena de fotógrafos y cámaras. Hubo risas, aplausos y hubo quién lloró y tuvo que dejar de hablar. Estaban todos allí por una razón, la de homenajear a una de los suyos, a una de las mejores, después de un mes largo de luto intenso.

Victoria Prego (Madrid, 1948-2024) falleció el pasado 1 de mayo y dejó a toda la profesión suspendida en el duelo. Por eso, en la casa que presidió durante cuatro años, de 2017 a 2021, y con María Rey, actual presidenta, como moderadora y presentadora del acto; sus amigos, su familia y los políticos a los que preguntó mirando a los ojos y pidiendo la verdad decidieron hacerle un gran homenaje.

"Siempre trabajó con la objetividad y la verdad. Se afanaba por buscarlas, por encontrarlas y esa es, y no otra, la labor del periodista"

El primero en hablar fue Casimiro García-Abadillo, también el que más tiempo trabajó a su lado. Juntos desde hace más de treinta años, fue él quien la contrató en El Mundo y fue con él con quien Prego fundó este periódico: El Independiente. Aquí, como recordó nuestro director, escribió su última columna el pasado 19 de enero y fue aquí donde terminó su carrera con la misma objetividad y pasión con la que la comenzó.

Rodeado de Anabel Díez, periodista de El País y gran amiga de la protagonista, de Agustín Valladolid, con el que había trabajado en televisión y Félix Madero, con el que compartió micrófono; García- Abadillo ha recordado que Prego era la personificación de los valores de esta profesión. "Siempre trabajó con la objetividad y la verdad. Se afanaba por buscarlas, por encontrarlas y esa es, y no otra, la labor del periodista", aseguró y añadió que "el mejor homenaje que le podemos hacer a Victoria es seguir su ejemplo. Mantenernos firmes en nuestros principios y militar sólo en una causa: el periodismo".

"Victoria Prego hacía uso de su libertad, era concienzuda y te preguntaba mirándote a los ojos"

FELIPE GONZÁLEZ

Algo en lo que estuvieron de acuerdo, minutos más tarde, los expresidentes Felipe González y Mariano Rajoy y Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución. En sintonía, recordaron la gran profesionalidad de Prego y cómo en tan poco tiempo se la ha echado ya muchísimo de menos. "No reclamaba libertad, la ejercía, y tiene que ser un ejemplo y más en los tiempos que corren. Además, te preguntaba mirándote a los ojos. A alguien que te mira a los ojos te cuesta más no responderle que al que está mirando el papel", comentó González.

Mientras que Rajoy recordó una entrevista que le hizo poco antes de ganar sus primeras elecciones a presidente del Gobierno, en compañía de García-Abadillo dentro de un tren, y en la que su forma de trabajar y su falta de afán por un titular fácil le llamó poderosamente la atención. "Era persona, aunque ahora no se valore ser persona pero es que yo prefiero encontrarme con personas que no con conceptos jurídicos indeterminados. Además, era comprometida e independiente. Comprometida con la democracia liberal, con la Constitución, con los derechos, con las libertades, con el voto", expuso.

Algo que destacaron todos sus excompañeros, incluso los que trabajaron con ella al principio de su carrera. Fue Agustín Valladolid el que recordó las caras que ponía en la televisión cuando el invitado no tenía ni idea. "Aparecía la verdadera Victoria, que a mí me divertía muchísimo. Se sentaba a la derecha del personaje y, si este decía alguna tontería, ella ponía unas caras que era para hacer un manual", aseguró.

Y destacó su faceta como "ciudadana". "Los últimos artículos que escribió lo reflejan. Hacía referencia a cuestiones que son básicas y que están en estos momentos en riesgo por muchas razones. Entre ellas, la vigencia y el valor del gran pacto ciudadanos que fue la Constitución del 78". Porque, como fue común en todas las intervenciones, su trabajo durante la Transición fue alabado constantemente tanto por sus compañeros periodistas como por los expresidentes del Gobierno.

"Ella nunca militó con nadie, sólo creía en el periodismo. Ahora que la profesión es más necesaria que nunca pero también está más denostada que nunca, militemos en el partido del periodismo como Victoria", añadió García-Abadillo. Y Felix Madero fue un paso más allá diciendo que Victoria era, además de una gran periodista, una marca descomunal. "Anunciabas que iba a estar y te podías ahorrar una cantidad de adjetivos... Muchas veces esa marca estaba por encima de las cabeceras, de los programas".

Sentido del humor y familia

El sentido del humor fue otro de los atributos que más se comentó ayer por la tarde en la APM. Contó Anabel Díez que a Victoria Prego le encantaba contar chistes y hasta los representaba. Ella, amiga íntima de la protagonista, dejó a un lado su faceta de periodista y se adentró en la más personal.

"Para mí era una amiga, la madre de Guillermo y Daniel, de Yago, la compañera de Ángel Santa Cruz. Hacíamos quedada de 'amigotas', como las llamábamos, y eran horas y horas para hablar de la vida. Del periodismo hablábamos poco, más de familias, desventuras...", recordó. Y no pudo evitar emocionarse al acabar, diciendo que "era un gran ser humano". "Con esa me quedó. Que nadie dudé que era periodista todo el rato y tenía una gran pasión pero también tenía un amor muy fuerte por la vida, por los amigos... Había parcelas muy importantes de las que ella se ocupaba y nos hacía felices a todos".

Aunque quiso mencionar que también lo pasó mal, sobre todo con el discurso que dio tras la muerte de Miguel Ángel Blanco. "Nunca lo he contado pero tuve el honor de que Victoria me pasara el discurso que iba a leer antes del acto y me pareció excepcional. No caí en que esa frase la iban a utilizar contra ella: 'A por ellos con la palabra'. A veces se nos olvidaba que los malos no descansan", denunció.

"Hacía su trabajo maravillosamente bien y lo hacía con una normalidad, con una humildad... Podía haberse subido a lo más alto de cualquier escalafón"

Aunque eso nunca intimidó a Victoria Prego, que fue por la vida mirando de frente y con la humildad como bandera. Esa cercanía que tanto la caracterizaba también fue el martes un tema común. García-Abadillo comentó que era "tan generosa" que jamás dejaba de compartir "una exclusiva o cualquier noticia" y Félix Madero, que trabajó con ella muchos años en la radio, la recuerda diciendo que sí a todo. "Le llamaba un estudiante para una entrevista y se la daba, aparecía un becario y le daba consejos... Era de una humildad verdadera, no lo hacía por aparentar, es que pensaba de verdad que si habían tenido la deferencia de contactar con ella, su deber era atenderles", aseguró.

Porque para ellos fue la unión de estas dos facetas, la de la brillantez profesional y una personalidad magnética, lo que la hacían única. "Hacía su trabajo maravillosamente bien y lo hacía con una normalidad, con una humildad... Podía haberse subido a lo más alto de cualquier escalafón. Era alguien que tenía esa capacidad y esa curiosidad que muchas veces se nos pasa con el tiempo por pereza o falta de humildad", recordó Madero.

"Cuando sufrió la enfermedad dijo que no tenía cuentas pendientes y, es verdad, no tenía ninguna"

A lo que el director de El Independiente añadió que "se hacía querer, era una excelente mujer" y que cuando se enfadaba con algún tema político, sacaba su mejor faceta periodística. "Yo solía decirle: 'Cuanto más cabreada estás, mejor te salen los artículos'. Y ella se partía de risa: 'Pues hoy estoy muy cabreada, te lo advierto'. Esta era una constante en los últimos tiempos", destacó.

Y todos han recalcado que nunca quiso "ser famosa" sino "brillante" y que lo fue hasta el final de su días. "Cuando sufrió la enfermedad dijo que no tenía cuentas pendientes y, es verdad, no tenía ninguna", confesó Díez, a lo que uno de los hijos de Prego añadió al finalizar el acto, donde también se escucharon las voces de otros periodistas que se encontraban en el público como Iñaki Gabilondo, que cuando ya estaba muy malita le preguntó: "¿Te da miedo la muerte?". A lo que ella contestó: "Ninguno, no conozco a nadie del siglo XVII".

Sumar era Pablo Iglesias que se lo traspasa a Yolanda por dinero. Hoy, ninguno es nada. ¡VOTANTES ENNORTADOS¡

Qué pasa ahora tras la dimisión de Yolanda Díaz como coordinadora de Sumar  | Onda Cero Radio

Sumar era Yolanda, la espera de Yolanda, la duda de Yolanda, el blanco de Yolanda, la nada de Yolanda, que ahora ya es una nada pura, sin referencias, como un caballete vacío. Sumar era la alegoría de Yolanda, Yolanda oyendo caracolas, Yolanda paseando entre el pueblo como entre magnolios, Yolanda ensabanada de mármol, peinada por amorcillos, coronada por faunos, o sea que Sumar ahora es como un capitel decapitado o un tapiz con las musas huidas igual que comadres. Sumar era Yolanda, que a su vez era una operación de Sánchez, el intento de hacer un Podemos de fresa y nata, de tener un Pablo Iglesias monjil robado precisamente a Pablo Iglesias, una izquierda siseante y bordona que dijera las mismas cosas de siempre pero como desde el fondo de un pozo de los deseos, de un espejo mágico o de un lago con dama, sombrilla y barquita. Sumar era toda la izquierda metida en el delantalillo de Yolanda, donde había migas para pájaros y la promesa de ministerios como moras recién cogidas. Sumar era Yolanda con cántaros de leche, que ahora son añicos.

La primera vez que vi a Yolanda se derretía al sol del Matadero de Madrid, y así ha estado hasta ahora, derritiéndose poco a poco bajo su melena como una estatua de cera o como Leticia Sabater, que yo creo que ya en aquella crónica hacía la comparación. La adultez infantilona, el infantilismo zangolotino, siempre han sido ridículos, en la política y en la vida, y allí la vicepresidenta de las “cosas chulísimas” hablaba de “un día de alegría y de fiesta”, de “cariño” y de “ternura”, como una cuentacuentos vestida de muñecota. Yolanda, bajo aquel sol de carromato que aún recuerdo castigándome, se presentaba ella, o presentaba Sumar, como un circo ambulante de la izquierda lleno de falsas maravillas, falsos niños perversos como enanos perversos y realísima pobreza material o mental. Reinventar la izquierda es como reinventar el martillo, pero reinventarla como fiesta de cumpleaños de una chiquilla ya me parecía un insulto para la propia izquierda, que al menos antes daba venerables macarras.

Hacer un nuevo Podemos sin Podemos y una ultraizquierda de chicle era más la intención de Sánchez que de Yolanda, que yo creo que ella no se daba ni cuenta de su verdadero papel

Hacer un nuevo Podemos sin Podemos y una ultraizquierda de chicle era más la intención de Sánchez que de Yolanda, que yo creo que ella no se daba ni cuenta de su verdadero papel, de su sitio, viéndose allí arriba, montada en el unicornio de su sombra. Yo creo que ella pensaba de verdad que era la primera que iba a escuchar a la gente, algo que nadie había intentado en serio, e inició un proceso que llamo avispadamente “de escucha”, y que le daba aires de pastorcilla hablando con las ovejas. Luego, después de hacerse querer, de dudar, de deshojar la margarita de sus propios suspiros y sus propios lazos, que ya le hacían como nieve alrededor de sus piececitos; luego, en fin, como casi todos, se convenció de que lo que le pedía la gente era justo lo que ella siempre quiso hacer, que el pueblo, de alguna manera, siempre retumbó dentro de ella como una gran cascada salvaje. Con esa autoridad autoadjudicada y casi ancestral quiso asumir toda la izquierda, y lo curioso es que lo consiguió. 

La nueva nueva izquierda, o nueva vieja izquierda, necesitaba unidad, o mejor dicho liderazgo o hegemonía (es un viejo chiste ya que lo de la izquierda unida es un oxímoron), así que Yolanda podía, a la vez, negar los personalismos y presentarse como guía y salvadora. Aun con vetos (Irene Montero no representaba tanto una izquierda fallida o falsa sino antiestética, con sus pederastas liberados y su fanatismo clitórico), casi toda la izquierda asumió el liderazgo natural o sobrenatural de Yolanda, que a mí eso me sigue pareciendo el mayor triunfo de toda esta operación de Sánchez. Sería la superstición de los sondeos, o sería la figura alada que proyectaba Yolanda con sus mangas de ángel y sus moños y polisones de molinera, o la desesperación de una izquierda que volvía a agonizar en los purismos, las purgas y el radicalismo, pero Sumar, que no era nada, apenas un sol de cartulina sostenido por una niña bajo aquel sol industrial del Matadero, de repente era (casi) toda la izquierda a la izquierda de Sánchez.

Sumar era Yolanda, el aleteo de Yolanda, el frufrú de Yolanda, el verbo de Yolanda como en un sueño, bello y absurdo. Sumar era hasta el bolsito de Yolanda, que le llevaba una secretaria detrás, entre la carrera y la reverencia, como se lleva una corona real en un cojín, según vi en otra ocasión, en otra de las apariciones de Yolanda entre magia y ventoleras, que ahora que lo pienso Yolanda se aparecía como Céline Dion. Aun después de la huida de Podemos, casi toda la izquierda, milagrosa o sospechosamente, parecía de Yolanda. Pero Yolanda, en los tablaíllos y en la vicepresidencia, seguía siendo esa muñecota de la izquierda con canesú y mantecosidad, más caricatura que alegoría y más morisqueta que fundamento. Sánchez le ha ido dejando sitio, porque si no la operación no funciona (Sánchez desde luego no necesitaba a Yolanda para cargarse las relaciones con Israel), pero Yolanda vestía en el Gobierno y naufragaba en las urnas como una barquita en Sanxenxo.

Sumar era Yolanda, hasta Yolanda Díaz era sólo Yolanda, como la marca de harina que corresponde a una política enharinada igual que una monja enharinada, la monja que buscaba Sánchez. Aún seguirá de vicepresidenta, siendo esa vela blanca o negra de la izquierda que se larga en la bancada azul, que tampoco es cuestión de retirarse a un monasterio de la izquierda, a un bar de torreznos como Iglesias. No le salió mal la operación a Sánchez, pero la decadencia de la izquierda, loca de wokismo, superstición e irrealidad, ha coincidido con la nulidad política que era en el fondo, o desde el principio, Yolanda. Sí, Sumar era Yolanda pero Yolanda era nada y ahora la izquierda y Sánchez tendrán que buscar otro mesías u otra sirena.

El trampa/marrullería Sánchez-Begoña colapsa medios de comunicación mundiales. ¿Dimitirá, Pedro?

 

El sanchismo-begoñismo ya era inevitable

Pedro Sánchez y Begoña Gómez votan en las elecciones europeas.
Pedro Sánchez y Begoña Gómez votan en las elecciones europeas. |

Aun con la victoria justilla o suficiente del PP, lo que hará Sánchez a partir de ahora a mí me parecía ya, simplemente, inevitable. Para un plebiscito, en realidad, no hacen falta siquiera elecciones, al fin y al cabo un engorroburocrático y estadístico, como si fuera el catastro. Para un plebiscito valen los autobuses cargados de militantes como de toallas de Portugal (o de militantes verdaderamente cargados con toallas de Portugal), valen automanifestaciones orgánicas con coreografía de rezo por la Champions o por santa Begoña, patrona de los conseguidores y los cursillistas, y vale hasta un lamparón concienciado en la camiseta.

La legitimidad Sánchez siempre se la ha inventado, que cuando no se la otorga la corrupción ajena se la otorga la corrupción propia, que cuando no se la otorga el bloque de progreso se la otorga el nacionalismo ultraderechista y tribal, que cuando no se la otorga la multitud se la otorga la intimidad. Esta legitimidad, además, no es ya la legitimidad para gobernar con la simple aritmética en vez de con la ideología, sino que Sánchez la considera legitimidad para poder hacer cualquier cosa, incluso liberar a Begoña, con sus grilletes de caramelo, de los jueces.

Que el sanchismo-begoñismo era inevitable lo sabíamos antes de este teatro europeo que aún mezcla el desembarco de Normandía con los trenes gratis para estudiantes con trenzas y ristras de condones, como antes eran trenes con señoras con pañoleta y ristras de chorizos. Estas elecciones tienen una idiosincrasia particular, son sólo como para eurofans de los partidos, pero además yo creo que las proyecciones o corolarios de estos resultados en el ámbito nacional no importan para Sánchez. Europa suena a timbal beethoveniano, a niña cogiendo tulipanes y también un poco a reductos de la
ultraderecha de nido de águilas, pero a lo que suena España es sólo a Sánchez, a su peronismo de parejita de discoteca, como de Grease, como Travolta y Olivia Newton-John cogidos de la mano entre aquel elenco de escolares viejísimos, que es lo que parecen nuestros votantes infantilizados.

La legitimidad Sánchez siempre se la ha inventado, que cuando no se la otorga la corrupción ajena se la otorga la corrupción propia

Sánchez no puede dejar de sonar a lo mismo, no puede dejar de hacer lo mismo, porque no tiene otra alternativa. Una vez que ha renunciado a la ideología, a la coherencia y a la memoria, sólo le queda la teatralización de
grandes dramas que justifiquen el ataque a todo lo que pueda oponérsele, ahora especialmente jueces y medios. Además, cada drama y cada desafío a
la democracia al que se atreve Sánchez lo impulsarán a dramas y desafíos aún más extremos. Los números de estas elecciones, pobres en todo caso, apenas influyen en esa necesidad, de la que de nuevo vuelve a hacer virtud.

La distancia con el PP de este Feijóo un poco desnortado en la campaña es de 4 puntos, un PP en la frontera de la decepción o del fracaso después de la amnistía, de Koldo y de Begoña, pero ya sabemos que Sánchez dirá que esa distancia es culpa de los bulos de la “internacional ultraderechista” (ya tiene que ser internacional porque hasta la Fiscalía Europea anda pidiendo papeles).

Nada cambia, la cruzada sigue, incluso más justificada y encolerizada todavía, como cuando una secta de sandalia falla en la fecha del fin del mundo.

El PP se salva, el PSOE aguanta, Vox hincha un poco su pecho de palomo y la izquierda confitera de Yolanda empieza a estrellarse como un avioncito de papel. Pero la verdad es que las actitudes autocráticas de Sánchez no le suponen un castigo demasiado severo, que a ver qué significa el Estado de derecho al lado del amor de batamanta que comparte el dinero público como el calorcito de los pies.

España se ha argentinizado, ya son posibles aquí un Milei con rotaflex, que es más español (a lo mejor Alvise termina en eso), o un matrimonio Kirchner en una carrocita como una bombonera, una especie de monarquía absoluta con latinajos de la Logse y de LinkedIn, un peronismo de parejita en patines que considera que su gracia es la voluntad del pueblo. El sanchismo-begoñismo acaba con el PSOE como partido socialdemócrata o como partido demócrata, pero eso ya me parecía inevitable. Ahora, lo veremos hincharse de maneras exóticas y espantosas buscando la supervivencia, como flores carnívoras o extraterrestres. A mí esto me parece mucho más grave que lo que pase en Europa, que a lo mejor está condenada a la decadencia o la autodestrucción, como nosotros, sin importar los resultados de estos comicios de domingo raro o robado, como de fiesta eslava, como de semifinales de Eurovisión.

Elecciones europeas con presidente palestino

Elecciones Europeas 2024, hoy en directo | Última hora del debate electoral
 
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha intervenido en la clausura de la XXXII Asamblea General de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES).

Las elecciones europeas a lo mejor las tienen los europeos, que nosotros con Sánchez lo que tenemos son unas elecciones domésticas e intimísimas, entre sus suspiros y su próstata, entre su honra y sus gananciales. Sánchez ha decidido que ya no tiene mucho más que hacer en política, así que se guioniza dramones que movilicen al personal como un capítulo final y despechugadísimo de culebrón. Todo el Estado se ha reducido a una boda con mariachis o de mariachis, que a un dúo de mariachis se van pareciendo cada vez más Sánchez y señora. Sánchez y Begoña, personalización del Estado y de la democracia, católicas majestades, matrimonio peronista en bicicletita tándem, se pasean ya por los mítines con coronas de margaritas y la mano de madera de los príncipes hermosos y benefactores, aunque con más iconografía caribeña o filipina que austrohúngara. Se proclaman víctimas de una persecución fascista, pero lo único que ocurre es que los jueces y la Fiscalía Europea están haciendo su trabajo y ellos no son héroes sino que, como mucho, podrían llamarse Sergio Alfredo y Verdemar, o J.R. y Pamela, y vivir en un viñedo de cartulina (a lo mejor la Moncloa ya es eso). 

Las elecciones europeas las tendrán por ahí, que aquí la campaña del PSOE se va a cerrar como una procesión rociera. A Begoña ya la recibieron el otro día en un mitin como con vivas a la Blanca Paloma, y hasta María Jesús Montero, esa ministra con delantalillo, flor caída y cimarronismo palmípedo, estaba allí para completar el cuadro. El tablaíllo, la verdad, no es tan raro en el PSOE, que sólo hay que recordar cómo se aplaudía a Chaves, Griñán y los demás mendas de los ERE, con su pinta todos como de hermanos de Manolo Escobar. Y tampoco es raro el movimiento de Sánchez. Una vez que nos ha asegurado que todo lo que pasa es porque lo están persiguiendo los fascistas de pollo y bigote sollamados, y que él es el único que puede salvarnos de la ultraderecha y del comando ninja de toreros, periodistas y jueces fachas, lo siguiente es aparecer con corcel, damisela y puesta de sol contra las mandíbulas y las melenas, desafiante y zambo como John Wayne 

Sánchez ya ha perdido todos los argumentos y eso le ha llevado también a perder la vergüenza. Ahora es trumpista, peronista, bolivariano, propalestino, mariachi, juglar, trampero, rociero y lo que haga falta, y todo a la vez, cosa que él lleva con alegría y cargazón de hombre orquesta o de circo pobre. Además, todo se sucede a gran velocidad, que aún no hemos procesado o glosado lo que ha dicho o hecho ayer y ya tenemos enseguida otra carta húmeda, otra dama de las camelias, otro elefante con tutú bailándonos delante (aquí habría que abundar en que ése es justo el principio de renovación de Goebbels, pero la referencia, como a Lampedusa, ya es kitsch, y además Sánchez ya tiene agotado y quebrado a Goebbels como al sastre). Justo cuando Begoña nos aparecía en parihuela, atufada de flores y rebujito, o nos aparecía la Fiscalía Europea buscando ya papeles en nuestras empresas públicas, nos sale por ejemplo Albares nada menos que con que España se une a la demanda contra Israel por genocidio. Y esto son ya muchas películas para seguir.

Con la amnistía muere cualquier principio o coherencia políticos o ideológicos, y la única defensa posible para Sánchez son ya la conspiración y el bulo

Claro que Sánchez saca a Begoña, ése era el plan desde la primera carta o cancioncilla sull’aria, tenerla como excusa, como palanca, como burladero, como azafata, como florero, como dama de balcón o señorita de grupa, como santa enfermera o como santa llagada, como Magdalena y hasta como Isis de ese Osiris resurrecto que se cree él. Sánchez tiene que recurrir al bestiario, a la iconografía, al folclore, al moco, al pechamen, a la sorpresa, al platillazo, al chimpún, porque ya no tiene argumentos, que murieron con los acuerdos de esta legislatura. Casi se nos olvida ya la amnistía, sin duda porque conviene, pero ésa es la moneda que compró el Imperio, como cuando la Roma decadente se vendía entre bárbaros y legionarios. Con la amnistía muere cualquier principio o coherencia políticos o ideológicos, y la única defensa posible para Sánchez son ya la conspiración y el bulo perpetrados por el Gran Enemigo. Claro que eso implica que en la conspiración cada vez tenga que entrar más gente, y más rara (pronto, además de los jueces entrarán los alguacilillos de los toros). Cada personaje o vicisitud de la actualidad tiene que encajar perfectamente en esa conspiración, y Begoña y el juez han encajado, por supuesto, no tenían otra que encajar, o todo se le caería a Sánchez como el bigotón falso de mariachi.

Tengan por ahí elecciones europeas, que gracias a Sánchez aquí tenemos elecciones como todos unos españolazos, con señorío y chulería, con catetada y taconeo, con dramas de la honra y autos de fe. No se trata de Begoña, de que su virtud sea cuestión de Estado como la de una doncella real, que ya digo que ella es sólo otro personaje, otro azar que hay que encajar en el relato, aunque hagan los dos buena pareja en el columpio, en la trinchera y en el atraco. Siempre se trató de Sánchez, de sus intentos de sobrevivir, cada vez más inverosímiles y extremos. Sánchez desde luego no tiene muchas más opciones, pero creo que ya está sobreestimando su tirón para el culebrón despechugadoTengan por ahí elecciones europeas, sí, que aquí tendremos las nuestras, trágicas, lorquianas, goteantes y grotescas. Españolísimas, diría, si no fuera porque aquí nunca creímos que íbamos a tener presidentes mariachis, bongoseros, cowboys, arábigos, gauchos, egipciacos, trumpistas, bolivarianos, todo a la vez y todo encima, como con el ropero no de los héroes sino de los farsantes.