El fiscal General, García Ortiz dice: "Filtré los datos del novio de Ayuso, pero eso no es un delito"

 El sucesor de Delgado aborda la independencia económica de la Fiscalía en su primer Consejo

El fiscal general asume toda la «responsabilidad» en la filtración de los datos personales del novio de Ayuso

Álvaro García Ortiz niega que la nota remitida por la Fiscalía Provincial de Madrid incluyese «información» confidencial que «pudiera perjudicar el derecho de defensa» de la pareja de la presidenta madrileña

Ante los fiscales, que este lunes tomaban posesión de sus nuevos cargos, en la sede de la Fiscalía General del Estado y en defensa de la actuación de la jefa provincial del Ministerio Público en Madrid. Alvaro García Ortiz ha reconocido que la «responsabilidad» en la filtración de los datos personales del novio de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, es suya, en último término. «La comunicación» emitida «no contenía» información «confidencial» que pudiera haber «perjudicado el derecho de defensa» del investigado por un presunto delito contra la Agencia Tributaria, ha asegurado, sin embargo, el máximo responsable de la Carrera.

Insisto: asumo institucionalmente la responsabilidad última de la nota de prensa emitida por la Fiscalía Provincial de MadridAlvaro García OrtizFiscal General del Estado

Así lo ha reconocido García Ortiz, en un comunicado oficial, por primera vez desde que saltase el escándalo sobre la nota de prensa remitida a los medios de comunicación por la Fiscalía madrileña. Una difusión que, como publicó El Debate en exclusiva, se negó a atender la fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Almudena Lastra, al entender que el contenido del texto era incompatible con el deber de «confidencialidad» de las partes en el proceso reglado para alcanzar pactos de conformidad con el Ministerio Público. Un protocolo que ella misma había diseñado durante su etapa como vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en 2009
 
«Como Fiscal General del Estado, estaba informado de los acontecimientos y de la publicación de un comunicado que se limitaba a desmentir, con hechos cronológicamente sistematizados, informaciones falaces e interesadas previamente publicadas por algunos medios. Por consiguiente, asumo la responsabilidad última de esa nota de prensa», ha declarado García Ortiz tras varias semanas de hermético silencio sobre el caso.
«No voy a tolerar que ningún fiscal tenga que soportar las consecuencias del funcionamiento trasparente de nuestra institución» y «no pienso consentir que la fiscal Jefa de Madrid o el fiscal encargado del caso sean perturbados por ejercitar la acción penal ante la posible comisión de hechos de naturaleza delictiva», ha advertido el responsable del Ministerio Público.
Y ha proseguido: «En consecuencia, sirva esta declaración institucional como respaldo a los compañeros de la Fiscalía Provincial de Madrid, que no han hecho sino cumplir un deber de informar verazmente a la ciudadanía con absoluta transparencia, prudencia y dentro de los márgenes y límites que marca nuestro ordenamiento jurídico y la Instrucción núm ero 3/2005 de la Fiscalía General del Estado».
No puede considerarse infringido el deber de reserva cuando el objeto de la comunicación es de dominio público fruto de indeseables filtracionesAlvaro García OrtizFiscal General del Estado
No en vano, la declaración del fiscal general ha sido, además, de público «reconocimiento» a la «labor y el desempeño profesional, con el máximo rigor, objetividad, imparcialidad y transparencia, de la fiscal jefe y del fiscal de la Sección de Delitos Económicos de la Fiscalía Provincial de Madrid».
Para finalizar, García Ortiz ha insistido en destacar que «la Fiscalía española actúa con absoluta imparcialidad, objetividad y neutralidad política en el ejercicio de sus funciones. Y que ningún ciudadano o ciudadana de este país recibirá un tratamiento distinto por motivos ajenos al proceso. La actuación del Ministerio Fiscal se enmarca siempre dentro de la Ley, porque fuera de la Ley no hay nada».

Hablar de la paz y de la guerra en vano es algo que sólo pueden hacer los ilusos, los cobardes o los interesados, y es ahí por donde se moverían PEDRO SÁNCHEZ Y YOLANDA DÍAZ.



La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, el pasado 14 de marzo en el Congreso.

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, el pasado 14 de marzo en el Congreso. Eduardo Parra / Europa Press

Vamos ya por la cuarta o quinta Tercera Guerra Mundial y yo no me explico todavía cómo estamos en esto de la guerra pudiendo haber paz, que es una palabra que a Yolanda Díaz le sale de la boca como un aro de humo o una pluma de almohadón. “Queremos paz”, tuiteó tras el ataque de Irán a Israel, y la paz quedó ahí como un emoji más, como una flamenca del whatsapp, como esa carita con beso de jabón que te manda todo el mundo (a mí me la han mandado hasta del dentista).

“Queremos paz”, tuiteó Díaz tras el ataque de Irán a Israel, y la paz quedó ahí como un emoji más, como una flamenca del whatsapp, como esa carita con beso de jabón que te manda todo el mundo

A Yolanda le salía la paz de la boca como a un peluche le sale algodón de la oreja, y al presidente Sánchez le salía describir el ataque como “acontecimiento” igual que si fuera un campeonato de tenis. Creo que Sánchez ha tardado más en condenar el ataque de Irán que en contestar esa carta de la familia irlandesa que recordaba que el presidente se quedó en su casa siendo estudiante. A Yolanda le sale paja, a Sánchez le sale la calculada tapadera enturbiada de ambigüedad y vanidad, y nada de esto tiene que ver con lo que pasa en el mundo sino dentro de sus cabezas con portezuela de casita de pájaro. La Tercera Guerra Mundial sería, con ellos, guerra de almohadas o baile de discoteca.

Yolanda Díaz quiere paz, que es algo que han dicho con bikini y tacones todas las mises del mundo pero nunca suena tan ridículo como cuando lo dice un gobernante, más o menos como cuando te hablan de precios justos. Si hay algo de lo que no se puede hablar en este mundo es de paz, pero tenemos gobernantes que no gobiernan en el mundo sino en sus cabezas de campanario. En realidad, la paz es el único lujo que no se puede permitir nadie en una guerra, menos todavía los pacíficos, que serían exterminados. Toda paz viene de una guerra previa que ganaron los pacíficos, que es lo que nos gustaría llamar civilización, o de una guerra previa que ganaron los violentos, que en ese caso es sólo sometimiento a la barbarie. La diferencia entre los pacíficos y los pacifistas es que estos últimos son incapaces de darse cuenta, ni siquiera en este mundo, de que a los bárbaros es difícil que los derrote otra cosa que la violencia. El pacifismo, como nuestro presidente y nuestra vicepresidenta, sólo sobreviven entre la bobería y el cinismo.

A Yolanda le salía la paz no como un eructito del corazón o del teclado sino como un automatismo dogmático, y a Sánchez le salía el eufemismo como un resorte defensivo, mecanismos casi físicos, como si procesaran las guerras igual que las garbanzadas. La izquierda de Yolanda, que nunca ha sido pacífica, procesa la guerra eligiendo su bando y pidiendo la paz al otro, y por eso la vicepresidenta mencionaba el “genocidio de Gaza” pero no a esos iraníes que financian a Hamás y asesinan a mujeres por quitarse el velo. La paz de Yolanda no es paz, sino apuesta por la rendición de un bando, porque intenta escapar de la fundamental distinción moral entre el pacífico, o sea el que no usaría la violencia de no ser atacado, y cuyo objetivo es vivir en paz, y el violento, el que usa la violencia para mantener el estado de violencia total, la hegemonía de su violencia. Y no sé si hay alguna violencia total y hegemónica que pueda superar la de los ayatolás y demás islamistas en su guerra santa, igual en el propio Irán, en lo que llaman Palestina y en el resto del mundo. Lo de Sánchez también es automático como lo de Yolanda, pero tiene que ver más con evitar elegir bando, que es lo que hace quien espera ganar siempre, gane quien gane. 

Yo no sé cuántos anuncios de Tercera Guerra Mundial llevamos ya, pero diría que los apocalipsis sucesivos nos han ido haciendo resabiados o escépticos. Yo creo que nadie se cree los misiles fálicos de Putin, que parecen embestidas flácidas de jubilado, ni tampoco que una guerra santa que viene desde Abraham nos vaya a dejar ahora miedos, augurios ni plagas nuevas. Ni siquiera planteamientos nuevos, que sobre esta larga guerra y esta casi imposible paz ya lo dijo todo Golda Meir: “La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Hablar de la paz y de la guerra en vano es algo que sólo pueden hacer los ilusos, los cobardes o los interesados, y es ahí por donde se moverían Yolanda y Sánchez, con su paz o su guerra colgables y descolgables como un adorno de Navidad.

Afortunadamente, ni la guerra ni la paz dependen de Yolanda Díaz ni de Pedro Sánchez. Si fuera por Yolanda, todo el mundo sería ya de los ayatolás o de Putin, a repartir, y no habría más guerras que las de almohadas en los harenes orientaloides y los palacios bulbosos. Si fuera por Pedro Sánchez, el mundo podría arder y él seguiría bailando bajo la bola de discoteca del búnker de la Moncloa. De momento, la paz la tendrán que seguir haciendo los pacíficos ganando las guerras, la civilización ganando a la barbarie, que si no el mundo que nos va a quedar sí va a merecer de verdad el meteorito o el petardazo.

 

Vuelve la moda de los presos políticos

Txapote, en la Audiencia Nacional.

EH Bildu, el partido comandado por la organización Sortu, heredera de Batasuna, lleva en su programa que los presos etarras en prisión lo están por "motivos políticos".

EH Bildu es, según la última encuesta del CIS, el partido que puede ganar las elecciones del próximo 21 de abril en el País Vasco. Por primera vez, ganará un partido que no es el PNV y, lo que no es menos importante, la hegemonía en el independentismo pasará a manos de una coalición cuyo máximo representante, Arnaldo Otegi (ex militante de ETA), aún no ha condenado el terrorismo.

Tras ver lo que dice el programa de EH Bildu (que hoy explica en estas páginas Mikel Segovia) se entiende mucho mejor la negativa a condenar la historia de 50 años de asesinatos, secuestros y extorsión de la banda. Otegi, me imagino, coincide en esto con Josu Ternera, que sitúa la actividad de ETA como la "lucha armada" legítima del pueblo vasco contra la represión del Estado español, en confesión impagable a Jordi Évole.

Otegi no sólo no condena el terrorismo, sino que su partido, que puede ganar las elecciones vascas, considera a los etarras "presos políticos"

Sorprende que ahora, tanto el PSE como el Gobierno, y también el PNV, se echen las manos a la cabeza y acusen a EH Bildu de ser "los de siempre", "lobos con piel de corderos". Porque han sido ellos, y fundamentalmente Pedro Sánchez, quienes le han dado a EH Bildu y a Otegi la pátina de demócratas que necesitaban para presentarse ante los vascos como un partido homologable a los demás pero, tal vez, un poco más radical en sus demandas, tanto sociales como soberanistas.

El PNV ha colaborado con EH Bildu en su política de acercamiento de los presos de ETA. Ahora sólo quedan siete presos etarras fuera del País Vasco, de un total de 169. El acercamiento es el primer paso para lograr otros beneficios penitenciarios, como los segundos o los terceros grados, de los que disfrutan ya la mayoría de ellos.

La historia se puede distorsionar, pero hasta cierto límite. Considerar preso político a García Gaztelu, alias Txapote, asesino, entre otros, de Miguel Ángel Blanco, no es sólo un insulto a la inteligencia, sino una bofetada a las victimas del terrorismo.

Este Gobierno, que ha puesto en marcha una ley de amnistía hecha a la medida de los condenados del procés, también ha hecho todo lo que ha estado en su mano para favorecer a los presos etarras. Una vergüenza que recae no sólo sobre el presidente, sino sobre su ministro del Interior, Grande Marlaska, que, en su día, instruyó algunos casos muy mediáticos sobre terrorismo cuando era juez en la Audiencia Nacional.

Como ayer le recordó el diputado Oskar Matute al presidente Sánchez, no se compadece bien la petición de apoyo en Madrid con las descalificaciones que ahora algunos de sus líderes (como el caso de Patxi López) hacen ahora de EH Bildu en el País Vasco por razones puramente electorales. Nadie lo entiende. O, mejor, se entiende muy bien a la luz de la falta de escrúpulos de Sánchez.

Si el Gobierno ya ha aceptado, por la vía de los hechos e incluso por el documento firmado en su día con Junts para asegurarse la investidura, que los líderes del procés son presos políticos, que no cometieron ningún delito y que la sentencia del Tribunal Supremo, como bien remarcó Carles Puigdemont en su entrevista en RAC-1 el pasado lunes, es papel mojado, ¿por qué no dar el siguiente paso y aceptar que los crímenes de ETA tuvieron también una motivación política?

Puede sonar a barbaridad, pero el hecho cierto es que Pedro Sánchez fue investido con los votos de un partido que no sólo no ha condenado a ETA, sino que considera a sus miembros (incluido Txapote) como "presos políticos".

 

Pedro Sánchez negocia con asesinos, para torturar a los pobres.

'El Príncipe' de Maquiavelo. 

Maquiavelo, 'El Príncipe' y Pedro Sánchez

Pedro Sánchez a menudo se enfrenta a dilemas éticos en su toma de decisiones, lo que plantea preguntas sobre la ética en la política, cuestión muy degradada y que constantemente crea desafección de la ciudadanía.

Nicolás Maquiavelo escribió su obra El Príncipe en el siglo XVI, con la intención de dedicársela a Lorenzo de Médici, quien en ese espacio de tiempo era el gobernante de Florencia y con el propósito de ofrecer consejos y guía a Lorenzo El Magnífico, quien gobernaba Florencia en aquella época. Una obra que bien puede servir a otros  gobernantes, especialmente a aquellos que ocupaban y ocupan posiciones de poder, como puede ser nuestro presidente Pedro Sánchez. 

La obra es un manual de gobierno y un tratado político en el que Maquiavelo discute cuestiones de poder, autoridad y cómo un príncipe debe comportarse para mantener y consolidarse. A menudo se le atribuye la famosa frase "el fin justifica los medios", una de las cuestiones que me ha animado a escribir este artículo, por la relación que actualmente existe entre Maquiavelo su obra El Príncipe y Pedro Sánchez en la política actual, reflejo de la idea de que un gobernante debe estar dispuesto a utilizar tácticas a menudo consideradas inmorales o crueles si eso es lo que se requiere para mantener su poder.

La relación entre Maquiavelo, El Príncipe y Pedro Sánchez puede analizarse desde diferentes perspectivas: desde la estrategia política y de poder, la ética, el liderazgo o las relaciones internacionales.

El Príncipe de Maquiavelo es un tratado sobre el poder político y la estrategia de gobierno. Pedro Sánchez, como candidato a conformar gobierno, se enfrenta a desafíos políticos y debe tomar decisiones estratégicas para mantener y consolidar su poder. Como presidente se ha enfrentado a desafíos constantes, como la gestión de coaliciones políticas, la toma de decisiones impopulares y la competencia con otros partidos dentro de su propio gobierno. 

Las estrategias políticas que emplea para mantener su posición y lograr sus objetivos pueden estar influenciadas por los principios maquiavélicos. En su obra, Maquiavelo aconseja a los gobernantes sobre cómo mantener el poder y tomar decisiones efectivas.

Nuestro presidente puede contar con asesores y estrategas políticos que se inspiran en las ideas de Maquiavelo para tomar estas decisiones; sus diferentes cambios de opinión y estrategia van enfocados a conseguir formar gobierno sin importarle contradecirse o ceder a los partidos independentistas el desmembramiento del gobierno central como institución, el país como nación o el derecho inquebrantable de que todos los españoles somos iguales, como asi recoge nuestra Constitución de 1978.

Lorenzo de Médici era conocido por su enfoque pragmático en la política, donde la moralidad a veces cedía ante la necesidad de mantener el poder. Pedro Sánchez a menudo se enfrenta a dilemas éticos en su toma de decisiones, lo que plantea preguntas sobre la ética en la política, cuestión muy degradada y que constantemente crea desafección de la ciudadanía.

Maquiavelo también es conocido por su enfoque en la realpolitik, que implica que, en ocasiones, los gobernantes deben priorizar el mantenimiento del poder sobre consideraciones éticas.

Maquiavelo destaca la importancia de las habilidades de liderazgo, como la astucia y la adaptabilidad en su obra; Pedro Sánchez, exhibe constantemente su capacidad camaleónica de adaptación a las circunstancias, esta habilidad para navegar por el complicado mundo de la política española es más que conocida, como también sus dotes de diálogo y negociación.

Es posible que los asesores de Pedro Sánchez, como estrategas políticos y asesores de comunicación, estén familiarizados con las ideas de Maquiavelo y las apliquen en su asesoramiento al presidente. Esto puede manifestarse en la forma en que diseñan estrategias de comunicación, gestionan crisis políticas y evalúan las consecuencias de las decisiones a tomar.

El Príncipe también aborda cuestiones de política exterior y relaciones internacionales. Pedro Sánchez, como candidato a formar gobierno y presidente del mismo, se involucra en diplomacia y toma decisiones que afectan las relaciones de España con otros países, algunas para utilizarlas en política mediática en benéfico de sus objetivos, como estamos contemplando en las negociaciones con diferentes guiños a Puigdemont, prófugo huido de nuestro país.

Maquiavelo enfatiza la importancia de las habilidades de liderazgo, como la astucia, la capacidad de adaptación y la habilidad para navegar en un entorno político complejo. Pedro Sánchez ha demostrado que esta habilidad para mantenerse en el poder y liderar eficazmente es innata en él. La capacidad de construir coaliciones, negociar con otros líderes políticos y tomar decisiones estratégicas son competencias clave en la política actual, y él es un claro ejemplo del surgimiento de las nuevas formas de política de poder que se están implantando desde el interés de liderazgo en detrimento del interés general.

La utilización de El Príncipe de Maquiavelo en beneficio del liderazgo de Pedro Sánchez es un tema que puede ser objeto de debate y discusión, probablemente ha extraído lecciones de esta obra maestra en términos de estrategia política en el mantenimiento del poder, pero del todo improbable el reconocimiento de nuestro presidente de esta circunstancia, que puede influir en la orientación y en la toma de decisiones políticas. 

Sin embargo, es importante recordar que la obra de Maquiavelo es controvertida y que su aplicación en la política moderna debe ser considerada con precaución, especialmente en lo que respecta a la ética y los valores, algo tan esencial en la actualidad e inexistente en la época que Maquiavelo creó su obra. La política actual se rige por una serie de factores complejos y cambiantes, la influencia de cualquier obra histórica varía dependiendo del contexto y del enfoque específico de un líder. 

En estos días estamos viviendo el incansable uso de la política mediática para justificar y contradecir mensajes lanzados en contextos diferentes al actual. Pedro Sánchez necesita de aquellos de los que antes renegaba y veía como delincuentes y prófugos de la justicia;  hoy todo ello cambiado por compañeros/as de viaje en una legislatura, que si termina por consolidarse,  será de todo menos tranquila.

Maquiavelo y Pedro Sánchez

 

La ética política en los tiempos de la amnistía

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este martes en la Moncloa. Alejandro Martínez Vélez. Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este martes en la Moncloa. Alejandro Martínez Vélez.

"Nunca abras la puerta a un mal menor", dijo Baltasar Gracián, "porque otros males mayores invariablemente se infiltran tras él". "El hombre está condenado a ser libre", sentenció Jean-Paul Sartre, "somos los absolutos responsables de nuestros actos". Efectivamente, somos responsables moralmente. El psiquiatra Viktor Frankl constató que incluso en los campos de concentración y en las circunstancias más terribles y hostiles podemos optar por la libertad de elección moral.

Sin embargo, las elecciones morales ocurren habitualmente en un marco de necesidad y tensión entre múltiples factores y condicionantes. Ello es aún más evidente en el caso de las decisiones políticas, sujetas a la exigencia imperiosa de interacciones para lograr, mantener y expandir el poder, en teoría, para la búsqueda del bien común.

La política ha estado marcada desde siempre por su relación con la ética. En la España de hoy, ríos de tinta han corrido para analizar la posible amnistía a los líderes del procés desde el punto de vista jurídico y constitucional. Vayamos aquí, de forma sucinta, a una reflexión desde una perspectiva de ética política, según las distintas corrientes filosóficas: éticas deontológicas, utilitaristas y de mal menor y, por último, de valores del Estado de derecho.

Aunque Maquiavelo, a quien Shakespeare denominó "el sanguinario Maquiavelo", y Diderot, "apologista de la tiranía", no escribió expresamente que "el fin justifica los medios", la frase, que Napoleón anotó como resumen al final de un ejemplar de El Príncipe, cita: "Triunfad siempre, no importa cómo, y siempre tendréis razón". El extracto literal de la obra de Maquiavelo dice así: "Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse".

Las ideas de Maquiavelo fueron más tarde expandidas y practicadas por el cardenal Richelieu en su Razón de Estado durante la Guerra de los Treinta Años. Junto a Tucídides y el teórico militar chino Sun Tzu, los tres son citados como precursores de la realpolitik al postular que los mandatos éticos y religiosos de sus respectivas culturas eran inútiles para explicar o asegurar el éxito político. Comparten así aspectos de su enfoque filosófico con los actuales del utilitarismo, realismo, pragmatismo y oportunismo.

Ese concepto renacentista de razón de Estado se emplea también en Ciencia Política como una justificación que eximiría de respetar los límites de la ética: se estima lícito un mal menor si con ello se evita un mal mayor; desde Enrique IV para acceder y consolidarse en el trono francés con "París bien vale una misa", al siglo XX con la Doctrina Brézhnev en la Unión Soviética, o el dilema de la bomba atómica de Harry S. Truman,todosoptaronporjustificaciones derazón de Estadoodemalmenor.

Truman justificó la utilización de las bombas atómicas sobre Japón en un cálculo de vidas, según el cual salvaron más vidas de las que costaron, aunque tales cálculos y motivaciones están totalmente en entredicho. Así Martin J. Sherwin, autor de American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J Robert Oppenheimer, libro en el que se basa la reciente y exitosa película Oppenheimer, de Christopher Nolan, afirmó: "No, Japón se hubiese rendido de todos modos. Al tirar la bomba atómica, EEUU lanzó al mundo el mensaje de que las armas nucleares eran legítimas en una guerra".

Estas teorías utilitaristas y su justificación ética en política con el Mal menor cristalizaron previamente en Jeremy Bentham y Stuart Mill en los siglos XVIII y XIX y podrían resumirse en "el mayor bien para el mayor número de personas" y en su génesis hay un ideal de bienestar social.

El utilitarismo es una versión del consecuencialismo por el que la bondad o maldad de un acto dependerá de los resultados de nuestra elección. Difieren por tanto de la ética clásica que defiende el valor ético de la acción, de la dignidad del ser humano, independientemente de las consecuencias, y en que las acciones moralmente correctas buscan "hacer el bien y evitar el mal". Y cometer el mal, aunque sea un mal menor, sería contrario a la moral.

La posición utilitarista en política se ha impuesto hoy día y no debiera ser habitual en las democracias liberales sujetas a un Estado de derecho, ya que llega a justificar la quiebra ética que retuerce la ley en aras de los supuestos resultados o conveniencias. Lógicamente el contexto y los fines condicionan las elecciones reales, pero cabe argumentar la escasa o nula certeza que podemos tener respecto de las consecuencias de los actos no éticos en sí mismos. Otras dificultades de las teorías del mal menor estriban en el sesgo de conveniencia, que aplicamos al resultar beneficiarios de un gobierno o de una acción, y en la ausencia de legitimidad (moral, legal y jurídica o política).

Una buena refutación de estas teorías del mal menor llevadas al extremo podemos encontrarla en Responsabilidad personal bajo una dictadura, de Hannah Arendt: "Políticamente hablando, quienes escogen el mal menor olvidan con gran rapidez que están escogiendo el mal. [...] El exterminio de los judíos fue precedido de una serie muy gradual de medidas antijudías, cada una de las cuales fue aceptada". También en el caso Eichmann, artífice de la Solución final para exterminar a seis millones de judíos, quien sin duda debería ser premiado como el mejor funcionario de la historia por su eficiencia y resultados en la aplicación del mandato y leyes del Tercer Reich.

Su profesionalidad, ahorro de costes y atenimiento a las leyes del momento no tienen parangón. Pero obviamente, un funcionario, además de aplicar la Ley, debe también velar porque se haga con integridad, ética y respetando los valores que sustentan el Estado de derecho.

Para quien opine que estos postulados antiutilitaristas son maximalistas o pecan de candidez o rigorismo moral, Max Weber aterrizó la relación entre ética y política profundizando en la validez de los medios para alcanzar los fines. Weber trazó su famosa distinción entre la "ética de la convicción" y la "ética de la responsabilidad". Weber lo resuelve con una condena de la realpolitik: "La política en un cierto sentido es el arte de lo posible, pero no ha sido esa ‘ética del éxito y resultados’ la que ha conformado la cultura pública que apreciamos".

Saltando en el tiempo y el espacio, Gregorio Marañón, en sus Ensayos liberales, escribía: "Ser liberal significa estas dos cosas: estar dispuesto a entenderse con quien piensa de otro modo; y no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin".

El histórico socialista Nicolás Redondo parecía haberse inspirado en Marañón, pero también en Huxley poco antes de su expulsión del PSOE, cuando defendió en varias entrevistas que en política los medios son los fines. Huxley concluyó que los fines no pueden justificar los medios porque los medios usados determinan la naturaleza del fin que es alcanzado: "En rigor, son en verdad más importantes todavía, puesto que determinan inevitablemente la índole de los resultados que se logran".

Frente a todo lo anterior: maquiavelismo, razón de estado, utilitarismo, mal menor, oportunismo o tacticismo (de Tácito, o cálculo entre la conveniencia de la estrategia y la moral), la ética se impone en la concepción del Estado de derecho que nace de la filosofía kantiana.

En Kant desembocan el contrato social y las teorías jurídicas de Rousseau, Locke y Thomas Hobbes para justificar la fundamentación del orden jurídico, como un orden de convivencia en el que se entrelazan la ley, la moral y la libertad.

En el Estado de derecho, la relación Estado-política adquiere una connotación "moral" con el pensamiento de Kant. El componente moderno esencial del Estado de derecho es la política sometida y limitada por el derecho, que da como consecuencia la protección de los derechos individuales y la actuación del gobierno limitada por los derechos ciudadanos a través del pacto y contrato social originario que es la Constitución Política.

En el dilema ético político que enfrenta la amnistía, el Estado de derecho se impone como la filosofía política por la que todos los ciudadanos e instituciones dentro de un país, Estado o comunidad son responsables ante las mismas leyes divulgadas públicamente, incluidos los legisladores y los líderes. En España, como en Francia, Alemania y Estados Unidos, el concepto de Estado de derecho es análogo al principio de la supremacía de una Constitución que puede reformarse siempre y cuando se haga con las mayorías cualificadas establecidas.

Dado que una amnistía era repudiada hasta ahora por el propio PSOE por inconstitucional (se rechazó en el 78 en las enmiendas y atentaría contra los principios de igualdad ante la Ley, separación de poderes y globalmente contra el Título preliminar de la Constitución), la aprobación de una posible ley, con cualquier nombre de "concordia" o "alivio penal" que se utilice, respondería obviamente a supuestos cálculos de conveniencia y justificación de medios para un fin o de mal menor.

El mal menor sería aquí un daño al Estado de derecho necesario para obtener el bien de la continuación de un "Gobierno progresista". La trampa ética que encierra este dilema es que la disyuntiva es falsa: existen otras opciones como la repetición electoral para no gobernar por siete votos contra medio Parlamento, o bien el consenso entre partidos mayoritarios, cuyo enfrentamiento y exclusión parece expresamente alentado para evitar posibilidad de alternancia a la oposición.

Por otra parte, atendiendo a las consecuencias de esta posición utilitarista, los resultados son impredecibles, ya que la supuesta "pacificación de Cataluña", lejos de producirse, podría dar alas de nuevo a las formaciones que delinquieron y sus partidarios, que verían borrado el reproche penal por imponer un régimen antidemocrático sin mayorías cualificadas. El mal menor es, por tanto, una flagrante conculcación del Estado de derecho, nuestro sistema de convivencia, por lo que el principio de proporcionalidad del daño tampoco se cumpliría.

Hoy día, España ocupa la posición 23 en el índice de Estado de derecho creado por World Justice Project por debajo de la mayoría de países europeos, Canadá y Japón, penalizada por los indicadores de "Restricciones a los poderes del Gobierno" y "Justicia civil y penal".

El primero es el pilar clave del Estado de derecho, y se configura como el conjunto de contrapoderes democráticos y sometimiento a la rendición de cuentas. El imperio de la ley no permite excepciones ni un trato preferente a independentistas para alcanzar el gobierno. Estos fueron condenados en una sentencia ejemplar, tras un juicio con máximas garantías de transparencia y procesales, abierta al mundo en streaming y motivada con un altísimo rigor y cualificación jurídica, demostrando la fortaleza de nuestro Estado de derecho.

Por desgracia, en España la actuación del Gobierno cada vez cuenta con menor número de contrapoderes e instituciones independientes, siendo extremamente preocupante la situación de la Fiscalía, del Tribunal Constitucional y la politización de muchas instituciones, entre las que el CIS es un penoso ejemplo.

Cabe recordar que el artículo 67 de la CE ampara la libertad de voto de los diputados y diputadas que deben velar por el art. 1 de la Constitución: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político". No secunden a Maquiavelo. La política sin ética sólo es un sistema para perpetuarse en el poder.

Otegi en campaña: "los presos de ETA están en la cárcel por "motivos políticos"

 

El candidato de EH Bildu a Lehendakari, Pello Otxandiano, y el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, durante un acto de EH Bildu.

El capítulo se titula “Resolución del conflicto”. Es uno de los nueve que conforman su programa electoral, la propuesta con la que EH Bildu concurre el 21-A. La coalición abertzale lo dedica casi en exclusiva a los presos de ETA, al franquismo y a las víctimas “de motivación política”, fundamentalmente las que padecieron torturas y abusos policiales. De las víctimas del terrorismo etarra, ni una palabra. En su diagnóstico sobre la situación actual y la “resolución del conflicto” reconoce que se ha avanzado pero que la “observancia y garantía” de la reparación de “todas las víctimas por igual” sigue pendiente. A lo largo de todo su análisis se refiere a los presos de ETA como “presos políticos” y asegura que se trata de personas que están encarceladas “por motivaciones políticas”.

La coalición que lidera Arnaldo Otegi se felicita de que la dispersión que se venía aplicando a los presos de la banda terrorista haya finalizado. Sin embargo, insiste en que se les continúa aplicando una legislación “de excepción” con la Audiencia Nacional como garante y filtró “restrictivo” que complica su acceso a la libertad. En su programa defienden la necesidad de “impulsar un escenario” en el que no se vulnere “ninguno de los derechos humanos y libertades fundamentales” de los internos.

Subraya que a pesar de que los “presos políticos están haciendo un recorrido, dentro de la legalidad, para culminar el proceso de su vuelta a casa” se les sigue aplicando una legislación “excepcional”. Bildu llama a “terminar” y a adaptar la legislación penitenciaria actual a “las nuevas realidades políticas”. Entre sus propuestas, se compromete a encauzar “el consenso de la mayoría socio-política vasca para que las Cortes españolas den los pasos legales oportunos” para favorecer este cambio.

Considera que la transferencia de la gestión de prisiones a Euskadi facilita impulsar con mayor intensidad una política carcelaria que “conlleve la aplicación temprana de medidas de régimen abierto, progresión al tercer grado y libertad condicional”. Ha sido precisamente esta progresión de grado a régimen de semilibertad uno de los aspectos en los que el colectivo de presos de ETA ha chocado con la Audiencia Nacional, que ha revocado decenas de concesiones de terceros grados a presos de la banda. Ahora, Bildu quiere que el sistema penitenciario fomente el régimen abierto para que las progresiones de grado se produzcan de la manera “más eficaz y rápida posible”. A ello suma un plan estratégico con medidas alternativas “que no priven de libertad” a través de programas que se completarían con “medidas de seguridad y penas que privan de derechos”.

Facilitar vivienda y empleo

Otra de las propuestas en su programa pasa por dar “una solución definitiva” a la situación de los miembros de ETA que fueron “deportados” o fueron “obligadas a exiliarse”, plantea.

A todo ello, en su programa incluye la ejecución de un plan de ayudas o medidas de protección social dirigida a los presos, en particular a aquellos con condenas más largas, como es el caso de los presos de ETA. Se trata de un programa en el que la coalición propone acciones que aseguren y faciliten su reinserción social y familiar. Para ello propone medidas que les ayuden a la “adquisición de una vivienda” y facilitarles la “reinserción laboral”. Entre las medidas para favorecer la resocialización también incluye el impulso del aprendizaje del euskera en las cárceles. Propone “un plan ambicioso” en las cárceles para su aprendizaje al considerarlo una herramienta relevante para la resocialización.

En su capítulo de “Resolución del conflicto” figuran propuestas dirigidas a que las instituciones españolas “asuman sus responsabilidades en las vulneraciones de derechos humanos perpetradas por el Estado”. Además, plantea el compromiso de adoptar medidas para que “las Fuerzas de Seguridad españolas se replieguen” y abandonen el País Vasco. La ‘hoja de ruta’ que dibuja pasa por aplicar una reducción progresiva de sus competencias y efectivos en Eusakdi hasta alcanzar “el repliegue definitivo”. Propone que competencias como medio ambiente, rescate marítimo o el control de carreteras, “que aún realizan sin ningún amparo legal”, para ser asumidas por la Administración vasca.

En este ámbito, en su programa electoral también hace referencia a la necesidad de una “desmilitarización” de la Ertzaintza y las fuerzas policiales en Euskadi. Defiende la disminución en el uso de las armas de fuego. Plantea la elaboración de un catálogo de actuaciones que se prestarían sin armas y revisar y limitar el uso de las ‘armas no letales’, como los lanzadores de foam o los ‘táser’. Propone también la reubicación de la Brigada Móvil de la Ertzaintza a unidades de Seguridad Ciudadana en las comisarías de las tres capitales vascas.

La 'batalla del relato'

EH Bildu también se compromete a reformar la ley aprobada en 2016 en la Cámara vasca y que reconoce y repara a las víctimas de vulneración de derechos humanos “en el contexto de la violencia de motivación política” entre 1978 y 1999. La coalición de la izquierda abertzale quiere que los casos de abusos policiales y torturas sean reconocidos no sólo hasta 1999 sino “hasta el presente”. Defiende que debe mejorarse los procesos de reconocimiento de estas víctimas, revisar las indemnizaciones que cree insuficientes e incrementar los recursos de la Comisión de Valoración del Gobierno vasco que debe evaluar los casos denunciados.

En su diagnóstico al respecto señala que pese a los avances aún existen resistencias y silencios por parte del Estado en lo referente a los abusos perpetrados, “hubo torturados y ejecutados, no hay torturadores ni ejecutores”, asegura Bildu: “Si bien podemos considerar que el debate público en torno a lo que se ha venido en llamar la ‘batalla del relato’ está desescalando, todavía hay un interés por generar tensión y nuevos agravios”, afirma la coalición abertzale en su programa.

Otro de los capítulos está dedicado al llamado ‘Nuevo estatus político’ vasco que debe actualizar el marco de relación con el Estado ahora fijado por el Estatuto de Gernika. Bildu asegura que en los próximo meses y años la ‘cuestión territorial’ tendrá “un protagonismo especial” y será imprescindible debatir sobre “los problemas nacionales que existen en este Estado”. Ve en el actual contexto una “oportunidad histórica para dar pasos en el reconocimiento nacional de Euskal Herria”: “No podemos dejar pasar esta oportunidad. Es el momento de actuar con ambición”.

Bildu recupera una de las medidas que ya planteó el PNV en su ‘hoja de ruta’ por un nuevo estatus; la ‘consulta habilitante’. La coalición de izquierda solicitará la reactivación en un plazo de tres meses de la ponencia parlamentaria de autogobierno constituida en 2014 para alcanzar en ella un acuerdo suficiente que pueda ser ratificado por el pueblo vasco a través de una consulta. La votación debería llevarse a cabo “antes de iniciar cualquier negociación con el Estado” y que permitiría actuar “no como partido sino como pueblo”. El modelo de nuevo encaje territorial se basaría en situar a Euskadi en una relación de bilateralidad confederal con España que anularía cualquier “subordinación” al Tribunal Constitucional, el Congreso de los Diputados y a “los tribunales españoles”.

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

La amnistía que condujo a la Guerra Civil

Se ha incidido poco en la importancia y consecuencias que tuvieron las tres amnistías concedidas en los años treinta.
 

La Restauración (1874-1931) y la Segunda República (1931-1936) fueron regímenes donde abundaron las amnistías y los indultos, para conspiradores, terroristas, delincuentes políticos y delincuentes sociales, a pesar de los daños y el dolor que hubieran causado.

Por ejemplo, en 1911 una horda movida por la CNT tomó el pueblo valenciano de Cullera y linchó al juez de Sueca y a dos funcionarios de su juzgado que trataron de sofocar el motín. Los criminales fueron detenidos y condenados por la jurisdicción militar, pero una campaña de las izquierdas dentro y fuera de España llevó al Gobierno liberal de José Canalejas a indultarles, con la excepción del cabecilla, que había matado al juez a hachazos. A éste lo indultó personalmente el rey Alfonso XIII. Y a las viudas y huérfanos, una plaquita y para casa.

Por eso, se hablaba de la “peste de los indultos”. Porque dejaba impunes las muertes de ciudadanos o de humildes funcionarios y, a la vez, animaba a los delincuentes a repetir sus actos, sobre todo cuando las acciones políticas pasaron, de ser cuartelazos y manifiestos, a atentados, descarrilamientos de trenes y bombas contra procesiones.

Una de las escasísimas lecciones de nuestra historia contemporánea que incorporó la Constitución de 1978 fue la prohibición de las amnistías y los indultos generales, quizás porque ya no eran necesarias merced a la invención del Tribunal Constitucional, cuyos miembros son nombrados todos por instancias políticas. Fuera por el disimulo o fuera por el escarmiento, los constituyentes dejaron claro su repudio a unas instituciones jurídicas que convertían a los políticos y los terroristas en grupos privilegiados por encima del Código Penal, se burlaban de los tribunales de verdad y desmoralizaban a la sociedad.

Ahora que el principal partido de España, el PSOE, está dispuesto a conceder una ley de amnistía a los sediciosos catalanistas a cambio de recibir sus votos en el Congreso para hacer presidente a su secretario general, conviene recordar las consecuencias que tuvieron otras amnistías en el siglo XX. La más destacada de aquellas fue la de no disuadir a los beneficiarios de no volver a cometer los actos que el régimen les había perdonado hasta el extremo de borrarlos.

EL GOBIERNO PERDONA A QUIENES ATACAN AL PUEBLO

El PSOE y la UGT convocaron en agosto de 1917 una huelga revolucionaria que pretendía derrocar la Monarquía parlamentaria y contaba con el respaldo de varios partidos políticos, en concreto de los republicanos y los catalanistas ‘moderados’ de Francesc Cambó, más la CNT anarquista. En la huelga murieron más de 70 personas. Los miembros del comité de huelga, los socialistas Julián Besteiro, Daniel Anguiano, Andrés Saborit y Francisco Largo Caballero, fueron condenados a cadena perpetua.

El PSOE, dirigido por Pablo Iglesias, se sentía tan orgulloso de lo hecho que incluyó a los condenados en las listas para las elecciones de febrero de 1918 y salieron elegidos diputados. Las Cortes aprobaron en mayo una amnistía que les permitió sentarse en sus escaños.

Para los implicados en esa acción violenta contra un régimen democrático, todo fueron beneficios. El socialista Largo Caballero fue nombrado por real orden de 1924 miembro del Consejo de Estado; el republicano Alejandro Lerroux alcanzó la presidencia del Gobierno en 1933; y el catalanista Cambó obtuvo un puesto en el consejo de ministros en marzo de 1918.

TRES AMNISTÍAS EN CINCO AÑOS

Uno de los primeros actos del Gobierno Provisional de la Segunda República, en abril de 1931, consistió en promulgar un decreto que concedía una amnistía a los condenados o procesados por “delitos políticos, sociales y de imprenta”, ya que se les atribuía como causa un “elemento de elevada idealidad”. Entre los liberados, aparte de miles de ladrones, estafadores, violadores y homicidas, estuvieron los dos terroristas anarquistas que habían asesinado en 1921 al conservador Eduardo Dato, presidente del Gobierno.

Las Cortes de mayoría derechista aprobaron la Ley de 24 de abril de 1934 que amnistiaba a los implicados en el pronunciamiento del general Sanjurjo, en agosto de 1932, a los funcionarios que había excluido el decreto del Gobierno Provisional y a sindicalistas implicados en huelgas y paros laborales. Durante los debates, algunos diputados de las derechas recordaron la amnistía de 1918 concedida a los huelguistas de 1917.

Así, pudo regresar a España José Calvo Sotelo, al que se le había condenado a doce años de cárcel por haber aceptado el nombramiento de ministro en el Gobierno del general Primo de Rivera. Sanjurjo salió de la cárcel, pero no pudo reincorporarse el Ejército, por lo que se estableció en Portugal y allí se dedicó a conspirar. Si esto último lo habían hecho Niceto Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto, Alejandro Lerroux y Miguel Maura, ¿por qué no podía hacerlo él?

La represión de la revolución de octubre de 1934 llenó las cárceles de implicados, ya que el PSOE, la UGT y ERC (todas ellas organizaciones existentes hoy) habían planeado el golpe de Estado como una guerra civil, para la que habían elaborado hasta listas negras de personas a las que detener y asesinar. Fue el caso del diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui, tiroteado en la casa del pueblo de Mondragón.

La de 1934 se trató de la sublevación marxista mejor preparada en Europa desde el golpe de estado bolchevique de 1917, pero que no tuvo un castigo ni cercano al de la Comuna de París de 1871 ni el levantamiento espartaquista (comunista) alemán de 1919.

La coalición del Frente Popular, formada por republicanos burgueses y los partidos de izquierdas marxistas (PSOE, PCE, POUM y el Partido Sindicalista) planteó como primer punto de su programa una nueva amnistía, la tercera en menos de cinco años de régimen republicano.

“Como suplemento indispensable de la paz pública, los partidos coaligados se comprometen: 1) A conceder por ley una amplia amnistía de los delitos político-sociales cometidos posteriormente a noviembre de 1933, aunque no hubieran sido considerados como tales por los Tribunales.”

La misma noche del 16 de febrero las izquierdas comenzaron los disturbios y las algaradas. Su prensa y sus dirigentes se atribuyeron la victoria mientras el recuento no había terminado. La violencia fue de tal intensidad que el 19 de febrero el centrista (republicano y masón) Manuel Portela Valladares, al que Alcalá Zamora había nombrado presidente sin ser siquiera diputado, se negó a decretar el estado de guerra para tratar de detener los disturbios y dimitió. Muchos de los gobernadores civiles nombrados por él, huyeron. En algunas ciudades, la chusma socialista (totalmente organizada) forzó la apertura de las cárceles.

SUBVERSIÓN MEDIANTE DECRETOS

El intrigante Alcalá Zamora, que había disuelto las Cortes para no tener que nombrar a José María Gil Robles presidente del Gobierno, tuvo que llamar, de manera ilegal, a Manuel Azaña. Éste formó un Gobierno con ministros burgueses y chantajeó a las derechas para que en la Diputación Permanente aprobasen una rápida amnistía a fin de calmar a las masas. Un ejemplo claro del juego del policía bueno y el policía malo.

Se convocó a toda prisa una sesión especial de la Diputación Permanente mediante telegrama para el 21 de febrero y por unanimidad de los diputados presentes aprobaron, también de manera ilegal, la amnistía general para todos los acusados o encarcelados por “delitos políticos y sociales” desde las elecciones de noviembre de 1933, incluidos los acusados de asesinatos políticos. Se liberaron unos 15.000 presos, muchos de ellos pistoleros encallecidos.

A continuación, el Gobierno disolvió la mitad de los municipios españoles y nombró comisiones gestoras. Los republicanos burgueses de izquierdas pasaron a desempeñar los gobiernos civiles, mientras que los socialistas y los comunistas se hicieron con los ayuntamientos.

La violencia no se detuvo, porque ese era el plan del Frente Popular. Así lo describió Alcalá Zamora en sus memorias:

“La prensa de izquierda muestra con insensato rencor que la amnistía no la concibe como tregua y sí como una fase más de la guerra civil. A la hora misma en que obtiene la impunidad para los suyos, y procurara extenderla a los crímenes comunes con el pretexto de ser conexos, pretende que se castigue severamente a Gil-Robles y a Salazar Alonso.”

Además, sigue contando Alcalá Zamora, el Frente Popular procedió a la depuración de policías y otros funcionarios.

En la revolución de octubre desencadenada por las izquierdas, murieron, según la Dirección General de Seguridad, 1.335 personas y fueron heridas 2.951. Las investigaciones posteriores han elevado un poco esos números. La amnistía dejó impunes esos delitos.

Y el Frente Popular añadió la humillación a las víctimas, pues un decreto del 28 de febrero ordenó la reincorporación a sus puestos de todos los obreros despedidos por su implicación en la huelga revolucionaria o su dedicación a la subversión, así como el abono de una indemnización. En consecuencia, las empresas donde los pistoleros afiliados a la UGT habían matado a propietarios o a directivos tuvieron que convivir con esos asesinos engreídos. Azaña, escribió Alcalá Zamora, sabía que semejante decreto era ilegal, pero se justificó ante él con que era imprescindible para mantener el orden público.

El 1 de marzo, un nuevo decreto del Gobierno de Azaña canceló las consecuencias del golpe sedicioso de la Esquerra en Cataluña: repuso en sus funciones al Parlamento regional suspendido y a Lluís Companys, condenado por el Tribunal Supremo a treinta años de cárcel, en su puesto de presidente de la Generalidad.

LOS ASESINOS DE CALVO SOTELO

La amnistía del Frente Popular también benefició a los militares que se habían unido al golpe de estado de las izquierdas. Uno de ellos fue el oficial de la Guardia Civil Fernando Condés Romero. En octubre de 1934, él y otros compañeros y militares intentaron apoderarse del Parque de Automóviles de la Guardia Civil, en Madrid, pero fueron rechazados. Se le juzgó y se le expulsó de la Guardia Civil. La amnistía le devolvió el uniforme y el servicio.

La noche del 12 al 13 de julio de 1936, Condés encabezó el comando terrorista formado por pistoleros y guardias de Asalto que detuvieron al diputado José Calvo Sotelo en su domicilio. Condés, tirando de grado y de placa, se impuso a la escolta oficial de Calvo Sotelo y convenció a éste con su “palabra de Guardia Civil” de que le iban a llevar a la Dirección General de Seguridad.

Una vez acomodados en la camioneta, se sentó detrás del diputado el socialista Luis Cuenca Estevas. Éste era un militante socialista de gatillo fácil al que su partido había desplazado a la provincia de Cuenca como ‘delegado’ del Ministerio de Gobernación para romper las urnas en las elecciones del 3 de mayo en la provincia de Cuenca. Sacó su pistola y le disparó por la espalda a Calvo Sotelo en la nuca. Cuatro días más tarde, comenzó la guerra civil.

De esta manera, encontramos a amnistiados por el Frente Popular y, antes, por la Monarquía parlamentaria en el origen de la guerra civil. Esa amnistía, en el reino de la ‘memoria histórica’, poco se ha recordado.

Y un punto en común entre los amnistiados de entonces y los que se preparan para recibirla es la falta de arrepentimiento de los delincuentes. Los separatistas que pretendieron destruir la Nación y la Constitución en 2017 han convertido en lema su grito de satisfacción “ho tornarem a fer”. De nosotros depende que la historia no se repita.