miércoles, 10 de octubre de 2018

Ciudadanos sabía con todo lujo de detalles que altos cargos de la Junta de Andalucía gastaban dinero de la UE para la formación de parados en puticlub y seguían apoyando al PSOE en la JA



En principio, la JA tenía previsto fijar las elecciones para el 16 de Diciembre, pero un chivatazo de la hoy fiscal general del Estado, María José Segarra, nombrada contra criterio por la Ministra de Justicia, antes fiscal jefe de Sevilla. No había fiscales en España como para nombrar a la fiscal de los EREs remodelados. Entre otras muchas cosas y personalmente –vis a vis7-le dijo el Miércoles pasado: “Adelanta las elecciones que va a saltar el Caso Jeremie y “”nosotros lo podemos aplazar hasta después de las elecciones”” Como bien sabes, “Lola la Ministra” ya no es quien era  y su influencia sería hasta negativa. No la pueden ver ni sus propios compañeros. En definitiva, las elecciones son el dos de Diciembre y del caso Jeremie no sabremos nada hasta el nombramiento del próximo presidente de la Junta de Andalucía.


La práctica totalidad de los españoles honrados y gente de bien se exaltaron cuando aquel fatídico día, Cs presta su apoyo al PSOE andaluz cuya corrupción era de sobra conocida. Caso ERE, Caso Avales I y II, Caso UGT Andalucía, Caso Jeremie, Caso Santana, Caso Transferencias de Financiación, Caso Faffe…. Pero la realidad era bien distinta y que este blog ya publicó en su día. La deuda de Cs era insostenible, hasta se planteó quedar como era, un partido regionalista catalán. De modo que Albert Rivera le propuso a Susana Díaz, si me pagáis la deuda tienes mi apoyo incondicional.
  

Cuando el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, dijo: España necesita un Podemos de derechas se refería a Cs no a VOX. A pesar de ser una conclusión que demuestra que ser un experto en economía no está reñido con no serlo en política, la expresión hizo fortuna y fue utilizada por los dirigentes de Podemos para difundir el mensaje de que su irrupción aterrorizaba a unas élites económicas que, según la grotesca caricatura habitual del populismo, manejan el país desde sus despachos usando a los partidos como marionetas y poniendo presidentes a su antojo.
  

Pero como las frivolidades las carga el diablo, la fulgurante transformación de Ciudadanos en una fuerza política de ámbito nacional con éxito creciente en las elecciones sirvió para que el partido naranja, creado en realidad en el 2005, fuera inmediatamente identificado como ese Podemos de derechas. Según ese pedestre análisis, Albert Rivera es un populista equiparable a Pablo Iglesias, puesto ahí por el Ibex 35 para defender sus intereses ante la debilidad de un PP que -esto sí es cierto-, asumía un discurso casi socialdemócrata.

El despropósito que supone equiparar a una fuerza como Podemos, nutrida de comunistas recalcitrantes, grupos antisistema y paniaguados del chavismo bolivariano, que pretendían y pretenden acabar con la Constitución y con lo que ellos llaman despectivamente «el régimen del 78», con un partido como Ciudadanos, cuyo discurso se basa precisamente en defender el orden constitucional y combatir a los nacionalismos que quieren demolerlo, solo sirve para normalizar a Podemos como un actor político más, y no como una fuerza populista radical que aspira a acabar con el marco de convivencia democrática surgido de la Transición.

De entrada, Ciudadanos tardó poco en demostrar que no era una creación de la derecha porque, aunque algunos, incluido el propio Rivera, pretendan que se olvide, si la socialista Susana Díaz que ayer adelantó los comicios ha gobernado Andalucía es gracias a Ciudadanos. El mismo partido que pactó con el PSOE y votó a favor de la investidura como presidente de un tal Pedro Sánchez. Pero una cosa es que Rivera sea un veleta, que lo es, y otra que sea un populista. Banalizar el populismo es un grave error, porque se trata de un peligroso fenómeno global cuyo nexo común es aprovechar la crisis económica para hacerse con el poder mediante un discurso radical y falaz.

El Podemos de derechas español no es por tanto Ciudadanos, sino ese partido llamado Vox que el domingo abarrotaba el Palacio de Vistalegre en Madrid llamando demagógicamente a acabar con el Estado autonómico. Y los compadres de Pablo Iglesias no son gente como Rivera, sino tipos como Donald Trump, el brasileño Bolsonaro, la francesa Marine Le Pen, el italiano Beppe Grillo o los líderes de la boyante ultraderecha de la Europa del Norte. Charlatanes de feria como Santiago Abascal que, lejos de representar una solución a los problemas de los ciudadanos, solo consiguen agravarlos.



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