Alemania es un país pobre en
recursos naturales. El capital humano del que se abastece su enorme tejido industrial,
en el mejor de los casos son cabezas cuadradas o borrachos “enmonados”, solo
esperan que llegue el fin de semana, para bebiendo hasta la saciedad, olvidar
su enmascarado fracaso laboral.
Algo parecido ocurre con el laborioso/ensimismado
trabajador –obrero de la peseta- catalán, bien charnego o bien payés que por
propio interés y sin iniciativa propia se está aliando con los países de centro
Europa, solo con el único y firme propósito con fracaso asegurado de cambiar “la
pela es el euro”.
Del cruce sexual de un
alemán con una independentista catalana o viceversa, solo puede nacer un bebé
con remordimiento, avasallador, guerrero y sin vacuna. Hasta Hitler –austríaco-
se aprovechó de la torpeza del pueblo
alemán. En esta ¿qué se yo?, genética
mendeliana bastaría con cambiar Puigdemont –hijo adoptivo de Pujol y Artur Mas-
por el pensamiento sanguinario del führer del tercer Reich.
¿Qué “hombre adinerado” japonés, estadounidense o de la Conchinchina,
hasta hace bien poco no tenía en su cochera un VMW, Audí o Mercedes alemán?
¿Tecnología punta o burguesía decadente? Hoy, la industria alemana al igual que
la de sus países limítrofes está arruinada y su decrepitada economía les obliga
a dotarse de guerreros en lo más recóndito de países que padecen la enfermedad
del fanatismo, independentismo o miseria musulmana. Al objeto de “miedear” al
mundo con el cuarto Reich, no el de Arthur Moeller; si el de Ángela Merkel y
sus aliados de Gobierno. Alemania de
ninguna forma podría subsistir sin la Europa latina e inglesa; nosotros, sí.
Ángela, la justicia alemana
eres tú. Si un ciudadano alemán hace la quinta parte del “mal a la patria” como
ha hecho Puigdemont a la patria
española, hubieses hecho lo mismo que, Helmut Schmidt, hizo con banda Baader-Meinhof en los años setenta.
Por mi parte, te puedes
meter a Puigdemont por la boca, porque si algo tengo seguro es de que no lo
cagarás.
Juanpardo15@gmail.com

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