El PP tiene asumido que Sánchez amaga con el 'Gobierno Frankenstein'
para ir a terceras elecciones y espera que un éxito arrollador de Feijóo sirva
para preparar los comicios que parecen inevitables
"Ni Pedro Sánchez va a facilitar la investidura de Rajoy, ni
Susana Díaz y los barones se van a mover para que lo haga; les ha cogido la
medida y sabe que no se arriesgarán a perder sus posiciones". En la
dirección del PP empiezan a admitir en privado y en esos términos sus escasas
esperanzas en que el 25-S sirva para el desbloqueo de la situación política.
Solo esperan que un éxito arrollador de Alberto Núñez Feijóo sirva para
preparar unas terceras elecciones generales que parecen inevitables.
Mariano Rajoy, como ocurrió en 2009 después de superar la
crisis del congreso de Valencia, vuelve a necesitar una mayoría absoluta en
Galicia para seguir adelante. En fuentes del PP destacan que su jefe "ha
disfrutado" estos días en la campaña de pueblo a pueblo (al estilo Manuel
Fraga) bastante más que en las generales. Celebran, porque les viene bien para
la movilización, que alguna encuesta ponga en duda que alcanzarán los 38
escaños; pero echan cuentas sobre 40 o más para confirmar que el partido sigue
al alza en apoyo popular para el caso de tener que volver a la urnas en
diciembre.
Esa confianza del PP en otra mayoría absoluta en Galicia se
contrapone con el temor a que el voto útil, o del miedo, al entendimiento
Podemos-Bildu juegue en el País Vasco a favor del PNV y en contra propia.
"Nuestro electorado allí es proclive al mal
menor", admiten los veteranos de Génova que recuerdan el apoyo logrado en
su día por el candidato socialista, José María Benegas cuando el PSOE de Felipe
González se presentó con opciones de imponerse al PNV más radical. Esta vez
Urkullu ofrece la cara más moderada del nacionalismo (no independentista) frente
a la izquierda populista y los batasunos medio reciclados en Bildu. Se
conformarían con no bajar de sus actuales 10 diputados (en una Cámara de 75) o
al menos con sumar solos los necesarios para garantizar la gobernabilidad de la
autonomía.
En la clave de las consecuencias sobre el bloqueo de los
resultados, en el PP ya no hablan de la posibilidad de que un desastre
electoral de la magnitud anunciada por las encuestas mueva al PSOE del "no
es no" de Pedro Sánchez. El secretario general de los socialista ha
enseñado sus cartas antes de los resultados para pasar la página de la derrota
sea cual sea el balance final, quede o no tercero en Galicia o pierda casi la
mitad de los escaños en el País Vasco. "Siempre puede decir, como en los
comicios de junio, que ha superado las expectativas de las encuestas y amagar
con su frente anti-PP", admiten en medios de los populares.

En Génova reconocen ya que las esperanzas en algún cambio
del PSOE hacia la abstención abonadas por la vieja guardia socialista y los
antiguos grupos de comunicación de referencia carecen de fundamento.
"Sánchez se ha atrincherado en el cargo y sus críticos no moverán un dedo
porque tampoco quieren arriesgar sus actuales posiciones, la primera Susana
Díaz", repiten.
"Sánchez se ha atrincherado en el cargo y sus críticos
no moverán un dedo porque tampoco quieren arriesgar sus actuales posiciones, la
primera Susana"
La dirección del partido ha constatado con la apuesta de
Sánchez por el 'Gobierno Frankenstein' (PSOE, Podemos e independentistas) su
creencia en que el dirigente socialista prefiere unas terceras elecciones por
encima de todo.
"Alimenta a las bases del partido y a su electorado con
el 'no' a Rajoy y luego enreda con Podemos y los demás en una serie de
conversaciones para culparles después que que no haya un Ejecutivo de
izquierdas (suyo) y así hasta que se agote el tiempo y se tengan que convocar
los comicios". Es lo que esperan en Génova que haga Sánchez durante la
primera quincena de octubre. No esperan que se atreva a postularse ante el Rey
como aspirante a la investidura, entre otras cosas porque requeriría un pacto
cerrado con todos los grupos de izquierda e independentistas de la Cámara de
difícil digestión hasta para el propio PSOE.
Al margen de lo que haga Sánchez, la otra posible vía de
desbloqueo político después del 25-S sigue siendo el PNV y sus 5 diputados. Las
relaciones entre el PP y el PNV, al menos las representadas en público, han
tocado fondo en la etapa electoral. De los puentes personales entre Rajoy y
Urkullu o los 'orgánicos' entre María Dolores de Cospedal y la dirección del
PNV dependerá cualquier cambio, siempre que baste con los escaños del grupo
popular para completar una mayoría nacionalista en la Cámara autonómica.
El nacionalista canario Pedro Quevedo, incluido en el grupo
parlamentario socialista, podría "despistarse" en el último minuto
para evitar las terceras elecciones
Con los cinco votos de los peneuvistas sumados a los 170 de
PP, Ciudadanos y CC, Rajoy solo necesitaría una abstención para conseguir la
investidura. Es la vieja 'salida Quevedo' al desbloqueo con la que se especula
en el Congreso desde el principio de la legislatura por el apellido del
diputado nacionalista canario incluido en el grupo parlamentario socialista que
podría "despistarse" en el último minuto para evitar las terceras
elecciones.
La clave de los 1.450 millones en juego
Una de las claves de las relaciones entre el futuro Gobierno
vasco en minoría y las aspiraciones del PP a seguir en el poder está en la
liquidación del cupo del periodo 2007-2016. Las discrepancias sobre la
liquidación de las cifras que presentan la administración central y la
autonómica asciende ya a los 1.450 millones de euros. Es una de las cuestiones
que puede estar en cualquier conversación de contraprestaciones mutuas entre
los partidos que aspiran a estabilizarse o seguir en el poder.
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