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jueves, 30 de marzo de 2017

Todos, todo el mundo contra la violencia de género.



Todo aquel que maltrata a una mujer, antig, se las tenía que ver con el padre o hermano de la víctima hasta que unos de los dos resultase muerto. 

Hasta hace poco, varias componentes de la asociación Ve-La-Luz realizaron una huelga de hambre de casi una treintena de días en el marco de una acampada en la madrileña Puerta del Sol, donde instalaron una caseta y, en el suelo, zapatos teñidos de rojo y esquelas formando el signo de la paz. La finalidad de todo ello era denunciar la violencia de género y pedir la activación de un Pacto de Estado contra ella. El Gobierno prometió a la asociación que su acción no caería en saco roto. Hoy ha cumplido su compromiso, pues el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad ha acogido la primera sesión del grupo de trabajo que estudiará medidas para proponer en ese Pacto de Estado.

La violencia de género es un delito especialmente repulsivo y que lógicamente causa gran alarma social, máxime cuando no parece que disminuyan los casos sino que crecen, e incluso con más intensidad. Cada vez que surge un nuevo caso se suceden las muestras de solidaridad y se hacen votos para que no vuelva a producirse ninguno más. Esto, sin duda, es imprescindible, como la iniciativa de VeLaLuz, pero insuficiente. Como se ha mostrado insuficiente la ley contra la violencia de género impulsada por los socialistas y aprobada en 2004. Fue un primer paso, y no hay que regatearle sus buenas intenciones, pero no ha resultado ningún bálsamo de Fierabrás. El propio PSOE no ha dejado de reconocer en algún momento la necesidad de mejorarla.

Es evidente que la lacra de la violencia machista no tiene desgraciadamente ni fácil ni rápida solución. Por ello deben aunarse esfuerzos y lograr un Pacto de Estado, por encima de siglas y colores políticos. Un Pacto que es urgente poner en marcha y que contemple medidas en todos los ámbitos y no solo policiales y jurídicos. La acción policial y judicial contra el maltrato es imprescindible, pero no han de olvidarse medidas en otros campos, como los sociales y, especialmente, los educativos.


Es en la educación donde sobre todo hay que inculcar con firmeza una serie de valores que prevenga la violencia machista que, por cierto, se está instalando cada vez más entre los adolescentes, lo que es enormemente preocupante. La violencia de género es nauseabunda, pero no debemos olvidar que su complejidad supera explicaciones exclusivamente ideológicas y mecanicistas. Un buen diagnóstico es la base tanto para prevenirla como para combatirla con contundencia y máxima eficacia
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