Lo que dice la Comisión de Venecia sobre la amnistía en España. Toda la verdad

 La Comisión de Venecia publica nuevos dictámenes - Portal

Ayer, el gobierno de Pedro Sánchez protagonizó una maniobra de desinformación muy parecida a las que hace el régimen de Putin en Rusia.

Declaración del Consejo General del Poder Judicial contra la amnistía: es «una grave vulneración de los derechos fundamentales»
Más de 1.300 jueces de España denuncian que la amnistía de Sánchez supone «volar por los aires el Estado de Derecho»

El gobierno filtra el documento y quebranta la confianza de la Comisión

Por la tarde, quebrantando la confianza de la Comisión de Venecia, un órgano consultivo del Consejo de Europa que vela por el Derecho constitucional, el gobierno izquierdista español filtró a los medios un borrador de esa Comisión sobre la amnistía que pretende aprobar para los delitos cometidos por los aliados parlamentarios de Sánchez en el golpe separatista de 2017 en Cataluña, incluidos delitos de terrorismo y corrupción política. Esa filtración es un hecho muy grave y sin precedentes y que demuestra, una vez más, que para Sánchez y sus ministros todo vale a la hora de lograr sus propósitos.

El gobierno ha mentido sobre el contenido del borrador

Ese todo vale incluye, además, la mentira: el gobierno no sólo filtró un simple borrador, que no es un documento definitivo (pues la Comisión no ha votado ni ha publicado un documento definitivo sobre la citada amnistía), sino que además tergiversó su contenido, afirmando que avala la amnistía, lo cual es rotundamente falso. No sólo estamos ante una nueva mentira de las muchas que viene propagando este gobierno, sino que además el documento en cuestión es muy crítico con la amnistía que Sánchez pretende aprobar.

Hay que señalar que ese acto de desinformación, por el que el gobierno debería ser llevado ante los tribunales, ha tenido como cómplices a muchos medios, que han difundido el bulo del gobierno sin verificarlo, en un ejemplo más de la degradación de gran parte de la profesión periodística en España. Muchos de esos medios han hablado sobre ese documento sin ponerlo a disposición de su audiencia, abusando de la confianza de sus lectores, como tienen por costumbre.

El enlace al borrador y lo que éste dice en verdad

Puedes bien: el borrador en cuestión se puede leer íntegro aquí (PDF). El documento está en inglés y consta de 26 páginas. Los puntos 9 y 10 del documento afirman lo siguiente:

9. La Comisión de Venecia llevará a cabo su análisis jurídico a la luz de las normas europeas e internacionales, así como del material comparativo. No intervendrá en la discusión política. En particular, no hará comentarios sobre la conveniencia de la amnistía, ni sobre su idoneidad para lograr el objetivo declarado, ya que se trata de decisiones políticas que deben tomar el Gobierno y el Parlamento españoles.

10. Además, la Comisión de Venecia no es competente para comentar sobre la constitucionalidad del proyecto de ley de amnistía, que es una cuestión que en última instancia debe decidir el Tribunal Constitucional español y que debe debatir los expertos constitucionales españoles. Además, conforme a su práctica habitual, la Comisión de Venecia no evaluará la compatibilidad del proyecto de ley de amnistía con el Derecho de la Unión Europea, que podría ser objeto de una sentencia del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.

El documento señala que la Constitución Española no contempla la amnistía

Leídos estos puntos, cabe preguntarse: entonces, ¿para qué la Comisión de Venenecia elabora un informe sobre la amnistía? Después de hacer un repaso a los hechos (desde el Estatuto catalán de 1979 a la presentación del proyecto de amnistía, pasando por el golpe separarista de 2017 en Cataluña), los autores del borrador hacen un análisis comparativo con la legislación de otros 54 países (puntos 34 y siguientes del documento). Tras establecer una distinción entre amnistía e indulto y señalar los países cuyas constituciones contemplan explícitamente la amnistía, el punto 40 del borrador contradice las tesis del gobierno de Sánchez al afirmar lo siguiente:

"Varias constituciones prevén el perdón, pero no la amnistía: Chipre, Estonia, Finlandia, Israel, Liechtenstein, Malta, Noruega, Eslovenia, España y Suecia. En España, los indultos generales están prohibidos por la Constitución".

Señala que para aprobar la amnistía haría falta «una enmienda constitucional»

Tras continuar con el derecho comparativo, el documento pasa a analizar los requerimientos de las amnistías desde el punto de vista del Estado de Derecho (punto 53 y siguientes), afirmando (punto 54): "La Comisión de Venecia considera que los siguientes puntos de referencia de su Lista de Verificación del Estado de Derecho son pertinentes con respecto a la amnistía". Esos cinco puntos son:

  • Legalidad, Supremacía de la ley.
  • Respeto por el derecho internacional, en particular el derecho de los derechos humanos, incluidas las decisiones vinculantes de los tribunales internacionales.
  • Seguridad jurídica, Previsibilidad de las leyes.
  • Legalidad, procedimientos legislativos: ¿es el proceso de promulgación de leyes transparente, responsable, inclusivo y democrático?
  • Igualdad ante la ley: ¿hay individuos o grupos con privilegios legales especiales?

Examinando estos puntos, el borrador afirma lo siguiente en su punto 87: "la Comisión considera que la viva controversia que ha suscitado este asunto sugiere que sería preferible, llegado el momento, regular este asunto explícitamente mediante una enmienda constitucional".

Las otras críticas del borrador a la amnistía

Por otra parte, el borrador critica que "el ámbito de aplicación de la amnistía tal como se define en el artículo 1.1 del proyecto de ley de amnistía es muy amplio y bastante indeterminado. Define los actos por su intención". El borrador también critica la "vaguedad" del texto del proyecto de amnistía y el hecho de que su aplicación se aplique a "un período de tiempo bastante largo" (desde 2012 a 2023). El punto 89 del documento afirma:

"La Comisión recomienda definir de manera más precisa el alcance material y temporal de la aplicación de la amnistía, de manera que los efectos de la ley sean más previsibles. Como la amnistía afecta el valor de la cosa juzgada, debe respetar la seguridad jurídica, ya que de lo contrario socavaría la confianza pública en la observancia y el respeto de la constitución y la ley. La Comisión destaca que la ley tendrá que ser interpretada y aplicada por los jueces en cada caso para determinar si cada caso es elegible para la amnistía. La falta de claridad y determinación de su ámbito de aplicación conlleva el riesgo de que surjan un número muy elevado de casos y controversias sobre la correcta aplicación de la ley. Esto, a su vez, corre el riesgo de trasladar los conflictos del nivel político al judicial. Este resultado no sería coherente con el propósito de la amnistía como tal".

El punto 90 del documento añade más críticas a la amnistía:

En cuanto a la igualdad ante la ley, la Comisión considera que si el vínculo entre “las consultas celebradas en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, su preparación o sus consecuencias” y los actos cubiertos por la amnistía no es lo suficientemente fuerte, la amnistía también podría abarcar a muchos ciudadanos que han cometido delitos comunes que poco o nada tienen que ver con las tensiones sociales que llevaron a la ley de amnistía; esto haría cuestionable la justificación de los privilegios especiales y violaría el principio de igualdad respecto de quienes han cometido los mismos delitos comunes por otras razones o durante diferentes períodos, y no se benefician de la despenalización provocada por la amnistía. Por lo tanto, la Comisión reitera su recomendación de definir de manera más restrictiva y precisa el ámbito de aplicación de la amnistía. La Comisión recuerda que una amnistía es una medida impersonal que se aplica a todas las personas o a una clase de personas, y los criterios para su aplicación no deben diseñarse para cubrir a individuos específicos".

Esta última frase es una alusión clara a Carles Puigdemont, que exige al gobierno una amnistía a la carta que cubra todos sus problemas con la Justicia, incluso su procesamiento por delitos de terrorismo.

El punto 93 del documento añade más críticas a la amnistía en relación a los delitos de malversación y corrupción y su ajuste con el Estado de Derecho:

Como se explicó anteriormente, en opinión de la Comisión es necesario que haya coherencia en la determinación de los actos cubiertos por la amnistía, los cuales deben estar intrínsecamente vinculados, para evitar la arbitrariedad. Sólo una relación causal más estrecha entre “las consultas celebradas en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, su preparación o sus consecuencias” y determinados actos de malversación y corrupción podría justificar la aplicación de la amnistía a estos últimos. Una definición más amplia y menos precisa de estos actos sería difícil de conciliar con el principio de igualdad ante la ley.

Sobre la pretensión de que se organicen comisiones parlamentarias para examinar la labor de los jueces, en las que participarían partidos que han violado la ley y han querido dejar en suspenso la Constitución en Cataluña, el borrador afirma en el punto 108:

Según el artículo 122 de la Constitución de España, el órgano competente para conocer de las cuestiones disciplinarias de los jueces es el Consejo General del Poder Judicial. Exigir a los jueces que informen a un órgano político, en público, sobre la manera en que abordaron un caso específico representa una interferencia política en la administración de justicia. Además, crea un efecto paralizador sobre otros jueces, particularmente aquellos que actualmente o en el futuro conocen de casos pendientes o aquellos vinculados a causas de exclusión de la aplicación del proyecto de ley de amnistía.

Las recomendaciones que hacen los autores del borrador

En el punto 114, el borrador hace varias recomendaciones en relación al proyecto de amnistía:

- Definir de manera más precisa el alcance material y temporal de la aplicación de la amnistía, de modo que los efectos de la ley sean más previsibles;
- Garantizar que se establezca una relación causal más estrecha entre “las consultas celebradas en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, su preparación o sus consecuencias” y los actos de malversación y corrupción;
- Eliminar el criterio de la etapa del procedimiento para la exclusión de los delitos de terrorismo.

El punto 116 añade otra recomendación más:

- que las comisiones de investigación creadas por el Congreso de los Diputados de España no tengan mandato ni pretendan exigir que los jueces les informen, en particular sobre el fondo de los casos que hayan decidido.

Finalmente, el borrador también critica las prisas por aprobar la amnistía en el punto 117:

Por último, la Comisión de Venecia observa que el proyecto de ley de amnistía se presentó en forma de propuesta legislativa, es decir, un procedimiento con consulta limitada al público, a las partes interesadas y a otras instituciones estatales, y que siguió un procedimiento de urgencia. Sin embargo, el proyecto de ley de amnistía ha provocado una profunda y virulenta división en la clase política, en las instituciones, en el poder judicial, en el mundo académico y en la sociedad de España. La Comisión anima a todas las autoridades españolas a que se tomen el tiempo necesario para entablar un diálogo significativo en un espíritu de cooperación leal entre las instituciones estatales, así como entre la mayoría y la oposición, con el fin de lograr la reconciliación social y política, y a considerar la posibilidad de explorar procedimientos de justicia restaurativa.

Un documento que no avala la amnistía: el gobierno ha mentido

Personalmente, creo que el borrador es poco exigente con el gobierno (a estas alturas, no espero gran cosa de las instituciones europeas), pero ese texto no avala de ningún modo la amnistía y no es un documento definitivo. Lo que hemos visto en las últimas horas es una campaña de desinformación impropia de un gobierno democrático, pero que ya es típico del gobierno socialista español. Sánchez se ha instalado en la mentira y el engaño como herramientas para justificar sus actos, algo propio de un aprendiz de tirano.

VOX se va quedando descolgado y morirá como UPyD, Cs....

 

Estos son los socios preferentes de Vox más allá de Chega! de cara a las europeas

Aunque las relaciones de Vox con Ventura son buenas y Abascal ha hecho campaña con él, los lusos convergen mejor con ID, la corriente de Le Pen en la que Vox no encaja | Hay rivalidad con ECR, más favorable a pactos con el PPE


El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero

El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero EFE/ Luis Forra

Entre la política de Le Pen y la de Vox hay más distancia que entre la de Putin y Milei. Las elecciones de Portugal han reforzado la idea de que la corriente nacionalpopulista avanza sigue al alza en el continente y llegará con fuerza a los comicios europeos de junio. En Países Bajos, tras su victoria, Geert Wilders sigue negociando de momento sin éxito su llegada al poder con terceros partidos, los polacos de Ley y Justicia (PiS) no lograron reeditar su gobierno por la ausencia de suma, pero siguen siendo primera fuerza, y en Finlandia si que Verdaderos Finlandeses (Perus) condicionaron al centroderecha clásico haciéndose con carteras elementales como Interior, Justicia o Economía. En ese reconocimiento claro a sus socios naturales lusos, desde el cierre de urnas y este mismo lunes, ha estado Vox, Santiago Abascal o el vicepresidente Ignacio Garriga.

Entre André Ventura, presidente de Chega!, y Abascal hay una línea común respecto a sus pasados: ambos vienen de militar en el centroderecha clásico, caso del Partido Social Demócrata (PSD) -integrado en el PPE-, y pasaron a asumir un ideario mucho más conservador que derivó en las escisiones de sus actuales partidos [aunque Abascal no la capitaneó desde el principio, solo fue socio fundador]. Ambos se vieron motivados por considerar que hay una derecha huérfana, portan un discurso 'anti progres', los dos representan a los países de la excepción ibérica a la ultraderecha ya disuelta; y ambos han lidiado con luchas internas entre sus filas.

La diferencia quizá es el tiempo en el que coinciden: Vox, ya madurado, parece orientarse hacia una posición de partido 'muleta' para otorgar un futuro gobierno al PP tras el desgaste socialista. Chega!, ahora llave para que Alianza Democrática conservadora tome el mando, experimenta un auge exponencial con tan solo cinco años de vida y su tercera participación nacional.

Falta conocer si el nexo seguirá ampliándose entre formaciones tras las europeas en cuanto a la afiliación. A Ventura se le resiste el plano continental, una barrera que probablemente, y en vista de los resultados del domingo, romperá en junio. Pero, pese a su euroescepticismo 'suave', milita testimonialmente con el Grupo de Identidad y Democracia (ID), donde se encuentran Le Pen, Salvini, Wilders, los belgas de Vlaams Belang o el FPÖ austriaco. La afinidad viene de su duro perfil xenófobo, con especial dureza contra el colectivo gitano.

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a Orbán, pero con matices

Aun por la tradición mediterránea que le acerca a Vox o a Giorgia Meloni, no entraría en la órbita directa de asociados a Abascal. Hay poner sobre relieve que las relaciones entre ID y el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) no son del todo buenas, con los segundos más proclives con estrechar lazos con los populares y en hacer viable la gobernabilidad de la Unión y los primeros aún con pulsiones entre sus socios para abandonar el euro, caso de alguna corriente interna de Alternativa para Alemania (AfD).

Vox, entre el eje del Este y la alianza con Meloni

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a la Fidesz de Viktor Orbán, aunque con algunos matices. Aunque el propósito de Abascal y los suyos es llevarse bien con todos sus partidos 'hermanos', con italianos y polacos hay nexo de unión motivado por una visión propia de la política nacional e internacional. Con Meloni y Mateusz Morawiecki Vox comparte el atlantismo, que lo conecta a su vez a EE.UU. y al OTAN, y el componente anticomunista. Algo que puede ampliarse al rechazo de Putin mientras que los socios de ID se han mostrado más rusófilos tradicionalmente, aunque ahora Reagrupación Nacional de Le Pen o la Liga de Salvini, sus máximos exponentes, tras estallar la guerra en Ucrania, intentan mostrarse más desvinculados.

Este aspecto, el 'coqueteo' de líderes como Orbán con Rusia -lo que preocupa ahora en España ante la OPA planteada a Talgo-, hace que el húngaro sea un aliado un tanto especial de Vox. En todo caso, es más lo que les une que lo que les separa. De hecho, la Fidesz, hasta hace poco, pertenecía al PPE. La deriva de Orbán viene desde posiciones liberales a principios del siglo hasta el autoritarismo iliberal que le ha brindado su éxito electoral. Con los dos máximos exponentes del eje de Visegrado -compuesto junto a Chequia y Eslovaquia-, Abascal y los suyos tienen unidad en todo lo que compete a las tradiciones, la cultura o la identidad racial. Si bien Le Pen aboga por el laicismo para adherirlo a sus tesis xenófobas, o junto a Wilders defiende los derechos de la mujer o los homosexuales y todo el colectivo LGTBI+ para justificar su rechazo a la cultura islámica, Orbán y PiS rechazan el aborto, las teorías de género y ensalzan la religión católica.

La negativa al multiculturalismo es compartida entre todos los ultras europeos, que pese a sus diferencias suelen comulgar en casi todas las votaciones de la Eurocámara.

Meloni no es una excepción y entra dentro de esa alineación ideológica con los polacos. Comparte la defensa de las tradiciones por igual, y se decanta en contra de cuestiones como la eutanasia, el aborto [Vox quiere derogar la ley, y que esta intervención o la 'muerte programada' queden fuera de la Sanidad Pública] y solo a favor de "la familia natural". Aunque es un término que ha ido perdiendo peso, tanto Fratelli como Vox priorizan que las unidades familiares tradicionales, concebidas como la integrada por un hombre y una mujer, tengan prioridad frente a las homosexuales a la hora, por ejemplo, de la adopción. Quizá, la peculiaridad por la que se ha reforzado esa cercanía entre Meloni y Abascal radica en una cuestión geográfica e histórica, así como la convivencia vivida dentro del grupo ECR desde hace casi cuatro años.

Mientras que las corrientes migratorias al Este de Europa son mínimas, tanto España como Italia se enfrentan en la última década a importantes oleadas migratorias desde África, algo que, vehiculado con el chovinismo que les caracteriza, les ha hecho arrimar el hombro. Ambos sitúan el foco en el mediterráneo -con la excepción de la ruta canaria por el Atlántico-, y han propuesto un "bloqueo naval". Tras la propuesta de Meloni, Vox corrió a imitarla en noviembre del año pasado, al calor de la nueva crisis migratoria en las islas. Ha insistido hace poco en hacer uso de la Armada, aunque el organismo ya vienen insistiendo en la inviabilidad de la propuesta. Los dos partidos, asimismo, se han mostrado favorables al nuevo Pacto Migratorio Europeo, que ha apoyado el Gobierno de Pedro Sánchez y que ha sido calificado por sus socios de Sumar como "un paso atrás" y una "incipiente cesión" a la "extrema derecha".

La propuesta de pacto, que incluye reparto migratorio, ha provocado, recientemente, diferencias dentro de esa misma corriente europea. Polonia y Hungría, a la que se ha sumado Eslovaquia y se ha terminado de bajar Donald Tusk a su llegada al poder este año. Budapest y Bratislava se negaron y se siguen negando a ese aspecto de reparto, así como a afrontar los costes por rechazar la acogida: son 20.000 euros por cada persona a la que se le deniegue el asilo.

La moral, las tradiciones y la cultura cristiana es prioritaria entre los socios de Vox en Europa. Otros partidos de ID, aparentemente, se muestran más aperturistas para ganar votante

Si uno hecha una mirada a la distribución del poder dentro de ERC, el partido, no el grupo europeo, se refleja el equilibrio entre Fratelli, Vox y PiS. Mientras que Meloni ostenta la presidencia, Jorge Buxadé, ahora vocal de la dirección del partido español, coordinador jurídico y delegado del grupo en Europa, ejerce de vicepresidente. Comparte cargo con el polaco Radosław Fogiel. Dentro de esa cobertura de aliados, Vox también tiene afinidad con Demócratas Suecos, Perus -abandonó ID por la postura pro-Putin respecto a Ucrania-, o Solución Griega entre otros partidos con menor reconocimiento. Una de las últimas incorporaciones ha sido la de Reconquista, el partido de Énric Zemmour y su vicepresidenta Marion Maréchal, la sobrina de Le Pen. Un líder que con su teoría del "gran reemplazo" identitario hizo pasar por moderada a la dirigente ultra en las últimas presidenciales.

Vox ya marcó distancias con Le Pen

De cara a ese proceso electoral en 2022, Vox, en palabras de su entonces vicepresidente primero Buxadé, en una entrevista a Radio Nacional, ya marcó distancias con Le Pen en preferencia de Zemmour. Tanto ID como ECR aspiran a posicionarse como tercera fuerza en el Parlamento Europeo, aunque con objetivos distintos. Los segundos pretenden condicionar las políticas, y obligar a los populares a una alianza. Los primeros no están tan bien vistos. Hay que ver que, por ejemplo, el polaco Janusz Wojciechowski (PiS) ha sido elegido comisario de Agricultura esta legislatura. Siendo sexto grupo ECR y cuarto ID.

Entre los partidos del espectro nacionalpopulista hay más coincidencias que diferencias. A excepción de Le Pen, que defiende tesis claramente proteccionistas, con una ampliación del estado de bienestar -más salarios y pensiones-, la mayoría de grupos políticos parten de una propuesta neoliberal. En sus inicios lo era claramente Vox, muy cercano a propuestas nórdicas o a la alemana AfD, gestada entre empresarios del Oeste. Pero entre la órbita de ECR, aunque se aboga por el recorte de la burocracia, pesa notablemente las cuestiones morales, y esas han ido ganando terreno en Vox conforme ha ido saliendo la corriente de Iván Espinosa de los Monteros. AfD y la Reagrupación Nacional, por la que parece aflorar el liderazgo de ID en esta nueva edición, se muestran tolerantes con la sexualidad, por el contrario. La copresidenta de la fuerza germana Alice Weidel es abiertamente lesbiana. El exvicepresidente del antiguo Frente Nacional, Florian Philippot, es gay.

La guerra en Ucrania ha sido, de momento, el principal elemento desintegrador entre partidos como AfD y el FPÖ con Vox, que sí podrían casar más que con la propia Le Pen. Precisamente, la cumbre 'de los patriotas' de finales de enero de 2022 en Madrid, previa a la guerra, dejó evidencia de ello. Mientras que la afinidad era común para denunciar el avance de la UE hacia un "mega-Estad ideologizado" o la defensa de la preminencia de las normas locales a las supranacionales, fue muy difícil llegar a un consenso más allá de una declaración para decir que Putin dejaba a Europa "al borde de la guerra". Puede decirse que el geopolítico y la forma de relacionarse con el PPE es la esencia que diferencia a Vox y a sus socios del resto de corrientes ultras continentales.

How William took Kate Middleton's Mother's Day photo in just 40-minute window before she edited it 'to make it the best it can be' and 'so her children looked good' - after Palace spent weeks planning to release image to quash health rumours

 

On Sunday, Kensington Palace released the first picture of the Princess of Wales since surgery

How William took Kate Middleton's Mother's Day photo in just 40-minute window before she edited it 'to make it the best it can be' and 'so her children looked good' - after Palace spent weeks planning to release image to quash health rumours


William took Kate's Mother's Day photograph in just a 40-minute window on Friday before the Princess edited it twice in Photoshop to 'make it the best it can be', it emerged today.

The Prince of Wales took the picture of his smiling family on a £2,900 Canon camera before Kate made edits to improve the photo ahead of its public release on Instagram on Sunday.

Kensington Palace aides are said to have spent weeks planning to release a photo of the Princess of Wales to quell vicious social media speculation about the nature of Kate's condition since her surgery in January, which has deeply upset and angered the couple.

Instead, the rare royal blunder resulted in another public explosion of conspiracy theories. 

Six of the world's top picture agencies including the Press Association then sensationally pulled the photo from their wires and libraries amid concern that the 'source has manipulated the image'.

Amid the furore, the Princess later issued an extraordinary mea culpa on Twitter and Instagram where she admitting she 'edited' the image - adding that she does 'occasionally experiment' as an 'amateur photographer' and apologising for 'any confusion' the image caused.

Kate is said to have felt that honesty was 'the best policy' and wanted to 'own up' to the Photoshop blunder. The Princess felt 'awful' about the picture and had been trying to make it the 'best it could be', insiders told The Times - adding that she was 'thinking of her own children when editing the picture, hoping that they looked good for their own sakes'.

On Sunday, Kensington Palace released the first picture of the Princess of Wales since surgery

On Sunday, Kensington Palace released the first picture of the Princess of Wales since surgery

Kate posted the apology on the Prince and Princess of Wales' Instagram account yesterday

Kate posted the apology on the Prince and Princess of Wales' Instagram account yesterday

Publicly taking the blame for the furore, the princess wrote yesterday: 'Like many amateur photographers, I do occasionally experiment with editing.

RICHARD KAY: Trust and integrity are precious commodities. The public adore the royals, but that adoration rests on being told the truth

 'I wanted to express my apologies for any confusion the family photograph we shared yesterday caused.

'I hope everyone celebrating had a very happy Mother's Day. C.'

Royal sources said the princess had made 'minor adjustments' to the picture, which she and her husband had hoped would be a lovely 'informal' shot to share on a special day.

'This was an amateur, family photograph taken by the Princess of Wales. Their Royal Highnesses wanted to offer an informal picture of the family together for Mother's Day,' the source said.

'The Princess made minor adjustments as she shared in her statement on social media, the Wales family spent Mother's Day together and had a wonderful day.'

Despite calls for the original to be published, Kensington Palace said it would not be reissuing the unedited photograph of Kate and her children, which in itself sparked further debate.

Last night the palace faced growing pressure over the debacle with claims it has been damaging to public trust.

Palace aides did not spot any signs of Photoshop but it's not believed the edits were made aware to the princess' team before it became public.

However, questions have been raised over whether the picture was too good to be true. One red flag might have been the fact the beaming family portrait was shot in such a short time on Friday. 

The busy schedules of the Wales family meant the picture had to be taken while everyone was back at home from various activities. A day later, Kate is said to have sent the photo out to her team.

It's unknown whether any of her team could see that the photo had been edited on Photoshop but alarm bells may have started ringing when courtiers discovered that William had taken the picture. 

Without editing, it would have been some feat for William to take such a captivating photo with all the members of the family simultaneously roaring with laughter. 

William and Kate were spotted leaving Windsor for Westminster Abbey yesterday afternoon

William and Kate were spotted leaving Windsor for Westminster Abbey yesterday afternoon

A plan was put in place to release the photo and a message from Kate herself at 9am on Sunday - but what quickly ensued was 24 hours of intense scrutiny as the Palace faced questions from all angles over why the family photo appeared to be digitally manipulated.

The row overshadowed yesterday's Coronation Day service at Westminster Abbey, which was being led by Queen Camilla for the first time, accompanied by Prince William, in the King's absence as he undergoes cancer treatment. His Majesty recorded a video message for the first time instead.

The Mail understands she was on route for a 'private appointment' and she did not accompany William publicly.

Kate was later spotted leaving Windsor in a car with William yesterday as he was driven to the Commonwealth Day service in London.

The Princess was not attending the service, but was understood to have a private appointment.

It is also understood that William and Kate's team of aides are restructuring, having advertised for a chief executive. Civil servant Jean-Christophe Gray had been William's private secretary until recently when he moved back to Government.

For now, William and Kate both have new private secretaries – with the Prince being helped by Ian Patrick, a former private secretary to Lord Ashdown of Norton-sub-Hamdon, reported The Times.

Concerns were raised over a missing part of Princess Charlotte's sleeve and the misaligned edge of her skirt, with other speculation including the positioning of Kate's zip.

The picture was released to reassure the public amid escalating conspiracy theories online over the state of Kate's health in recent weeks, but in an extraordinary turn of events sparked what is being dubbed 'Kategate' and even 'Sleevegate'.

William and Kate have an established track record of issuing their own photographs, often taken by Kate rather than William, to mark special occasions including their children's birthdays.

Prince William
Prince William

A smiling Prince William walks into the Commonwealth Service in London yesterday afternoon

Camilla and William attend the Commonwealth Day Service at Westminster Abbey yesterday

Camilla and William attend the Commonwealth Day Service at Westminster Abbey yesterday

Picture agencies around the world took  the extraordinary step of killing the photo of Kate

But the princess's confession raises questions over whether - or to what extent - the images have been altered in the past.

READ MORE This is how Kate Middleton edited her Mother's Day picture: Photoshop expert gives his verdict on THAT royal photo

 Public relations and crisis consultant Mark Borkowski called the fiasco a 'massive own goal' and said the unedited photograph should be released to regain trust.

He said: 'It's plausible she's at home playing with the computer and using an AI tool, but if they're really going to regain any sort of trust they should release the unedited photo, it can't be that bad if they just made a few tweaks.

'I find they have risen to the challenge, provided the statement as an explanation - the question is with all the conspiracy theories running around, is whether people believe it and I'm not sure that they will.'

Mr Borkowski said the Mother's Day photo had exposed a public relations problem for the monarchy: 'That's the issue, there doesn't seem to be that much joined up strategic thinking at the heart of the royal family at the moment, which leads to these problems where it's a very difficult organisation to manage in terms of PR.'

He added: 'It's a nightmare, even the softer stories of Edward turning 60 this week haven't really resonated at all because no one's interested in them, they're interested in the stars they're not interested in the supporting cast and that is a problem at the moment.

'They are under pressure, massively under pressure, this is a massive own goal.'

The PA news agency said it had withdrawn the image of Kate from its picture service yesterday

The PA news agency said it had withdrawn the image of Kate from its picture service yesterday

The controversy was overshadowing the Commonwealth Day service, one of the key royal events of the year.

ROBERT JOBSON: Kate's dodgy touch-up job of William's family photo was an honest mistake. But in a world where the camera DOES lie, this stuff really matters...

 Heir to the throne William and the Queen gathered with the royal family in Westminster Abbey yesterday in the absence of the King, who is continuing treatment for cancer during what has been a challenging start to 2024 for the Windsors.

Earlier, Kate's uncle Gary Goldsmith defended the Waleses and claimed they would not have been responsible for altering the image, adding 'The smiles on faces said it all for me, I thought it was beautiful.'

Sky News said an examination of the photo's meta data revealed it was saved in Adobe Photoshop twice on an Apple Mac on Friday and Saturday and the picture was taken on a Canon Camera.

Under the licensing agreement issued to photo agencies for use of official royal photos, Royal Households usually stipulate: 'This image must not be digitally enhanced, cropped, manipulated or modified in any manner or form.'

Kate was last seen at a royal event on Christmas Day 2023 with her family at Sandringham

Kate was last seen at a royal event on Christmas Day 2023 with her family at Sandringham 

Royal author Omid Scobie, seen as a cheerleader for the Duke and Duchess of Sussex, accused the Palace of having a 'long history of lying', and said gaining back public trust was now 'an almost impossible task'.

The princess is known to be a keen photographer and revealed in 2021 that she takes so many family photographs that her children sometimes object.

'Everyone's like, 'Mummy, please stop taking photographs',' she said.

Kate underwent surgery at the London Clinic on January 16, but details of her condition have been kept private, and she is not expected to return to official duties until after Easter.

El antes y el después del 11.

 

Uno de los trenes que explotaron llegando a Atocha.

Uno de los trenes que explotaron llegando a Atocha. EFE

Veinte años después, el mayor atentado que ha sufrido España en toda su historia sigue creando una brecha en la sociedad. No hay consenso sobre lo que ocurrió y tampoco sobre la investigación que se llevó a cabo.

Lo que para unos son bulos, para otros son pruebas de que hay una verdad que se ha querido ocultar. La realidad es que las dudas sólo permanecen en el tiempo cuando son razonables.

¿Qué factores han llevado a esta situación? ¿Por qué un país como España, que ha sufrido el terrorismo de ETA durante 50 años, no supo responder con unidad a un atentado islamista? Intentaré responder a estas preguntas apoyándome en el relato de los hechos.

Las elecciones del 14-M

Resulta evidente que los terroristas que participaron en el atentado del 11-M comenzaron a prepararlo antes de que se convocaran las elecciones generales. La negociación para la compra de los explosivos en Asturias comenzó en diciembre de 2003 y los comicios no se convocaron hasta el mes de enero de 2004.

Es decir, que no hubo por su parte la intención de influir o alterar el resultado electoral. Otra cosa es que, de hecho, lo alteraron.

Las encuestas previas daban una victoria clara al PP, aunque es verdad que el PSOE había ido recortando distancia a medida que se acercaba la cita electoral.

En una comida en el Club Allard, celebrada la semana previa a las elecciones, en la que estuve presente, José Blanco, secretario de Organización del PSOE en esas fechas, aseguró que su partido estaba "apenas a uno o dos puntos del PP", y afirmó que creía que era posible la remontada.

El atentado se produjo el jueves 11 de marzo, tres días antes de los comicios. En la mañana de ese día, José Luís Rodríguez Zapatero, entonces secretario general del PSOE, llamó por teléfono a Mariano Rajoy, que era el candidato del PP, para pedirle la convocatoria del Pacto Antiterrorista, lo que me ratificó el propio líder popular. Rajoy le dio largas. Consultó con José María Aznar, presidente del Gobierno, y este le dijo que no. En Moncloa, la propuesta de Zapatero se calificó como "extravagancia".

Aznar, al rechazar reunirse con el PSOE, acababa de cometer un error táctico que, seguramente, llevó a su partido a perder las elecciones.

¿Quién ha sido?

Sobre las 7,45 del día 11 comenzaron a darse las primeras informaciones sobre un posible atentado en Atocha. A medida que iba pasando la mañana se fue conociendo la magnitud de la tragedia, que afectó a cuatro trenes de cercanías, y el número de víctimas se fue elevando de manera dramática, hasta alcanzar los 192 muertos y más de 1.000 heridos.

Aunque en España el terrorismo y ETA eran una misma cosa, la brutalidad de la masacre hizo pensar en una posible autoría islamista: los atentados del 11-S estaban todavía frescos en la retina y en la memoria de todos.

Los mandos policiales, en un primer momento, se inclinaron por ETA, que había intentado un atentado similar, colocando una bomba en un tren con destino a Madrid, el 24 de diciembre de 2003. Las dudas fueron disipadas por el presidente del Gobierno que, en llamada a los directores de los principales medios, pasadas las 13 horas, aseguró que había sido ETA "sin ninguna duda".

Sin embargo, a medida que iba pasando el día, los indicios sobre una posible autoría islamista iban en aumento. Sobre todo, a raíz de la localización de una furgoneta en la que se encontraron detonadores y una cinta en la guantera con la sura III del Corán, en la que se recita la lucha del islam contra sus enemigos.

A última hora de la tarde, el debate sobre la autoría estaba abierto. Algunos medios, como la Cadena Ser, difundieron a primera hora de la noche que se habían encontrado terroristas suicidas entre los cadáveres que había en los vagones. Era una noticia falsa, pero seguramente filtrada por mandos policiales que ya estaban jugando la baza del cambio político.

El viernes, el Gobierno seguía manteniendo la autoría de ETA, mientras que el PSOE atribuía ya claramente el atentado a los islamistas. Apareció la mochila de Vallecas, que no había estallado, y en la que se encontró un teléfono móvil que actuaba como acelerador del detonador incrustado en la dinamita. La tarjeta insertada en el móvil fue la pieza clave de la investigación posterior.

El Gobierno mantuvo a ETA como su principal hipótesis. Ya no tenía tiempo para volverse atrás. Aznar, que en un primer momento creyó sinceramente en esa tesis, entre otras cosas porque era lo que decía la cúpula policial y el CNI, pensó que rectificar a poco más de 24 horas de las elecciones implicaría una derrota segura para su partido. No es que a partir de entonces mintiera, sino que creyó lo que quería creer.

El PSOE vio una oportunidad para dar un vuelco a las encuestas y jugó a fondo la baza de que el Gobierno estaba engañando conscientemente a la opinión pública.

La izquierda llevaba más de un año haciendo campaña contra la guerra de Irak, que el Gobierno del PP había apoyado decididamente. Aunque no hay nada que sostenga que el 11-M fue una respuesta a la guerra de Irak, el PSOE y la izquierda lo convirtieron en la consecuencia de ese apoyo. "Las bombas de Irak caen sobre Madrid", gritaban los manifestantes que se congregaron frente a la sede del PP de la calle Génova en la tarde del 13 de marzo. Por la noche, en una declaración desde la sede del PSOE en Ferraz, Alfredo Rubalcaba reclamó "un gobierno que no nos mienta". Rubalcaba había hablado esa misma tarde con el director del CNI, Jorge Dezcallar, quien le había informado de que los servicios secretos se inclinaban claramente hacia la autoría islamista.

Poco después, ese mismo sábado por la noche, la policía detuvo a Jamal Zougam, ya que en su tienda de Lavapiés se habían vendido las tarjetas que se utilizaron en los móviles para activar la explosión de las mochilas en los trenes. Zougam había sido investigado con anterioridad en la llamada Operación Dátil, en la que se desarticuló la célula de Al-Qaeda liderada por Abu Dahdah. Aunque Zougam no fue imputado, su nombre figuraba en la agenda del dirigente islamista.

El domingo, día de las elecciones, se difundió la foto del marroquí tras su detención. En ese momento, ya no había duda.

El PSOE obtuvo 10.909.687 votos (42,64% del censo), mientras que el PP tuvo 9.630.512 votos (37,64%). La clave de la victoria estuvo en la movilización de la izquierda, que llevó la participación al 77,2%. La mentira como arma movilizadora había funcionado a la perfección.

La duda razonable.

Todavía con el gobierno en funciones, el 3 de abril de 2004, se produjo la explosión en el piso de Leganés en la que murieron seis de los miembros de comando que ejecutó los atentados del 11-M (entre ellos, Serhane Fakhet, El Tunecino, y Jamal Ahmidan, El Chino).

Pocos días después de formar su gobierno, el 24 de abril de 2004, Zapatero viajó a Marruecos. Las relaciones con España durante el mandato de Aznar, sobre todo tras el incidente de la isla de Perejil, habían sido malas. Pero el líder del PSOE, incluso antes de llegar a la Moncloa, había hecho pública su simpatía por el régimen alauí. La visita fue un éxito. Mohamed VI invitó a Zapatero a almorzar en su villa de Anfa, un gesto poco habitual. Todo fue cordialidad.

Poco después, en el mes de junio, el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, anunció un cambio en la política sobre el Sahara, que ya no debía basarse en la celebración de un referéndum, como hasta entonces, sino en un "acuerdo político". El giro se ha completado durante el gobierno de Pedro Sánchez, que ha reconocido de facto la soberanía marroquí sobre la antigua colonia española.

Era evidente que uno de los principales beneficiarios del cambio de Gobierno había sido Mohamed VI.

No hay datos que permitan sostener que Marruecos colaboró en los atentados del 11-M, pero sí la sospecha de que sus servicios secretos no dieron toda la información de que disponían a la policía española. La mayoría de los miembros del comando que participó en el atentado eran marroquíes, y algunos de ellos estaban bajo la lupa de sus servicios de seguridad. Esta falta de colaboración fue una queja que recogí entre varios altos responsables de la policía española en los meses posteriores al 11 de marzo. El que fuera ministro de Asuntos Exteriores (ya fallecido), Josep Piqué, me comentó, en una conversación que mantuve con él para preparar mi libro 11-M: La venganza, que Mohamed VI le había advertido sobre el peligro del terrorismo islamista que podía llegar a España. Él lo interpretó como una sutil advertencia.

A medida que iban pasando los días, se fueron descubriendo datos alarmantes sobre la preparación de los atentados. Descubrimos, fundamentalmente en la investigación que se llevó a cabo en El Mundo que entre los miembros del comando había varios confidentes de la Policía, la UCO e incluso el CNI.

Es un hecho que la descoordinación entre los distintos cuerpos de seguridad del Estado facilitó que los islamistas llevaran a cabo un atentado de esa dimensión. El entonces juez Javier Gómez Bermúdez ha calificado en la entrevista que le hice hace unos días el 11-M como el resultado de un "fallo multiorgánico". Sin embargo, nadie ha asumido responsabilidades por ello.

La investigación sobre el explosivo utilizado en los trenes fue una chapuza, llevada a cabo por el comisario de los Tedax Sánchez Manzano. Tan es así, que Gómez Bermúdez, presidente de la sala de la Audiencia Nacional en el juicio del 11-M, ordenó una nueva pericial sobre ese elemento clave para la investigación.

Hubo una especie de pacto tácito para que ninguno de los mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad asumiera responsabilidades sobre los atentados del 11-M. Incluso el juez Gómez Bermúdez, que había dicho en varias ocasiones que alguno iría "caminito de Jeréz" se retractó. Al final, la investigación se circunscribió a los implicados directos en la masacre, pero no se quiso ir más allá.

La sentencia.

Desde los sucesos de Leganés hasta que se produjo la sentencia por el 11-M en octubre de 2007, España vivió con pasión y dividida la investigación sobre el atentado.

La primera reivindicación que se difundió el mismo día 11 de marzo pasadas las 21 horas por parte de un grupo denominado Abu Hafs al-Masri, no se la creyó nadie. Ni siquiera el CNI. ¿Cómo era posible que un atentado de esas dimensiones no fuera inmediatamente reivindicado por Al-Qaeda si es que la organización de Bin Laden, tan orgullosa de sus acciones, lo había organizado?

De hecho, todavía hay muchas dudas sobre quién fue el verdadero impulsor o líder intelectual de la masacre. El experto Fernando Reinares sostiene que fue Amer Azizi quien planeó y ordenó el 11-M. Es una hipótesis. La policía fue variando de criterio a medida que avanzaba la investigación: ¿Fue El Tunecino? ¿El Chino? ¿O bien Alekema Lamari, como pensaba el CNI?

Veinte años después del 11-M esa pregunta sigue sin respuesta. Como tampoco hay una tesis sólida sobre cómo es posible que unos individuos sin apenas formación técnica o militar fueran capaces de montar unas bombas activadas por la alarma de los móviles, algo que nadie, ni siquiera ETA (que sí había empleado móviles, pero activando los detonadores con la llamada) había hecho hasta entonces.

Tampoco hay ningún rastro de la participación, directa o indirecta, de ETA en el 11-M. Aunque el deseo de la organización de acabar con Aznar -política y personalmente- está más que acreditado. En una grabación de la Policía se escucha decir a Josu Ternera, días antes del 11-M, "Aznar no se puede ir de rositas".

Pero, evidentemente, eso no quiere decir que ETA colaborase en el 11-M.

Las dudas siguen existiendo 20 años después. El único condenado como autor material por los atentados, Jamal Zougam, sigue insistiendo en su inocencia, y, de hecho, las pruebas para condenarle no son muy convincentes.

Algunos, que creen que lo saben todo y que son muy honestos, dicen que dudar es "conspiranoico". Allá ellos.

Yo, que trabajé durante muchos meses en la investigación del 11-M, no tengo una teoría alternativa. No creo en las conspiraciones. Pero sí en la duda. Porque es la duda lo que lleva a conocer la verdad. Los prejuicios y los intereses políticos hicieron que no se abordaran todos los flecos del 11-M. Eso permitió que algunos sí fabricasen teorías conspirativas. Pero, sólo con sospechas no se puede construir una teoría.

La lección que si podemos sacar de aquel día tan terrible es que ante un atentado el gobierno y la oposición deben estar unidos. Tal vez lo mejor hubiera sido convocar el Pacto Antiterrorista, como quería Zapatero, suspender las elecciones, como apuntaba Gómez Bermúdez en la entrevista antes citada, y dejar a los investigadores que hicieran su trabajo sin presiones externas y con la mayor independencia posible. Tal vez así, hoy no habría división en la sociedad y podríamos recordar esta fecha con consenso y respeto hacia el dolor de las víctimas.

Hoy hace veinte años

 

Ilustracion atocha 11m

Hoy hace veinte años

Es imprescindible mantener la guardia y la correspondiente capacidad de prevención contra los asesinos de entonces y potencialmente de ahora


El atentado organizado y llevado a cabo por terroristas islámicos que tuvo lugar en Madrid, en la estación de Atocha, el 11 de marzo del año 2004, se saldó con el asesinato de 193 personas y cerca de tres mil heridas, muchas de ellas de profunda gravedad. Fue el segundo atentado terrorista más dañino nunca perpetrado en Europa, tras el que, en 1988, como consecuencia de la bomba, también islamista, que explotó en un vuelo de la compañía Pan American, dejó en la localidad escocesa de Lockerbee 270 muertos.
 
En un país como España, durante décadas acosada por la criminalidad del terrorismo nacionalista vasco, la primera reacción tras la terrible noticia fue la de atribuir la responsabilidad de la barbarie, tanto en medios políticos como periodísticos y sociales, a la organización terrorista ETA. Hacía pocos días que las fuerzas de seguridad habían interceptado en una carretera secundaria no lejos de la capital madrileña una furgoneta cargada con una importante cantidad de explosivos y conducida por miembros de la organización euskaldún. El dato parecía abonar la posibilidad de que fuera la misma ETA la responsable de la matanza de Atocha.
 
Pocas horas después de que, a primeras horas de la mañana, la terrible barbarie hubiera tenido lugar, comenzó a circular por medios diversos la posibilidad de que el origen del atentado pudiera encontrarse en la acción de un grupo islamista. El Gobierno del momento, que presidía José María Aznar, no supo o no quiso dar cauce a esa posibilidad, aunque sin descartarla por completo, y sus explicaciones durante las horas y días subsiguientes dejaron un margen de duda al respecto, mientras que medios políticos de la oposición socialista se apresuraron a vocear la alternativa islámica, exigiendo al Gobierno que dijera la verdad –«necesitamos un gobierno que no nos mienta», fue la instrucción aireada múltiples veces por el portavoz socialista del momento, Alfredo Pérez Rubalcaba– y presentando lo ocurrido como la consecuencia de la participación española en la invasión norteamericana de Irak, que había tenido lugar en 2003. La noción de que el atentado tenía su origen en la venganza que los islamistas dedicaban a España como consecuencia de esa participación –que en realidad nunca había tenido lugar: no hubo tropas españolas en el empeño y las que en 2004 se encontraban en Irak fueron allí desplegadas tras la invasión bajo la cobertura de las Naciones Unidas– cobró pronto un amplio eco social. En el barómetro del Real Instituto Elcano publicado en junio de 2004, y según las correspondientes indagaciones, se afirmaba que el 64 por ciento de los españoles pensaban que el atentado no se hubiera producido si España no hubiera apoyado a los Estado Unidos en la invasión de Irak. Abonando en la misma conclusión, un 60 por ciento de los encuestados mantenía que ello se debía a la política exterior que España mantenía en aquel momento.
Ilustracion atocha 11m

Lu Tolstova

Tres días después del atentado, el 14 de marzo, tuvieron lugar las previstas elecciones generales, que concedieron una mayoría absoluta al PSOE, en aquel momento encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero. Las encuestas realizadas antes de los comicios daban un resultado distinto, señalando al Partido Popular como el favorito para vencer en los comicios. Según el estudio postelectoral llevado a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas, un 13,5 por ciento del electorado confesaba haber cambiado el sentido de su voto como consecuencia del atentado. Edurne Uriarte así lo interpreta: «España no dirigió su indignación hacia los autores de la masacre sino sobre todo al Gobierno y a su política internacional. Ciertamente hay varios elementos en esta reacción, pero creo que uno en especial relevante para entenderlo es la debilidad del patriotismo español.» (Terrorismo y democracia tras el 11M, Espasa Hoy, 2004).
A lo largo de las dos décadas transcurridas desde entonces, han sido varias las preguntas dirigidas a conocer el detalle de lo ocurrido y la consiguiente identidad y propósitos de los terroristas que imaginaron y realizaron la matanza. Unas ponían claramente su interés en establecer la relación causal entre el atentado y el resultado electoral para, en consecuencia, determinar quién hubiera sido el autor intelectual de la barbarie, de manera a deducir las acciones correspondientes. Otros, por el contrario, más acostumbrados a las reglas aparentemente seguidas en sus acciones criminales por los partidarios de la yihad, subrayaban por el contrario que no cabía deducir ninguna relación entre ambas fechas, dado que la conducta habitual de los asesinos seguidores de Mahoma no estaría en buscar venganzas concretas sino en procurar la derrota y eventual desaparición del mundo judeocristiano y sus manifestaciones terrenas. Ciertamente contiene más morbo especulativo la primera. Y probablemente más realidad analítica la segunda. Aun sin descartar otras incógnitas, que oscilan entre la explicación conspiratoria y la exigencia investigadora.
Sea cual sea la preferencia especulativa, lo cierto es que el 11-M trajo muerte y desolación. Y también un catastrófico cambio político para los españoles, que repentinamente perdieron de vista y consideración lo que la Transición y el Consenso constitucional había significado para el bien de la España posfranquista, mientras se veían confrontados con la vuelta al «guerracivilismo» de otros y obscuros tiempos y se instalaba en el país la incapacidad gestora de unos gobernantes caracterizados por su ignorancia y la correspondiente voluntad cainita. En la constancia histórica, los mismos que ahora: quien de verdad dirige la política exterior de España en este momento se llama Rodríguez Zapatero. No podría haber encontrado mejor sucesor en su secuela que Pedro Sánchez.
Hay un antes y un después en la historia de España tras el 11 de marzo de 2004. Como lo hubo en la historia de los Estados Unidos, y en gran medida de todo el mundo, tras el 11 de septiembre de 2001. Las lecciones son tan varias como urgentes. Pero deberíamos reducirlas a dos. La Yihad islámica, en sus variadas formulaciones, no ha abandonado su propósito destructivo contra la civilización occidental y cristiana. Es imprescindible mantener la guardia y la correspondiente capacidad de prevención contra los asesinos de entonces y potencialmente de ahora. Y los españoles bien deberíamos aprender de lo que los americanos, con independencia de sus inclinaciones ideológicas, en parecidas circunstancias hicieron: reforzar el sentido patriótico de la unidad frente al enemigo común. Lo cual, sin muros artificiales y dañinos, constituye la mejor propuesta para el mantenimiento de la libertad, la democracia y la paz.
  • Javier Rupérez es embajador de España

Zapatero y Sánchez son iguales: usan el dolor para ganar partidos en fuera de juego.

 Sánchez tira del 'candidato Zapatero' para animar la movilización el 9-J  frente a la "internacional ultra"

El PSOE de Zapatero y el de Sánchez son iguales: usan el dolor para ganar partidos en fuera de juego


Pedro Sánchez ha reivindicado la amnistía total, que incluye a delitos de terrorismo, malversación y traición, apelando nada menos que al 11-M, con un razonamiento demostrativo de su ausencia de escrúpulos y de su apuesta, ya definitiva, por el frentepopulismo y el choque de bloques previamente inducidos por él mismo.
 
Según el líder socialista, aquel atentado de hace 20 años fue culpa de Aznar, que tapó la autoría yihadista para vender la hipótesis de ETA con una «gran mentira» que hoy perdura y marca el discurso de la derecha española en los nuevos retos políticos que, como la «conciliación» con el separatismo, él afronta desinteresadamente entre la incomprensión y el desprecio de sus detractores.
Hay que tener valor para, con un currículo en el ámbito del terrorismo que incluye más preocupación por los etarras que por sus víctimas, más comprensión por Hamás que por Israel y más cercanía a los CDR que a los estudiantes, profesores, comerciantes o hasta niños perseguidos por el Ku Klus Klan con barretina; ponerse a pontificar sobre el asunto y presentarse como una especie de redentor total, capaz de rehabilitar a los peores criminales y, a la vez, honrar como nadie a sus damnificados.
 
La realidad es que, aquel 11M de 2004, se estrenó la deriva del PSOE hacia las posiciones que ha perfeccionado Sánchez y le permiten presentarse como jefe de la Policía mientras, en realidad, actúa como el líder de la banda de atracadores.
La misma tarde del atentado, el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, asumió en público la posibilidad de que la matanza de los trenes fuera obra del fundamentalismo. No descartó que la autoría fuera de ETA, como no lo hicimos ninguno, incluyendo a los principales medios de comunicación de referencia del PSOE y la práctica totalidad de la clase política vasca y española, incluidos el entonces presidente del País Vasco, Ibarretxe, y el candidato socialista, Zapatero.
Que al PP le preocupara el posible impacto de un atentado islámico en el resultado de las Elecciones convocadas para cuatro días después y que prefiriera insistir en la tesis de ETA no fue una gran idea, precisamente, pero nadie con un aprecio mínimo por la realidad puede desmentir dos cosas: que se habló de Al Qaeda desde el primer momento también y que, en un tiempo récord, se localizó a los responsables de la matanza, inmolados en un piso en Leganés, y se identificó o detuvo a quienes les ayudaron a cometerla.
 
Mucho más aparatoso que el empeño popular en priorizar la vía de ETA, que nunca puede ser descartada en un país con nuestro historial pero no podía ser única en un mundo ya asolado por Al Qaeda; fue el del PSOE en convertir el atentado y su origen en una excusa para dinamitar el tramo final de la campaña y tratar de invertir el resultado pronosticado por todos los sondeos, que apuntaban a una sonora derrota de Zapatero frente a Rajoy.
 
Por primera vez en la historia, un partido echó la culpa de un atentado al Gobierno; convirtió las inevitables dudas sobre los hechos en una prueba de la manipulación; justificó con ello el ataque a las sedes de su rival y generó un estado de ánimo de indignación y movilización capaz de provocar un vuelco en las urnas con una falsedad de la que luego se olvidó.
 
Porque Zapatero jamás se sintió orgulloso de que una Nación le mirara a él para gestionar los estragos de un ataque a su forma de vida, que sería lo lógico de no sentirse culpable, y optó por achacar a su desconocida propuesta social la clave de una victoria conseguida por sorpresa, en el último minuto y en fuera de juego.
Solo Sánchez, quién si no, se ha atrevido ahora a ponerse al frente de la lucha contra el horror y al lado de las víctimas, en otra prueba más de su sonrojante desfachatez, sostenida por un aparato mediático instalado confortablemente en el epígrafe laboral de las meretrices.
 
El 11M fue un desafío yihadista a la civilización occidental, con la complicidad siquiera anímica de ETA y la utilización local del PSOE, que inició así el camino de tropelías que hoy sigue manteniéndole en el poder.
Unas veces se aprovecha del martirio y de la sangre; y otras se alía con quienes los provocan para alcanzar o mantenerse en el poder, pero en ninguno de los casos se sitúa en el lugar correcto: las víctimas son una simple herramienta, a olvidar si se necesita a Bildu o a Puigdemont o a explotar si se puede ganar unas elecciones.