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El efecto Andalucía NO aúpa al PP a La Moncloa. Depender de Vox es no gobernar.



Aunque Tarjet Point es, totalmente, socialista, no difiere en mucho las otras encuestas. En Andalucía, le daba 36 escaños y obtuvo 58.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Blog de Juan Pardo

El partido de Alberto Núñez Feijóo llegaría a los 130 escaños y podría arrebatar la Moncloa a Sánchez con el apoyo de Vox, según el último barómetro de Target Point para El Debate


Si hoy fueran las elecciones, Pedro Sánchez tendría que pensar en hacer las maletas para abandonar Moncloa. Si hoy se convocaran las urnas, Alberto Núñez Feijóo ganaría los comicios con amplia mayoría –la mayor ventaja que ha tenido con el PSOE desde que es presidente del partido– y podría formar Gobierno con el apoyo de Vox.

El PP conseguiría 130-132 escaños, 30 más que los que le daban en el mes de abril, según el último barómetro de Target Point para El Debate. La crisis está golpeando con fuerza al Gobierno de Pedro Sánchez, que perdería diez diputados en tres meses y con ello cualquier opción de continuar en Moncloa. Para ello, por el momento, Feijóo tendría que pactar con Vox, que pierde peso con respecto al barómetro de abril pero que ganaría fuerza si lo comparamos con su representación actual en el hemiciclo. El partido de Abascal obtendría 54-56 diputados, muy lejos de los 73-77 que tenía en abril.
Encuesta Target Point julio escaños

El efecto Andalucía se nota en el electorado. La histórica victoria de Juanma Moreno el 19-J ha provocado que ahora el 30,6 % de los votantes piensen en meter en la urna la papeleta del PP, siete puntos más que hace 90 días. Por primera vez en lo que va de año, los populares adelantan al PSOE en este aspecto, ya que estos pierden siete décimas y se quedan con un 24,3 % de los votos.
Vox también pierde en porcentaje de voto y se tiene que conformar con un 17 %, tres puntos y medio menos que en abril. Podemos cae dos puntos en tres meses y tres con respecto a los comicios de 2019.
Encuesta Target Point julio porcentaje

La suma de derechas también se ve beneficiada. Si en abril PP+Vox, en el mejor de los escenarios, habrían juntado 176 escaños –justo lo necesario para la mayoría absoluta– mientras que ahora llegarían a 188, una mayoría más que solvente para afrontar algunas reformas.
La izquierda, sin embargo, pierde y mucho. El PSOE pasaría de los 99-103 escaños de abril a los 91-93 de ahora -actualmente cuenta con una representación de 120 diputados-, al igual que Podemos, que pasaría de los 35 escaños que obtuvo en 2019 a los 24-26 que tendría hoy. Pierde cinco diputados en solo tres meses.

Cambio de chaqueta

Mención merece también Ciudadanos, que casi desaparecería del Congreso. Arrimadas podría conseguir un diputado y ni siquiera lo tiene asegurado. Su electorado parece haber apostado por Feijóo, ya que el 37 % de los votantes naranjas metería hoy la papeleta del PP en la urna, mientras que ni uno solo optaría por la del PSOE.
Pero no son los únicos que cambian de bando. Especialmente llamativo resulta que casi el 10 % de los votantes de Sánchez en 2019 ahora avalarían a Feijóo como presidente y que solo el 51,7 % aseguran que volverían a votarle. Otro caladero de votos importante para el PP es el electorado de Vox, de donde rascaría el 13,2 % de sus votantes.
Lo que parece claro es que ha cambiado el escenario y que cuando Sánchez convoque elecciones, como muy tarde en diciembre del año que viene, habrá renovación en Moncloa.

Pedro Sánchez se adueña de RTVE, al igual que ya lo hizo con otros entes públicos. instituciones.



Se acabe celebrando o no algún debate entre los candidatos a La Moncloa esta campaña, todo lo que ha ocurrido en las últimas horas, de enorme gravedad democrática, refleja que Pedro Sánchez no tiene escrúpulos para poner a su servicio organismos públicos como RTVE, en línea con lo que ha hecho con otras muchas instituciones del Estado en sus meses de mandato. Tanto como le gusta presumir al todavía presidente del Gobierno de respaldar la televisión pública, le ha dado dos estocadas en menos de una semana, aunque la de ayer es la puntilla para la escasa credibilidad que aún pudiera mantener la corporación en manos de Rosa María Mateo. La administradora única ha demostrado un servilismo al PSOE tan elocuente al cambiar la fecha del debate propuesto a los candidatos, plegándose al deseo de Sánchez, que incluso profesionales de la cadena promocionados en esta etapa como Xabier Fortes o el presentador del Telediario Carlos Franganillo se revolvieron de inmediato contra ella. Por dignidad y para no emborronar más su carrera en los medios, a Mateo sólo le queda la opción de dimitir tras el bochornoso episodio que está dominando la campaña electoral y que ha roto la estrategia de los socialistas a los que hasta ahora les sonreía el viento de cara.

Sánchez nunca ha querido debatir. No se atreve a confrontar programas ni a participar en duelos dialécticos porque no quiere responder a cuestiones medulares por las que le interrogarían sus rivales, tal como le ocurrió con la ministra de Hacienda en el debate a seis. Montero fue incapaz de aclarar si el PSOE indultaría a políticos si son condenados por el procés o cuántas naciones hay en esa España plurinacional de la que hablan con tanta frivolidad. Y, por ello, escamoteando a todos los españoles su derecho a saber qué piensa realmente el candidato socialista sobre el futuro de nuestra Nación, éste se negó primero a participar en un cara a cara con Pablo Casado, después se apuntó a un debate en Atresmedia a cinco que incluía al líder de Vox -ahí ya demostró lo poco que le importa RTVE, a la que dejó tirada-, y, finalmente, se ha desdicho de su compromiso y sólo está dispuesto a acudir a la televisión pública imponiendo la misma fecha en la que ya estaba anunciado el debate de Atresmedia. Una trampa de mal jugador para intentar que no se puedan celebrar las dos citas, o incluso que finalmente no tenga lugar ninguna. Y en esa estrategia vergonzosa le ha ayudado Mateo, cambiando el debate del lunes al martes, como si TVE fuera la televisión de un partido.

Es presumible que esta cadena de errores le pasará factura electoral a Sánchez. En todo caso, sus contrincantes no deben doblegarse al chantaje socialista. Los españoles habrán de valorar si puede dirigir un país alguien instalado en la huida permanente e incapaz de confrontar ideas en un espacio plural y neutral.