La singularidad es Sánchez
Cataluña necesita una financiación singular porque Sánchez
necesita un apoyo singular, y ésa es toda la singularidad de la
situación, la singularidad de Sánchez, que parece un oscuro concepto
cosmológico y casi lo es. En la singularidad de Sánchez, como en las
singularidades de los agujeros negros o del Big Bang, todas las leyes
conocidas fallan y sólo nos queda la superstición de admitir la mano
caprichosa y meticona de un Ser Supremo (universal o monclovita), o la
paciencia y la sabiduría para tratar de remediar nuestra ignorancia y
nuestro desconcierto. Como el PSOE es ahora sólo una iglesia de Sánchez,
una cienciología de guapo bien encuadernado, hay que creerse que la
necesidad de Sánchez es necesidad nacional, o universal, o moral
incluso. Hasta Illa ha salido como un cura de la antigua Convergencia, como un meritorio del Ensanche, como un yerno de Pujol,
con la vieja teoría de la pela sisada, de que España les roba, y con
que la financiación singular no es privilegio sino “justicia”. Justicia
divina, diría yo, porque sólo los dioses se atreven a hacer equivalentes
la justicia y la arbitrariedad.
La singularidad de
Sánchez será la singularidad de ERC si Sánchez necesita a ERC (será
hasta la guapura de ERC, que Sánchez ahora piropea a ERC como a una
suegra ante la mesa navideña). Y será la singularidad de Puigdemont
si Sánchez necesita a Puigdemont. Y si piensan ustedes que son
incompatibles o contradictorias es que no entienden el propio concepto
de singularidad sanchista. Es la singularidad de Sánchez, no de ERC, ni
siquiera de Illa, que es como una sombra chinesca hecha con sus propias
mangas colgonas, la que nos ha llevado de nuevo a la pela. Puede parecer
que es como volver al pueblo después de un viaje interestelar, muchas
generaciones después, pero en realidad no es que hayamos vuelto a la
pela, o a Pujol, o a un yerno de Pujol cruzado con yerno de Tarradellas.
Lo que tiene la singularidad de Sánchez es que permite viajes de ida y
vuelta al pasado, y así uno puede pasarse un momento por la castiza pela
para luego retomar la agenda del referéndum y la autodeterminación,
que, total, la singularidad lo aguanta todo.
La pela ahora no
financia paz, aquella burguesa paz pujoliana de buenas cortinas y buenas
maneras, sino que sigue financiando la independencia, o sea que no se
trata de la concordia sino del recochineo. Y es que la singularidad de
Sánchez es elástica e ilimitada, y sus socios pueden seguir pidiéndole
deseos empujados por la avaricia, la melancolía, la venganza o hasta el
humor, que un día le exigirán a Sánchez que aparezca por el Congreso
vestido de torero o de Tejero y Sánchez lo hará. Han
tenido indultos y amnistía, pronto tendrán la pela singular, icónica,
sagrada, evangélica, como treinta monedas de plata, y luego tendrán el
referéndum. Pero mientras, para que no cese la diversión ni surja la
disputa en la mesa del gran banquete, Sánchez les va cubriendo además de
halagos exagerados y dóciles, como un bufón enjaezado de cascabeles o
quizá sólo de huesos de pollo arrojados a la cabeza.
Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego
En su última
entrevista, dentro de la gira que está haciendo Sánchez en triclinio o
en parihuela (Sánchez es como un presidente de Astérix), esta vez para La Vanguardia, no sólo alabó a ERC como un partido “grande, con raíces”, sino que saltó en tremenda y artística cabriola para decir de Pere Aragonès
nada menos que “sin su liderazgo y su compromiso no habría indultos ni
amnistía”. Sí, esto es exactamente como si un director de banco sale
diciendo que sin el liderazgo y el compromiso del atracador no habría
atraco. Tendríamos que hablar de síndrome de Estocolmo, de complejo de tío Tom,
de dislocación mandibular o de fractura lumbar, si no fuera por la
singularidad de Sánchez. En la singularidad de Sánchez no hay mentiras
ni humillaciones, no hay coste ni vergüenza, no hay pasado ni futuro, no
hay ni siquiera causa y consecuencia más allá de su inefable voluntad.
La singularidad es
Sánchez, todas nuestras leyes, toda nuestra comprensión de la política y
la lógica fallan al llegar a él, y el universo se derrumba sobre sí
mismo. Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira
la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre
el eufemismo y el eslogan veraniego, entre la originalidad violentada de
lo que ya no puede ser original, como los anuncios de cerveza, y el
intento de que no se hagan comparaciones con la otra singularidad vasca,
hermana y sin embargo rival. Pero haya salido de la nueva lideresa de
ERC, que viene con autoridad y bisbiseo de monja misionera, o haya
salido de la máquina de palabros, churros y peinetas de la Moncloa, ése
es el concepto que acota a Sánchez.
La singularidad es
Sánchez, algo que quiebra el universo o la política como los conocemos y
sólo nos deja la religión o el desconcierto. Ya hubo amnistía, va a
haber pela y habrá referéndum, todas ellas cosas singulares, y más que
todavía se pueden inventar. Los indepes van a pedirlo todo y van a
tenerlo todo, y no se preocupen por las contradicciones, que ni ellos ni
Sánchez pueden esperar a la siguiente singularidad cósmica. La verdad
es que, probablemente, la singularidad no existe, e incluso dentro de
los agujeros negros, entre encarnaciones de universos o incluso en el
sanchismo, todo transcurre suavemente, según unas leyes que,
simplemente, aún no conocemos. Eso sí, por lo que vamos desentrañando de
Sánchez, lo más probable es que todo continúe así, con inexplicable y
aparente caos pero secreta suavidad, y no que veamos estallar la
legislatura como un Big Bang de puro petardeo. Ni siquiera, diría yo,
con un sonoro y cósmico begoñazo.