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Cinco presidentes del PP anuncian que recurrirán al Constitucional los pactos de Sánchez con etarras e independentstas.

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Isabel Díaz Ayuso, durante su intervención en el Senado

Isabel Díaz Ayuso, durante su intervención en el SenadoEFE

En el Senado

Cinco presidentes del PP anuncian que recurrirán al Constitucional los pactos de Sánchez: «Ya está bien»

Los mandatarios de Aragón, Andalucía, Castilla y León, Murcia y la Comunidad Valenciana han aprovechado el debate en el Senado para comunicarlo-

La sesión de la Comisión General de Comunidades Autónomas no iba de Alberto Núñez Feijóo. De hecho, el presidente del PP no salió a colación hasta que la extremeña María Guardiola lo mencionó en su discurso, casi tres horas del arranque de la jornada.

Iba de dar voz a esas otras comunidades que no son Cataluña ni el País Vasco, y que se sienten agraviadas por la ruptura del principio de igualdad de los españoles y de la unidad de la nación. Y para ello estaban allí los once presidentes del PP. Para decir «ya está bien», como dijo el de Murcia, Fernando López Miras. Para proclamar que el fin «no justifica los medios, salvo para quienes tengan una concepción maquiavélica de la política», como proclamó el de La Rioja, Gonzalo Capellán.
Para sostener que España «somos todos y el futuro lo tenemos que decidir entre todos», como sostuvo la de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga. Y para recordar que la amnistía no supone perdonar, sino «pedir perdón», como recordó la presidenta de Baleares, Marga Prohens.«Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas», leyó el presidente de Aragón, Juanma Moreno.
Él y otros cuatro presidentes regionales, los de la Comunidad Valenciana, Castilla y León, Murcia y Andalucía, anunciaron que sus respectivas comunidades recurrirán los pactos de Pedro Sánchez ante el Tribunal Constitucional si estos incluyen la condonación de la deuda que Cataluña tiene con el Fondo de Liquidez Autonómico (el FLA) o cualquier otro acuerdo fiscal que suponga un agravio para el resto, como se temen. Esos recursos se unirán al ya anunciado por el PP nacional contra la amnistía.
«Tanta mansedumbre con algunas cosas y tanta mano dura con otras», lamentó el presidente de Galicia, Alfonso Rueda, al recordar que el Gobierno acaba de recurrir la ley del litoral gallega ante el Tribunal Constitucional mientras negocia una amnistía que, según los populares, es claramente inconstitucional
«No puede ser negociable el marco de convivencia del 78 para meter a martillazos lo que no está en la Constitución», advirtió Alfonso Fernández Mañueco. E Isabel Díaz Ayuso preguntó a la Cámara Alta: «¿Cuánto dura una nación que se deja traicionar?».
En los discursos de varios de los presidentes hubo alusiones a la ausencia de los tres presidentes regionales del PSOE, pero sobre todo a la del Gobierno en su conjunto. Ni siquiera estuvo la ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez, que se puso un acto en Albacete a la misma hora.
A los barones del PP les indignó eso y, también, la falta de consideración de Pere Aragonès. El presidente catalán llegó, habló y se marchó sin escuchar. Pero le dio tiempo a soltar su bomba de racimo: «La amnistía no es un punto y final. Es el punto de partida de un destino: que la ciudadanía catalana vote en un referéndum, de forma acordada y reconocida».
A lo que el andaluz Juanma Moreno respondió: «Cataluña es cuestión de todos y a todos nos incumbe su futuro».

Según Tezanos (CIS). El 66% de los votantes de Cs prefieren un Gobierno con el PSOE.

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Rivera sabía que el CIS sacaría esta  anormalidad, pero si habló con Sánchez


Por descontado, todo aquello que huela a Tezanos es mentira. Pero de Rivera, todo se puede esperar.  El último barómetro del CIS sobre pactos postelectorales azuza aún más el debate abierto en la dirección de Ciudadanos sobre la posibilidad de levantar el veto a Pedro Sánchez -un cordón sanitario que se erigió con el voto unánime de la Ejecutiva antes de las generales- y cuyas disidencias ha costado la salida del partido de pesos pesados como el ex portavoz económico, Toni Roldán, o el eurodiputado Javier Nart (que abandonó únicamente la Ejecutiva por las desavenencias con Rivera).

Del “””sondeo”””  de Tezanos se sacan conclusiones como que  dos de cada tres electores que apostaron por Albert Rivera el pasado 28-A aceptarían un pacto de Gobierno con el PSOE para que Pedro Sánchez fuese investido el próximo 23 de julio. Por contra, la alternativa del bloque de la derecha, Abascal incluido, -la hoja de ruta marcada por los naranjas desde la misma noche electoral con el concurso externo de Vox- convence tan solo a un 11,8% de los votantes naranjas.

La voluntad de los electores entraría a contradecir la premisa mantenida por el partido -por el momento inamovible- de no haber ningún tipo de opción a un pacto entre el partido de Rivera y el de Sánchez, apostando este por la vía minoritaria, según el CIS, del bloque de derechas. Incluso el 7% de los votantes que tuvo Ciudadanos en las generales prefiere un gobierno socialista en solitario “con apoyos puntuales de otros partidos”.

El líder de Ciudadanos cerró incluso la puerta a reunirse nuevamente con Pedro Sánchez al asegurar que “no hay nada que hablar” con el Presidente en funciones porque ellos van “a liderar la oposición”.

La evidente brecha entre ambos candidatos comenzó por el mes de febrero, cuando la Ejecutiva de Ciudadanos votó a favor de levantar un veto expreso a Pedro Sánchez de cara a posibles pactos postelectorales esgrimiendo sus concesiones al independentismo como motivo fundamental de la ruptura y llegando a calificarle de “peligro número uno para España”. De la noche electoral se desprendió un dato determinante: que juntos, PSOE y Cs, lograrían mayoría absoluta. Pero el ‘no’ naranja a entrar en un Ejecutivo socialista ya estaba encima de la mesa, un veto que también se extendía a la posibilidad de abstenerse para permitir un Gobierno monocolor.

“Haremos una oposición leal a España”, declaraba un animado Albert Rivera la misma noche electoral. La debacle del PP en las generales y el meteórico ascenso de los naranjas -57 escaños, 25 más que en las últimas generales- llevaron a Ciudadanos a reclamar un puesto hegemónico del centro-derecha, hasta ahora ocupado por los populares, y liderar una oposición “firme y feroz” contra el sanchismo.

Los fragmentados resultados de las elecciones municipales, autonómicas y europeas terminaron por dinamitar los cimientos de un partido que hasta ese momento defendía la unión como uno de sus pilares. La apertura al PP como “socio preferente” y la posibilidad de pactos con el PSOE como segunda opción -única y exclusivamente con gobiernos disidentes de las políticas del secretario general– empezaron a agitar un vaso que desbordó por las reuniones en secreto y los entendimientos, si no pactos de facto, con la extrema derecha.

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Pablo Iglesias y Albert Rivera dicen que no pactarán con Sánchez. Pablo Iglesias y Rivera hará lo que diga su “dueño”, el okupa de La Moncloa


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Pero repasemos sin olvidar y mañana lo veremos, la única base electoral del PSOE es ir de víctima, como así, en su día  lo hizo Zapatero. Cuando, también el líder de Ciudadanos prometió con solemnidad que jamás volvería a pactar con Sánchez. En ese instante, el equipo de campaña del presidente del Gobierno se frotó las manos al contemplar ante sí todo el espacio de centro listo para ser ocupado. Y en eso está Sánchez. En eso y en evitar cualquier pifia –por ejemplo, en un debate televisivo– que dé al traste con una estrategia milimétricamente trazada.

Una vez rescatado el voto que se le fugó a Podemos, se trataba de recuperar apoyos por el otro lado. Y para ello, tanto Sánchez como María Jesús Montero, su enviada todoterreno a esos debates en los que siempre se puede meter la pata, restan carga ideológica al discurso con el fin de atraer, no ya al votante entusiasta, sino al que deposita su papeleta como un mal menor. Captar el voto radical y el moderado al mismo tiempo es el gran reto. Es también el empeño de ERC en Catalunya, aunque a Gabriel Rufián le cueste embutirse en el traje de político prudente y comedido. ¿Y el resto de partidos?

A estas alturas de la campaña, los demás se definen en función de un posible gobierno de Sánchez. El PP y Ciudadanos piden el voto para impedir que el socialista se alíe con el secesionismo y haga pedazos España; Podemos reclama apoyo para que Sánchez no se asocie con la derecha de Rivera, y los independentistas lo hacen para que en la Moncloa no se olviden de que tienen un problema en Catalunya. ¿Y Sánchez? ¿Cuál es el gobierno que persigue el líder del PSOE?

Obviando la meta casi imposible de una mayoría absoluta, el objetivo de Sánchez es conseguir un resultado que le permita gobernar en solitario con el apoyo de Podemos, el PNV, Compromis y los catalanistas. Ese es el escenario que en la Moncloa consideran factible y más cómodo. ¿Por qué no el del pacto con Ciudadanos?

Un acuerdo del PSOE con Rivera no es descartable si de las elecciones del 26M –municipales y autonómicas en 12 comunidades– resulta un escenario en el que ambos partidos se jueguen gobiernos clave. Pero Sánchez es muy consciente de lo que le ha costado taponar la fuga de votos hacia la formación de Pablo Iglesias, un empeño al que se aplicó desde el primer día que tomó posesión como presidente con el anuncio de un gobierno feminista hasta el último de los “viernes sociales”. Y un pacto con Cs volvería a poner en riesgo el flanco izquierdo del PSOE, seguramente el más frágil, el que se desmoviliza con mayor rapidez ante cualquier desencanto. Dejaría despejada a Iglesias la autopista de la izquierda. Es probable que el líder de Podemos reclame entrar en el Gobierno, algo que no está ahora mismo en los planes de Sánchez. ¿Y el independentismo?

La campaña de ERC y JxCat consiste en combatir el voto útil hacia los socialistas como freno de la derecha. Para ello, Oriol Junqueras redactó una carta en la que abría el camino a votar una eventual investidura de Sánchez sin condicionarlo a la negociación de un referéndum de autodeterminación. Al difuminar la principal línea roja, el independentismo transmite el mensaje de que el gobierno de izquierdas está garantizado si de ellos depende, pero que conviene que lo sea condicionado para que aborde el conflicto catalán. Por eso, los republicanos consideran esencial ganar estas elecciones generales en Catalunya. Ahora mismo las encuestas arrojan un resultado igualado entre el PSC y ERC.

La intención de Sánchez es continuar con la política de diálogo y desinflamación con la Generalitat, aunque sin discutir un referéndum. Su objetivo es rebajar el malestar de la sociedad catalana con el Ejecutivo central para contribuir a cambiar el panorama político en el Parlament. Tanto en la Moncloa como en ERC y JxCat son conscientes de que tendrán por delante dos hitos: la gestión política de una posible condena penal de los políticos independentistas procesados y el resultado de unas elecciones catalanas que probablemente sufran un adelanto a los próximos meses. Queda mucho camino por delante.