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España, si la justicia no lo remedia pasará de la crueldad del sanchismo a la dictadura bolivariana.

 Pedro Maduro y Nicolás Sánchez

España no puede aguantar ni un solo día más la presión y el desconcierto ocasionado por el desastre corruptivo del sanchismo. En la cúpula del la dictadura de Pedro Sánchez, quien no está imputado está pendiente de que le conmuten la condena de garrote vil a cadena perpetua irrevisable. En dicha cúpula no solo están citados los cargos políticos, véase la banda de Koldo, Pepa Bueno, el rector de la complutense o el mismísimo Rey de Marruecos. 

Con Pedro Sánchez lo estamos comprobando, con lágrimas, sudor y desesperación. El poder centralizado en La Moncloa es excesivo. El presidente puede gobernar al margen del Parlamento, prácticamente por decreto. Ni siquiera es condición imprescindible que logre la aprobación de los Presupuestos Generales. Puede prorrogar los anteriores y, según las necesidades, establecer partidas de gasto extraordinarias. No es lo ideal, pero funciona. Y al poder, es decir, a La Moncloa, le basta para que la máquina del Estado siga funcionando a su capricho.

Esta peligrosa anomalía nace del temor a la ingobernabilidad de un país tradicionalmente dividido, complejo y tendente a las pugnas nacionalistas, partidistas y sectarias. El miedo a que la España postfranquista fuera ingobernable llevó a que los padres de la Constitución de 1978 fortalecieran las capacidades de la institución de la presidencia del gobierno. Desgraciadamente, con el tiempo, este remedio se ha demostrado mucho peor que la amenaza que pretendía prevenir.

Hoy, el complejo de La Moncloa es el centro del poder, un poder casi absoluto que tiene un paradójico agravante en caso de que el gobierno sea débil, como sucede con el Gobierno socialista. Y es que el presidente usará ese inmenso poder como moneda de cambio y, en lugar de que esta institución actúe como fuerza centrípeta, se convertirá en una fuerza centrífuga, una motosierra con la que un solo individuo, para conservar la presidencia, troceará el país y lo repartirá entre mafias nacionalistas y políticas. Exactamente lo que está haciendo Sánchez.

Sometido a la dictadura del trueque presidencial, el Parlamento deja de representar al pueblo soberano. No propone, debate, audita, subsana o mejora leyes, sino que, mediante la articulación de una mayoría simple, ratifica el poder del presidente, quien a su vez usará ese poder para comprar su permanencia en La Moncloa. Un círculo vicioso que sólo atiende a la aritmética y que desemboca en el infierno.

Así se explica que los parlamentarios, salvo honrosas excepciones, no atiendan a los intereses generales ni sean constructivos, sino que escenifiquen la pugna entra facciones por los beneficios de ese poder desmedido, convirtiendo los debates en un espectáculo bochornoso, con descalificaciones, improperios, insultos, incluso mímica soez, como la escenificada por la ministra María Jesús Montero, que simuló comerse algo que no era una zanahoria, precisamente.

Nuestro Kremlin

Una de las pruebas más contundentes de este poder descontrolado está en su propio aparataje. El complejo de La Moncloa, que incluye la residencia oficial del presidente del Gobierno español y oficinas de trabajo, emplea a unas 370 personas. Esta cifra incluye funcionarios administrativos, auxiliares, y personal encargado de la gestión y mantenimiento del recinto. Además, se estima que más de 120 personas están asignadas específicamente a la protección y seguridad del complejo, lo que incluye fuerzas policiales y servicios técnicos especializados.

A esto hay que sumar que, de los 869 asesores reclutados por el presidente Sánchez, aproximadamente 383 están asignados a Moncloa. Esto equivale a casi la mitad del personal de confianza del Gobierno. Para hacerse una idea de la magnitud del complejo monclovita, Downing Street 10, la residencia y oficina de los primeros ministros británicos, emplea alrededor de 100 funcionarios y asesores, y una dotación de personal de seguridad equiparable. En comparación, La Moncloa tiene cuatro veces más personal que su equivalente británico.

Un país de ciudadanos dependientes

La concentración del poder es lo que ha permitido someter a las demás instituciones a las necesidades de un solo individuo o, a lo sumo, de una banda. Pero este proceso de acaparación no se ha detenido ahí, ha ido mucho más lejos. Su naturaleza expansiva se ha propagado como la pólvora, de tal forma que tanto los inquilinos de La Moncloa como sus émulos regionales han trabajado con ahínco para generar intensas dependencias en la sociedad, pues si lograban que una masa crítica de electores se volviera dependiente, incentivarían el voto cautivo a través de las redes clientelares y resultaría mucho más difícil cuestionar el modelo y exigir que se reforme.

Cataluña y Extremadura son casos paradigmáticos, aunque no los únicos. En la primera, de sus cuatro millones de población activa, 400.000 son funcionarios o empleados públicos dependientes de la Generalitat y ayuntamientos, a lo que hay que sumar la red clientelar de subsidios y subvenciones tejida por los nacionalistas. Algo que no va a cambiar con la presidencia de un presunto socialista no nacionalista. Al contrario, sólo para la proyectada Hacienda catalana Salvador Illa va a convocar 4.000 nuevas plazas con cargo a los presupuestos. Esto, sin embargo, es lo que se ve. Luego está lo que es opaco. La Generalitat gestiona una cantidad significativa de fondos que benefician a ciudadanos y empresas en diferentes niveles de dependencia económica, aunque, como es la costumbre, no se dispone de un desglose preciso de cuántas personas se benefician directamente de ellos.

«Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado»

En cuanto a Extremadura, de su población activa, que a duras penas supera las 400.000 personas, más de 90.000 son funcionarios o empleados públicos; es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores extremeños cobra de la Administración. De las ayudas y subvenciones ni hablo. No hace falta.

El resultado de forma agregada es que una proporción muy significativa de la población española depende del sector público para su sustento, ya sea a través de empleo, pensiones, subsidios o prestaciones sociales. Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado, una cifra cercana a los 17,8 millones de empleados del sector privado. De esos 17,2 millones, 9,3 millones son pensionistas; 3,6 millones, empleados públicos, incluyendo todas las administraciones y empresas públicas; 1,8 millones, desempleados que reciben subsidios o prestaciones por desempleo; dos millones, personas beneficiarias del Ingreso Mínimo Vital (IMV); y, por último, cerca de 500.000 personas que reciben alguna ayuda o complemento.

Del otro lado habría, como digo, 17,8 millones de trabajadores que cotizan en el sector privado. Sin embargo, también muchos de ellos reciben algún tipo de ayuda o beneficio público (como subsidios a sectores específicos, deducciones fiscales especiales o beneficios sociales). No existe un dato exacto del número de trabajadores libres de cualquier tipo de dependencia del Estado, pero podemos calcular aproximadamente el número de los que no reciben beneficios sociales ni deducciones fiscales específicas: entre 12 y 13 millones, según los datos del mercado laboral.

Pero el poder se las ha ingeniado para que las dependencias también estén presentes en este último grupo. Muchas empresas privadas reciben ayudas estatales que indirectamente sostienen empleos. Por ejemplo, beneficios generalizados como reducciones en el IRPF o bonificaciones por contratación. Así, aunque sobre el papel 17,8 millones de españoles trabajan en el sector privado, sólo dos tercios están relativamente libres de dependencias directas del Estado: alrededor de 12 millones. Incluso esta cifra es cuestionable según cómo se definan los «beneficios estatales indirectos».

La ideología de la dependencia

A menudo se afirma que España es en su mayoría socialista. Una afirmación que, además de los numerosos gobiernos del PSOE, cobra fuerza al comprobar que las incontables tropelías del actual presidente, Pedro Sánchez, a duras penas merman su intención de voto. Hay, pues, un suelo sólido bajo sus pies, un pétreo suelo socialista. Discrepo de esta opinión. España no es un país socialista, es un país extremadamente dependiente, educado con perseverancia en la dependencia del poder y, en consecuencia, conservador en el peor sentido imaginable.

Dentro de este esquema no hay salida. La única opción es que este sistema de dependencia que tiende a infinito acabe colapsando, como ha sucedido en Argentina, y las magnitudes se inviertan. Al final, como sucedía en las postrimerías de la extinta Unión Soviética, el Estado simulará que paga y los ciudadanos a su vez fingirán que trabajan. Por lo pronto, la letra pequeña en exenciones y subsidios cada vez es más abundante, para que resulte más difícil acceder a ellos, o sus importes y reglas cambian constantemente para soltar lastre, mientras que las ayudas más apremiantes y justificadas, como son los casos de desastres naturales, tardan una eternidad o sencillamente nunca llegan.

Simultáneamente, los impuestos se disparan. Sólo durante la presidencia de Pedro Sánchez se han aprobado seis subidas en el IRPF y cuatro incrementos en el Impuesto de Sociedades, además de subidas en el Impuesto sobre el Patrimonio y cambios en el cálculo de plusvalías municipales; se ha revisado al alza el IVA en numerosos productos y aprobado aumentos en el Impuesto de Matriculación y de Hidrocarburos; se han llevado a cabo 19 subidas en las cotizaciones sociales, incluyendo el aumento de las cuotas para autónomos y una nueva «cuota de solidaridad»; y se ha creado la Tasa Google, la Tasa Tobin, nuevos gravámenes a los plásticos no reciclables e impuestos relacionados con transacciones digitales y productos contaminantes.

Sin embargo, esto, que es insostenible, ningún político se atreve a señalarlo, mucho menos a cambiarlo. Como tampoco está en discusión que La Moncloa se haya convertido en un centro de poder incontestable y en una monstruosa casa de subastas. Un potente electroimán que atrae a sociópatas como Sánchez.

El PSOE en rebelión (o no) La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, el presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez Castejón, y el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, durante la última reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE en su sede en la calle Ferraz. | Carlos Luján / Europa Press Las cuentas que se hace Sánchez desde la Moncloa, mientras se prueba estatuas ecuestres con armiños y rapaces como el que se prueba peluquines de presumido, empiezan a no convencer en su partido. El PSOE de la rosa mustia y del obrerismo de pesada pana mojada (incluido el recursivamente escandalizado, horrorizado y encinchado Page), lo había tragado todo con este Caligulilla de ceñido pantalón. Pero ya le están tocando a la vez el dinero y el electorado, como un sensible y definitivo testiculario político, patricio y mercantil. No es tanto que el nuevo fuero catalán, con poderes para recaudar todos los impuestos como el sheriff de Nottingham, sea una negación más o menos teórica o académica de la izquierda, la solidaridad y hasta el verdadero federalismo, sino que es un manotazo recto, tangible y medible a la panera del pobre. El PSOE tendría que dejar de ser el partido guay de los pobres, o el partido de los guais que se preocupan por los pobres, para ser sólo el pobre partido de un guay, llegando así a perder toda su clientela. Yo no sé si se puede hablar de rebelión, que sólo ha salido Page vestido de Doña Cuaresma o de doña Rogelia, como siempre, y algún otro barón pidiendo una reunioncilla, que tampoco es todavía pedir la pesada y oronda cabeza de Sánchez, cabeza como mesopotámica de oro, realeza, superstición y crueldad. Yo creo que el PSOE está preocupado por el dinero, no por Sánchez, y eso no es todavía una rebelión, sólo un contratiempo. El PSOE de las provincias, los campanarios y las artigas es cierto que podría sobrevivir sin dinero inmediato o sin electorado inmediato, pero no sin ambas cosas a la vez, que es lo que va a ocurrir cuando en las tierras más duras de España vuelvan a ver a los señoritos llevándose el trigo y las mozas. Sin embargo, el PSOE aún no se da cuenta de que el problema no es este pago en libras de carne a los independentistas por colocar a Illa en la Generalitat como en una silla de inválido (no podrá hacer nada sin ellos). El problema es que Sánchez puede volver a vender todo lo que tiene y lo que dice el PSOE en cualquier momento por cualquier cosa, o todo lo que tienen o dicen los pobres o los guais que lo votan, y así van a dejar de votarlos. Salvo Page y algún otro muerto vivo como Lambán, los demás sólo piensan que esta jugada se le ha ido de las manos al querido líder, pero que la cosa se puede reconducir Yo no hablaría de rebelión porque la mayoría del PSOE sigue pensando que puede sobrevivir con Sánchez, y aún más, que todavía les presta seguridad y fama de ganador y de guapo (creo que fue Rilke el que dijo, más o menos, que la fama era la colección de todos los malentendidos que se reunían alrededor de una persona). Sí, estoy seguro de que en el PSOE piensan que Sánchez sigue siendo su mejor opción, porque no va a volver Susana del pozo del cortijo, con pelos y camisón de aparición, ni pueden aupar a Page después de que la prensa del Movimiento lo equipare no ya a la derechona del PP sino a la de Clarín. Salvo Page, que tampoco importa mucho porque yo creo que sólo intenta conservar su reducto manchego, su Palmar de Troya de socialismo presanchista o preconciliar; salvo Page, decía, y algún otro muerto vivo como Lambán, los demás sólo piensan que esta jugada se le ha ido de las manos al querido líder, pero que la cosa se puede reconducir. Sin embargo, Sánchez es irreconducible. Al PSOE le han tocado la mina misma del dinero, que es también la de la ideología y la clientela, esa financiación de las autonomías enrevesada pero aún providente y justiciera, sin la que no podrían hacer sus discursos alpargateros ni sus divisiones agropecuarias entre pobres y ricos, izquierdas y derechas. Esto, sin duda, es mucho más peligroso para el partido que las amnistías, los perdones, el iliberalismo doliente, la colonización institucional o incluso los rodalíes y tal, que al fin y al cabo se percibían como mera teología de la democracia, muy alejada de los problemas cotidianos, o como una mercancía muy acotada de concesiones o privilegios, entendibles en una negociación. Ahora, el dinero es todo el dinero, la concesión es total, como la destrucción del discurso solidario y progresista también es total. Pero es aún algo anecdótico, no sustantivo. Es aún un error de Sánchez, muy lejos de admitir que Sánchez sea el error. El PSOE, que aparte de los esnobs siempre tuvo al pobre medianero de cliente principal (tanto que allí donde más tiempo gobernó, en Andalucía, se dedicó básicamente a fabricar pobres como si fueran botijos típicos); el PSOE, sanchista o presanchista, en fin, puede perder definitivamente a su público con esta última barbaridad de Sánchez, que como ya dije el otro día huye llevándose todo por delante. Y aun así, el PSOE quejándose por esto, quejándose por el dinero, no por Sánchez, no constituye ninguna rebelión. La rebelión vendrá cuando los socialistas hambrientos de dinero, de principios, de historia o de futuro se den cuenta de que la decadencia de Sánchez será una caída cataclísmica que les va a arrastrar a todos, desde el concejal con vara de avellano a las empresas periodísticas que sólo son evangélicas. Y, claro, quieran salvarse. Los barones miran por el cepillo de la parroquia, pero sobre todo por su propio culo catedralicio. E igual el concejalillo y hasta el obispón mediático. Cuando se den cuenta de que el sagrado culo, con sitial hasta las tripas o hasta las campanas, está en peligro no por un mal día de Sánchez con las cuentas o las ocurrencias, sino porque el guapo ha pasado ya a ser un hortera, y el príncipe un paria, y el ganador un gafe, y el querido líder un despreciable canalla, y el fiel votante un ciudadano herido, estafado y resentido; entonces se pedirán principios y no dinero, coherencia y no manteca, cabezas y no explicaciones. Las cabezas, claro, no serán sólo de Sánchez y su camarilla, y eso retrasa más la inevitable purga. Lo mismo no está tan lejos ese día, pero no es hoy, cuando Sánchez, en la Moncloa como en un spa, se sigue probando tranquilamente batines, turbantes, joyones y tigres de estampado o de verdad, como un rapero o como Sergio Ramos.


El PSOE en rebelión (o no)
La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, el presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez Castejón, y el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, durante la última reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE en su sede en la calle Ferraz. | Carlos Luján / Europa Press

Las cuentas que se hace Sánchez desde la Moncloa, mientras se prueba estatuas ecuestres con armiños y rapaces como el que se prueba peluquines de presumido, empiezan a no convencer en su partido. El PSOE de la rosa mustia y del obrerismo de pesada pana mojada (incluido el recursivamente escandalizado, horrorizado y encinchado Page), lo había tragado todo con este Caligulilla de ceñido pantalón. Pero ya le están tocando a la vez el dinero y el electorado, como un sensible y definitivo testiculario político, patricio y mercantil. No es tanto que el nuevo fuero catalán, con poderes para recaudar todos los impuestos como el sheriff de Nottingham, sea una negación más o menos teórica o académica de la izquierda, la solidaridad y hasta el verdadero federalismo, sino que es un manotazo recto, tangible y medible a la panera del pobre. El PSOE tendría que dejar de ser el partido guay de los pobres, o el partido de los guais que se preocupan por los pobres, para ser sólo el pobre partido de un guay, llegando así a perder toda su clientela.

Yo no sé si se puede hablar de rebelión, que sólo ha salido Page vestido de Doña Cuaresma o de doña Rogelia, como siempre, y algún otro barón pidiendo una reunioncilla, que tampoco es todavía pedir la pesada y oronda cabeza de Sánchez, cabeza como mesopotámica de oro, realeza, superstición y crueldad. Yo creo que el PSOE está preocupado por el dinero, no por Sánchez, y eso no es todavía una rebelión, sólo un contratiempo. El PSOE de las provincias, los campanarios y las artigas es cierto que podría sobrevivir sin dinero inmediato o sin electorado inmediato, pero no sin ambas cosas a la vez, que es lo que va a ocurrir cuando en las tierras más duras de España vuelvan a ver a los señoritos llevándose el trigo y las mozas. Sin embargo, el PSOE aún no se da cuenta de que el problema no es este pago en libras de carne a los independentistas por colocar a Illa en la Generalitat como en una silla de inválido (no podrá hacer nada sin ellos). El problema es que Sánchez puede volver a vender todo lo que tiene y lo que dice el PSOE en cualquier momento por cualquier cosa, o todo lo que tienen o dicen los pobres o los guais que lo votan, y así van a dejar de votarlos.

Salvo Page y algún otro muerto vivo como Lambán, los demás sólo piensan que esta jugada se le ha ido de las manos al querido líder, pero que la cosa se puede reconducir

Yo no hablaría de rebelión porque la mayoría del PSOE sigue pensando que puede sobrevivir con Sánchez, y aún más, que todavía les presta seguridad y fama de ganador y de guapo (creo que fue Rilke el que dijo, más o menos, que la fama era la colección de todos los malentendidos que se reunían alrededor de una persona). Sí, estoy seguro de que en el PSOE piensan que Sánchez sigue siendo su mejor opción, porque no va a volver Susana del pozo del cortijo, con pelos y camisón de aparición, ni pueden aupar a Page después de que la prensa del Movimiento lo equipare no ya a la derechona del PP sino a la de Clarín. Salvo Page, que tampoco importa mucho porque yo creo que sólo intenta conservar su reducto manchego, su Palmar de Troya de socialismo presanchista o preconciliar; salvo Page, decía, y algún otro muerto vivo como Lambán, los demás sólo piensan que esta jugada se le ha ido de las manos al querido líder, pero que la cosa se puede reconducir. Sin embargo, Sánchez es irreconducible.

Al PSOE le han tocado la mina misma del dinero, que es también la de la ideología y la clientela, esa financiación de las autonomías enrevesada pero aún providente y justiciera, sin la que no podrían hacer sus discursos alpargateros ni sus divisiones agropecuarias entre pobres y ricos, izquierdas y derechas. Esto, sin duda, es mucho más peligroso para el partido que las amnistías, los perdones, el iliberalismo doliente, la colonización institucional o incluso los rodalíes y tal, que al fin y al cabo se percibían como mera teología de la democracia, muy alejada de los problemas cotidianos, o como una mercancía muy acotada de concesiones o privilegios, entendibles en una negociación. Ahora, el dinero es todo el dinero, la concesión es total, como la destrucción del discurso solidario y progresista también es total. Pero es aún algo anecdótico, no sustantivo. Es aún un error de Sánchez, muy lejos de admitir que Sánchez sea el error. El PSOE, que aparte de los esnobs siempre tuvo al pobre medianero de cliente principal (tanto que allí donde más tiempo gobernó, en Andalucía, se dedicó básicamente a fabricar pobres como si fueran botijos típicos); el PSOE, sanchista o presanchista, en fin, puede perder definitivamente a su público con esta última barbaridad de Sánchez, que como ya dije el otro día huye llevándose todo por delante. Y aun así, el PSOE quejándose por esto, quejándose por el dinero, no por Sánchez, no constituye ninguna rebelión. La rebelión vendrá cuando los socialistas hambrientos de dinero, de principios, de historia o de futuro se den cuenta de que la decadencia de Sánchez será una caída cataclísmica que les va a arrastrar a todos, desde el concejal con vara de avellano a las empresas periodísticas que sólo son evangélicas. Y, claro, quieran salvarse.

Los barones miran por el cepillo de la parroquia, pero sobre todo por su propio culo catedralicio. E igual el concejalillo y hasta el obispón mediático. Cuando se den cuenta de que el sagrado culo, con sitial hasta las tripas o hasta las campanas, está en peligro no por un mal día de Sánchez con las cuentas o las ocurrencias, sino porque el guapo ha pasado ya a ser un hortera, y el príncipe un paria, y el ganador un gafe, y el querido líder un despreciable canalla, y el fiel votante un ciudadano herido, estafado y resentido; entonces se pedirán principios y no dinero, coherencia y no manteca, cabezas y no explicaciones. Las cabezas, claro, no serán sólo de Sánchez y su camarilla, y eso retrasa más la inevitable purga. Lo mismo no está tan lejos ese día, pero no es hoy, cuando Sánchez, en la Moncloa como en un spa, se sigue probando tranquilamente batines, turbantes, joyones y tigres de estampado o de verdad, como un rapero o como Sergio Ramos.

El juez Peinado decide que Pédrodro Sánchez no puede declarar por escrito en el 'caso Begoña Gómez


El juez Peinado rechaza que Pedro Sánchez declare por escrito en el 'caso Begoña Gómez'
El juez Peinado rechaza que Pedro Sánchez declare por escrito en el 'caso Begoña Gómez' | EFE

El juez Juan Carlos Peinado ha rechazado este viernes que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declare como testigo por escrito en la investigación que dirige contra su esposa, Begoña Gómez, por presuntos delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios.

El titular del Juzgado de Instrucción Número 41 de Madrid mantiene la citación del 30 de julio y se trasladará a La Moncloa para tomar declaración al jefe del Ejecutivo al considerar que su comparecencia no se enmarca en hechos de los que tenga conocimiento por su razón de cargo, según una providencia a la que ha tenido acceso El Independiente.

El juez responde así a la carta que le remitió Sánchez esta misma semana alegando que tenía derecho a declarar por escrito en su calidad de presidente del Gobierno porque entendía que se le citaba por hechos de los que ha tenido conocimiento por razón de su cargo en el Ejecutivo.

No obstante, precisa que si cree que puede colaborar "eficazmente" con la Justicia trasladando "hechos relevantes de los que ha tenido conocimiento por razón de su cargo" de presidente del Gobierno, puede comunicárselo en la declaración del martes para que, entonces sí, preste una nueva declaración por escrito.

Prisa a la Audiencia

La defensa de Begoña Gómez ha pedido a la Audiencia Provincial de Madrid más celeridad a la hora de resolver si archiva o no su causa por presunta corrupción y que se pronuncie antes del 30 de septiembre.

Así consta en un recurso de suplica del abogado de Gómez, al que ha tenido acceso El Independiente, en el que responde a la providencia de la Sección 23 de la Audiencia Provincial en la que informaba a la partes de que el 30 de septiembre estudiaría tanto el recurso de Begoña Gómez como el de la Fiscalía, que pedía delimitar la causa.

Sostiene el letrado de Gómez, Antonio Camacho, que tanto ella como el resto de los investigados "están siendo sometidos a una investigación indeterminada, prospectiva y en continuo crecimiento, sin garantías, que está lesionando gravemente su derecho de defensa".

Albert Rivera, después del 26M se entregará a Pedro Sánchez.


JP Logística

Albert Rivera con los malos resultados que cosechará en las municipales y autonómicas acudirá a Moncloa por primera vez tras las elecciones del 28-A, en cuya campaña buscó abiertamente la confrontación directa con Pedro Sánchez. El presidente del gobierno y el líder de Ciudadanos protagonizaron los momentos más tensos de los dos debates televisados. La relación personal entre ambos prácticamente no existe y es público y notorio que ninguno de los dos ha puesto de su parte para rebajar la tensión.

Pero Sánchez y Rivera están condenados a entenderse. O deberían estarlo. El resultado de las elecciones generales ha dibujado un parlamento en el que el PSOE, a pesar de tener una clara ventaja sobre el segundo partido más votado, necesita de apoyos para gobernar. La matemática es testaruda: ambos partidos suman 180 escaños. Un posible acuerdo posibilitaría un gobierno estable con capacidad para afrontar los difíciles retos, como Cataluña o la desaceleración económica, que debe afrontar España en los próximos años.

Es de sobra conocido que las organizaciones empresariales y las instituciones europeas verían con buenos ojos un gobierno de Sánchez con el aval de Rivera. Ese hecho ha sido utilizado como argumento por Podemos para afear al PSOE un posible acercamiento a Ciudadanos, bajo la excusa de que es lo que quieren los ricos y los poderosos. Lo que pasa es que Pablo Iglesias necesita que Sánchez le necesite para gobernar y la opción de Rivera le dejaría fuera de juego en esta legislatura.

En un movimiento táctico no exento de lógica, este lunes el presidente del PP, Pablo Casado, invitó a Ciudadanos a abstenerse para facilitar la investidura de Sánchez. Al mismo tiempo, el número tres del PSOE, José Luis Ábalos dejaba claro (no es la primera vez que lo hace) su preferencia por Ciudadanos como aliado del gobierno. 
Casado piensa que si Rivera facilita la investidura de Sánchez le deja el terreno abierto para ejercer como líder indiscutible de la oposición. Eso reforzaría su papel y le permitiría argumentar que la única alternativa real al PSOE es el PP. Por su parte, Ábalos lanza la idea no tanto porque piense que puede ablandar a Rivera, sino porque le quiere recordar a Iglesias que no es imprescindible para gobernar.

El líder de Cs no puede mostrar sus cartas a menos de tres semanas del 26-M. Pero eso es una cosa y otra es que se cierre definitivamente a pactos con el PSOE

Rivera, que junto al líder del PSOE, ha sido el gran triunfador del 28-A , tiene difícil cambiar ahora -a tan sólo ocho días de las elecciones- unos de los ejes esenciales de su campaña: echar a Sánchez de La Moncloa. Y no sólo porque quede poco estético, sino porque su objetivo sigue siendo desplazar al PP como partido hegemónico del centro derecha. Rivera quiere ser el jefe de la oposición, aprovechando el momento de debilidad que se vive en Génova 13.

Todo ello nos lleva a concluir que en la reunión de este martes no habrá ni siquiera un atisbo de un nuevo Pacto del Abrazo (aquel que alcanzaron Sánchez y Rivera en 2016 y que fue frustrado por Pablo Iglesias).

Para Rivera sería suicida anunciar su apoyo a Sánchez a menos de tres semanas de unas elecciones municipales, autonómicas y europeas en las que piensa que puede dar el golpe de gracia al PP con un sorpasso en votos en las europeas y un triunfo indiscutible en Madrid.

Casado piensa que si Rivera facilita la investidura de Sánchez le deja el terreno abierto para ejercer como líder indiscutible de la oposición

Pero una cosa es que a Rivera no le convenga ahora alimentar la esperanza de un pacto y otra que se cierre a él de manera definitiva. De hecho, hay tiempo para decidir sobre la investidura hasta después del 26-M.

Teniendo en cuenta los intereses de España está claro que es mejor un gobierno de Sánchez (aunque sea en solitario) con un respaldo programático de Ciudadanos, que un gobierno socialista sustentado por Podemos y los independentistas. Eso lo tiene claro no sólo el mundo económico, sino también una parte importante de los votantes de Ciudadanos.

Por tanto, lo que se le puede reclamar a Rivera ahora no es que se comprometa a dar luz verde a la investidura de Sánchez, sino que no se cierre la puerta a posible acuerdos en el futuro. Una vez despejado el panorama electoral del 26-M el líder de Ciudadanos podrá decidir con menos presión y con una perspectiva de medio y largo plazo. Rivera no puede limitar su acción política a un “No es no” a Sánchez.

La codicia de Bego y Pedro, inquilinos de La Moncloa, les....



Blog de Juan Pardo

Cuando el CIS apuntaba a que la codicia de Bego y Pedro, inquilinos de La Moncloa había abierto un camino de rosas (amor y respeto). Ahora, la realidad indica todo lo contrario. Quienes le subieron a la poltrona le ordenan que baje, al objeto de dar forma legal a sus promesas de Cataluña, pero desde Barcelona. 

Muy a pesar de la subjetiva decisión de la Abogacía General del Estado por eso de acusar a los líderes golpistas del independentismo catalán sea más suave que la de la Fiscalía General del Estado, para los expertos jurídicos de Puigdemon es papel mojado, por tanto,  Quim Torra piensa que solo es un deseo de continuidad en la presidencia. De modo que los planes de Pedro y Baltasar Garzón para prolongar la legislatura se han ido al traste. Así se reconoce en el Ejecutivo, donde las palabras de Quim Torra rechazando el gesto del Gobierno y anunciando la decisión de no apoyar los Presupuestos Generales del Estado no han supuesto una gran sorpresa. Aunque sí se reconoce que se vuelve a tensionar la relación institucional y a apretar la crisis política.

Apenas cinco meses después de llegar a La Moncloa, Pedro Sánchez se encuentra con muchas dificultades objetivas para cumplir su propósito de prolongar el mandato hasta junio de 2020. Pese a que se asumía la retórica inflamada en el independentismo, sí se reconoce en el Gobierno que lo sucedido el viernes hace más complejo la aprobación de los Presupuestos.

Con menos de la cuarta parte de los escaños, sometido a las directrices de Podemos, habiendo roto los puentes con la oposición, con unos ministros cuestionados y otros dudando de prolongar tanto la legislatura. Sin contentar a los independentistas y a la vez necesitando su apoyo. Y haciendo de la rectificación su modo de gobernar. Ese es el escenario que acorrala al presidente, y del que pretende escapar aunque sea sin Presupuestos.

Las palabras de Quim Torra, culpando a Pedro Sánchez de ser «cómplice de la represión», preocupan por su virulencia, aunque no tanto por quien las pronuncia, ya que en el Gobierno siguen manifestándose dudas respecto a quién representa realmente el actual inquilino de la presidencia de la Generalitat. La realidad es que, a día de hoy, la gran fortaleza de La Moncloa en su relación con el independentismo está en la división en el seno del secesionismo.

En La Moncloa se insiste en que «el Gobierno mantiene su rumbo» porque no les queda otra. Aunque en el Ejecutivo no se va a reconocer nunca la existencia de directrices a la Abogacía General del Estado, sí se reconoce que se encuentran bien representados con esa calificación. Y la idea de mantener el rumbo se justifica porque, en el fondo, Sánchez y su equipo no consideran que el anuncio de Torra de votar contra los Presupuestos sea definitivo ni que suponga un cambio tan drástico. Porque ya se descontaba un escenario muy complicado a partir de enero por el previsible comienzo de un juicio a mediados de enero que, en cualquier caso, entienden que va a ser desfavorable para el interés independentista.

La posibilidad de sacar adelante los Presupuestos está hoy más lejos que hace una semana. Pero el Gobierno sigue empeñado en un último esfuerzo. Se van a intentar abrir negociaciones de carácter económico para lograr los apoyos de PNV, ERC y PDECat. Aunque también entienden que toca «esperar» a que se desinflame un poco la situación. Las comisiones bilaterales Estado-Generalitat se siguen desarrollando, y mientras Torra y su Govern no rompan ese puente en Moncloa ven lugar a la esperanza. Ahora bien, el canal institucional que se fraguó en verano entre Sánchez y el vicario de Puigdemont está prácticamente roto.

La idea del Gobierno sigue siendo presentar los Presupuestos Generales del Estado a finales de noviembre. Se intentará llegar a los mismos al menos con buenas sintonías con los nacionalistas vascos. Además, la intensa agenda internacional de Sánchez en la segunda quincena de noviembre coincidiendo además con la campaña electoral en Andalucía pueden rebajar el nivel del debate catalán. La pretensión en cualquier caso es que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, lleve el proyecto de Presupuestos al Congreso pasado el puente de la Constitución, es decir, la semana que arranca el 10 de diciembre.

En el Gobierno no preocupan los tiempos porque entienden que «hay margen» dentro de la dinámica parlamentaria para extender los plazos. La inusual legislatura en la que nos movemos ha dado sobradas muestras de ello. Por ejemplo, los Presupuestos de 2017 no se presentaron hasta principios de abril. Fue un mes después cuando el proyecto de cuentas públicas se enfrentó al debate de las enmiendas a la totalidad. Y ese punto es fundamental para que el Gobierno gane tiempo. Su principal objetivo ahora no es que el independentismo catalán apoye las cuentas, sino que no presente enmiendas a la totalidad que pudiesen ser apoyadas por PP y Cs para hacer naufragar anticipadamente el proyecto.

No es el escenario más probable pero tampoco se descarta. Y por eso gana fuerza la opción de intentar aguantar en el Gobierno sin aprobar los Presupuestos. Lo que es seguro por cuestiones de trámite parlamentario es que las cuentas de 2018 que aprobó Rajoy apoyado por Ciudadanos van a tener que ser prorrogadas. Una vez que eso suceda la puerta a que lo estén sine die está ahora más abierta que nunca. En el Gobierno ya trabajan la argumentación discursiva de presentar como «legítima» la herramienta del Real Decreto Ley para poder sacar adelante su agenda legislativa.

El Gobierno necesitaría utilizar esta herramienta para aprobar nuevos tributos que habiliten recursos económicos para otros reales decretos que incluyan medidas con un importante gasto social. Hacerlo de forma segmentada, creen en el Gobierno, es una buena alternativa porque incrementa ostensiblemente las posibilidades de que los independentistas apoyen las medidas. Incluso dificultaría a PP y Ciudadanos su labor de oposición a las medidas de carácter social. Sánchez está dispuesto a ello porque quiere apurar la legislatura. Con Presupuestos intentaría llegar al ecuador de 2020. Sin ellos, el presidente quiere llegar como mínimo a octubre de 2019. Confía en que el mayor temor de sus socios a un eventual Gobierno PP-Ciudadanos le sirva para prolongar su mandato.

Y es que el escenario de una convocatoria electoral inmediata no se contempla al menos por ahora. En el PSOE no agrada nada la idea de ir a las municipales y autonómicas de mayo con la hipótesis de haber perdido el Gobierno central o en el mejor de los casos con un parlamento bloqueado y pendiente de una investidura con los independentistas. Solo unas encuestas que augurasen una suma fácil y rápida con Podemos podría alterar esos planes. Y para eso Sánchez necesita complementar con medidas electorales el relato territorial. Eso es lo único positivo que encuentran en Moncloa a lo sucedido el viernes: creen que se refuerza su posición central, entre el bloque independentista y PP-Cs, que esperan que les reporte rédito electoral.

Sánchez aguanta, pero no le está saliendo gratis. El método que el nuevo presidente del CIS ha utilizado para sobrestimar la intención de voto coloca al PSOE en primera posición destacada. Pero no se puede tapar el sol con un dedo. En los datos brutos de la propia encuesta del CIS, los que no se someten a ninguna cocina, hay muestras claras del desgaste de Sánchez incluso entre quienes lo votaron en 2016. Tras llegar al Gobierno la confianza de sus electores en el presidente se disparó. Pero ya se está corrigiendo. En el sondeo de julio, el 65,7% de los votantes del PSOE decía tener mucha o bastante confianza en Sánchez. En el último barómetro ya baja al 59,5%. Ahora, el 38,1% de sus votantes declara poca o ninguna confianza en Sánchez. En julio eran el 30%.

Reunión de los conserjes de Puigdemont e Iglesias en Moncloa. Con bajada de pantalones del más grande.



Esta mañana se ha celebrado en La Moncloa –casi a las afueras de Madrid- la tan voceada cumbre de conserjes autorizados por los golpistas. ¿Conclusión? Ninguna. Solo han bebido un vino español, eso de la ratafía a Pedro Sánchez no le ha hecho mucha gracia, para mi, que ha pensado y con buen criterio que podría tratarse de polonio. Después abrazos, besos y muchísimas fotos para el recuerdo. A continuación, cada periodista acreditado y con la rapidez que demanda el asunto a escribir la mentira que su jefe le encomienda. Los periodistas de la mamandurria son los verdaderos golpistas del golpe de Estado que padece, sin merecerlo, España.

Pedro Sánchez y Quim Torra se pueden reunir en La Moncloa tantas veces como quieran, pero los españoles tenemos derecho a saber con pelos y señales, todos y cada uno de los puntos que han tratado en dicha reunión. Otra cosa bien distinta es que se hubiesen citado en el Orgullo Gay y entre beso y beso,  contarse todo aquello que les hubiese salido de los huevos –si tienen-.

El conserje de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, de ninguna de las maneras puede tratar ni siquiera tener en cuenta para su estudio, propuestas anticonstitucionales. El protocolo de La Moncloa “EXIGE” al peticionario de la reunión, relato pormenorizado de todos y cada uno de los puntos a tratar, es más, si el consejo de protocolo observase que alguno de los puntos puede suscitar a engaño o, por descontado, inconstitucionalidad del mismo debe revocar dicho encuentro sin contar con el inquilino jefe del Palacio.

Es curioso por indignante: Pedro Sánchez rechaza negociar con, Quim Torra, el reconocimiento del derecho de autodeterminación para los catalanes, al considerar que ese derecho no lo reconoce la Constitución española. Sin embargo, se ha mostrado dispuesto a levantar los vetos que el Gobierno anterior presentó en el Tribunal Constitucional contra leyes catalanas de corte social y ha acordado con Torra reactivar las comisiones bilaterales Estado-Generalitat que no se reúnen desde 2011 y en las que se hablará de posibles transferencias de competencias o de inversiones en infraestructuras.  De modo que da luz verde al tan ansiado referéndum independentistas y con descaro propio de un déspota junto al Molt Honorable, Don conserje de otro déspota promete más transferencias –Si Cataluña las tiene todas- Más dinero para liquidez e infraestructuras. Como si los otros socios golpistas se chupasen el dedo.

Para terminar, aunque los medios de comunicación lo obvien. Cataluña ha decrecido en venta de coches un 28% en lo que llevamos de año, mientras el resto de comunidades crecen hasta en un 21%. Por vez primera y desde que “se mide” el PIB, Madrid supera a Cataluña.

Pedro Sánchez: NUNCA CONVOCARÁ ELECCIONES.

“Se dice que la miseria entre dos es soportable.”

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Juan Pardo. 
juanpardo15@gmail.com