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El Juez Peinado destroza al corrupto Gobierno socialista. ¡ARRIBA PEINADO¡

 El juez Peinado imputa a la asesora de Moncloa que asiste a Begoña Gómez -  Confilegal

Debe resultar durísimo seguir haciendo tu trabajo cuando te está acosando el Gobierno de la nación con toda su fuerza, desprecio y colmillo

El mando del Gobierno sobre las cosas de comer ha perdido fuelle, debido al atolondrado modelo de transferencias a las comunidades, exacerbado por la debilidad de Sánchez. Pero aun así, el Ejecutivo conserva un poder enorme. Por eso la crítica al Gobierno, aunque sea justa y bien razonada, conlleva el riesgo de incomodarlo y de acabar pagándolo de algún modo. Y más siendo el rencor uno de los principales rasgos psicológicos de Tiberio (y que el emperador romano, que era un excelente gestor, me perdone la comparación).

En muchos estamentos de la vida española impera un miedo palpable a molestar a Mi Persona y convertirte así en blanco de su gatillo fácil. De ahí que los empresarios se hayan ganado ya el apodo de Los Héroes del Silencio, o que casi todos los tertulianos de supuesta derecha que transitan por los platós del régimen hablen como si fuesen afables comentaristas de centro-izquierda (no vaya a ser que no me sigan llamando y pierda unas pesetillas).

Sentir el aliento a lo Darth Vader del providencial Gobierno de «la coalición progresista» resoplando sobre tu nuca resulta angustioso. Hay que acumular bastante valor para soportarlo. Pero por fortuna quedan españoles que lo tienen, que siguen haciendo su trabajo sin dejarse intimidar por la máquina de amedrentar de la Moncloa.

No conozco de nada ni he visto jamás a Juan Carlos Peinado, que tiene 70 tacos, lleva desde los 40 años ejerciendo como juez y es el actual titular del juzgado de instrucción 41 de Madrid. En las imágenes se ve a un señor de cara adusta, seca. Cuentan que no admite compadreos con los periodistas y que en el juzgado se muestra serio y distante para preservar su autoridad. Fuera del ámbito profesional dicen que es un señor cordial.

Peinado no es una estrella de la judicatura, ni va de influencer de la toga que posa para las cámaras. Le quedan solo dos años en activo y antes de llegar a Madrid se pateó numerosos destinos menores. Ejerció como secretario municipal en algunos ayuntamientos y como juez estuvo destinado en Arenas de San Pedro (Ávila), Talavera y Getafe, hasta que por fin en 2016 logró un destino en Madrid. Sus intentos de entrar como vocal independiente en el Consejo del Poder Judicial no fructificaron. Tampoco cuando llamó a la puerta de la Audiencia Nacional. Pero en la recta final de su carrera se ha encontrado con el caso de su vida (las maniobras de Begoña Gómez en la Complutense), que es también el desafío de su vida.

Le han hecho perrerías de todo tipo. Sánchez lanzó a la Abogacía del Estado a querellarse contra él, utilizando así los resortes públicos para intentar salvar a su mujer de sus líos particulares (jugada que no le salió bien, porque el Tribunal Superior de Madrid estuvo en su sitio, haciendo justicia, como siempre con el erudito Celso Rodríguez al frente).

Los ministros han emprendido una competición servil ante su jefe por ver quién le zumba más a Peinado. Han desacreditado su trabajo, lo han acusado de actuar de manera tendenciosa por un móvil político y han llegado a insultarlo.

Bolaños, ministro de Justicia y encargado de amedrentar a los jueces, lo engloba en una supuesta «jauría ultraderechista» y califica su instrucción de «cacería política despiadada». «No sabe de lo que acusa, porque no hay nada de lo que acusar», ha llegado a decir, lo que equivale a tachar al juez de prevaricador.

El inefable Brutus, también conocido como Óscar Puente, ha calificado su actuación de «burda y miserable». Su tocayo Óscar López ha subido la apuesta por ver quién pelotea más al Líder Supremo y ha llamado al juez directamente «prevaricador» y «mentiroso». Por supuesto, el propio Sánchez también lo ha acosado con sucesivas declaraciones despectivas y amenazantes.

La presión se completa con equipos de la «televisión de todos» haciendo guardia ante su domicilio. Todo este acoso resulta difícil de sobrellevar y lógicamente debe pesar en el estado de ánimo de Peinado y en el de su familia, que me consta que lo está pasando muy mal.

Pero el juez aguanta el tirón. Está mostrando mucho temple ante el fortísimo envite del gran Leviatán. O mejor dicho: está manteniendo su profesionalidad frente a una persecución del Ejecutivo propia de un régimen bananero. Por eso cuando este martes dio el paso de imputar también a la funcionaria de la Moncloa que ayudaba a Begoña Gómez en sus chanchullos particulares, daban ganas de abrir una botella de espumoso caro y marcarse un brindis de «¡Viva Peinado!» a su salud. O de encargar unas camisetas con ese lema.

Aguante, Peinado, porque su libertad es la de todos nosotros, como prueba el hecho de que alguno no puede con ella.

Óscar Puente:"Espero que algún órgano superior cierre la investigación a Doña Begoña Gómez de Sánchez"


"Espero que a esto en algún momento se le ponga a fin, que alguien, algún órgano superior de Justicia, ponga sentido común y cierre una investigación que no tiene no tiene ni pies ni cabeza". Así se ha manifestado este jueves Óscar Puente sobre el caso Begoña Gómez, un día después de que se conocieran las nuevas revelaciones a cuenta del escrito de la Universidad Complutense y su relación profesional con la esposa del presidente del Gobierno.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible ha criticado que "se le está haciendo una auténtica labor de inspección a la vida de Begoña Gómez a ver si se encuentra algo, y esto desde la óptica penal es inconcebible, porque esto es una investigación prospectiva en toda regla, prohibida por la ley".

Puente ha calificado a este procedimiento como "innovador y desconcertante", según informa Europa Press, por lo que el trabajo judicial en curso "no tiene no tiene ni pies ni cabeza".

Después de que la Universidad Complutense haya pedido al juez que investigue a Begoña Gómez, el ministro ha explicado que "como abogado en ejercicio estoy aprendiendo muchísimo de este procedimiento, hay una innovación en este procedimiento que yo ni estudié en la carrera, ni viví en mis 20 años de ejercicio". "Es decir, una institución a la que el juez acude para pedirle un informe emite un informe en el que dice 'no encontramos nada que nos permita decir que ha habido irregularidades, pero por si acaso usted investigue'. Yo esto no lo he visto en mi vida, sinceramente, es algo alucinante", ha firmado.

Hay una innovación en este procedimiento que yo ni estudié en la carrera, ni viví en mis 20 años de ejercicio", afirma el ministro de Transportes

Además, Puente ha afirmado que "el procedimiento en sí me parece tremendamente innovador también desde la óptica penal, porque se empezó la denuncia por el tema de Air Europa, luego de Air Europa ya nadie habla, pero durante un tiempo poco menos que había que atribuirle a Begoña Gómez el rescate de Air Europa, se habían rescatado todas las aerolíneas europeas, pero al parecer Air Europa aquí en España la rescatamos por obra y gracia de Begoña Gómez". "Eso, ya nadie habla de ello, ya se ha terminado", ha dicho.

A continuación, ha señalado que "se abrió el capítulo de Barrabés, claro, esa fuente se agota, porque tampoco hay nada". "No hay nada, ha habido declaraciones de testigos, dos informes de la Guardia Civil, no hay nada. Entonces se abre la pieza de la Complutense", ha afirmado.

Tras ello, ha indicado que "se le está haciendo una auténtica labor de inspección a la vida de Begoña Gómez a ver si se encuentra algo, y esto desde la óptica penal es inconcebible, porque esto es una investigación prospectiva en toda regla, prohibida por la ley". "Uno va a los tribunales de justicia penales a pedir justicia en relación con un asunto concreto, no sobre la vida de nadie. Y si sobre ese asunto concreto no se encuentran pruebas para incriminar a esa persona, lo que se hace es archivar la causa, no seguir abriendo nuevas vías a ver si encontramos algo", ha apuntado.

Finalmente, sobre la intención del Partido Popular de citar al presidente Pedro Sánchez en la comisión de investigación del Senado, Óscar Puente ha indicado que "allá irá". "Desde luego, si -al Partido Popular- le sale como le han salido hasta ahora las comisiones de investigación, en fin, se ve que no aprenden, porque respecto de las comisiones de investigación que han puesto en marcha han salido peor los interrogantes que los comparecientes, parece que los comparecientes, incluso Koldo, salieron a hombros. Esto sólo lo puede conseguir el Partido Popular", ha afirmado.

El ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, somáticamente aun no es un mono. Humanamente es un persverso simio.

 LINCHAN a Óscar Puente por llamar “SACO DE MIERD^" a Vito Quiles


Nada tiene de insultante ni despreciativo establecer comparaciones físicas entre los hombres y los animales. Javier Barcáiztegui, «Barca», el gran dibujante, compañero de pupitre de quien firma, descubrió en mi perfil un acentuado parecido con las ovejas. Y he mantenido una cierta dignidad ante su acertada percepción. Hay hombres y mujeres con aspecto de pájaros y peces. Y muchos propietarios de perros terminan pareciéndose a sus cánidos. Mi amigo José Ignacio Benjumea, tímido y despistado, cuenta su experiencia en una montería: «Hace muchos años me invitó Tomás Osborne a una cacería de perdices en 'El Marquesado', una preciosa finca entre Jerez y Puerto Real. Entre los invitados había uno acompañado de su perro, al que no conocía. Tenían un parecido tan extraordinario que, cuando Tomás me lo presentó, confundido, le di la mano ¡al perro!». Cuando soltaba una carcajada, el formidable Charlton Heston demostraba que también los caballos saben reír, y el inmortal Winston Churchill que los porcinos disfrutan fumándose un puro.

Lo lamentable del ministro de Averías Ferroviarias, Óscar Puente, no es su parecido con los primates, sino su comportamiento. Ha completado su homonización pero no su humanización. La homonización se refiere a lo somático, y la humanización a lo psicológico y cultural. La antropogénesis no es otra cosa que el estudio y evolución del hombre, el antropo. Y es perfectamente compatible evolucionar, más o menos, en el aspecto físico y no hacerlo en el cultural y psicológico. Formar parte de un gobierno y dirigirse públicamente, a través de las redes sociales, a un ciudadano como «un saco de mierda», demuestra claramente una involución en su antropogénesis. Socialmente, este individuo está descalificado para ejercer un cargo de responsabilidad pública. Más aún, cuando la noticia publicada por el «saco de mierda», el periodista Vito Quiles, se aproxima mucho más a la verdad que a la mentira, a la veracidad que a la fabulación.

No es la primera vez que Puente hace gala de su involución. El próximo paso será caminar en cuadrupedia. El gorila y el chimpancé se sirven de las cuatro extremidades para desplazarse. Con una diferencia con otros grandes simios. Lo hacen apoyándose en los nudillos de sus manos, en tanto que el orangután se apoya en la parte externa de sus palmas. No he tenido el placer cívico-científico de coincidir con el señor ministro incompetente, y por ello ignoro la estética de sus andares. Pero sí he conocido muchas de sus actuaciones pre-ministeriales y ministeriales, y debo insistir en denunciar su falta de idoneidad para desempeñar su alto cargo. Este individuo involucionado debe, aunque no lo sienta, el máximo respeto a los ciudadanos. La humanización, la evolución cultural, sentimental y psíquica del hombre, no admite entre sus logros la grosería y la falta de educación, y menos aún, desde el poder casi omnímodo de un alto cargo mal ofrecido y peor desempeñado. Al ministro Puente le urge lo que no ha tenido en su casa ni en sus colegios. Una buena educación, un saber estar y decir, y sobre todo, una estabilidad emocional que no conoce ni por el forro. Se deja llevar por la ira desde la atalaya del poder. Yo mando, tú obedeces, y si no lo haces, eres un saco de mierda. Sería interesante que algún científico naturalista se ocupara de este sujeto con el fin de acertar en su descripción.

Y lo escribo sin ánimo de irritar sus reacciones. Los seres humanos, iluminados por Dios, venimos del mono. Y alguno se ha quedado rezagado.

Al PSOE, le interesa centrar la opinión en un descerebado sicópata como lo es Óscar Puente.


El ministro Óscar Puente (i), saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d)
El ministro Óscar Puente, saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez 

Óscar Puente, ministro de nariz rota y coderas, no está ahí para espantar a viejas y chiquillos, ni siquiera para que veamos más guapo y demócrata a Sánchez, sino simplemente para que no miremos a Sánchez. Aquí estamos, ya ven, hablando de Óscar Puente, que va suelto por las redes como el que va suelto de barriga y hace peinetas y calvos intercontinentales que nos enemistan con Argentina, aunque igual podría habernos enemistado con Lepe.

Óscar Puente, zapatón y bocamangón, es el gancho que hace falta para el tocomocho o para la estampita, se haga el broncas o se haga el tonto, pero no cree uno que haya que estar diciendo todo el tiempo que es impropio tener un ministro que torpea o babea o se caga encima así. En realidad, es el ministro que mejor cumple su cometido, que es que hablemos de él y no del jefe. Sánchez puede haberse proclamado generalísimo tristísimo, con la gorra a media asta como su corazón o su nardo, pero no vamos a preocuparnos por la democracia pudiendo preocuparnos por los modales. Esto, por cierto, podría firmarlo Zapatero, otro que va con estampita o con bote, como Lina Morgan.

Óscar Puente, que sólo es un ministro con tirachinas y cojín de pedos, ni siquiera es esa gran baza o debilidad que permite por fin contradecir, refutar o negar a Sánchez. Por mucho que Puente mastique fango con su dentadura como de madera (esa cosa de cojo desdentado de barco pirata que tiene él), por mucho que Puente insulte como en aquella guerra de Gila, por españolísima y secular escasez, nadie contradice, refuta o niega a Sánchez como el propio Sánchez.

Puente es importantísimo ahora para el presidente, porque con él parece que se empata o se borra lo de Sánchez

Recordar a Sánchez, entrecomillar a Sánchez, mirar cómo Sánchez, ahora igual que antes, nos descubre la maravilla de que lo democrático siempre coincide con lo que lo mantiene a él en el poder, incluso aunque contradiga lo que era democrático hace un año o hace un rato, incluso aunque resulte imposible que sea democrático, como pretender que los jueces no puedan investigar a tu santa; eso, Sánchez en retrospectiva, Sánchez sin memoria, Sánchez sin principios, Sánchez siguiendo punto por punto el manual del autócrata con borloncitos, eso es lo que importa, no lo que Puente tuitea con los calzoncillos por los tobillos. Por eso hay que olvidar a Puente.

Puente es importantísimo ahora para el presidente, porque con él parece que se empata o se borra lo de Sánchez. Puente está ahí, como con una metralleta de salivazos, para que lo único que se pueda alegar contra Sánchez sean las boqueras del ministro, disculpables, en todo caso, por su ardor de mosquetero demócrata. Por ejemplo, decir que Milei se mete es automáticamente disculpable porque es extrema derecha trumpista y patillosa. Así el fango se santifica y se convierte en un arma de la democracia, como cualquier cosa que pase por el filtro doméstico de Sánchez, ese filtro que tiene colocado en el colchón de la Moncloa y que yo imagino como un filtro de lavadora, lleno de pelusas del ombligo y de principios perdidos igual que calcetines desparejados. Ayuso con el hermano y el novio haciendo ya como pósteres de Falcon Crest, las acusaciones a la señora de Feijóo, las declaraciones también de Feijóo mandando a las mujeres a fregar, la ONU como cuatro particulares interesados y la Comisión de Venecia aplaudiendo la amnistía; todo esto no es fango sino, quizá, como decía aquel que ahora pasa la escoba por los bares y la bayeta por los micrófonos, jarabe democrático, jarabe democrático creativo.

La única escapatoria que ve Sánchez es intentar controlar la justicia, los medios y lo que haga falta para tapar su decadencia

En realidad lo que pasa es que la máquina de fango se vende mal, por mucho que Sánchez vaya puerta por puerta con sudor de sombrero y de bolsillos, como el que antes vendía aspiradoras o enciclopedias, o el que ahora compra almas para Jehová o para la telefonía. La máquina de fango se vende mal porque nadie compra ya fotonovelas ni yogurteras, ni máquinas que te lo hacen todo en el bricolaje, en la cocina o en la cama, que todo eso ya sabemos que está entre lo demodé y la estafa. Eso de que la democracia dependa del control de la justicia y de los medios justo cuando al líder le investigan a la señora y al partido, eso ya no hay quien lo compre.

En el extranjero volvemos a inspirar cachondeo y tipismo condescendiente, y sólo les falta decir que nos gobierna un dictador disfrazado de torero, como alguno dijo de Tejero. Y aquí, en España, se están descolgando creyentes que se sienten idiotas y periodistas caídos del guindo, y al peronismo discotequero de Sánchez sólo parece quedarle su público de siempre, como el que tienen la teletienda o Benidorm, en este caso los enchufados, los mamados y los soplasopas.

La máquina de fango no se vende bien, sólo está ahí como una absurda moto de agua en la Moncloa. Sánchez está más débil que nunca y ni siquiera veo que Illa lo pueda salvar, que pactar con ERC significaría la venganza de Puigdemont y pactar con Puigdemont significaría el despecho de ERC. Así está Sánchez, sin socios y sin más apoyo en las calles que sus propios militantes juramentados y cuatro culturetas folclóricos que saldrán para cualquier cosa con tal de sacar la peineta izquierdista.

La única escapatoria que ve Sánchez es intentar controlar la justicia, los medios y lo que haga falta para tapar su decadencia y poder repetir su milagro. De nuevo, no lucha por una democracia que cada vez tiene menos pudor en negar, sino por su supervivencia. Lo que ocurre es que nunca ha estado tan desesperado, y por eso nunca ha sido tan peligroso. Óscar Puente es tan importante que habría que dejar inmediatamente de hablar de él.

 

Al enemigo ni agua.

Miguel Ángel Rodríguez.

Miguel Ángel Rodríguez. EP

Si un extraterrestre aterrizara en Madrid estos días, no preguntaría qué hay en el Museo del Prado o dónde está la Plaza Mayor sino quién es ese MAR del que todo el mundo habla.

MAR, como se conoce entre los iniciados a Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, se ha convertido para Pedro Sánchez, para el PSOE, sus socios de Gobierno y para todos los medios que simpatizan con la llamada causa progresista en el Darth Vader de los que viven en el lado oscuro, una especie de siniestro Rasputín que le ha sorbido el seso a Isabel Díaz Ayuso y que se dedica a difundir bulos y a amedrentar a periodistas.

Quien crea que esa imagen de malo malísimo no le deja dormir a MAR se equivoca. Él entiende la política como un combate de boxeo. No rehuye el cuerpo a cuerpo, sino que lo busca porque al enemigo hay que ganarle, si puede ser por KO.

Recuerdo que en la campaña para las elecciones autonómicas de mayo de 2021 (en las que el spin doctor del candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, era nada más y nada menos que Iván Redondo) escribí un artículo en el que decía que MAR seguía al pie de la letra la tesis de un viejo asesor político británico: "Hay que golpear primero, golpear más fuerte y seguir golpeando". Me escribió un whatsapp y me dijo que se sentía identificado con ese lema.

MAR es de Valladolid (como Oscar Puente, ¿qué tendrá el Pisuerga?) y en sus años mozos militó en partidos de izquierda. Trabajó para El Norte de Castilla y fue asesor de José María Aznar en la Junta de Castilla y León; luego fue jefe de comunicación del Partido Popular y dirigió la campaña electoral de 1996 que llevó al líder del PP a la Moncloa. Después asumió la secretaria de Estado de Comunicación, cargo que ocupó hasta 1998. Después pasó por la empresa CARAT España, escribió varios libros e intervino durante un largo periodo en tertulias de radio y televisión. No fue hasta 2019 cuando, una casi desconocida Isabel Díaz Ayuso, le nombró jefe de su campaña.

Es decir que pasó más de veinte años (de 1998 a 2019) sin ocupar cargos políticos y viviendo de su actividad privada, pero, eso sí, siempre identificado con el PP y muy cercano a Aznar, lo que no le perdona ni la izquierda ni los independentistas. Incluso muchos en su propio partido le dieron por muerto. Se equivocaron.

Tal vez, si la política moderna hubiera ido por derroteros más plácidos y menos turbulentos Rodríguez seguiría ganándose la vida como escritor o tertuliano. Pero la llegada al poder de Pedro Sánchez le dio la oportunidad de poner en valor sus habilidades.

No es MAR un loco o un aventado. Sino que entiende que en política los tuyos te piden leña y hay que saber darle al contrario donde le más duele. Díaz Ayuso asumió de su mano el rol de la mujer que con, su aspecto de fragilidad, podía decir las cosas más duras contra la izquierda. Esa estrategia de confrontación total, de no eludir los golpes, le dio un resultado extraordinario, logrando casi una mayoría absoluta en 2021 y mayoría más que sobrada en 2023 (70 escaños sobre un total de 135).

Las bravuconadas del jefe de Gabinete de Ayuso han sido utilizadas por el Gobierno y los medios afines para que no se hable de lo importante: que el amnistiado Puigdemont amenaza con repetir lo que hizo en 2017

Su consolidación como figura emergente del PP causó celos en la cúpula del partido en tiempos de Pablo Casado. Esos celos no eran ajenos a sus relaciones personales. Génova entró en bucle paranoico y vio la mano de MAR detrás de una supuesta operación para asumir el liderazgo del partido. La crisis estalló en febrero tras conocerse que desde el partido se había contratado a una empresa de detectives para espiar a la familia de la presidenta de la Comunidad de Madrid. En lugar de amilanarse, Ayuso respondió con un durísimo contraataque. Después, Casado se suicidó en directo en una entrevista con Carlos Herrera en la que afirmó que el hermano de Ayuso se enriqueció mientras morían miles de personas por el Covid.

Esta parte de la historia conviene tenerla presente, porque es la pieza clave del relato del PSOE según el cual Casado fue defenestrado por "denunciar la corrupción de Ayuso". Si eso fuera cierto, el PSOE tendría que haberse querellado contra la Fiscalía Anticorrupción, que archivó la causa contra el hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

La verdad da igual. Pedro Sánchez afirma de forma reiterada que Feijóo no se atreve a pedir la dimisión de Ayuso porque teme que le pase lo que a Casado. Ese mensaje lo repiten como loros los ministros y líderes socialistas sin importarles mucho si esa versión se corresponde con lo que realmente pasó en 2022.

Hace unos días, en plena tormenta por el caso Koldo, elDiario.es publicó la noticia sobre el posible fraude fiscal del novio de Ayuso. El viernes, la titular del juzgado 19 de Madrid incoó diligencias contra Alberto González Amador (pareja de Ayuso) y otras cuatro personas por dos presuntos delitos fiscales y un delito de falsedad.

El asunto de González Amador huele bastante mal. No sabemos como acabará, pero, en principio, los datos que ha puesto sobre la mesa la Agencia Tributaria apuntan a burdos artificios para pagar menos impuestos.

Tras la publicación de la noticia, el Gobierno se lanzó en tromba contra Ayuso. La ministra de Hacienda reveló datos que no tenía por qué conocer sobre González Amador y, lo peor de todo, la Fiscalía filtró conversaciones entre el abogado de éste y el fiscal que lleva el caso, vulnerando de manera flagrante su derecho de defensa. Ya escribí sobre ello hace una semana.

Ayuso reaccionó en una rueda de prensa, tras un Consejo de Gobierno de la Comunidad, hablando de "cacería" y afirmando que era Hacienda la que le debía a su novio 600.000 euros. Nunca debió meterse en ese jardín. Ella no tiene por qué saber cómo son las declaraciones del impuesto de sociedades de su pareja. Es el problema de González Amador con el Fisco, no el suyo.

Después vino la conversación con amenazas de MAR con la periodista de elDiario.es Esther Palomera, que fue difundida por su medio a toda pastilla. Y luego, la difusión de que periodistas de El País y de elDiario.es acosaban a vecinos de la presidenta de la Comunidad de Madrid para obtener información sobre la presunta compra con dinero negro del piso que comparte con su pareja.

¿Errores propios de alguien que se ha tomado el ataque a Ayuso como algo personal, o más bien la estrategia de actuar como escudo para que se hable mal de él y dejar a la presidenta de la Comunidad en segundo plano?

No sabría responder a esa pregunta. El caso es que, en tiempos de bronca, las formas de MAR pueden serle rentables a su jefa y al PP de Madrid. En frente no hay precisamente monjitas de la Caridad, sino verdaderos mamporreros de la política. Mientras las descalificaciones de Puente sean aplaudidas por su partido, mientras María Jesús Montero se atreva a echar mano de un bulo para tirárselo a la cara a Núñez Feijóo (a cuenta de un supuesto trato de favor a una empresa para la que trabajó su esposa), todo estará permitido.

Es el Gobierno el primero que tiene que dar ejemplo de fairplay. Y no sólo no lo hace, sino que alimenta la trifulca.

Mientras en Madrid analizamos con grandes titulares las subidas de tono de MAR, Puigdemont presume en el sur de Francia de haber puesto de rodillas a Pedro Sánchez y amenaza con repetir lo que hizo en 2017, pero esta vez mejor. A mi eso me parece mucho más grave que el presunto fraude fiscal del novio de Ayuso o las bravuconadas de MAR. Así que, Sánchez, por el momento, ha logrado lo que quería. Que no se hable de lo importante.