martes, 22 de mayo de 2018

Los amantes de Teruel, Pablo Iglesias e Irene Montero se someten a la prueba del algodón.


De nuevo, el furibundo populista, Pablo Iglesias chantajea a los más de 450.000 inscritos que enrolan el falso rol de podemitas de tercera. Pablo e Irene se someten a una manipulada “votación”. Sea cual sea la realidad del resultado, tal y como hace su patrocinador, Nicolás Maduro, cara a sus fanáticos y detractores, saldrá el resultado que a él le salga de los huevos.


No, el jefe de Podemos tiene que tener la misma visión política y por ende decisión democrática como para de la misma forma que intentó apabullar a Luis de Guindos –más de 50 veces pidió su dimisión en una semana- por comprar una vivienda de 600.000 euros, sencillamente, Pablo e Irene deben dimitir sin someter a un inútil sufragio encismado con populismos baratos a sus hipnotizados votantes.


Aún recuerdo cuando Pablo Iglesias y la portadora de sus mellizos, Inés Montero, imitando a Perón y Evita, Obama y Michelle,  o al matrimonio KKirchner, pretenden utilizar a las bases del partido para legitimar una decisión particular que entra en flagrante contradicción con el discurso de la formación e incluso con su código ético, como denunció contundentemente el alcalde Cádiz, José María González, Kichi. De esta forma, en un ejemplo de populismo caudillista, la joven pareja que controla inflexiblemente Podemos desde el segundo congreso de Vistalegre ha optado por el chantaje a los casi 500.000 inscritos en el censo de la formación a los que exigen avalar su conducta o asumir la responsabilidad de su marcha de la dirección. La de ambos. Porque los dos son el partido. Así, al menos, lo ha considerado siempre Pablo Iglesias desde que decidió cambiar el logotipo de los círculos morados en las papeletas electorales por el de su rostro.



Mucho más allá de la indecente y sucia estrategia de confundir su vida personal con la imagen del partido, Si el chalé de más de 600.000 euros comprado por Pablo Iglesias e Irene Montero ya había generado un fuerte malestar interno en Podemos, el plebiscito que pretende "legitimarlo" y "socializar" la decisión con los militantes va camino de "tensionar" aún más al partido, la decisión de convocar un plebiscito ha sido, con razón, calificada de irresponsable por muchos dirigentes de la formación.



La regidora del consistorio de Barcelona, Ada Colau, la ha calificado de "desproporcionada" e Isidro López, diputado de la formación en la Asamblea de Madrid, ha alertado del riesgo de "dinamitar" Podemos como organización, ya que se estarían poniendo los aparatos de legitimación del partido al servicio de "los caprichos de sus líderes". Es, sin duda, una peligrosa excentricidad abrir un debate interno sobre la compra del chalé donde vivirán Iglesias y Montero, ya que con ello se convierte en cómplices a las bases del partido, cuyas críticas se intentan acallar mediante este plebiscito trampa, que no es sino un nuevo ejemplo de censura de la libertad de expresión en aras de un leninista cierre de filas incondicional con la dirección.



Cada vez es más evidente la ruptura  entre los votantes de Podemos y su dirección nacional, mucho menos plural como producto de unas purgas que han consolidado el liderazgo de Iglesias, esta consulta podría abrir una nueva grieta innecesaria. Porque ya son bastantes las corrientes personalistas que hay en el partido como para abrir una nueva disensión interna en lugar de efectuar una autocrítica, o en su defecto encajar con cintura democrática los legítimas reproches de los que han visto con estupor cómo Iglesias ha pasado sin solución de continuidad de criticar a Luis de Guindos por comprar una vivienda de 600.000 euros a hacer lo propio. Esta huida hacia delante es, además, un insulto a los más de cinco millones de votantes que creyeron sinceramente en su mensaje de regeneración, más bien de degeneración.


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