Dice el Talmud que quien
salva una vida salva al universo entero. Zapatero es parte del universo y si
bien merece la pena salvar su vida, mucho más merece que le priven de libertad
y de movimientos. Cuando gran parte del universo sabe que la matanza del 11M
fue un logro asesino de los servicios secretos franceses en conspiración con
parte de los españoles y la banda de Zapatero.
Gran parte los españoles y hasta la misma justicia en conspiración con
ETA dudan de su autoría y hasta les glorifican.
Más o menos esto es lo que
va a decir Mohamed VI, Rey de Marruecos o Saadeddine Othmani Presidente del
Gobierno de Marruecos. No tiene que ver nada la situación de Ceuta, para
esclarecer el 11M. Todo se debe a que EEUU le presiona antes de que se haga
demasiado viral y se ordene una reconstrucción viral de los hechos en los que
para efectos judiciales fueron militares
terroristas marroquíes, cuando en realidad, solo fueron obreros de la muerte
del Magreb residentes en Francia y España que actuaban por dinero que, además,
tampoco sabían la enormidad de la matanza.
Prueba de ello es que la mayoría se conocieran después de la masacre.
Hay dos pruebas muy importantes
y otras ochoque recomendamos leer en siguientes
publicaciones , por las que de inmediato se va a reabrir el caso. El fiscal
ocultó y mandó destruir la bomba que no estalló y que hubiese aclarado por su
contenido muchos puntos negros de la investigación, entre otros, los
fabricantes de las bombas. Su deber era entregar la bomba al juez. Los policía dicen que los entregaron en la
comisaría de Vallecas, quien se hizo cargo de su guarda y custodia, dice que
los trasladaron a fiscalía –así consta- ¿Por qué no llegaron al juez? Unos
funcionarios de la Audiencia dicen que no eran parte del cuerpo del delito ya
que no estallaron, otros que corrían mucho peligro –estaba desactivada-
no podía explotar ni echándola al fuego. El artefacto se perdió en la mismísima
Audiencia.
La segunda prueba: El 11 de
marzo de 2004, cuatro trenes saltaron por los aires en Madrid, en el que es el
peor atentado terrorista de la historia de España. Al producirse las
explosiones, los convoyes se encontraban en las estaciones de Atocha, El Pozo,
Santa Eugenia y a la altura de la calle Téllez, cerca de Atocha. En total
explotaron diez bombas que causaron la muerte a 193 personas e hirieron a cerca
de otras 2.000.
El caso se cerró en falso,
porque la instrucción dejó demasiados agujeros negros. Sigue siendo una incógnita,
por ejemplo, quién o quiénes fueron los autores intelectuales de los atentados.
"Queda mucho por
investigar", señala Sánchez de Roda, que sólo encuentra una explicación a
la destrucción de los trenes tras los atentados: "La única explicación es
que había que poner una versión oficial que fuera distinta de la real, y como
la real -que eran los trenes propiamente dichos- iba a contradecir la versión
oficial, pues había que deshacerlos como fuese".
La gestión que se hizo de
los convoyes del 11-M es incomprensible, y así se pone de manifiesto al
compararla con los procedimientos seguidos en el caso del Alvia accidentado en
Santiago de Compostela por un exceso de velocidad. No se ha entregado hasta
cuatro años después del siniestro, que el juez ha autorizado la devolución de
los vagones a Renfe, después de haber realizado todos los informes pertinentes.
"Si eso fue así en Santiago", cuántas más razones más poderosas había para conservar los trenes del 11-M, destrozados
por explosiones de origen desconocido y que contenían pruebas irremplazables
que podrían conducir a determinar qué había explotado y a identificar a quienes
habían perpetrado el atentado".
