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Pedro Sánchez sabe que barrunta terror y miseria. Pero ahora solo le preocupa como hundir más España.

 

                                                     PARA OTOÑO A PEDIR

Pedro Sánchez sabe que barrunta terror y miseria. Pero ahora solo le preocupa como hundir más España.

«Es el momento de remangarse, ir más allá de la política de parches que no logra doblegar los precios y alcanzar un pacto de rentas y que los dos grandes partidos acuerden un programa de medidas económicas»

La inflación supera por primera vez desde 1985 los dos dígitos en España: 10,2%. Entonces no estábamos en la Comunidad Europea y el Gobierno socialista de Felipe González, que llegó al poder en 1982, capeaba una grave crisis fruto de la reconversión industrial y hacía lo posible por doblegar los precios para presentar al país como un candidato solvente de cara a su ingreso en la unión. Los tipos de interés llegaron a superar el 14%. La deuda pública se situaba en el 42% del PIB y el déficit en el 4,7%. Y tales desequilibrios se identificaban como un serio problema: La enfermedad crónica del déficit público, titulaba el diario El País por esas fechas. Hoy, con una deuda pública que supera el 120% del PIB y un déficit en el 6,87% después de haber rozado el 11% hace un año, los tipos de interés están en el 0,25% o en el menos 0,50% para los bancos que depositan su dinero en vez de dar crédito. ¿La diferencia? Estar bajo el paraguas de la unión monetaria. Esto va para quienes desde el ala izquierda del Gobierno de coalición acusan al BCE de estar a punto de hacer terrorismo monetario por su decisión de subir los tipos de interés a final de este mes para contener la inflación, como por otro lado le obliga su mandato. Añoran, parece, la soberanía de la política monetaria que nos obligaría a elevarlos por encima de los dos dígitos.

  Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

El otoño se presenta negro. Y, con una inflación galopante y unas previsiones de crecimiento mermadas, será socialmente explosivo. De poco le servirá al Gobierno más progresista de la historia echar la culpa a un desalmado BCE. Es el momento de remangarse, ir más allá de la política de parches que no logra doblegar los precios y alcanzar un pacto de rentas y que los dos grandes partidos acuerden un programa de medidas económicas. Después de los achuchones, risas y abrazos a profusión dados y recibidos en la exitosa cumbre de la OTAN, a Pedro Sánchez le toca aterrizar en la prosaica realidad nacional. Mal que le pese.

 

El presidente se ha puesto muy institucional reclamando un pacto «por encima de las ideologías» para cumplir con la promesa hecha a sus socios atlantistas de subir el presupuesto militar al 2% del PIB. Un objetivo que le será imposible sacar adelante sin el apoyo del PP. Pero el Gobierno no hace nada por allanar el camino hacia el consenso. Más bien al contrario. Continúa con su huída hacia adelante sobre todo si arrecian los problemas. Frente al pésimo dato de inflación de junio y el escándalo, otro más, en torno al asalto a la dirección del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Consejo de la empresa de mayoría pública Indra, el Gobierno pacta con Bildu la redacción de la Ley de memoria Democrática. Una memoria selectiva que nos aleja del espíritu de concordia que marcó la Transición.  Y que le sirve para azuzar la división.

 

Así que lejos de buscar el consenso, seguimos en las mismas. Y el momento, pese a las buenas intenciones declaradas durante la reunión de la Alianza Atántica con respecto a la defensa de Ucrania, es delicado. El deterioro del bienestar económico de las economías avanzadas, especialmente las de la UE por su elevada dependencia energética de Rusia, va a intensificarse. Y a medida que se prolongue la guerra, crecerán las voces partidarias de alcanzar un acuerdo con Moscú para poner fin al conflicto. Y se eleva el riesgo de que el apoyo ciudadanos a sus compatriotas europeos ucranianos vaya en descenso. Aunque ello suponga una claudicación ante el genocida Putin. ¿Integridad territorial? ¿Respeto a la ley internacional?

 

Es más fácil vestirlo de posibilismo bienintencionado. Sobre todo porque es infinitamente más complicado gestionar la crisis económica en ciernes. Especialmente si el Gobierno se empeña en hacerlo solo y con medidas improvisadas que no están ayudando a doblegar la inflación y benefician a quienes menos lo necesitan. Como por ejemplo, el descuento en el consumo de combustibles, que ha permitido a las petroleras aumentar sus márgenes una media del 23,7% por la venta de gasolina y gasóleo, como denunciaba recientemente la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia. Un dinero público que va a engordar su cuenta de resultados en lugar de ser utilizado para dar ayudas directas a los sectores más afectados (las industrias de uso intensivo de energía como el acero o la automoción, el transporte público o la distribución de mercancías, el sector agrícola o la pesca) y disuadir el consumo privado de combustible. Porque de eso se trata. Europa está en guerra, aunque las bombas cagan a 3.7000 kilómetros, y toca asumir un coste por defender nuestros derechos y libertades.

 

¿Puede el Gobierno permitirse seguir improvisando medidas e ignorar las propuestas económicas de un partido de la oposición claramente reforzado por la victoria de este último en Andalucía? Hay tres motivos por los que podría seguir haciéndolo. La fuerte subida de la recaudación por IVA debido a la subida generalizada de los precios al consumo, que ha elevado a 97.000 millones de euros los ingresos fiscales hasta mayo, un 19% más. La entrada de dinero de los fondos europeos NextGen, aprobados para superar los efectos de la pandemia, y que suponen un ingreso extra de 77.000 millones de euros en ayudas directas y 70.000 en forma de créditos blandos. Y la voluntad mermada de los habituales países acreedores y más rigurosos fiscalmente, con Alemania a la cabeza, de ejercer el control sobre el gasto de esos fondos, desbordados como andan con la gestión de su potencial desabastecimiento de gas ruso, del que su economía depende en casi un 65%, y con la inflación en unas tasas insoportables para el país europeo con más fobia al aumento de los precios dado su pasado reciente.

 

«Hay mucho dinero para gastar y poco tiempo», decía la semana anterior la ministra portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez. Más allá del riesgo que esta declaración entraña al poder perder España la oportunidad de transformar su economía con el maná europeo, es el mensaje opuesto que debe lanzar el Gobierno a unos mercados financieros que se han están deshaciendo de los bonos soberanos de los países periféricos con mayores desequilibrios fiscales. El resultado ha sido una subida de interés de los tipos a los que el Estado español financia su déficit. El BCE, mientras, intenta desesperadamente evitar una nueva fragmentación de la eurozona. Su presidenta Christine Lagarde trata de imitar a su predecesor, Mario Draghi y anuncia también que hará whatever it takes para evitar esa divergencia. Pero el contexto inflacionista limita su margen de maniobra y mercado espera aún una fórmula que dé credibilidad a su advertencia.

 

Estar bajo el paraguas de la UE nos permite estar en una situación mucho más amable que la de hace 37 años. Pero los desequilibrios amenazan con seguir creciendo. Como demuestra la evolución de la inflación subyacente, que es lo peor del dato publicado esta semana por el INE. Está en el 5,5% (seis décimas más que en mayo y 3,1 puntos más que en enero). Es la tasa que marca la tendencia de los precios, al margen de los componentes más volátiles como la energía y los alimentos y que será más difícil de doblegar sin riesgo de entrar en una recesión.

 

¿Corregirá la inflación su tendencia? Juan Manuel Rodríguez de Poo anunció esta semana su dimisión al frente del INE después de que el Ejecutivo cuestionase los datos del IPC y el PIB. ¿Bajará el primero y subirá el segundo a partir de ahora? No es descartable que los nuevos responsables introduzcan algunos retoques en el cálculo de estos índices. Es lo que ha venido reclamando el Gobierno al Instituto desde que los datos publicados por el mismo sobre el crecimiento y la inflación le resultan adversos. La tozuda realidad ha de amoldarse a sus intereses. En ese empeño, ¿qué otras entidades u organismos pueden estorbarle aún? ¿La AIReF? ¿El Banco de España presidido por un Pablo Hernández de Cos que es constante blanco de las críticas de los socios podemitas?

 

Unos socios que ya han avisado que no apoyarán el aumento del presupuesto en el gasto de defensa que persigue Sánchez. Ante sus socios de la OTAN, el presidente se ha presentado España como un miembro leal y fiable. Pero el martes se sentará en un Consejo de Ministros con varios miembros contrarios a la Alianza y al envío de ayuda militar a Ucrania. Ni siquiera la adhesión voluntaria al pacto atlantista de dos países progresistas como Suecia y Finlandia, les baja de la burra. No. Es preferible seguir con la pretensión, bastante obscena ante el genocidio del pueblo ucraniano, de ser los guardianes de la moral cuando son los campeones de la polarización. El general Gutiérrez Mellado ya se lo advirtió a Felipe González: «Debajo de los rescoldos sigue habiendo fuego». Y desgraciadamente, políticos que hoy lo siguen explotando. Son los responsables de que los pactos necesarios para capear unidos el otoño negro que se avecina estén más lejos de lo que desea y merece una ciudadanía, quiero pensar, mucho más razonable que su clase política.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

Por la falta de confianza en el comunismo Kirchneriano, tres de cada cinco argentinos emigrarán.



El principal motivo de enorme emigración que se avecina en Argentina es la inestabilidad económica, la crueldad ¡YA¡ reinante, el acercamiento a un comunismo cruel, la previsible alta subida de impuestos y la falta de oportunidades laborales.

Solo en España se esperan estas navidades más de 200.000 argentinos, unos para quedarse y otros para abrirse camino en el mercado laboral europeo. Es meritorio aclarar que muchos argentinos residentes en España están viajando para liquidar sus pertenencias en el país hermano.  

Las jugada que están haciendo los miembros de la secta capitaneados por “La Kirchner” en referencia al dólar turística o gilipolleces añadidas. Esta medida ya se aplicó en 2013 pasando del 20%, al 27 y….35%. Las alícuotas fueron incrementándose a medida que la demanda de mercado marca las pautas. Esta medida se puede hacer en países donde la demanda turística supere el 10% del PIB –En la España de Franco- Antes de las vacaciones de verano se devaluaba la peseta y en Otoño con las divisas que repercutían volvía a comprar la moneda devaluada, ya muy revaluada, lo que originó que España, en la actualidad sea el 2º país del mundo en número de visitantes.

Todo esto tiene un fin kirchneriano que no es otro que blanquear dinero en los países cuyos turistas quieran visitar Argentina. Si, fácil. Los Tour operator pagan por adelantado y en su país. El Gobierno argentino pagará a las empresas turísticas nacionales en pesos y los dólares se los quedarán ellos donde gusten y quieran.

El gigante de viajes Thomas Cook quiebra y deja a 700.000 turistas atascados en todo el mundo. La empresa no ha podido asegurar los 200 millones de libras (227 millones de euros) que necesitaba como fondos extra para poder garantizar su supervivencia. ¿Motivo? La caída en el mercado monetario de la Libra Esterlina frente al montante de deuda en los países caribeños que siempre trabajan con dólares o euros, tanto de compra como de pago.

Para terminar, el Gobierno argentino es capaz de VENDER ARGENTINA y culpar a la oposición.

Madrid, la capital de España, es uno de los destinos más buscados históricamente por los argentinos que quieren empezar una nueva vida fuera del comunismo peronista.

Los países más elegidos entre quienes consideran emigrar fueron España (41%); Estados Unidos (12%); Italia (10%); Australia (8%); Canadá (7%); Uruguay (4%) y Alemania (3%).

Argentina tiene dos opciones: Votar a Macri o apostar por otra República bolivariana. ¡VOTEN A MACRI¡


Argentina tiene dos opciones: Votar a Macri o apostar por otra República bolivariana. ¡VOTEN A MACRI¡

Argentina arrastra una inestabilidad política y económica que no es nada fácil de sanear. Después de experimentar una contracción de -1,8% en 2016, y una tasa de crecimiento de 2,9% en 2017, el PIB volvió a caer el año pasado a -2,6%.  En 2018, el país fue golpeado por un cambio de ánimo de los inversionistas extranjeros con respecto a los mercados emergentes, lo que generó una larga y masiva liquidación del peso, activando presiones inflacionistas, ante lo cual el Banco Central subió con fuerza las tasas de interés. La inflación es una preocupación de peso en Argentina; fue de 31,8% en 2018, cifra que debiera mantenerse en 2019. Sin embargo, aún se prevé que esta cifra baje progresivamente, llegando eventualmente a 15,4% en 2020, según las estimaciones del FMI.

A finales de 2015, Mauricio Macri, un centrista con mucha honestidad fue nombrado presidente del cuarto país del mundo en recursos propios, pero con un handicap enorme, heredó del peronismo barato una deuda y un malestar general que con tiempo resolvería positivamente el docto Macri. Desde la elección del centrista, Mauricio Macri, como presidente a fines de 2015, y el asentamiento de la deuda del país con fondos de cobertura en febrero de 2016, Argentina parece haberse vuelto a integrar a los mercados internacionales. La deuda pública general representó 62,7% del PIB en 218, y se prevé que se mantenga a un mismo nivel en 2019, tras un aumento desde 57,6% del PIB en 2017. El presidente Macri lanzó un gran plan de reformas para mejorar la situación económica y financiera del país: un ajuste monetario mayor para atraer a nuevos inversionistas, la supresión de diferentes barreras a la inversión extranjera y la implementación de exenciones de impuesto para industrias de exportación claves (sobre todo de agricultura), medidas para reforzar el nexo con EEUU y la UE. 

Ea en 2018, Macri propuso un plan de reformas económicas en busca proteger a los ciudadanos más vulnerables, expandiendo la cobertura de las subvenciones universales para infancia y la cobertura de salud para las personas de menores ingresos. Sin embargo, este plan no estuvo exento de consecuencias para la popularidad de Macri, que fue blanco de crítica. Aunque su coalición no detiene la mayoría en el Congreso, el gobierno fue capaz de hacer aprobar el presupuesto de 2019, que apuntaba a un déficit primario de cero en el año, lo que muestra el compromiso de la administración con limitar los gastos. Además, la balanza pública general fue de -0,4% del PIB en 2019, y se prevé que debiera subir en 2020 a 1,2%. Argentina posee un gran potencial en términos de materias primas (litio, la segunda reserva mundial de gas de esquisto, y la cuarta mayor reserva de petróleo), pero desde la caída de los precios de los productos básicos en 2013, el gobierno ha buscado permanentemente una estabilidad financiera y económica. En 2019, la recuperación de la actividad agrícola y un entorno macroeconómico más estabilizado, marcado por algunas mejoras de la inflación, podrían contribuir para lograr resultados económicos relativamente mejores. Las exportaciones debieran marcar un crecimiento más fuerte, impulsadas por los bienes primarios (gracias a una buena cosecha) y mayores exportaciones manufactureras hacia Brasil. 

La bajada de las importaciones, debido a la depreciación de la divisa y la baja demanda interna, y la recuperación de las exportaciones agrícolas, contribuirán a reducir el desequilibrio de la cuenta corriente. Hasta las próximas elecciones generales, a fines de 2019, el gobierno buscará implementar su agenda de reformas, con tres prioridades: establecer una estabilidad financiera y fiscal; fortalecer el mercado laboral; e implementar reformas institucionales. Mauricio Macri ya anunció que se presentará para otro período presidencial en las elecciones de 2019, en las que se renovarán un tercio del Senado y la mitad de la cámara baja. Su principal oponente por le momento, la ex presidenta Cristina Kirchner, ha sido acusada de corrupción, lo que le da cierta ventaja a Macri. Sin embargo, la reelección de Macri puede verse peligrar en caso de aparecer un candidato populista disimulado por la Kirchner. 

Cierto y verdad que la tasa de desempleo en Argentina fue de 8,9%, y se prevé que esta cifra aumente una décimas en 2019 -9,4%- y que baje ligeramente a 9,2% en 2020. El gobierno argentino ha tenido dificultades para luchar contra los altos niveles de pobreza y desempleo. La situación social del país se caracteriza por tensiones constantes entre el gobierno y los movimientos sindicales en torno a las reformas anunciadas. Además, el país está dividido entre autoridades centrales y descentralizadas, que se afrontan en torno a la distribución de los ingresos federales. Casi un tercio de la población en Argentina vive bajo la línea de pobreza. La red de infraestructura requiere una mayor inversión, ya que no existe siempre un acceso a la electricidad y el agua en zonas rurales.

Problemas económicos, después del saqueo de la CFK es lógico que los haya. A pesar de ello, Argentina sigue jugando un papel importante en la economía mundial, sobre todo por su producción agrícola. Este sector representa 5,6% del PIB, pero solo emplea a 0,5% de la población. Está basado en la cría de ganado, la producción de cereales (trigo, maíz y soja), los cítricos, el tabaco, el té y la uva para la producción de vino. A nivel mundial, Argentina es el primer exportador de productos derivados de la soja y el tercer productor. El cultivo de soja y caña de azúcar sirve para elaborar el biocarburante, una especialidad del país que es el mayor exportador de biodiesel y el cuarto productor mundial. Rica en recursos energéticos, Argentina además tiene un gran potencial en materias primas: es el primer productor de gas en América Latina, tiene el segundo yacimiento más importante de gas de esquisto a nivel mundial, la cuarta reserva de petróleo y litio.

El sector industrial contribuye a más del 23% del PIB y da trabajo un ¼ de la población. La preparación industrial de los alimentos (en particular el envasado de la carne, la molienda de harina y las conservas) y la molinería constituyen las principales industrias del país. El sector industrial se apoya además en las filiales de automóviles, los bienes de consumo durable, el sector textil, las actividades químicas, de imprenta, metalúrgicas y siderúrgicas, maquinaria industrial y agrícola; electrónica y electrodomésticos. EL sector sigue estando expuesto a la competencia interncional, y tras un crecimiento de 2,5% en 2’17, la producción industrial se redujo 5% en 2018.

El sector terciario ha seguido la misma tendencia que la industria. Representa casi 57% del PIB y emplea a ¾ de la población activa. Argentina se ha especializado en servicios de sectores de punta y el país es especialmente competitivo en el desarrollo de software, energía nuclear y turismo. El sector de la telefonía y las TIC se desarrolla con fuerza, al igual que el turismo, que se está convirtiendo en un sector importante.

La verdadera foto de Rajoy y sus jefazos


Nuevo Gobierno de Rajoy, solo hombres
Emilio Botín es sinónimo de España. Bueno con Zapatero, al menos le unía la relación Zapato/Botín (Más alto intelectualmente que el zapato y más bajo que Rajoy. Ni de casualidad, pero si  fuese presidente del Gobierno o “jefazo de España”, le cedería media Moncloa y  es que no hay ciudadano español que diga cosas más lindas a los gobernantes, sin distinción de ideología. Cuando estaba Zapatero, el señor Botín validaba su política económica y le dirigía piropos que ni Leire Pajín se atrevió a repetir. Muchos españoles y sobre todo en el extranjero pensaban que era  Socialista o  adscrito al partido rojo tirando a violeta.
Botín,  nueva marca España 

Pero a esta bota, poco le importa quien sea el inquilino de Moncloa.  Ahora que manda Rajoy, el ilustre banquero es un desparrame de elogios sin timidez. Parece ministro sin cartera del PP. Es que el señor Botín es un patriota de la España Cañí, un folclórico de las finanzas propias y ajenas . El señor Botín ya no es una persona física: es una institución, y las instituciones están para apoyarse entre sí. Y entiende, como entendemos todos, que su palabra tiene alguna influencia en los mercados y la usa en beneficio del poder político. Por eso hay que llevarlo más a la Moncloa. Si las cosas van mal, porque levanta el ánimo. Si las cosas van bien, porque oyéndole parece que van todavía mejor.
Aunque solo sea por escuchar sus declaraciones de amor a los presidentes, valió la pena crear el Consejo Empresarial de la Competitividad. Es una idea de Zapatero, todo hay que decirlo, lo cual significa que Zapatero no solo le dejó a Rajoy una herencia envenenada. Le dejó también un coro de selectos empresarios que representan el 35 % del PIB, tienen grandes negocios en todo el mundo, reciben la calificación de campeones nacionales y lo mismo resultan útiles para lanzar la marca España que para ser insignes guardias de tráfico que señalan la dirección correcta de la autovía de la economía nacional. Hay quien dice que son más representativos que la CEOE y otras patronales, pero no me quiero meter en el berenjenal de las comparaciones.
Mi duda personal es para qué son invitados a la Moncloa: para que el Gobierno conozca sus opiniones, para que ellos reciban las opiniones del Gobierno o para hacerse una foto con mucho glamur, como las quería Zapatero. Creo que hay un poco de todo, y también un peligro que quiero expresar así: esas empresas no está claro que contraten muchos parados; desde luego, no lo hacen en proporción a la cuota de mercado que disfrutan ni a su porcentaje de participación en el PIB; pero les va bien; a algunas les va de fábula; llevan meses incrementando beneficios; sus máximos directivos tienen retribuciones que en algunos casos superan los cuatro y los cinco ¡y los diez! millones de euros anuales; otros tienen aseguradas pensiones de ocho y de nueve cifras, y gran parte de sus directivos medios disfrutan de un buen blindaje.

Espero que Rajoy, al verse en la foto con ellos, no piense que ese es el VIVO retrato de España. No lo creo, pero puede existir esa tentación. Hambre que espera abundancia, no es hambre.
Pensar que les pidio ayuda logística para joder a los catalanes es tener mala leche. 

Manuel Azaña, Guerra Civil española.: Intervenir la historia, robando el pasado.

Un joven historiador catalán, Jaume Vicens Vives,  -30-abril-37-. decidió enviar a Manuel Azaña, un libro que recogía el “modesto fruto de sus últimos trabajos”. Jaume Vicens escribía,  justo una semana antes de que en Barcelona estallara una guerra civil catalana dentro de la Guerra Civil española, que con aquel libro solo había pretendido contribuir desde su “posición de trabajo al esfuerzo colectivo que hoy realizamos todos los españoles —entre los cuales cabe contar a nosotros, los catalanes— para asegurarnos un porvenir, rico en promesa de libertad y cultura”. Y añadía que la obra que tenía el honor de ofrecer al presidente de la República era “hija directa de su política y de la comprensión que V. E. tuvo de los problemas catalanes. ¿Quién hubiera podido soñar, antes, en la publicación de una tesis doctoral, pensada y escrita en catalán, en la Universidad de Barcelona?”.

Después de que Vicens enviase la carta a Azaña aún no habían transcurrido tres años de la agria disputa que le enfrentó a Antoni Rovira i Virgili, cuando este le reprochó desde La Humanitat la falta de “sensibibilitat catalanesca” que había mostrado en su trabajo sobre “La política de Ferran II durant la guerra remença”. Vicens le respondió con una carta abierta publicada en La Veu de Catalunya que si había prescindido “de l'esperit nacional en analitzar el regnat de Ferran II és perqué a la documentació de l'època no hi ha res que en revelés un estat de consciència nacional”. Con ello, establecía Vicens como norma inexcusable del oficio de historiador no sucumbir a esa falacia retrospectiva que consiste en proyectar sobre el pasado el espíritu nacional propio del presente si los documentos de la época no atestiguan de ninguna manera la existencia de tal espíritu.


Que esa posición de Vicens Vives no fue meramente circunstancial lo prueba bien que, pocos meses antes de su temprana y muy sentida muerte, escribiera en Serra d’Or que la “coacción romántica” seguía planeando sobre “les produccions dels nostres més eminents historiadors, algun dels quals arribá a confondre història romàntica amb història nacional”. Este es el mismo Vicens que en diciembre de 1956 había dirigido a la Juventut de Catalunya una llamada a formar la “Aliança pel Redreç de Catalunya” como piedra singular de la reordenación de Europa y de España; el mismo que, además de propugnar para España un “Estado federativo gradual”, aleccionaba a los jóvenes catalanes recordándoles que “el separatisme és una actitud de ressentiment col.lectiu incompatible amb tota missió universal”.

Sin duda aquel catalanismo que vinculaba la defensa del hecho diferencial catalán con la activa participación en las instituciones españolas, comenzó a hacer agua cuando en los primeros años del siglo XXI sonó la hora de la nacionalización del pasado por iniciativa de las nuevas clases políticas de las comunidades autónomas que, apoyándose en científicos sociales —historiadores, sociólogos, politólogos—, llegaron a la conclusión de que el consenso constituyente de 1978 había periclitado. No atreviéndose con la Constitución, en la que radicaba el fundamento de su poder, procedieron a reformarla por la puerta de atrás, asegurando que se limitaban a revisar los estatutos de autonomía cuando, en realidad, se afanaron en la elaboración de estatutos de nueva planta, basados en la generalizada afirmación de unas realidades nacionales que remontaban al origen de los tiempos.

Si el historiador inventa, en lugar de narrar lo que descubre tras investigar, traiciona su oficio. Pero para legitimar esta operación no encontraron mejor recurso que nacionalizar cada cual el pasado de su propio territorio, en unos preámbulos construidos según el género de “érase una vez”. Científicos sociales, más o menos marxistas en sus años jóvenes, todos muy viajados y muy cosmopolitas, se convirtieron en fervientes nacionalistas, dispuestos a aportar su grano de arena a esos cuentos de hadas, sonrojantes para cualquier historiador, que son los preámbulos de los estatutos de autonomía de 2006/2007. De las nacionalidades y regiones de la Constitución se pasó a realidades nacionales de los estatutos, con la vista puesta en una próxima conversión de todas ellas en naciones.


Ya solo era cuestión de tiempo y oportunidad que las realidades nacionales se declararan naciones políticas en plenitud de soberanía exclusiva. Y no menos de esperar era que, como ya había ocurrido en 1931 y otra vez en 1978, los catalanes se condujeran como primogénitos: por su rica tradición de catalanismo político, por la constante acción nacionalizadora impulsada desde la Generalitat a partir de las elecciones de 1980, por la abundancia de asociaciones y plataformas creadas al servicio de la misma causa, y en fin, aunque no en último lugar, por la disponibilidad de un puñado de historiadores, que rápidamente se mostraron muy deferentes con el poder y muy solícitos a la hora de convertir una historia compleja en la más simple de todas las historias jamás contadas, la de España contra Cataluña española.