En estos días en los que, por motivos profesionales me he visto alejada de
nuestro panorama político actual y ávida de noticias al respecto, desayuno hace
unos días, con la, para mí, impactante noticia del pacto, aunque lo quieran
disfrazar, de Ciudadanos con los socialistas andaluces, pacto que, según ellos
aseguraron durante su campaña, no se produciría en modo alguno y menos aún si
se mantenía a Chaves y Griñán en el escaño. Aunque esto último sea lo de menos, Susana Díaz y los lacayos de Albert Rivera harán lo que los corruptos "manden"
Digo impactante, porque si
bien es cierto que tal apoyo era previsible y esperado por muchas de las
personas que me rodean, sobre todo mi hermano, y con las cuales tengo el placer
de entablar interminables charlas con el noble fin de pretender “arreglar el
mundo”, no lo es menos el hecho de que para mí tal alianza resultaba a todas
luces imposible.
La explicación a tan racional
incredulidad la comprenderán sin duda aquellas personas que, como yo, hace casi
una década quedaron absolutamente “enamorados y seducidos” por un joven líder
que irrumpió en el panorama político catalán entusiasmando con su discurso y
con su crítica abierta, sin tabúes y, sobre todo, sin complejos al más que
reprochable y persistente clientelismo que profesaban `y
profesan, para nuestra desgracia, los nacionalistas, ahora independentistas,
catalanes.
Por ello, con “este
atragantado desayuno”, e intentando “digerir” la noticia que centra estas
líneas que escribo, me pregunto:
¿Qué diferencias existen entre el tan
justamente criticado establishment de la entonces política catalana con el
existente en la sociedad andaluza?, sin olvidar que en ésta última no
ha habido alternancia alguna, con independencia de que hayan ganado o perdido
tras su paso por las urnas.
En este sentido resulta
paradójico, o tal vez no, las grandes similitudes que presentan las dos
comunidades, andaluza y catalana, que, tan diferentes aparentan ser o, mejor
dicho, intentan justificar ser, sobre todo por parte de los últimos y, sin
embargo, tan intrínsecamente están ligadas, compartiendo, por cierto,
además, embajadas en el exterior, tan justamente criticadas antaño
por Albert Rivera, ¿qué ha pasado, hemos perdido la memoria?, porque
algunos la tenemos muy fresca, pero, bueno, tal análisis entiendo merece ser
objeto de un debate extenso y autónomo, dejándolo, tal vez, para otro
“desayuno”.
Y, volviendo a lo anterior,
escribo primordialmente estas líneas a fin de expresar con meridiana claridad
mi absoluta decepción con que sea la formación de Ciudadanos la que,
finalmente, haga posible la continuidad del “reinado” socialista en el feudo
andaluz, y es que entiendo y me gustaría recordarle al Sr. Rivera que el
actuar con coherencia y responsabilidad en estos momentos no resulta en
absoluto una cuestión baladí, porque los votantes por “muy apegados” que nos
encontremos a vosotros como partido regenerador, seremos implacables a la hora
de juzgar vuestra tan decisiva actuación que culminará con las generales a
finales de años y no podemos ni debemos olvidar el hecho de que, cada día sigue
habiendo oleadas de imputados provenientes de los ere cuando sus dos
máximos responsables se encuentran aún en ese partido al que ahora prestáis
vuestro apoyo, habiéndole prometido hasta la saciedad a vuestros votantes que
eso nunca sería posible, o mejor dicho, voy a personalizar y
responsabilizar al Sr. Rivera de este apoyo toda vez que de sobras es conocido
que pocos en Ciudadanos eran partidarios de este pacto, excepto Vd. que, como
líder nacional estas siendo omnipresente, lo cual no tiene porqué ser negativo,
en absoluto, ahora bien, siempre y cuando no te conviertas, como parece está
ocurriendo, en omnipotente.
Y esto, dicho sea de paso, lo
escribe y rubrica una convencida votante de ciudadanos ahora, que
en sus inicios fue militante activa desde dentro y que hubo de apartarse
por motivos personales que ahora no vienen al caso pero que, desde luego,
resultaron ser ajenos al partido, tanto es así que, durante muchísimo
tiempo me ha pesado el haber tomado esa decisión y que, esta mañana, por primera
vez, en estos largos años de compromiso con el partido, he levantado, con gran
pesar, mi humilde espada de Damocles hacia el mismo.
Así que, para concluir estas
líneas y, utilizando como símil el argot propio de las crisis
matrimoniales, ya que anteriormente he hablado de “enamoramiento”, he de
decir que en este momento mi relación con la nueva formación a nivel nacional,
no tan joven a nivel regional, no se encuentra próxima a una petición de
divorcio ni siquiera de un “cese temporal de la convivencia” pero sí expectante
y crítica hacia este futuro incierto dónde los próximos pasos serán cruciales
de cara al gran encuentro con las urnas cuando este 2015 toque su fin.
Comentarios