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viernes, 6 de mayo de 2016

Madrid agraciada con el primer premio de CHINA, los chinos. Los turistas serán recibidos por la diosa Cibeles

Que no haya la menor duda, el gran ganador será el casino de Torrelodones. 
A pesar de la descentralización, en la Puerta del Sol, donde surgió el arroyo de la propia cloaca, siguen cruzándose todos los caminos de la política.
Vamos a asistir a la sesión continua de unas elecciones interminables, en las que no se harán prisioneros y que, como ha dicho Mariano Rajoy, no se repiten para hacer amigos. Volveremos a presenciar en el poblachón manchego el odio de los partidos. El PSOE ha ordenado a sus militantes salir a ganar como si ésta fuera la última campaña de su vida. César Luena ha dicho que Rajoy será obligado a ir a todos los debates. "Esta vez no vale esconderse. No vale enviar a Soraya". Pero es mayo, va a celebrarse San Isidro y vienen muchos chinos.
Los nacionalistas odian a Madrid, no sólo porque se ha apropiado de la Liga de Campeones, sino porque su gran industria sigue siendo el poder, a pesar del intento de un Gobierno a la valenciana. A la gente le gusta ese sitio amable y mentiroso que describe Cervantes, con una estatua dedicada al diablo. Madrid atrae a millones de seres humanos de todo el universo. Ahora, la ciudad de la marcha, de los chulos de bocadillo y de los rufianes dichosos de la política se prepara para dar la bienvenida a 2.500 chinos, que se alojarán en 1.650 habitaciones de hotel, lo cual indica que muchos se van a acostar juntos. El Gran Timonel, que era grande en todo, incluso en la cama, decía que las parejas chinas están entre las más activas sexualmente de Asia, pero muchos ciudadanos de la gran república se quejaban de que sabaneaban menos que la gata del Vaticano. En el gran viaje al Foro encargarán muchos chinitos en las noches de movida. Vienen desde la Gran Muralla, construida por un emperador que quemó los libros, confinó a su propia madre y mandó crear los guerreros de terracota con caballos y carros de combate para que vigilaran su inmortalidad.
Comerán los chinos en la Casa de Campo y en Madrid Río alrededor de una paella grandiosa. Ramón Tamames, que es un gran admirador de China, dice que están al borde del Estado de Bienestar y me cuenta que estando allí quiere volver a Madrid para ir a un restaurante chino. Esto recuerda al almuerzo de André Malraux  con Mao. Le preguntó el escritor al poeta, que hizo una revolución para que su libro fuera 'best seller', si en la Gran Marcha comían cerdo agridulce. "Está usted loco. Si todos los chinos comieran costillas agridulces, no habría bastantes cerdos en todo el planeta. Los chinos comen arroz".
Los turistas serán recibidos por la diosa Cibeles y asistirán a una corrida de toros sin sangre. Vienen invitados por el dueño de una multinacional, que se va a gastar siete millones de euros con la visita de sus empleados a la capital de la gloria. También irán a Barcelona, de la que saben por Cervantes que es una ciudad acogedora y, en belleza, única. Estoy seguro de que alguno de estos turistas atizará en el casino de Torrelodones, porque muchos chinos son ludópatas. Algunos puntos españoles creen, equivocadamente, que los chinos gafan a sus muertos.
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