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jueves, 4 de octubre de 2018

Al final, Pedro Sánchez tendrá que sustituir a sus ministros por maniquíes.


Blog de Juan Pardo

En España, como en el resto del mundo, cada vez que ha gobernado el socialismo ha sido un desastre total, pero si se da la circunstancia que lo hace con el apoyo de las sectas terroristas que más odian España, viene lo que viene, o sea, miseria y compañía. El Banco de España, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, prestigiosos centros de estudios como el BBVA e incluso el propio Ministerio de Economía son solo algunos de los numerosos organismos que desde hace meses alertan al Gobierno de la necesidad de dotar a la economía española de una estabilidad que desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa brilla por su ausencia, amenazando gravemente lo conseguido tras la crisis a costa del esfuerzo de los españoles. 

El último toque de atención llegó ayer y fue mucho más severo que los anteriores, tanto por su emisor como por su contenido: sin tapujos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha exigido al presidente que incluya en los Presupuestos de 2019 "un paquete de medidas creíbles".

El informe del FMI sobre la revisión anual de nuestra economía es demoledor. Primero por la evidencia manifiesta: la explícita desconfianza hacia la política económica del Gobierno, lastrada por los continuos bandazos, desautorizaciones y globos sonda. El regulador internacional ha revisado a la baja la previsión de crecimiento para este año, constatando la desaceleración; advierte de los ineludibles retos estructurales -la elevada deuda pública, el alto desempleo, sobre todo juvenil, un lento aumento de la productividad, etcétera- y fía el revertimiento de la situación a una política integral, no a parches y ocurrencias peregrinas. Con toda lógica, el FMI circunscribe la estabilidad de nuestra economía a la puesta en marcha de los Presupuestos, y no esconde el riesgo que supone que, a octubre de 2018, el documento que debe fijar el rumbo de 2019 no exista ni tenga visos de tramitarse exitosamente. Si la credibilidad de Sánchez ya no gozaba de buena reputación en el ámbito doméstico, este varapalo coloca en el escaparate internacional la debilidad de un Ejecutivo constituido gracias a una moción de censura poco constructiva, con una dependencia absoluta de socios indeseables que someten a chantaje el futuro del país con ultimátum inconstitucionales e inadmisibles.

El FMI no se limita a unas líneas generales sino que dispara al centro de la diana: vincular el alza de las pensiones al IPC pondría en peligro la sostenibilidad del sistema. En un ejercicio de pedagogía un tanto sonrojante de puro elemental -quizá a la vista de las contradicciones entre Magdalena Valerio y Nadia Calviño-, el organismo señala que "a menos que exista una correspondencia entre ingresos y gastos, no podrá evitarse una futura reducción de las pensiones". Bien haría el Gobierno en prestar atención y servirse del Pacto de Toledo para aprobar, con el máximo consenso posible, una reforma que garantice la viabilidad del sistema.

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