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domingo, 29 de julio de 2018

Sondeo demoscópico 29 de Julio de 2018. El PP humilla, pero no remata. A 18/20 diputados de la mayoría.


Blog de Juan Pardo

Como era de esperar y una vez que el PP tiene candidato, además, sólido, Pablo Casado el repunte era cosa de coser y cantar. La izquierda en España es  y siempre ha sido un valor a extinguir. Pero hay que tener en cuenta que, Pedro Sánchez, nunca va a convocar elecciones -mírese Venezuela, desde donde provienen sus apoyos- De cualquier forma quiero pensar que las fuerzas internacionales, más pronto que tarde, le obligarán y, además, pasará a manos de los tribunales de justicia. 

Hay que reconocer que los socialistas tienen mejor equipo de logística que los populares. Estos partidos sin fundamento razonado y financiados 100% por el PSOE -Gobierno- como VOX y otros que saldrán, nunca conseguirán escaño, pero si le restarán 7 u 8 diputados al PP, por aquello de los restos. Lo que obligaría al PP  a superar el 42% para obtener mayoría absoluta. 

Blog de Juan Pardo utiliza sus propios medios para realizar un sondeo fiable que muestra en su gráfico.

El compromiso del Centro de Investigaciones Sociológicas con la producción de encuestas de máxima calidad se ve claramente reflejado en una investigación en la que la institución se embarcó hace pocos años. El estudio se llama ‘la percepción social de las encuestas’, es decir, que piensan los ciudadanos de los estudios demoscópicos. Se trata, por tanto, de una investigación que podría ser calificada, cuando menos, de masoquista.

Algunos de los resultados son, como cabía esperar, catastróficos para los sociólogos. Lo es, por ejemplo, el hecho de que un 58% diga que no confía en las encuestas.

El estudio también contiene elementos esperanzadores para todos los que nos dedicamos a este oficio: el 85% cree que los entrevistados responden con sinceridad, aunque también se reconoce que se es menos sincero cuando se habla de sexo o de política.

En conjunto, y pese a las sospechas que despiertan, las encuestas logran el aprobado en cuanto a su utilidad, eso sí, un aprobado raspado. Pero es alentador descubrir que los ciudadanos creen que las encuestas sirven para que los poderes públicos conozcan los problemas de la gente o para que personas normales y corrientes digan realmente lo que piensan.

Seis tesis de Belén Barreiro, Presidenta del CIS, sobre las encuestas demoscópicas. Y espero convencerles de que los sondeos de opinión, casi siempre tienen más virtudes que defectos.

Primera tesis.- Los ciudadanos saben poco pero, generalmente, saben lo que quieren. La experiencia cotidiana permite a los ciudadanos contestar con facilidad a cualquier cuestión relacionada con el día a día de sus vidas. La práctica totalidad de la ciudadanía da una respuesta cuando se le pregunta por el grado de importancia que tienen en sus vidas la familia, los amigos o el trabajo.

Sin embargo, a la hora de hablar de política, llama la atención que son muchas las personas que saben realmente poco sobre aspectos concretos de la misma. Hay un desconocimiento serio de las instituciones, las reglas y los protagonistas de la política.

Pero no nos dejemos engañar: la ignorancia sobre cuestiones concretas de la vida política no impide que los ciudadanos tengan muy claro qué es lo que quieren y hacia dónde quiere ir.

Ilustremos esto con algunos ejemplos.
Tras las elecciones españoles de 2000, el 64% no sabía quién era el cabeza de lista del partido por el que votó en su provincia; hoy por hoy, el 55% no sabe quién es el líder de IU; el 75% desconoce al Presidente del Senado; y el 42% ignora qué es el Fondo Monetario Internacional.

A pesar de que la mayoría de los ciudadanos suspendería un examen sobre conocimiento político, llama la atención la sabiduría ante asuntos a veces bastante

Únicamente el 8% de los entrevistados no sabe posicionarse cuando se le pregunta si prefiere que se mejoren los servicios públicos aunque haya que pagar más impuestos o si, por el contrario, es preferible pagar menos impuestos aunque haya que reducir los servicios públicos. Igualmente, aquellos que no saben qué pensar cuando se les pregunta si la parejas entre personas del mismo sexo deben poder adoptar niños constituyen solamente el 7%, el mismo porcentaje de los que no saben decir cuál es el modelo de organización territorial del Estado que prefieren para España. 

La ignorancia sobre los detalles de la vida política, ya se refieran a los nombres de sus protagonistas o de algunas instituciones, no impide que los ciudadanos tengan, en términos generales, ideas bastante claras sobre el modelo de sociedad en el que quieren vivir.

Segunda tesis.- La ignorancia de muchos no invalida la sabiduría del conjunto. Las encuestas muestran que, en ocasiones, son bastantes los ciudadanos que dan respuestas erróneas. Por ejemplo, en la encuesta postelectoral de 2008 del CIS, se preguntaba a la muestra de españoles por el año de aprobación de la Constitución. La mitad de los más de 6000 entrevistados no respondieron. De la otra mitad, 15 personas respondieron que la aprobación fue en 1812. Otro dijo que en 1776. Un 25% de quienes respondieron sitúan la fecha antes de 1978. También hay gente que lo sitúa después: 33 personas dijeron que el año correcto era 1982, y 1 llegó a decir que en 2004.

Mucha gente desconfía de la opinión pública por este tipo de anomalías. Pero lo que hay que recordar es que lo que importa, en términos generales, no son las desviaciones llamativas, sino los puntos centrales que resultan de agregar todas las opiniones. Resulta así que la mediana y moda de esta variable coinciden con el valor verdadero, 1978; la media, que es muy sensible a los valores extremos, queda algo por debajo, en 1976,5.

Por tanto, aunque haya muchos españoles con escasos conocimientos, al final, cuando se agregan todas las opiniones y se resumen en un estadístico, la respuesta suele ser la correcta.

El milagro de la opinión pública, tal y como se mide en las encuestas, consiste en que a pesar de todos los errores individuales, la opinión global, agregada, tiende a ser razonable. El mecanismo que hace posible este resultado tan asombroso es la cancelación de los errores. Mientras los errores de juicio se distribuyan con normalidad a ambos lados del parámetro verdadero, los estadísticos centrales que se calculan en la encuesta reflejan bien la realidad.

Tercera tesis.- Los ciudadanos no son caprichosos: son las circunstancias cambiantes las que les provocan cambios de humor. La opinión pública, como opinión agregada, es, a lo largo del tiempo, estable y coherente. Por supuesto, a corto plazo la opinión pública se mueve, pero a medio y largo plazo, las tendencias generales, agregadas, no son volátiles ni caprichosas.

La estabilidad de las opiniones ciudadanas constituye una prueba de ‘sensatez’ de la opinión pública, vista como un todo. De hecho, los cambios en la opinión pública, especialmente si son más bruscos, se suelen producir cuando tienen lugar nuevos acontecimientos o cuando los ciudadanos consiguen nueva información, que les hace revisar sus opiniones pasadas.

Cuarta tesis.- Las respuestas incorrectas a veces nos informan del estado de ánimo de la ciudadanía. El público no siempre es infalible. En ocasiones, los ciudadanos fallan en sus percepciones, por razones que en cada caso conviene explicar. Los estudios sobre inmigración realizados por el CIS ponen de manifiesto que los españoles perciben que en nuestro país viven más inmigrantes de los que realmente lo hacen. En concreto, los encuestados creen que hay más del doble de extranjeros de los que en realidad hay. Esta desviación entre ‘percepción’ y realidad’ en el ámbito de la inmigración es sistemática en todas las encuestas de los últimos años. En este caso son los ciudadanos los que se equivocan: el reto para el científico social es tratar de explicar el error de percepción. Algunos sociólogos señalan que se debe al rápido e intenso crecimiento que ha tenido la inmigración en España que, al multiplicarse por 7 en tan sólo 10 años, habría desencadenado la competición por los recursos públicos, siempre limitados.

Quinta tesis.- Las mentiras o la ocultación de la verdad son, en sí mismas, señales.
Los Informes de la Unidad de Campo del CIS ponen de manifiesto que el voto a los partidos es sistemáticamente la pregunta que más incomoda a los entrevistados, superada únicamente por la revelación de su número de teléfono y de sus ingresos. Cuando los ciudadanos contestan qué votaron en las últimas elecciones, algunos mienten y otros ocultan la verdad. Este fenómeno no es exclusivo ni de las encuestas del CIS, ni de este período, ni tampoco de nuestra democracia.

Las encuestas políticas reflejan dos tipos de sesgos. Por un lado, un sesgo favorable a los partidos en el gobierno, que suelen obtener porcentajes de voto más altos en las encuestas que en las urnas. Curiosamente, este sesgo tiende a desaparecer al final de los mandatos. Cuando los partidos en el gobierno sufren desgaste, los ciudadanos recuerdan en menor medida haberles votado.

Por otro lado, dependiendo del país y de las circunstancias históricas, existen sesgos diferenciales favorables o desfavorables a partidos concretos. Los ciudadanos declaran votar en mayor medida a los partidos progresistas que a los partidos conservadores.

¿Cómo cabe interpretar la ocultación del voto? ¿Qué nos están diciendo los ciudadanos cuando no nos dicen la verdad? El recuerdo de voto es, sin duda, una señal de la reputación que gozan los partidos y sus ideologías. En España, cuando gobierna el Partido Popular, el voto declarado al PSOE es igual o incluso inferior al voto real, mientras que el voto recordado al PP puede llegar incluso a situarse por encima del obtenido en los comicios. En términos generales, los ciudadanos tienen menos reparo en declarar el voto a la izquierda que a la derecha, pero sobre todo es la fortaleza de los partidos en cada momento histórico lo que realmente conduce a que el voto pasado aflore.

Sexta tesis.- La fiabilidad de una encuesta depende de su grado de estandarización. En estandarización, las encuestas del CIS puntúan alto. Cuando se aplican cuestionarios estructurados que siguen procedimientos similares, las variaciones en las respuestas pueden ser interpretadas como diferencias en los estados de ánimo de la ciudadanía, que reacciona a la evolución de la coyuntura. El CIS realiza barómetros mensuales desde 1979. Desde hace 31 años, se mide la opinión de los ciudadanos con respecto a cuestiones como la situación política y económica del país, los problemas que se perciben como fundamentales, o la intención de voto a los partidos políticos.

Las series temporales, es decir, las preguntas que guardan un formato similar a lo largo del tiempo, permiten afinar la interpretación de los datos que se recogen hoy en día.

Gracias a la acumulación de las series temporales almacenadas en el banco de datos del CIS, podemos poner en perspectiva las opiniones contemporáneas. Así, pese a las dificultades económicas que estamos viviendo, sabemos que para los ciudadanos hubo tiempos peores. Si en el último barómetro, el 76% calificaba la situación económica de mala y muy mala, el peor dato de la serie histórica es el de noviembre de 1993, cuando el porcentaje de evaluaciones negativas alcanzó el 81%.
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