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miércoles, 4 de julio de 2018

Pablo Casado, candidato idóneo para ganar las próximas elecciones generales.



Mañana, 5 de Julio, con más pena que gloria concluye el primer proceso selectivo de los Populares. No se ha celebrado ningún debate entre los candidatos, los mensajes transmitidos han sido repetitivos y poco diferenciados… Casi podría decirse que los aspirantes a ocupar la planta noble de Génova han optado premeditadamente por un perfil bajo, tal vez con el fin de no alimentar el miedo interno a la división del partido.

No obstante, y a pesar de no ser un proceso genuino (podría darse la circunstancia de que el más votado por los militantes no logre el aval de la mayoría de los compromisarios al Congreso), la apelación a las bases para elegir al líder de la organización ha supuesto un indudable revulsivo democrático. Los dirigentes populares han sido reacios a las primarias argumentando el peligro de quiebra interna que suponían. Pero, una vez que el proceso se ha puesto en marcha, la vuelta atrás será imposible. Lo más probable es que en un futuro no muy lejano sean los militantes quienes elijan directamente a su presidente.

Cuando todo apuntaba a una disputa entre la ex vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal. Un auténtico y posiblemente autodestructivo choque de trenes. Sin embargo, la sorpresa salto cuando Pablo Casado decidió dar un paso al frente y disputar el liderazgo a las dos poderosas candidatas.

Pablo Casado tiene sobre sus espaldas la posible imputación por su máster logrado de forma presuntamente irregular en la Universidad Rey Juan Carlos y la revisión académica de su licenciatura en derecho por el centro Cardenal Cisneros (adscrito a la Universidad Complutense). Él está convencido de que ninguno de esos asuntos tiene recorrido y, de hecho, la decisión que ha adoptado supone un alto grado de confianza en su honorabilidad. Soraya Sáenz deberá asumir el riesgo de haber colocado a su marido en telefónica, justo el mismo día que “se colocó, Trinidad Jiménez y más o menos otros cien políticos de alta cúpula.

Pablo Casado es la única posibilidad, entre los candidatos que se han presentado, para que en el PP se produzca un cambio real. Ni Cospedal, ni Sáenz de Santamaría suponen una ruptura con la etapa de Mariano Rajoy. Es verdad que Casado fue ascendido a la dirección del PP por el ex presidente del gobierno y que, por tanto, su elección no implicaría un punto y final a una era marcada por la corrupción, pero es el que tiene menos ataduras con ese pasado reciente y el que, por tanto, tiene más margen de maniobra para construir el PP del futuro.

Es un candidato, políticamente, elegante y con ironía “si yo gano, nadie pierde”) porque su candidatura es la que tiene mayores posibilidades de integración en un Congreso en el que es muy probable que ninguno de los dos finalistas consigan una mayoría aplastante. Casado puede contar con Cospedal y Santamaría, así como con sus potentes equipos. Cosa que ninguna de las dos candidatas puede hacer entre sí. Sus apelaciones a la unidad tienen poca credibilidad en unos militantes que están al tanto de sus continuos e indisimulados encontronazos.

Pablo Casado, al contrario que Cospedal y Santamaría, ha marcado con nitidez el terreno ideológico donde quiere situar al partido. Es, probablemente, el más conservador de los tres, pero el afiliado al PP es mucho más conservador que el votante y, por tanto, se reconoce mucho mejor con un ideario que apela a valores tradicionales como la familia, la unidad de España, la bajada de impuestos, el adelgazamiento del estado, la libertad del individuo, etc.

Por decir se ha dicho que hasta es el candidato de José María Aznar, como si su cercanía con el ex presidente del gobierno fuera un lastre demasiado pesado para que el PP pueda recuperar al votante de centro que necesita para volver a ganar las elecciones. Es verdad que el candidato proviene de FAES y en su trayectoria ha contado con el apoyo del presidente de honor del PP. Pero en su decisión de pelear por el liderazgo del partido Aznar no ha tenido nada que ver. El ex presidente está en otra cosa: pretende la reunificación de la derecha, una coalición o fusión de PP y Ciudadanos que estaría pilotada por Albert Rivera.

Cierto es que Pablo Casado no es perfecto. Es demasiado de la línea conservadora del PP. Sin embargo, es la mejor opción para el PP y para España.

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