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sábado, 6 de mayo de 2017

Los comunistas no solo participaron en los crímenes de Paracuellos sino que sus podemitas, asesinos de personas en Venezuela, por dinero, justifican dichos asesinatos


   Cuando el proletariado conquistó del Poder político en Rusia (1917), podía parecer que, a consecuencia de las enormes diferencias existentes entre la Rusia atrasada y los países avanzados de la Europa occidental, la revolución del proletariado en estos últimos se parecería muy poco a la nuestra. En la actualidad contamos ya con una experiencia internacional más que regular, que demuestra con absoluta claridad que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una significación no solamente local, particularmente nacional, rusa, sino también internacional. 

   Y hablo de la significación internacional no en el sentido amplio de la palabra: no son sólo algunos, sino todos los rasgos fundamentales, y muchos secundarios, de nuestra revolución, los que tienen una significación internacional, desde el punto de vista de la influencia de dicha revolución sobre todos los países. No, hablo en el sentido más estrecho de la palabra, es decir, entendiendo por significación internacional su importancia internacional o la inevitabilidad histórica de la repetición en escala internacional de lo que ocurrió en nuestro país, esta significación debe ser reconocida en algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución.

   Naturalmente, sería un tremendo error exagerar esta verdad extendiéndola más allá de algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución. Asimismo, sería un error perder de vista que después de la victoria de la revolución proletaria, aunque no sea más que en uno de los países avanzados, se producirá seguramente un cambio radical, es decir: Rusia será, poco después de esto, no un país modelo, sino de nuevo un país atrasado (en el sentido "soviético" y socialista).

    Pero en este momento histórico se trata precisamente de que el ejemplo ruso muestra a todos los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e inevitable. Los obreros avanzados de todos los países hace ya tiempo que lo han comprendido y, más que comprenderlo, lo han percibido, lo han sentido con su instinto revolucionario de clase.

    De aquí la "significación" internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del Poder soviético y de los fundamentos de la teoría y de la táctica bolchevique. Esto no lo han comprendido los jefes "revolucionarios" de la II Internacional, como Kautsky en Alemania, Otto Bauer y Federico Adler en Austria, que se convirtieron por esto en reaccionarios, en defensores del peor de los oportunismos y de la social-traición.

    Pero nos detendremos detalladamente en este folleto en otra ocasión. Consignemos aquí únicamente lo siguiente: en los tiempos, ya bien lejanos, en que Kautsky era todavía un marxista y no un renegado, al examinar la cuestión como historiador, preveía la posibilidad del advenimiento de una situación, como consecuencia de la cual el revolucionarismo del proletariado ruso se convertiría en un modelo para la Europa occidental. Esto era en 1902, cuando Kautsky escribió en la "Iskra" revolucionaria el artículo "Los eslavos y la revolución". He aquí lo que decía en este artículo:

    "En la actualidad" (al contrario que en 1848) "se puede creer que no sólo se han incorporado los eslavos a las filas de los pueblos revolucionarios, sino que el centro de gravedad del pensamiento y de la obra revolucionarios se desplaza cada día más hacia los eslavos. El centro revolucionario va desplazándose del Occidente al Oriente. En la primera mitad del siglo XIX se hallaba en Francia, en algunos momentos en Inglaterra En 1848, Alemania entró en las filas de las naciones revolucionarias. . . El nuevo siglo empieza con acontecimientos que sugieren la idea de que nos hallamos en presencia de un nuevo desplazamiento del centro revolucionario, concretamente: de su traslado a Rusia. . . Rusia, que se ha asimilado tanta iniciativa revolucionaria de Occidente, es posible que en la actualidad se halle presta, ella misma, a servir de fuente de energía revolucionaria para este último. 

El movimiento revolucionario ruso, cacla día más encendido, resultará acaso el medio más poderoso para sacudir ese espíritu de filisteísmo fofo y de politiquería moderada que empieza a difundirse en nuestras filais y hará surgir de nuevo la llama viva del anhelo de lucha y de fidelidad apasionada a nuestros grandes ideales. Rusia hace ya tiempo que ha dejado de ser, para la Europa occidental, un simple reducto de la reacción y del absolutismo. En la actualidad, ocurre quizás todo lo contrario. La Europa occidental se convierte en el reducto de la reacción y del absolutismo de Rusia.
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