Sigue el blog por Email

jueves, 23 de febrero de 2017

La independencia de Cataluña ha terminado en fracaso. ¿Por qué tenemos que pagar esa torpeza los españoles no catalanes?


Que la apuesta independentista en Catalunya termine fracasando es más que probable. Volverá a ser Cataluña con 3/4 –tendrán que vender alguna provincia para paliar la deuda- provincias de España con un poco de identidad comunitaria.  ¿Qué pasará después? Para mi solo hay dos posibilidades: 1.- retroceder en la capacidad de autogobierno. 2.- adelantar camino a una Constitución federal. Casi todos pensamos que la única vía para articular la convivencia será esta última, es decir renovar el pacto social con más unión y más respeto de la diversidad.  Aunque, de momento, nada se puede descartar. “Las cuentas” están muy enmarañadas y no las saben ni los “duelos” de la Generalitat.

Algo tenemos claro y necesario hay que clarificar la distribución competencial entre niveles de gobierno, crear instituciones y mecanismos que permitan conformar las decisiones colectivas y acordar símbolos en los que todos nos sintamos cómodos e identificados. También habrá que instaurar un nuevo sistema de financiación territorial –Muy  difícil-. Ello exigirá aprovechar lo positivo de la de democracia y mejorar aquello que hemos hecho mal. La financiación territorial consistirá en reforzar la responsabilidad tributaria, establecer un criterio aceptado de igualdad y mejorar la cooperación mediante una cultura federal. Aunque mucho me temo que esta sea la trampa del Gobierno Catalán, para seguir engatusando a sus ciudadanos.

Artur Mas, líder catalán cree que la legitimidad de su Gobierno emana de la Edad Media, por encima de la Constitución, pero ninguno de sus antecesores era catalanista

Lograr un sistema de financiación federal es posible si se resuelve el problema político de fondo: de qué manera queremos seguir viviendo juntos. Pero mucho me temo que AHÍ los almerienses, madrileños y leperos no van a tragar.

En materia de impuestos, Cataluña (y las demás comunidades de régimen común) es notable. Por ejemplo, cuando accedió a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas (2011) decidió dejar de recaudar ás de 300 millones de euros, el 1,3% de los ingresos ampliando la reforma del impuesto de sucesiones y donaciones. Más significativa es la posibilidad de alterar el IRPF, dado que Cataluña es competente sobre el 50% de la tarifa. Sin embargo, la Generalitat no pudo recaudar un euro por receta, ni se le permite modificar el tipo de IVA, entre otras limitaciones. En una España federal hay que lograr que la capacidad autónoma para recaudar impuestos sea mayor y que los electores así lo perciban cuando votan. Son posibles diversas fórmulas, pero todas requieren más confianza entre las instituciones. Por ejemplo, si se optara por separar, totalmente, en dos partes el IRPF, sería imprescindible una agencia tributaria única e integrada, al servicio de todas las administraciones y cuya gobernanza se determinase por un Senado federal, que representara bien a los territorios. Posiblemente no habría muchas pegas.

Actualmente los recursos disponibles para políticas sanitarias, educativas y sociales en País vasco y Navarra duplican al del resto de comunidades, lo que representa un grado de desigualdad insoportable. Una España federal debería reducir de forma paulatina las diferencias financieras con los territorios forales. Existen fórmulas para ello, respetuosas con el concierto y el convenio, que conducirían a una contribución más solidaria con el resto de España.

Por otra parte, no se ha logrado hasta ahora hacer explícito el criterio de igualdad. Una opción, que es generalmente aceptada, sería igualar la financiación por habitante de los servicios competencia de las comunidades, una vez se tienen en cuenta los indicadores de necesidad y, obviamente, para un esfuerzo fiscal estándar. Este objetivo respeta la ordinalidad y es factible, pero exige dotar al Gobierno central (o federal) de herramientas eficaces para realizar políticas de desarrollo que contribuyan a la convergencia regional. Así, el Fondo de Compensación Interterritorial debería ser un instrumento reforzado, pero no acabado.

En nuestra historia reciente hemos padecido una notable falta de transparencia que ha perjudicado la rendición de cuentas democrática y la confianza en las instituciones. Por ejemplo en Catalunya ha sido posible bajar los impuestos a los más ricos y construir a la vez el mensaje de “España nos roba”, felizmente desmontado por Josep Borrell (en ‘Los cuentos y las cuentas de la independencia’, con J. Llorach). Pero también en el resto de España se creía que la política del ‘peix al cove’ ocultaba favores insondables a Cataluña.


Tiene que haber más confianza, transparencia y más cooperación entre todos los gobiernos para gestionar los recursos que los ciudadanos ponen a su disposición pagando impuestos. En suma, lograr un sistema de financiación federal es posible si se resuelve el problema político de fondo: de qué manera queremos seguir viviendo juntos. Las opciones reales son volver a centralizar o apostar por más autogobierno. Confiemos que entre todos seamos capaces de contribuir a hacer una España mejor, probablemente federal, pero no necesariamente.
Publicar un comentario