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miércoles, 11 de enero de 2017

Pablo Iglesias pinta menos en Podemos que Rita Maestre en la Iglesia Católica.


El furibundo, Pablo Iglesias ni tiene quien le escriba ni tiene quien le escuche ni tiene mando con poder suficiente ni estará representado en la II revolución bolchevique de Karl Marx y Friedrich Engels que muy pronto se estrenará en el teatro del Palacio de las Cortes de Madrid. Como primicia os diré que la obra –más tutorial- versa sobre el fin de los radicalismos de izquierdas, porque los capitalistas/corruptos  de esos radicalismos exigen su espacio para uso y disfrute de “SU” dinero. De los 30 mayores capitales rusos, 27 viven en Londres a lo Príncipe Alberto.

Ya nadie cuestiona que “el coletas” está dando los últimos coletazos. Pablo Iglesias es más tonto que  Abundio, nunca ha pasado de ser un vocero de sesudos pensados bolivarianos –demasiado dependientes de la droga y del dinero.

La apuesta con financiación incluida  por Podemos de los Chávez, Maduro, Cristina KK, Lula, Dilma, Evo, etc. Era a cambio de que Pablo conquistara el poder/duro en España e instaurará la Venezuela de Europa en nuestro país, donde dichos patrocinadores pudieran fijar sus residencias de virreyes en el destierro. A la vista está que en las próximas elecciones, el patrocinado,  no saldría ni de concejal en mi pueblo.

Si será sanguinario para España que, hace unos días, cuestionó los hábitos higiénicos de Isabel la Católica, cinco siglos después. Además, sin objeto ni fin pasivo ni activo…. Está claro que todos y cada uno de los días tiene que ser protagonista, a veces delega en alguno de su tropa.


Si algo está claro en el panorama político español es que Pablo Iglesias ya no es intocable en Podemos. Aunque muy posiblemente sea otra jugarreta morada. Lo peor que se puede hacer con tus  enemigos, es tirar continuamente trastos a las cabezas de tus amigos. Tanta prepotencia dentro de su propia formación motivó que los Errejón y cía le pisen los talones. En poco más de dos años de vida política ha pasado de ser una gran promesa con calado internacional  a ser el segundo líder peor valorado. 

Es el tributo que debe pagar por su permanente actitud irrespetuosa desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. Al principio, muchos lo consideraban savia nueva que vendría bien. Hoy es tan casta o peste como el que más. Su desgaste es fruto de su propia ira y errores, no de aciertos ajenos. 

El pueblo y sus propios correligionarios, hartos de sus bravuconadas han emergido al falso Stalin y su formación de caballería sin caballos en lo más triste, la miseria y vergüenza ajena.  
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