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miércoles, 4 de enero de 2017

Hoy, día de luto para el independentismo catalán, hasta su propio barómetro (CEO) les da por perdidos.


Los independentistas catalanes y vascos hacen oídos sordos al sentir del pueblo, de su mismo pueblo. A pesar de que el barómetro del CEO (el CIS catalán, dependiente de la Generalitat) deja meridianamente claro que los contrarios a la independencia superan a los partidarios, Puigdemont, Homs y compañía siguen elevando su desafío a la constitucional unidad de España.

Y eso dando por bueno que una hipotética consulta a la ciudadanía se hiciera exclusivamente en Cataluña, circunstancia ilegal por los cuatro costados, pues si se hiciera como se tendría que hacer, consultando a todos los españoles, ya ni les cuento. Imagino que los líderes de Junts pel Sí y la CUP, tan afines ideológicamente ellos, estarán preocupados por si les acaba el chollo de proclamar a los cuatro vientos su populista discurso acerca del sempiterno deseo del pueblo catalán de separarse de España. 

Cuando se consolide el parecer de los sondeos, insisto en lo de no válidos por haberse realizado exclusivamente en Cataluña, y de una vez por todas quede claro que los catalanes, o bien quieren en un 29,2 % un Estado catalán dentro de una España federal, o en un 23,6 % prefieren que siga siendo una comunidad autónoma, empezarán con los ansiolíticos. Un 57,3 % desean permanecer dentro de España, frente al 36,1 % que no apoyan esa opción. Blanco y en botella, leche. 

Hasta alguien tan de letras como quien esto escribe alcanza a entender estas proporciones. Por supuesto que los gerifaltes de las formaciones secesionistas también las comprenden, pero debe resultar duro reparar en que lo de la moqueta y la poltrona terminará en breve.
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