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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Por qué la gente disfruta del miedo? Una miedosa se puso a investigar

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Flashpop/Getty Images
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Otra vez llegó y se fue el Halloween. Eso significa que tus compañeros de trabajo plantaron arañas sorpresa en toda la oficina. Te invitaron a una casa embrujada. Con lo temerosa que soy, siempre me da miedo esta época del año. Las casas embrujadas, los paseos fantasmas y los festivales de cine de terror no son lo mío, y no entiendo por qué a las personas les gusta que les den un buen susto.
Decidí tratar de entender a mis amigos que aman esta época del año. Resulta que hay muchas razones por las que a la gente le gusta que la asusten. El umbral de cada persona ante experiencias que provocan miedo está conformado por una receta única que combina naturaleza y crianza. “Los ingredientes varían de persona a persona”, me dijo Frank Farley, psicólogo de la Universidad Temple y expresidente de la American Psychological Association.
A Farley le interesa saber por qué ciertos comportamientos extremos le atraen a ciertas personas como conducir autos de carreras, escalar el Monte Everest y subirse a globos aerostáticos que atraviesan océanos. En los ochenta, acuñó el término personalidad “Tipo T” para referirse al perfil de comportamiento de quienes buscan emociones extremas. Lo que hace que alguien busque adrenalina, sostuvo, se reduce a una mezcla de genes, entorno y desarrollo temprano.
David Zald, neuropsicólogo de la Universidad Vanderbilt, estudia una parte de la ecuación. Su investigación se enfoca en la dopamina, una sustancia química que participa en la forma en que nuestros cerebros responden cuando reciben recompensas. En el pasado, ha encontrado que las personas que carecen de “frenos” de liberación de dopamina tienden a buscar actividades emocionantes.
Cuando vas a una casa embrujada o enfrentas un conflicto, según Zald, la experiencia podría ser divertida o aterradora, y la manera en que sopesas ese equilibrio podría depender de tus niveles de dopamina. “Tener una cantidad más alta de dopamina provoca que alguien persiga la emoción”, dijo, “mientras que es más probable que alguien que tiene menos dopamina se contenga y diga: ‘No, esto no vale la pena’”.
Socialmente, las personas que nos rodean nos dan pistas sobre cómo responder al miedo, mencionó Margee Kerr, socióloga y autora del libro Scream: Chilling Adventures in the Science of Fear.Al principio, vemos a nuestros padres manejar la angustia. Más tarde, experimentar situaciones estresantes con otros puede cultivar lazos sociales.
Parte de eso tiene que ver con el contagio emocional o con una respuesta común a las experiencias compartidas, dijo Kerr. Si a tu amigo lo cautiva la película de terror que están viendo juntos, tú procesas eso recreando el mismo sentimiento en tu mente, y eso puede hacer que sean más unidos. La gente también tiende a aferrarse a recuerdos de miedo de manera más intensa, comentó, así que si tienes asociaciones positivas con una situación aterradora, como ir a una casa embrujada, probablemente querrás hacerlo de nuevo.
Buscar el terror también puede ser una forma de probarse a uno mismo. Josh Randall y Kristjan Thor, creadores de Blackout, un recorrido en una casa embrujada que constantemente se sitúa en los primeros lugares de las “Casas embrujadas más extremas”, dijeron que ven a muchas personas que van a sus eventos con el propósito de hacerse más fuertes. “Es casi como un reto a sí mismos”, dijo Thor. “La gente quiere ser capaz de conquistar algo”.
Para muchos, asustarse es un escape electrizante de la vida diaria. Cuando estás en una situación aterradora puedes suspender tu escepticismo y vivir el momento… y esa falta de control puede sentirse muy bien. Según Randall, “durante un periodo limitado de tiempo, ese miembro de la audiencia puede apagar el mundo real y vivir en un mundo de fantasía”.
Después de hablar con los expertos, comencé a entender por qué a algunos de mis amigos les encanta que los asusten. ¿Pero por qué yo odio tanto que me asusten?
Podría ser porque jamás me expusieron a las películas de terror o las casas embrujadas cuando era niña así que para cuando experimenté esas cosas, no estaba preparada. También podría ser que las regiones de mi cerebro que participan en codificar el miedo y la ansiedad son más sensibles. Lo más probable es que se trate de una mezcla de muchos factores distintos. Sin importar el motivo, “está perfectamente bien que no te gusten las cosas aterradoras”, me dijo Kerr.
Para la gente que no se pierde una casa embrujada, es importante no obligar a sus amigos más precavidos a hacer algo que no quieren, dijo Kerr. “Eso puede agravar el miedo y empeorarlo”. Así que a cualquiera de mis amigos que piensa invitarme a una casa embrujada en estos días, le digo que se lo ahorren… es mejor para ambos.
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