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martes, 1 de noviembre de 2016

Pedro Sánchez, como tenía pactado por dinero, entrega el PSOE a la troika de Podemos

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Todo estaba previsto, hasta se exigía hablar catalán en Madrid. Son sus propios dueños y amos de nadie. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son las hienas de la política imperante. Lo peor del caso es que a Sánchez no le ha salido bien la jugada, es más, le ha salido mal o peor. Ninguno goza de neuronas en lo suficiente y no se han dado cuenta que Podemos nunca superará el listón de los 75 escaños.

Lo que pasó es de sobra conocido. Algunos diputados podían haber llegado a los manos. Me temo que algún día va a ocurrir. En el Parlamento italiano suele pasar dos o tres veces al año. La italianización de la política española también incluirá ese pasaje. Las greguerías de Rufián, sin embargo, no serían novedad en Roma. Allí se han visto cosas más sorprendentes. Allí canta el Grillo. Lo único que no le permitirían es la camisa negra.

La ayuda más preciosa para Podemos ha sido la de Pedro Sánchez, la noche del domingo en el exitoso programa televisivo del periodista Jordi Évole. Sánchez ha confesado que quería pactar con el partido de Iglesias y que los “poderes” no le han dejado. Poderes: algunos medios de comunicación, la banca y las empresas del Ibex 35. También ha afirmado que Catalunya es una nación. (La Constitución de 1978 está a dos centímetros de reconocerlo en su paradójico artículo 2, que abre y cierra al mismo tiempo la sustancia de España.)

Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en fin, le ha dado la vuelta al discurso con el que ha gobernado el PSOE durante dos años y dos meses. Una sorprendente vuelta de calcetín. Hasta hace cuatro días, el ángel caído acusaba a Podemos de haber bloqueado el cambio en España y se limitaba a decir que España es “diversa”, dos escalones por debajo de la España “plural” de José Luis Rodríguez Zapatero. Sánchez recupera ahora el concepto “nación de naciones”, ideado por el socialista castellano Anselmo Carretero, defendido por Gregorio Peces-Barba durante el debate constitucional, luego olvidado, y efímeramente rescatado por Felipe González en un artículo conjunto con Carme Chacón en 2010.

“El PSOE debe pactar con Podemos”. El giro narrativo de Sánchez es el mejor regalo que podían recibir Iglesias, Errejón y Monedero en estos momentos. Puesto que pronto estaremos en el año 17, podríamos exagerar el caso con la siguiente fábula. Es como si Kérenski hubiese dado la razón a Lenin días después de la Revolución de Octubre. Un telegrama a Petrogrado: “Apreciado Vladimir Ilich, tenía usted razón, el Gobierno provisional que yo presidía debía caer”. El socialdemócrata Sánchez, autor de la alianza blanca con Ciudadanos, desmonta todo el entramado narrativo del PSOE en los últimos doce meses y entrega la dirección del relato de la izquierda a la troika del partido morado. ¡Qué cosas pasan en Brumario! Una victoria fenomenal de los jóvenes partisanos de Podemos, estos días entregados a una ilegible batalla madrileña entre sus mencheviques y bolcheviques. Este regalo no se lo esperaban.

Sánchez sale ahora de gira con un Peugeot 407 en busca del socialista emprenyat. El cantautor de las bases. La gira puede acabar en escisión. El grupo dirigente andaluz se empleará a fondo para que no gane. Retrasarán las primarias y el congreso del PSOE todo lo que puedan, y ya están maquinando para privar el voto a los 15.000 afiliados del PSC.

El cantautor probablemente no vencerá, pero abre al PSOE en canal. No es un ideólogo. No es Jeremy Corbin. Quizá se está quedando solo y ya no tiene buenos asesores. Podría estar defendiendo lo contrario. Pero su reacción es la de un hombre escarnecido que se resiste a la muerte civil, dictada desde “arriba”. Nunca debieron haberle humillado
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