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viernes, 11 de noviembre de 2016

Pedro Sánchez, como siempre, vuelve a perder. Ahora en EEUU.


El cada día menos socialista, Pedro Sánchez, ha confirmado que es un perdedor nato. Apostó por Hillary Clinton y ha vuelto a extraviarse. Este hombre no escarmienta y sigue impertérrito su viaje hacia el vacío, porque continúa sin entender nada. No comprende que:
-La rotunda victoria de Donald Trump y del partido republicano, que dominará ampliamente las dos cámaras -Senado y Cámara de Representantes- se consolidó cuando el partido demócrata se plegó a las élites y a Wall Street, y facilitó la victoria de Hillary, puro establishment, frente a Bernie Sanders, el deseado por los jóvenes.
De dicho resultado, Europa, debe hace runa profunda reflexión sobre lo que está pasando y por qué, ya que la ruptura entre sociedad y clase política es evidente y preocupante.
Salta a la vista, después del brexit y de las elecciones norteamericanas, conviene hacernos varias preguntas antes de las sorpresas que nos esperan en Austria, Italia, Francia y Alemania:
¿Será el principio del fin de una globalización que empobrece a las clases trabajadoras (en Estados Unidos han perdido el 58 % del poder adquisitivo), debilita a las clases medias (con Obama ya solo es el 49,9 % de la población) hasta el punto de que frena su ascenso social, y enriquece a una élite que es el uno por ciento?
-¿Las democracias occidentales pueden competir en igualdad de condiciones con China y Rusia, los verdaderos enemigos de nuestro sistema político y del Estado de bienestar? La primera es una dictadura comunista con economía de mercado salvaje, y la segunda, una dictadura de facto con similar sistema económico. Una y otra, con distinta fuerza, es verdad, imponen sus condiciones (desastrosas) en un mercado global.
¿Para qué sirven las encuestas? Porque la gente miente cuando le preguntan, guarda su parecer y lo expresa en las urnas. Es el fin de lo políticamente correcto y de los políticos ciegos, tartamudos y cortoplacistas, para quienes el corto plazo es hasta la hora de comer, el medio hasta el año siguiente y el largo hasta las próximas elecciones. Si no son capaces de encender las luces largas y mirar hacia las futuras generaciones, la democracia occidental está en peligro.
El mayor error que tuvo  Mahoma fue morir sin dejar sucesor y, en consecuencia, una religión jerarquizada. Occidente tiene que buscar remedios para que no sea el dinero de los países musulmanes más radicales los que financien las distintas maneras de entender el mahometismo.
Los tertulianos y los medios de comunicación  tienen que contar la verdad, abandonar la anfibología y ser de nuevo independientes y libres, si quieren recuperar la credibilidad y el prestigio.
Demos la bienvenida a Trump  que, al menos, abre una etapa de fuertes incertidumbres a nivel estadounidense, internacional, económico y social, que traerá convulsiones sociales y una nueva clase política con las orejas más pegadas al suelo, más sincera, más transparente y más optimistas.
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