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domingo, 13 de noviembre de 2016

Obama y su esposa se despiden de Europa entre críticas y admiración.

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BERLÍN — Cuando un joven candidato demócrata a la presidencia llamado Barack Obama se presentó ante la Columna de la Victoria en Berlín en 2008 para exponer su visión de esperanza y cambio, estaba rodeado de 200.000 europeos eufóricos, ansiosos de darle una oportunidad.
Estaban cautivados por su juventud, su herencia multiétnica y su optimismo (“Sí podemos”). Lo veían como alguien más parecido a ellos, un cambio de George W. Bush y la arrogancia estadounidense cristalizada en la invasión a Irak, a la que Alemania y Francia siempre se opusieron.
Hoy, tras la elección presidencial, casi todo el mundo está a la espera de saber qué sucederá después de una despiadada campaña para remplazarlo. Sin embargo, en Europa, la salida de Obama también es el capítulo final de una relación complicada.
Aunque se va con índices de aprobación altos en Estados Unidos, el legado de Obama en Europa está lejos de ser definitivo, como muestran entrevistas con diversos europeos y analistas de relaciones exteriores.
Su popularidad está teñida de decepción por sus fracasos, y de melancolía por el optimismo que abanderó.
También está la dura realidad de los problemas que enfrenta Europa (los más importantes son una Rusia más beligerante y una crisis migratoria implacable), que se han agravado desde que Obama cautivó por primera vez a la multitud en Berlín hace ocho años. Para algunos, la cautela y pasividad de Obama han contribuido a ocasionar ambos.
Moni Schneid, de visita en la Columna de la Victoria desde Stuttgart, donde dirige un negocio de alimentos para 13 escuelas, sigue siendo su seguidora.
“Fue realmente maravilloso que una persona de color pudiera llegar a la presidencia; respeto mucho lo que ha logrado”, dijo. “Pero ningún presidente puede lograr lo que quiere. Hay demasiadas piedras en el camino. Y a cada paso hay alguien diciendo: ‘No, no se puede’”.
Dieter Bösche, de 71 años, dijo haberse sentido asombrado ante la efusión de esperanza con la que el mundo recibió a Obama, a quien se le otorgó el Premio Nobel con base en expectativas y no en logros.
“Me siento mal por él. Estoy decepcionado”, comentó Bösche. “Tal vez las ataduras políticas le impidieron desarrollar sus esperanzas y las nuestras. Eso es más claro ahora para nosotros en la campaña presidencial de Estados Unidos”.
Obama, dijo, “era nuestra esperanza, nuestra esperanza, es por eso que es tan triste”.
Claro que Obama cometió errores, aceptan los entrevistados, en especial en la forma en la que se manejó la situación en el Medio Oriente y su relación con su contraparte ruso, Vladimir Putin. Además, muchos no están contentos con que la prisión de Guantánamo no se haya cerrado, como Obama prometió.
No obstante, elogian el acuerdo nuclear con Irán, la apertura hacia Cuba y la renuencia de Obama a ir a la guerra. Se sienten emocionados por la que probablemente sea su última visita como presidente, cuando regrese a Berlín a mediados de noviembre para encontrarse una vez más con la canciller Angela Merkel, quien también está ahora debilitada por su antigüedad en el cargo y la crisis migratoria.
Las opiniones de los europeos se reflejan en una encuesta realizada esta primavera por el Pew Research Center en diez países de la Unión Europea. Las encuestas indican que Obama inspiró más sentimientos positivos entre los europeos después del impopular presidente Bush.
Más de la mitad de los participantes siguen expresando su confianza en Obama, en cifras de aprobación mucho más altas que las de Bush.
Norbert Röttgen, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Bundestag, dijo que para los europeos el legado de Obama seguirá siendo mayormente positivo. Subrayó en específico los logros del presidente con Irán y Cuba, y el sistema nacional de salud.
“A los ojos de los europeos y de los alemanes es un recordatorio de que todavía hay alguien en Estados Unidos a quien podemos admirar y que desearíamos que siguiera teniendo liderazgo en el mundo”, expresó Röttgen.
“Seguirá representando a un ‘Estados Unidos bueno’, lo cual puede ser ingenuo, pero es importante, en un sentido psicológico, para apoyar las relaciones trasatlánticas”.
Jan Techau, director del Foro Richard C. Holbrooke en la Academia de Estados Unidos en Berlín, comentó que los europeos “estaban esperando a un redentor, que se llevara todo el dolor de George W. Bush y la ciénaga de antipatía que provoca Estados Unidos en el mundo”.
“Pero estaban destinados a la decepción”, continuó, “porque lo eligieron como presidente de Estados Unidos, para velar por los intereses de su país”.
Christopher Meyer, exembajador británico en Estados Unidos, también fue indulgente, pues explicó que las “expectativas de lo que podría hacer eran exageradamente altas”, como lo demostró el Premio Nobel en 2009.
“Todos estábamos embelesados”, dijo. “Pero sabíamos que no duraría. Ahora es considerado un hombre más de carne y hueso y eso ha provocado una opinión injustamente negativa de sus logros”.
En especial en lo que respecta a las relaciones exteriores, explicó Meyer, “la gran lección de Obama es que no hay que interferir en todas las situaciones en el mundo para mantener tu postura como la nación más poderosa, y que la construcción de naciones es una misión imposible; todos tenemos algo que aprender de Irak y Afganistán”.
Varios analistas de política exterior en Europa tienen una opinión más negativa. Consideran que Estados Unidos ha perdido credibilidad en el mundo, mientras que Rusia y China parecen estar ejerciendo más influencia y rechazando los intereses y demandas de Estados Unidos, en ocasiones sin disimular su desdén.
John C. Kornblum, exembajador de Estados Unidos en Alemania, quien vive en Berlín, observa un “amerexit” de la responsabilidad mundial con la administración de Obama, lo cual ha conducido a una beligerancia más pronunciada por parte de Rusia y China, y ha permitido a los rusos regresar al Medio Oriente como un poder diplomático y militar.
Hay muchas fuerzas en juego además de las políticas de Obama, agregó Kornblum, reconociendo la fatiga estadounidense ante la participación en el extranjero. Sin embargo, dijo que el final de la Guerra Fría no acabó con el lugar que ocupaba Washington en Europa.
“Nuestra participación es importante para mantener la estabilidad”, puntualizó Kornblum. “Podíamos y debíamos haber estado ahí para ayudar a los europeos a mantenerla. Sin embargo, vamos de una cosa a otra, ya sea invadiendo en todos lados o tocando la retirada. Tuvimos esta gran victoria con la Guerra Fría y básicamente la malgastamos”.
Un funcionario alemán de alto nivel dijo: “Continuamente me comentan: ‘Necesitamos a los estadounidenses. ¿Dónde están los estadounidenses?’”.
George Robertson, exsecretario de Defensa británico y secretario general de la OTAN, acompañó sus elogios a Obama con críticas punzantes.
“Obama trajo una sensación de calma y estabilidad bien recibidas después de la turbulencia de la era Bush”, explicó Robertson. Sin embargo, el presidente “podría haber trabajado más arduamente en Rusia, porque era importante mantener a raya a Putin”.
En cambio, dijo, Obama “permitió a Putin regresar a la escena mundial y poner a prueba la determinación de Occidente”, tanto en Ucrania como en Siria, “lo cual ha sido un distractor y algo que tendrá consecuencias duraderas”.
Al igual que muchos, Robertson dijo que la falta de seguimiento por parte de Obama a su “línea roja” en 2013 sobre el uso de armas químicas de Siria y su falla en no tomar las acciones militares prometidas fueron un fuerte revés a su credibilidad y la de Estados Unidos.
“El presidente de Estados Unidos nunca debería ser un observador”, aclaró Robertson. “El mundo necesita liderazgo”. Por supuesto que la intervención tiene sus costos, dijo, “pero la cautela tiene un precio y también tiene consecuencias, y puede ser nefasta, como lo comprobó Neville Chamberlain en la década de los treinta. Algunas veces uno necesita dar un paso adelante”.
François Heisbourg, exfuncionario francés de la Defensa y presidente del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, alabó la actitud decente y relajada de Obama. Sin embargo, se preguntó “si estas son cualidades que operan en un mundo que se ha vuelto en extremo brutal, en parte debido al legado de Obama”.
No obstante, Obama también es un hombre de su tiempo, que está articulando cambios estructurales en el mundo y que ha disminuido el poder comparativo de Estados Unidos, argumentó Xenia Wickett, directora del programa para Estados Unidos y el continente americano en Chatham House, un instituto de investigación en Londres y exfuncionaria del Consejo de Seguridad Nacional.
“Obama por fin hizo lo que Estados Unidos venía diciendo desde hace dos décadas: dada la economía y la naturaleza de los desafíos mundiales ya no podían ser la policía del mundo”, sentenció Wickett. “La amplia tendencia hacia un Estados Unidos menos intervencionista se mantiene sin importar quién gane la presidencia”.
En Berlín, en la Columna de la Victoria, Roland Huss, de 60 años, ingeniero, elogió a Obama. “No podía hacerlo todo, por supuesto”, dijo. “Es un problema del sistema estadounidense”.
En cuanto a Europa, concluyó Huss: “Bueno, tal vez no había mucho que pudiera hacer. En Europa no necesitamos la ayuda de Obama para meter la pata”.
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