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viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen, cantautor, compositor, enigmático, épico y mejor persona.



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Leonard Cohen, el poeta y novelista canadiense que abandonó su prometedora carrera literaria para convertirse en uno de los compositores más reconocidos de la época contemporánea, murió a los 82 años, de acuerdo con una publicación hecha la noche del jueves en su página oficial de Facebook.
La disquera en la que estaba Cohen, Sony Music, confirmó el fallecimiento. Se desconocen los detalles, pero su hijo, Adam Cohen, dijo: “Mi padre murió en paz en su casa en Los Ángeles, sabiendo que dejó terminado lo que él creía que era uno de sus mejores álbumes. Estuvo escribiendo hasta el último momento con su humor característico”.
En una carrera musical que abarca casi cinco décadas, Cohen escribió canciones —con un lenguaje cotidiano que podía ser tanto indirecto como elocuente— sobre el amor y la fe, la soledad y la conexión, la guerra y la política. Se han hecho más de 2000 versiones con sus canciones, por artistas de folk-pop como Judy Collins y Tim Hardin, después por intérpretes como U2, Aretha Franklin, REM, Jeff Buckley, Trisha Yearwood y Elton John.
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Puede ser que una de las canciones de Cohen más conocidas sea “Hallelujah”, una balada majestuosa y reflexiva, llena de religiosidad y un sentimiento terrenal. Fue escrita para un álbum de 1984 que su disquera rechazó por no ser lo suficientemente comercial y se dio a conocer una década más tarde por Jeff Buckley. Desde entonces, unos 200 cantantes, desde Bob Dylan hasta Justin Timberlake, la han interpretado y grabado. También se escribió un libro sobre ella y ha aparecido en las bandas sonoras de películas y series de televisión; también ha sido cantada en las olimpiadas y en otros eventos.

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Cohen en febrero de 2009, en su primera gira mundial en 15 años que, dijo, hacía por necesidad financiera. “Ni siquiera sabía dónde estaba el banco”, dijo entonces. 
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Cohen distaba de ser una estrella pop. Tenía 33 años cuando presentó su primer álbum en 1967. Su voz rasposa era la de un barítono. Tocaba notas sencillas en una guitarra acústica o en un teclado Casio barato. Mantuvo una imagen reservada, a veces sobria, que contrastaba con los excesos dionisiacos asociados al rock ’n’ roll.
En determinados momentos, fue todo menos prolífico: batalló por años para escribir sus canciones más reconocidas y solo grabó 14 discos de estudio. Únicamente su primer álbum logró Disco de Oro por la venta de 500.000 copias en Estados Unidos. Pero las letras sofisticadas, genialmente precisas, de Cohen, con sus cavilaciones sobre el amor sagrado y profano, fueron muy admiradas por otros artistas y le dieron la reputación —usando las palabras que su disquera confeccionó para una publicidad de principios de los años setenta— de “maestro de la desesperanza erótica”.
En 2008, Cohen admitido en el Salón de la Fama del Rock and Roll, que lo describió como “uno de los pocos artistas de la música popular que de verdad podía ser llamado poeta”. En 2010, obtuvo el Grammy a la Trayectoria por su “legado intemporal que ha tocado a varias generaciones”.
Leonard Norman Cohen nació en Montreal el 21 de septiembre de 1934. Su padre, Nathan, cuya familia emigró de Polonia a Canadá, murió cuando Leonard tenía nueve años. En 1951, fue admitido en la Universidad de McGill, donde estudió Letras Inglesas. Su primer libro de poesía, Let Us Compare Mythologies, fue publicado en mayo de 1956, antes de que se graduara.
Cohen nunca se casó aunque tuvo varias relaciones largas y escribió sobre algunas de ellas. Le sobreviven dos hijos, Adam y Lorca, de su relación con la fotógrafa Suzanne Elrod —quien tomó la imagen de su álbum de 1973, Live Songs— y tres nietos.
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