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lunes, 7 de noviembre de 2016

La nueva generación de latinos podría cambiar la política en Estados Unidos


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MIAMI – Jessica Pérez todavía recuerda el día en el que su mamá la llevó a la marcha del Primero de Mayo del 2006. Tenía apenas 11 años, pero las imágenes de cientos de miles de personas vestidas de blanco desfilando por las calles de Los Ángeles permanecen frescas en su memoria.
Poco más de una década después, la joven universitaria de 21 años se prepara para participar por primera vez en una elección presidencial en Estados Unidos, la más importante en la historia del movimiento politico detrás de lo que conocemos como el voto latino.
Por eso, este 8 de noviembre es un momento tan especial para la familia de Jessica. Sus padres son inmigrantes indocumentados y no pueden votar. Ella es la primera de tres hijas en registrarse para hacerlo.
“Es la única forma en la que puede escucharse su voz”, dice Jessica de sus padres.
Hoy termina una de las campañas estadounidenses más hostiles de las que tengamos memoria, especialmente para la comunidad hispana que, gracias a una de esas ironías de la vida, se encuentra en una posición inmejorable para determinar el resultado de la elección. En particular, una nueva generación de electores latinos que como Jessica llega por primera vez a las urnas.
Los hispanos son el grupo étnico más joven del país: casi la mitad de los 27 millones de latinos que pueden para participar en la elección son considerados millennials, es decir, jóvenes entre los 18 y 33 años de edad. Aunque la votación anticipada en estados como Florida y Nevada sugiere un nivel de entusiasmo sin precedente entre el electorado hispano, muchos se preguntan si los jóvenes saldrán a votar en los números necesarios para consolidar el voto latino como un factor decisivo en la elección.
La respuesta podría estar en datos como este. Según la última encuesta de Latino Decisions, más del 70 por ciento de los hispanos aseguran que esta elección es más importante que la del 2012.
La razón tiene nombre y apellido: Donald Trump.
Durante buena parte de la campaña este nuevo y poderoso bloque de votantes mostró su rechazo a todas las formas tradicionales con las que los políticos tratan de abordar a la comunidad latina. Con etiquetas como #NotMyAbuela criticaron a Hillary Clinton por no entender la realidad de muchas familias hispanas y hasta crearon el término hispandering para burlarse de Trump y su #TacoBowl. Pero la derrota de Sanders y la narrativa del candidato republicano poco a poco empujaron su apoyo hacia la campaña de Clinton.
El tema de la inmigración no es una prioridad para estos jóvenes que enfocan su energía en el combate al cambio climático o la reforma del sistema penal, pero sí representa un componente central en su identidad. Cuando Trump agrede a los inmigrantes, cientos de miles de electores que en otras circunstancias podrían haberse mantenido al margen del proceso politico deciden participar en la elección. Después de todo, en muchos casos Trump está hablando de sus familias.
Cada año 800 mil latinos nacidos en Estados Unidos cumplen la mayoría de edad y pueden votar. Cerca de la mitad de estos jóvenes son hijos de inmigrantes, muchos de ellos sin documentos. Normalmente invierten poco interés en las campañas, pero en este ciclo electoral el acoso del partido y el candidato republicano han logrado movilizarlos. Y ya han hecho sentir su presencia.
Esto es evidente en los niveles de popularidad que los candidatos registran entre los hispanos. La última encuesta de Univision revela que 67 por ciento de los electores latinos piensan votar por Hillary Clinton, y apenas un 19 por ciento piensa hacerlo por Trump.
Los latinos han tenido históricamente una participación muy por debajo de su potencial y los millennials normalmente ocupan el último lugar en la tabla de participación. Los latinos son 16 por ciento de la población de los Estados Unidos y representan 12 por ciento de los votantes registrados. Los pronósticos más optimistas sugieren la posibilidad de que 15 millones de boletas electorales sean llenadas por latinos, poco más del 50 por ciento del total de los hispanos registrados para participar en este 2016. Una cifra récord que necesita de la participación de los jóvenes para convertirse en realidad.
Jessica ha protagonizado una larga lista de primeras experiencias entre los miembros de su familia; fue la primera en dominar el inglés, la primera en ir a la universidad y mañana se convertirá en la primera en salir a votar.
Jóvenes como ella están cambiando el rostro del país y también sus reglas políticas. Lo vemos con el movimiento de los llamados Dreamers, que han logrado un nivel de influencia en Washington que envidiaría el mismo Cesar Chavez.
Es una generación lista para romper con los estereotipos que han perseguido a la comunidad latina durante décadas, alejándose del mito del voto monolítico y buscando una verdadera representación política.
La retórica antiinmigrante y xenofóbica de Trump podría convertirse en el pretexto que este bloque de jóvenes electores necesitaba para encontrar un propósito y una voz en el proceso político. En un ciclo dominado por la negatividad, esta sería una de las mejores herencias de la elección 2016.
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