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jueves, 17 de noviembre de 2016

El Rey, Felipe VI, por enésima vez ridiculiza a Pablo Iglesias y sus lacayos.

Resultado de imagen de sesión de apertura solemne de las Cortes
Entre republicano y monárquico prefiero la Monarquía con condiciones o, simplemente, ninguna de las dos. La República, sencillamente,  es una Monarquía política, la verdad, más política barata me asquea. ¿Os imagináis a Zapatero, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Cañamero de Jefes de Estado o Reyes de España?. Zapatero, Sonsoles y sus nenas en el Palacio de la Zarzuela.

Pero en cualquiera de los casos condeno, con total firmeza, la actitud de Pablo Iglesias y sus lacayos en la solemne apertura de la XII legislatura. Eso de anticipar, imponer a su séquito,  que hoy no saludarán al rey en la apertura de la legislatura que, presumiblemente, será débil, mediocre y corta. 

Muy a pesar del pensamiento viciado y de la ira malévola de Pablo “el coletas” El Rey, Felipe –creo que VI, tampoco lo voy a mirar- es Jefe de Estado  y mientras esto siga así como va a seguir, se le debe el máximo respeto.

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Al Rey y a España. Iglesias y Errejón son muy libres de comentar en privado, si es que todavía se hablan que mucho lo dudo, sus odios hacia la monarquía. Pero mientras sean diputados electos, se sustenten y esnifen de las arcas públicas, deben obligatoriamente  guardar las formas, pues jamás pueden obviar el hecho de que la institución monárquica en España está importantemente respaldada por la Constitución –libro que deben leer todos los políticos retribuidos-. Con la actitud que hoy mantendrán, están ofendiendo a millones de españoles, que se sienten insultados por semejante provocación. Porque en el fondo es solo eso. 

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Una/otra provocación para que se hable de ellos, y así ocultar sus miserias internas, tales como la cuestionable inversión inmobiliaria de Ramón Espinar o la conversión de Podemos Andalucía en organización autónoma. La formación morada ya es vista por la ciudadanía como casta, e Iglesias, consciente de ello, necesita alborotar el gallinero con gestos populistas con la pretensión de que se le observe como la más genuina reencarnación de una mixtura entre Stalin y el Che. Y eso afortunadamente ya no se lo cree casi nadie.

Debe de ser duro tener que vivir sobreactuando permanentemente. No deberían buscar cobijo en la farsa populista de Podemos que visten,   calzan y viven de diferente forma a su prometido.




No, no me quiero ver con una casaca azul como la de aquellos súbditos del Mao Tse Tung:  El peor enemigo de la revolución es el burgués que todos los revolucionarios llevamos adentro; pero, aquí el jefe y dueño soy yo”.

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