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jueves, 3 de noviembre de 2016

Con diálogos y protestas, la oposición venezolana busca un cambio de gobierno

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Manifestantes sentados sobre una bandera de Venezuela en la protesta opositora llamada la "Toma de Venezuela" el 26 de octubre. 
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Alejandro Cegarra/Associated Press
Este domingo, el gobierno venezolano iniciará un proceso de diálogo con la oposición en la isla de Margarita. Pero este acercamiento ha complicado el panorama para la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición que agrupa a los partidos opositores de Venezuela, que ahora muestra sus divisiones luego de que las autoridades electorales suspendieran la recolección firmas para activar la segunda fase del referendo revocatorio.
Una de las primeras reacciones de la oposición ante esta medida fue convocar a la marcha del 27 de octubre que se llamó la “Toma de Venezuela”. Líderes como Henrique Capriles Radonski y María Corina Machado declararon que no habían sido convocados al diálogo con el gobierno, y que se enteraron de las reuniones por la televisión.
Muchos en la oposición consideran que este acercamiento es un nuevo obstáculo para el referendo revocatorio, un proceso consagrado en la constitución y la única forma institucional de remover al presidente Nicolás Maduro de su cargo. En otras oportunidades el chavismo ha convocado a sus adversarios a instancias de diálogo, pero la mayoría de esos encuentros no producen mayores cambios políticos y suelen provocar divisiones entre la oposición.
“El oficialismo aprendió a manejar las conversaciones de un modo hábil y deliberado como maniobras que le ayudan a dividir a sus adversarios y a parecer más tolerante y pacífico de lo que en realidad es”, dice Miguel Ángel Martínez Meucci, politólogo venezolano y experto en conflictos políticos y procesos de pacificación.
El domingo 23 de octubre, la Asamblea Nacional realizó una sesión especial en la que decretó la “ruptura del orden constitucional” del país y convocó a otra sesión el próximo martes para determinar, entre otras cosas, si es cierta la versión de que el presidente Nicolás Maduro tiene doble nacionalidad (venezolana y colombiana), lo que lo inhabilitaría para ocupar la presidencia, y para remplazar a los miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), funcionarios que los opositores acusan de ser aliados del gobierno. Hay que recordar que hace dos meses el TSJ declaró en desacato a la Asamblea Nacional por lo que todas sus decisiones son consideradas nulas.
Para el abogado constitucional Mariano de Alba el chavismo podría retomar el hilo constitucional sin perder el poder, pero debería tomar decisiones como suspender el desacato de la Asamblea Nacional, reiniciar la recolección del 20 por ciento de las firmas del revocatorio y renovar a los miembros del TSJ y el CNE, puesto que “han demostrado no cumplir con los requerimientos mínimos de independencia para ser poderes democráticos”.
“El gobierno puede recuperar su legitimidad incluso sin que Maduro salga del poder”, asegura De Alba. “Ellos tienen la legitimidad de origen porque ganaron las elecciones; les falta la legitimidad en el ejercicio que se podría recuperar si el Ejecutivo empieza a respetar lo que prevé la constitución”.
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Simpatizantes del gobierno venezolano en las afueras de la Asamblea Nacional el 27 de octubre.
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Ronaldo Schemidt/Agence France-Presse -- Getty Images

La revolución y el diálogo

No es la primera vez que el chavismo se enfrenta a un proceso de diálogo para buscar una salida a las recurrentes crisis causadas por la polarización política del país. Luego del golpe de Estado de abril de 2002 se inició un largo proceso de negociaciones entre el gobierno de Hugo Chávez y la oposición venezolana, avalado por el expresidente estadounidense Jimmy Carter y por César Gaviria, quien entonces era el Secretario General de la Organización de Estados Americanos. Como parte del acuerdo final se celebró un referendo revocatorio en agosto de 2003 y Chávez fue ratificado en su cargo.
Martínez Meucci, un investigador de la historia contemporánea de Venezuela entre 2001 y 2004, cree que en ese periodo se consolidó la Revolución Bolivariana como un modelo de gobierno. Fruto de su trabajo publicó Apaciguamiento, un libro donde explora y analiza las intensas negociaciones entre el gobierno y la oposición después del golpe de 2002.
“Actualmente creo que el revocatorio no es, en absoluto, una iniciativa que tenga por qué ser sometida a ningún tipo de diálogo ni negociación”, explica el experto, quien señala que al ser un mecanismo contemplado en la Constitución y sujeto a un marco legal y reglamentario “solo requiere para funcionar que quienes desempeñan cargos institucionales cumplan y hagan cumplir con las normativas de rigor y que se cuente con la suficiente participación popular como para activarlo y consumarlo”.
De hecho, Meucci argumenta que cualquier negociación previa implicaría desvirtuar tanto al mecanismo del referendo como la la voluntad ciudadana, y por eso un eventual diálogo político sobre el revocatorio solo tendría sentido luego de que se haya realizado. El único objetivo que tendrían esas conversaciones, dice el experto, es preparar “una transición política estable y lo menos dolorosa posible para los venezolanos”.
Entre las acciones anunciadas por la oposición venezolana está la realización de un paro de 12 horas el viernes y una marcha a Miraflores el próximo 3 de noviembre. Para analistas políticos como Leonardo Vivas, profesor de la Northeastern University, la convocatoria de esa manifestación es un tanto precipitada: “Decir que se va a marchar a Miraflores es lo último que se plantea porque siempre se producen situaciones violentas. Aunque veo muy remota la posibilidad del revocatorio, es un símbolo de la lucha por la democracia por el que se debe presionar”.
Vivas argumenta que existen otras soluciones intermedias antes de intensificar las acciones de calle y plantea que puede convocarse a unas elecciones regionales, cambiar el poder judicial, electoral y empezar un gobierno de coalición. “El problema es que el chavismo no ha demostrado querer eso. Este es un gobierno militar que tiene a Maduro como una máscara civil. La rueda de prensa que hace poco dio el Alto Mando Militar, armado hasta los dientes, me recuerda a las peores dictaduras de Argentina, Brasil y Chile. Esa no es una imagen democrática”.
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Diputados opositores son protegidos por efectivos policiales mientras intentan ingresar a la Asamblea Nacional el 27 de octubre. 
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Juan Barreto/Agence France-Presse — Getty Images

Una salida extrema

Organizaciones como el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social han registrado 543 protestas solo en el mes de octubre, además de 678 saqueos de locales comerciales en lo que va de año. El jueves, por cuarta vez este año, Maduro decretó un incremento del salario mínimo, lo que es visto por muchos expertos como un signo claro de la crisis económica del país. Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación en Venezuela podría superar el 720 por ciento este 2016.
Aunque en múltiples oportunidades el actual mandatario ha dicho que está dispuesto a morir por la continuación del modelo instaurado por Chávez, muchos venezolanos se preguntan hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno por mantenerse en el poder.
“Hasta ahora el chavismo ha evitado la figura del estado de excepción, así como cualquier otra medida que genere la imagen de una dictadura”, explica Martínez Meucci, quien recuerda que los mecanismos de coacción y represión estatal siempre han sido respaldados por leyes o sentencias aunque, a su modo de ver, sean “írritas e inconstitucionales” y hasta ahora han buscado contar con el respaldo popular ganado en elecciones.
“La realidad es que la Asamblea Nacional, sin haber sido propiamente disuelta, sí ha sido desconocida abiertamente por el Ejecutivo. Considero que al gobierno le conviene mantener una Asamblea Nacional abierta, si bien la desconozca y hostigue constantemente, porque ello le permite mantener un muy leve barniz de aparente normalidad. Un cierre abierto y definitivo unificaría a toda la oposición en un único y muy directo frente de lucha”.
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