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sábado, 12 de noviembre de 2016

Atención a Marine Le Pen en Francia a 7 meses de las elecciones.

Las elecciones de Estados Unidos han sido observadas con particular atención en Francia a siete meses de las presidenciales y legislativas0
El nuevo mundo de Marine Le Pen

“No es el fin del mundo, es el fin de un mundo”. Estas son las palabras con las que Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional a la presidencia de Francia, ha descrito la elección de Donald Trump a la cabeza de los Estados Unidos. A siete meses de las elecciones presidenciales y legislativas en Francia, el cambio político en EEUU, sumado al 'brexit', son interpretados como precedentes positivos en su propio camino al Eliseo. Alentada por los buenos resultados del Frente Nacional en las elecciones europeas del 2014 (primera fuerza política con 24 escaños) y las regionales del 2015 en las que se consolidó como tercera fuerza política con más de seis millones de votos, que Marine Le Pen será uno de los dos candidatos a la segunda vuelta de las presidenciales es aceptado entre políticos y analistas como un hecho seguro. La cuestión, por tanto, es tratar de elucidar quién será su adversario, de ahí que las elecciones norteamericanas hayan sido observadas con particular atención en Francia.

LAS TEMÁTICAS DE CAMPAÑA

Las temáticas de campaña de Donald Trump y de Marine Le Pen convergen sobre los puntos esenciales: crítica a la globalización, que en el caso de la candidata del FN se centra sobre la Unión Europea entendida como quintaesencia de la globalización liberal; demonización de la inmigración; lucha contra unas élites alejadas del pueblo y de sus preocupaciones. Los electores a los que ambos se dirigen son todos aquellos que se sienten relegados o abandonados, que han visto sus condiciones económicas y su status social empeorar gravemente con la crisis y que observan cómo la recuperación pasa de largo para ellos.

Los indicadoresmuestran una erosión rampante del Estado del bienestar en Francia

En el caso francés, el debate político gira en torno al 'déclassement' (descenso en la escala social) de una parte de Francia identificada como la Francia periférica, los indicadores sociales que muestran un aumento de la desigualdad en el país europeo que había hecho suya la lucha por la igualdad, una situación económica estancada, en fin, la erosión rampante del Estado de bienestar. Para luchar contra todo ello, Marine Le Pen preconiza una vuelta a las fronteras, la recuperación de las competencias cedidas a Bruselas, la defensa de la “civilización francesa” frente a los peligros del multiculturalismo y de una inmigración incontrolada e incontrolable. Le Pen hace un llamamiento a la “Francia libre”, denunciando la convergencia programática de la izquierda y derecha francesas que ya no representan una alternativa real.

LOS SOCIALISTAS Y LA DERECHA

Frente a ella, tanto la izquierda como la derecha luchan para poder diferenciarse y presentar un programa convincente para el electorado. En el caso del Partido Socialista, el presidente Hollande, que llegó a la presidencia afirmando que su enemigo era “el mundo de las finanzas” y que es acusado por una parte de su partido y del electorado de haber llevado a cabo, de facto, una política liberal por la que ellos no votaron, parece en estos momentos poco legitimado para enfrentarse no sólo a las presidenciales que, según los pronósticos, perdería rotundamente, sino a las propias primarias de su partido. Sin líder claro y profundamente dividido, con dos visiones contrapuestas del proyecto socialista, el PS francés ya parece haberse autocondenado a la oposición.

Sin un líder claro y muy divididos, los socialistas se han condenado a la oposición

Del lado de Les Republicains, otra división profunda subyace a las primarias que tendrán lugar en la segunda quincena de noviembre: la que opone a los dos principales candidatos Nicolas Sarkozy y Alain Juppé. Mientras que el primero ha apostado por una línea dura, claramente dirigida a un electorado de derechas y cercana a la del Frente Nacional, intentando así sustraerle votantes, el segundo trata de buscar el 'rassemblement', la unión de un electorado alejado de los extremos, desilusionado por Hollande y con miedo del Frente Nacional. El talón de Aquiles de Sarkozy es que esta estrategia fue la misma que la llevada a cabo en 2007 y con la que desilusionó a los votantes que apostaron por ella. En el caso de Juppé es el programa de reformas económicas liberales con el que pretende acceder a la presidencia. Hay que tener en cuenta que Alain Juppé es recordado por las manifestaciones de 1995 en reacción al plan de rigor presentado en calidad de primer ministro del Gobierno de Chirac.

ARTICULAR UN NUEVO DISCURSO

Tras el éxito de Trump, la cuestión de si una candidatura de Bernie Senders hubiera sido más exitosa resurge entre los analistas. Hillary Clinton representa para una parte del electorado americano (y también para una parte de los observadores internacionales) la encarnación de la política liberal que ha llevado a la crisis y que hace que el mundo salga de ella a costa de más desigualdad, una clase política más interesada en su propia supervivencia que en el servicio al ciudadano y al país y una política exterior militarista.
Parte de la “lección americana” es entender lo que los ciudadanos no quieren. El reto para las democracias occidentales es articular un nuevo discurso y, sobre todo, una nueva práctica que trascienda la mera coalición contra lo peor, pues ésta puede resultar en una bomba de relojería. Que Francia se convierta en un nuevo miembro de este nuevo mundo preconizado por Marine Le Pen dependerá de si se ha sido capaz de entender lo que ha mostrado por turnos el 'brexit' y la elección de Donald Trump y para ello una respuesta articulada a nivel europeo parece imprescindible.
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