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jueves, 3 de noviembre de 2016

A Ramón Espinar -Podemos-. Decía Alberto Camus que un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo y lo nefasto, por desgracia, para la Humanidad, es que ese tipo de personas predominan y subiendo.

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Cierto es que no podemos o  más bien no debemos parar  avance de la digitalización, de la necesidad de escuchar, de dar mayor participación al oyente, al liderazgo motivado, al aprovechamiento del talento, del desarrollo tecnológico. Pero también hay mayores desafíos a los que se enfrenta la Humanidad, diez retos que tenemos pendientes de resolver: La educación, los espacios medio ambientales, la salud, la ciber-seguridad, la energía, los alimentos, el agua, la pobreza y los desastres naturales. Hasta ahí solo son nueve. El décimo, el más grande y el suma importancia, es la ética.

La falta de ética es uno de los grandes males de la sociedad actual. ‘Lo que es’ cada vez está más alejado de ‘lo que debe ser’. Lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo obligatorio y lo permitido cada vez es más confuso. La ética, como principio que rige el comportamiento y las relaciones humanas, es un concepto difuso. Las normas no se cumplen y las acciones son contradictorias, a veces malvadas.

La locura económica que hemos vivido en la última década puso de manifiesto, sobre todo, que fuimos víctimas de esa gran carencia. Y que seguimos siéndolo. La mayor parte de las causas que provocaron la gran depresión tienen su origen en el ejercicio de un capitalismo voraz -NO LIBERAL- y falto de principios que, al entrar en crisis, generó situaciones atroces y devastadoras. De qué ética estamos hablando cuando estalla la burbuja financiera e inmobiliaria, en las prácticas usureras de bancos, eléctricas y empresas de telecomunicaciones, en la corrupción generalizada en las administraciones, en el pago de comisiones, en la evasión fiscal, en el manejo de dinero negro, en la economía sumergida, en la utilización de información privilegiada para enriquecerse, en el ‘dumping’ social… O en realizar promesas electorales siendo consciente de que son imposibles de cumplir. ¿Cómo se puede votar a un partido que, de entrada, el votante sabe que está mintiendo –populismo soviético-?

Decía Alberto Camus que un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo y lo nefasto, por desgracia, para la Humanidad, es que ese tipo de personas predominan y subiendo.
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