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domingo, 9 de octubre de 2016

Roguemos por el eterno descanso del Socialismo. Podemos, tampoco despierta.

Resultado de imagen de Javier Fernández y susana diaz
Javier Fernández se hizo cargo de la gestora, controlada por la Sultana andaluza,  Susana Díaz, para que el PSOE girara a la abstención a Mariano Rajoy. Los costes de esta operación son altísimos. Basta enumerar algunos: ruptura del nuevo aparato con gran parte de las bases y los votantes, que fueron a las urnas con un compromiso firme de que el PSOE no dejaría gobernar a Rajoy; fractura del partido con su correspondiente reflejo en el grupo parlamentario; voladura de las primarias, que ya carecen de cualquier valor; renuncia a liderar la oposición, que se entrega en bandeja a un crecido Pablo Iglesias con su verdadero rostro, el más radical y agresivo; sometimiento ante el tradicional adversario, el PP.
Podríamos seguir, pero es suficiente con enunciar los destrozos. Pero lo más dramático para el partido que ha gobernado 21 años este país es que, ahora mismo y en estas condiciones, ese desastre es mejor que ir a terceras elecciones, lo que supondría una catástrofe, que, según el diccionario, significa un grado mayor de daño o destrucción. Si Díaz y sus aliados pensaban que la abstención negociada era la salida, tendrían que haberlo dicho mucho antes. ¡A estas alturas, la baronesa andaluza ni siquiera se ha definido claramente! La mediocridad de los dirigentes -los depuestos y los actuales- y los barones socialistas, que han hecho mal todo lo que podían hacer mal, es tal que ha permitido emerger como un gurú a Josep Borrell, que a su lado parece una mezcla de Churchill y Willy Brandt. Un político que habla claro y con sentido común. El exministro abogó por una abstención con duras condiciones tras el 26J, mientras los que pensaban lo mismo callaban cobardemente. Ahora el PSOE implora a Rajoy que le deje abstenerse.
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