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martes, 4 de octubre de 2016

Rajoy, nunca fue el problema del PSOE.

Resultado de imagen de Rajoy y el Psoe
La gravísima crisis que atraviesa el PSOE la da el hecho de que, después de una batalla interna que ha acabado nada menos que con el derrocamiento de su secretario general, el único debate que se plantee en el partido tras esa contienda supuestamente política sea el de si debe abstenerse o no en la investidura de Rajoy, y no la necesidad de abrir una profunda reflexión sobre la urgencia de recuperar las señas de identidad que le llevaron a ser uno de los artífices de la llegada de la democracia, convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda y gobernar durante 22 años. Unas señas basadas en el ideario socialdemócrata, la moderación, la coherencia, el sentido de Estado y la defensa de la Constitución, que el PSOE ha perdido durante el mandato de un Pedro Sánchez que a punto estuvo de hundir a su partido con su insensato proyecto de gobernar apoyándose en quienes buscan la destrucción de España como nación.
El único dilema del PSOE es, al parecer, el de si Rajoy no o abstención, y no, por ejemplo, el de si los socialistas deben mantener un único discurso en toda España, presentándose en Cataluña con sus cuatro siglas, P. S. O. E., en lugar de seguir atados a un partido como el PSC, que no es el suyo, y que ha sido abducido por el falaz e insolidario sermón nacionalista. El problema, por lo visto, es si el líder debe ser Eduardo Madina, Susana Díaz o un desconocido -al estilo de Sánchez cuando llegó a Ferraz-, y no la necesidad imperiosa de volver a enarbolar un discurso nítidamente de izquierdas pero anclado en la realidad, que permita hacer frente tanto a las ensoñaciones chavistas del populismo trasnochado de Podemos como al liberalismo económico y el conservadurismo político del PP. Resultado de imagen de Rajoy y el Psoe

Lamentablemente, el PSOE sigue enredado, con Sánchez ya de cuerpo presente, en las mismas trampas que lo han llevado hasta aquí. Y lo seguirá estando mientras opte por mirar a otro lado en lugar de afrontar sus problemas y llamarlos por su nombre. Ayer mismo, el presidente de la gestora, Javier Fernández, hizo un nuevo ejercicio de escapismo político al afirmar que él no debe pronunciarse sobre lo que debe hacer el PSOE en la investidura, pero que solo hay dos opciones, abstención o elecciones, para añadir después que las elecciones serían la peor solución. ¿No será más fácil decir con gallardía que el PSOE debe abstenerse?
Son discursos melindrosos y abstrusos como ese los que han llevado a los socialistas al estado de postración en el que se encuentran, mendigando prácticamente a Rajoy que gobierne con su abstención, para no tener que afrontar unas elecciones que serían letales para ellos, y suplicando a Podemos que no rompa los pactos que le permiten gobernar en seis autonomías. Por su bien, y por el de España, es necesario que el PSOE deje de bloquear de una vez la formación de Gobierno y afronte inmediatamente no una renovación, sino simplemente la recuperación de su propio discurso y sus señas de identidad. No es tan difícil.
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