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sábado, 29 de octubre de 2016

Rajoy, el único político que ha liquidado a precio de saldo al PSOE. Ahora va a por los podemitas.

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Marianio Rajoy Brey, Presidente del  Gobierno de España, tiene un presente y un pasado político del presente poco o nada podemos decir, pero del pasado y con la sagacidad que caracteriza a un gallego hay que destacar la exitosa gestión económica y que ha liquidado a precio de saldo al PSOE.

Ha aguantado carros y carretas. Ha sorteado la embestida de los toros marrajos de la vida política española. Se ha enfrentado a sus rivales y, sobre todo, al fuego amigo porque desde dentro del Partido Popular se le ha tiroteado de forma insistente. Y al final, a trancas y barrancas, se ha impuesto en la investidura y es ya el renovado Presidente del Gobierno.

Avalan a Mariano Rajoy los éxitos en economía. Recibió una España desangrada económicamente y adoptó una serie de medidas cuyo resultado ahí está: la prima de riesgo ha pasado de 638 puntos al entorno de 100; el déficit, de 9,3 a menos de 5; el paro, de 500.000 desempleados más cada año a 500.000 menos; el PIB, desde cifras negativas a superar el 3%, el mejor resultado de las grandes naciones europeas. Ciertamente la deuda pública alarma y pesará sobre varias generaciones pero, a la vista de los intereses que ahora se están pagando, terminará por enjugarse.

Si los aciertos económicos le han permitido a Mariano Rajoy permanecer en el poder, conviene no olvidar que va a presidir un Gobierno en precario con un aliado como Ciudadanos, obligado, para no perder su espacio, a ser más exigente que la oposición del Partido Socialista. Y para redondear la pista del circo político, se escuchará el griterío de un potente partido de extrema izquierda antisistema y anticonstitucional que dará jaque al Gobierno día a día en la calle y en el Congreso de los Diputados.

Mariano Rajoy pretende agotar la legislatura. Son muchos los analistas que no le dan más de dos años. Ya veremos, el tiempo dirá. Empieza una legislatura nueva, incierta, evanescente y atribulada en la que brillarán no las espadas de la rivalidad entre caballeros sino las navajas cachicuernas, lo mismo en la calle que en el hemiciclo que alberga la soberanía nacional.
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