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lunes, 24 de octubre de 2016

Que con mi voto ME gobierne el PSOE es para llorar.

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No lloro porque mi madre decía que llorar no es de hombres. Ahora bien que con mi voto, el PSOE, vaya a ser parte del Gobierno que ME gobernará es como para mandar por dos veces a la mierda a toda la cúpula del PP a Rajoy mucho más allá.
Últimamente se habla mucho en las tertulias y en los bares de si Rajoy aceptará las condiciones del PSOE. Que yo sepa, no hay ninguna condición de los socialistas. Hay el acuerdo que en su día firmaron Pedro Sánchez y Albert Rivera, pero la doctrina Sánchez no es la triunfadora en este momento ni estuvo nunca pensada para negociar con el PP. Si hay alguna condición a cambio de la abstención en la investidura, entonces sí que nos empezaremos a cabrear, porque ha sido ocultada a la opinión pública y, sobre todo, porque hubo alguna negociación de la que ignoramos cuándo se celebró, quiénes fueron los interlocutores, qué temas se pusieron sobre la mesa, cuáles fueron los acuerdos y en qué consistieron las transacciones. Dicho en otras palabras, qué pagó el Gabinete de Rajoy al Partido Socialista por mantenerlo en el Gobierno.
Quiero pensar que  por enésima vez no hemos sido engañados; como estoy seguro de que no hay pactos ocultos; como le escuché a Borrell hablar de investidura a cambio de nada, y como Albert Rivera, el auténtico socio de Rajoy, también lamenta que el PSOE no haya obtenido ninguna promesa de reformas, quiero pensar que Javier Fernández y quienes le empujan se han movido estrictamente por cuestiones de Estado, por acabar de una vez con el bloqueo, por liquidar a Pedro Sánchez y sus aspiraciones de salvarse desde la presidencia del Gobierno y por el interés partidista de no ir a nuevas elecciones cargadas por el diablo. El pacto, si lo hubo, ha consistido en todo lo contrario: en que el Partido Popular facilitó el cambio del no a la abstención retirando todas sus condiciones -aprobación de los Presupuestos y legislatura estable-, y el señor Rajoy lo cumplió, como en su día hemos anotado.
¿Quien justifica un pacto secreto? Lo tiene que haber, porque el PSOE sería tonto, rematadamente tonto, si se dispusiese a facilitar un Gobierno conservador a cambio de nada y algo peor: dándole al PP la oportunidad de perpetuarse en el poder a cambio de su resignada instalación en la intrascendencia. Un regalo sin contraprestaciones no se da ni en el amor, y menos en política. El secreto está en que el Partido Socialista, asediado como está por Podemos, entendió que no puede transmitir la imagen de una coalición con el PP. No puede hacerle a Pablo Iglesias el regalo siguiente, que es el de darle la razón cuando enfrenta la «gran coalición» PP-PSOE a la «gran oposición» que él aspira a liderar. No puede permitir que se agrave su situación interna, que bastante tiene con el desgaste que supone girar del «no es no» que mantuvo durante diez meses al «sí es sí», que es como se interpreta su abstención. Es la tesis de este cronista. Lo que vaya a suceder en la realidad está por escribir.
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