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martes, 4 de octubre de 2016

MACGUFFIN ¿Cabe el feminismo en el porno?



Lleva una semana corriendo como la pólvora por las redes sociales y levantando ovaciones. El vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona, que abre sus puertas este jueves en la ciudad condal, ha utilizado en realidad una fórmula sencilla y efectiva: contraponer eso de lo que todo el mundo está harto –la corrupción, el doblemoralismo, los desahucios, los recortes- a algo que le gusta a la mayoría: el sexo. Una especie de revolución en clave sexual contra todos los males que nos corroen como sociedad, que pasa por romper con la hipocresía que nos domina, empezando por el terreno de lo carnal. En realidad no es muy distinto al spot que ya utilizó la cita erótica en su edición pasada, protagonizado por un Nacho Vidal que nos invitaba a pelear menos y “querernos” más. Pero en esta ocasión, los organizadores del evento han querido dar un paso más al promocionarse con la voz y el rostro de Amarna Miller, una de las estrellas mejor posicionadas del porno actual, conocida por proclamarse feminista. Pero, ¿cabe el feminismo en el porno?
Es un debate difícil, porque las mujeres no sólo tenemos que preocuparnos de lo que somos sino de lo que se espera que seamos. Decir, siendo mujer, que el porno es machista despierta a menudo comentarios del tipo “tú lo que quieres es que al final se casen”. Así que si quieres ser una mujer moderna, conforme con tu sexualidad y libre de ataduras, precisamente, machistas, tienes que comulgar con el cine porno. ¡No seas antigua, mujer! El problema es que lo que se conoce como liberación sexual de la mujer es, en la práctica, una adecuación de la sexualidad de las mujeres a las estructuras ya existentes, que han sido creadas por hombres. “Nací en un país hipócrita, donde la misma gente que me llama puta se pajea con mis vídeos”, dice Miller al comienzo del anuncio. La hipocresía que denuncia el spot puede estar clara. El objetivo de los vídeos pornográficos protagonizados por la actriz, también. Y donde dice “gente”, viene a decir “hombres”.
Es muy difícil hacer borrón y cuenta nueva. Sobre todo en un negocio millonario -en España no hay cifras oficiales del volumen, pero las páginas de más éxito pueden estar ganando entre 250.000 y un millón de euros al año-, un negocio controlado por hombres y pensado para los hombres, pero que ahora tenemos que consumir también las mujeres para sentirnos efectivamente liberadas.Resultado de imagen de Laura Crespo

Que no haya, exceptuando el trabajo minoritario de algunas directoras (mujeres) como Erika Lust, un mercado del porno adecuado a las consumidoras –que representan el 23 por ciento del total- no es tan grave. Injusto sí, claro, pero no tan grave. Lo verdaderamente problemático es no reconocer ese vacío y asumir que la normalidad del porno es esto, y lo demás son tendencias marginales. Porque de “el porno es esto” se puede hacer la peligrosa deducción de “el sexo es esto”, sobre todo en los sectores más jóvenes.
Las conductas sexuales reflejadas en el porno pasan por la dominación masculina y la cosificación de la mujer. Es un esquema de roles no transferibles en el que el hombre tiende a mandar y la mujer a obedecer. Y todo es aprendido y asumido en base al contexto social: desde los comportamientos hasta los gustos, lo que se acepta como normal o correcto, de una manera incontrolable.
Sí, también para Amarna Miller, a pesar de que ayude a publicitar el Salón Erótico de Barcelona como un espacio liberador. Que lo será en superficie, no digo que no; quizás como escaparate de una ruptura del tabú que sigue acompañando a menudo al sexo. Pero del mismo modo que mirar quién está detrás de la industria del porno puede dar pistas sobre su objetivo y tendencia, el evento barcelonés también esconde algo de información en la trastienda que casa más con la idea del consumo masculino que con nada parecido al feminismo. El principal patrocinador del evento es la red de prostíbulos Apricots, cuyo lema es “follamos en la primera cita” y en cuya web figuran lindezas como “lo bueno de tener novia sin lo malo de tener novia”, chicas “casi sin estrenar” o una clasificación de la ‘mercancía’ en rubias, morenas, tetonas, gorditas… Eso sí, el diminutivo muy bien utilizado, no se vaya a ofender alguien.
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