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viernes, 14 de octubre de 2016

La moralidad de un socialista es la propia de los asesinos "con trenes" del 11M

Resultado de imagen de monumento victimas terrorismo atocha
España está condenada a la miseria  por el PSOE. No dan tregua al progreso y desarrollo de la nación, hasta matan como lo hicieron con 192 personas en los trenes de cercanías de Madrid. Compran y venden jueces, compran y venden políticos, compran y venden medios comunicación....nunca pagan nada, solo ceden poder para desde ahí, roben a quemarropa hasta la extenuación. Esa, esa es la moralidad de un socialista. Cuando escucho a Don Corleone, Francisco Correa hasta me enfado conmigo mismo, ¿Cómo es posible que a instancia del fiscal dejen berrear tantas sandeces, mentiras, incoherencias e implicaciones a terceras personas y colectivos? Recuerdo que es la única vez en la historia de España que una fiscal y el mafioso han estado hablando tantas horas -en secreto- 24 horas antes de la declaración.
El primer problema es que somos un pueblo condenado a deambular por la historia con la calavera virtual de una España imaginaria, y que, mientras nuestros vecinos se esfuerzan por ordenar vidas y haciendas, nosotros recitamos abrumados e incansables el «to be or not to be». Nuestro problema es metafísico. Y nuestra salmodia tiende a derivar en la náusea que sentía Sartre ante el sinsentido de su odiosa e inevitable realidad. Por eso barrunto que nuestra historia es un reloj parado -como diría el propio Jean P Sartre- en esa absurda hora de las tres p. m., «demasiado tarde para muchas cosas, y muy temprano, demasiado temprano para todas las demás».
Resultado de imagen de Don Corleone, Francisco Correa

Como consecuencia de ese fracaso existencial, la política española está dividida en dos bandos irreconciliables: el de la casta, que se empeña en gobernar el fracaso histórico, y el de la nueva política -independentistas y populistas-, que quieren gobernar un país inexistente. Y por eso resulta coherente que cada cual vaya por su lado, elabore su propia norma, juzgue sus propios actos y escoja sus propias bases. Porque España, al no existir, no tiene pueblo soberano, y en su lugar estamos entronizando a «la gente», que es un sujeto democrático prêt à porter, más barato y manejable.
Nuestra tara mental, nuestra enfermedad es metafísica, brutal, eterna, cósmica e inescrutable. Y no podremos dedicarnos a nada terrenal, por serio y urgente que sea, hasta que un nuevo Big Bang, producto del estrujamiento nacional, genere un universo de Españas de las que solo una, como la Tierra, estará poblada. Y aun así no tendremos remedio, supongo, hasta que venga Cristo a redimirnos. Porque esta historia, a pesar de ser tan fantástica, está más vista que la una.
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