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martes, 11 de octubre de 2016

España es más inculta que corrupta

Resultado de imagen de cultura del populismo

Ni de palabra prometida. Ni siquiera con el ánimo de no cumplirlas como es tan frecuente en el cinismo de las campañas electorales. La verdad es que, salvo alguna fugaz alusión, ningún partido político, sea del signo que sea, ha expuesto ante la opinión pública un proyecto cultural de alcance y envergadura. Parece mentira pero así de lamentable es la realidad. La cultura está preterida en el ánimo de nuestros políticos. Permanece una vez más desdeñada y deshabitada.

En tierra de arenas movedizas, España se mueve, desde el punto de vista económico, entre el puesto doce y catorce del mundo. Culturalmente está en el pelotón de cabeza, no más atrás del cuarto lugar. Aún más, si hablamos de la cultura iberoamericana en su conjunto, disputaríamos el primer puesto a la cultura anglosajona.

La marca en España, significa cultura. y no digamos unidos a Iberoamérica, una alta temperatura. Los tesoros artísticos españoles, los museos, las catedrales, iglesias, edificios y palacios, la Universidad, la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la literatura, el teatro y el cine vertebran una realidad excepcional. Incluso la ciencia, que es la expresión más débil de la cultura española, se ha revitalizado en el siglo XX y ha producido dos premios Nobel de alcance significativo: Ramón y Cajal y Severo Ochoa, si bien parece necesario multiplicar los presupuestos para la investigación.

En toda la nación la actividad cultural es incesante; el número de conferencias, congresos y seminarios, creciente; las exposiciones se multiplican hasta el infinito, algunas de soberbia calidad; las Universidades aumentan año a año, incluso demasiado deprisa; al teatro, por ejemplo, acudieron en Madrid en 2015 un millón de personas más que a los estadios de los cuatro equipos de fútbol de primera división; la ópera está en auge; los conciertos congregan a multitud de gentes; ante los museos se forman largas colas; los éxitos en cine son constantes; figuramos entre los tres países que más libros imprimen; una parte sustancial de la población española, en fin, dedica sus horas de ocio a la cultura.

El idioma que es la columna vertebral de la cultura. Resulta que nos hemos merendado al francés, que hemos desplazado al alemán, al italiano, al portugués. Que, si bien a mucha distancia del inglés, el español es la segunda lengua del mundo; que el 80% de los estudiantes estadounidenses de idiomas eligen el castellano; y que en Alemania, en Suecia, en Japón o en China, tras el inglés, el idioma que se estudia es el de Cervantes y Borges, el de San Juan de la Cruz y Gabriela Mistral; el de Ortega y Gasset y Octavio Paz; el de Pérez Galdós y Gabriel García Márquez; el de Federico García Lorca y Pablo Neruda. Como idioma materno el español ocupa ya el primer lugar. Para más de 500 millones de personas, el castellano es la lengua hablada desde la cuna.

La tierra de Cervantes, España ha sido históricamente un crisol de culturas: la celta, la griega, la romana, la íbera, la cartaginesa, la cristiana, la árabe… Tras la colonización de América se fundieron también en ese crisol las culturas precolombinas, algunas de tanto alcance como la maya, la azteca o la inca. “Materializar lo espiritual hasta hacerlo palpable -escribió el clásico- espiritualizar lo material para hacerlo invisible; ese es todo el secreto del arte y la cultura”. Lo que han hecho de verdad invisible nuestros políticos en sus programas es la atención a la cultura y los presupuestos para atenderla. Y no sé qué es peor si la ignorancia o el desprecio. La degeneración de la política española y la voracidad de nuestros políticos han convertido en realidad la ironía de Bernard Shaw: “El arte de gobernar es la organización de la idolatría”.

De paso,  cualquier ciudadano de la UE ni se le pasaría por la cabeza tratar de ahogar una fiesta nacional con tantísimos años de historia, En cambio, al Gobierno central de (Madrid) no se le ocurre otra cosa que quitar un día tan festejado por los hispanos del calendario laboral -12 de Octubre, día del Pilar- ya no será fiesta en 2017. A continuación,  los alborotadores de la mediana y extrema izquierda catalana y demás bichos han decidido armar la marimorena, tampoco sabemos si por que, el próximo año hay que trabajar -pocos trabajan- o por joder el día de la hispanidad en defensa de los indios o qué se yo. 

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