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jueves, 6 de octubre de 2016

El PSOE tiene dos opciones, una mala y la otra peor.

Resultado de imagen de Susana Díaz que Rajoy
Atónito me he quedado cuando ha dicho el fontanero mayor de Susana Díaz que Rajoy «no está en situación de poner condiciones a nada ni a nadie». Y a lo mejor aún cree que tal fanfarronada hará crujir los cimientos del PP. ¿Pero será tanta la necedad de esta gente como parece?
El que ha quedado cautivo y desarmado, como el ejército rojo en el 39, ha sido el Partido Socialista. A dos velas, por si le disgustan al lector las imágenes bélicas. Los dirigentes socialistas aún no han asumido que, después del bochornoso espectáculo del comité federal, las condiciones las pone Rajoy. De hecho, ya comenzó a subir el listón: no le basta ahora la abstención de unos cuantos diputados socialistas, exige un compromiso de gobernabilidad. Ustedes me hacen presidente, y después me apoyan los Presupuestos, y el techo de gasto, y los recortes que vienen, y las reformas que me peten, y me servirán el puro y el café cuando lo pida. La gran coalición pero empequeñecida, reservándole al PSOE un papel de apéndice insignificante. Y como se me desmanden o repita Susana Díaz aquella gracia de que las urnas los han colocado en la oposición, disuelvo las cámaras, convoco elecciones y los envío a galeras.
La otra opción, la de rechazar el trágala y persistir en el «no es no» de Pedro Sánchez, resulta todavía más funesta. Unas elecciones en diciembre, sospecho que la tentación que ronda por la cabeza de Mariano Rajoy, serían letales para el PSOE. Imagínense el panorama que se les presentaría a los socialistas. Con todo su territorio devastado por la guerra civil, con su credibilidad en entredicho, con millares de militantes cabreados o en desbandada, con cinco millones y medio de ciudadanos replanteándose su voto, con un candidato que ni está ni se le espera, acudirían a las urnas como corderos al matadero. ¿Quién es el que «no está en condiciones de poner condiciones a nada ni a nadie»?
No tengo duda de que el nuevo PSOE quiere facilitar la investidura de Mariano Rajoy. Y que lo justificará con el manido argumento de que otras elecciones, las terceras en un año, supondrían una catástrofe para el país. Mis dudas se ubican en la otra orilla: ¿aceptará Rajoy ese apoyo, aunque sea incondicional, y renunciará a la posibilidad de conseguir -a la tercera va la vencida- la mayoría absoluta que por dos veces le negaron los ciudadanos? En la campaña de las gallegas desveló por dónde discurrían sus intenciones: «Si hay que ir a elecciones, se va, y el PP ganará con muchos más votos». Pero, después del esperpento del PSOE, las circunstancias aún le sonríen más. ¿Las desaprovechará? Creo que no. Únicamente anda a la búsqueda de un pretexto para culpar al PSOE de la nueva convocatoria electoral. Así pues, para no dárselo, a los gestores socialistas solo les queda arrodillarse ante el césar y pedirle clemencia.
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